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Receta contra el relativismo (o un apunte kierkegaardiano)

“Ama y haz lo que quieras”, dice San Agustín. Y San Pablo dice que “no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6, 14) o que estamos “libres de la ley (…),  bajo el régimen nuevo del espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Romanos 7,  6). También la Iglesia enseña que la conciencia es un reducto sagrado del hombre en el que Dios le habla, y que quien actúa de acuerdo con su conciencia (rectamente formada) no peca nunca.

Quizás estas fórmulas (y tantas otras) hayan abonado en nosotros el vicio del relativismo, del que tan esclavo es nuestro mundo y del que con tanta fuerza se ha quejado el Santo Padre. En nuestros grupos, en nuestra pastoral, en las homilías de los sacerdotes, en las charlas informales… ¿no es frecuente que se intente relajar un poco el contenido para evitar parecer amonestadores o censuradores? ¿No evitamos la palabra “pecado” o “mal” para intentar concentrarnos en las partes más “positivas” o más fáciles de digerir de la fe?

En realidad, los santos y la Iglesia no proponen, ni mucho menos, un relativismo moral (aunque en la Iglesia seamos víctimas del mismo), sino una vida de hombre religioso, como lo llamaría el filósofo danés Soren Kierkegaard. Quizás su esquema de los estadios del camino de la vida pueda servirnos para distinguir en nosotros el relativismo de “la vida en el espíritu” de la que habla San Pablo.

El filósofo propone los siguientes estadios:

  • El hombre estético. Centrado en el instante, en el placer, en lo momentáneo, en lo excepcional. La huida del dolor, la fuga permanente, caracteriza al esteta. Podríamos decir que es un ser “autorreferencial”, que condiciona su comportamiento y su vida entera a las propias satisfacciones más inmediatas. Los niños pequeños son esencialmente “estéticos” en este sentido: no conciben más universo que sí mismos y todo lo que les rodea tienevalor en la medida en que cubran sus deseos personales.
  • El hombre ético. Vive centrado en el deber. Evita el mal y escoge el bien. Busca, entonces, lo universalizable, la verdad de las cosas. Una verdad que es exterior a él. Por lo tanto, podríamos decir que es alguien referenciado en un código (moral) ajeno a sí mismo. Lo bueno, lo verdadero. Representa un estado de vida maduro y solvente. Cuando ese código externo es, por ejemplo, la moral católica, existe una cierta vida cristiana. De hecho, es posible que muchos cristianos vivamos en este estadio, en el que ya no somos esclavos de cierto hedonismo, pero de alguna medida sí lo somos de la “ley” o de las obligaciones contraídas por la fe.
  • El hombre religioso. Es el estadio superior, en que la persona vive con el amor como principio rector y centro de la propia existencia. Amor que se concreta en la voluntad de Dios para la propia vida. Este hombre vive totalmente descentrado de sí mismo, porque hace orbitar su ser alrededor de Otra persona, que es Dios. Otra Voluntad. En la Biblia, Abraham representa perfectamente este estadio: contraviniendo toda lógica y los propios criterios, está dispuesto a sacrificar a su hijo porque sabe que Dios, que es Amor, tiene una Voluntad (unos deseos, un querer) propia a la que él desea someterse. 

Es fácil reconocerse en el estadio ético. Sin embargo, ¿y todas esas veces que “nos saltamos” o no ceñimos nuestra vida al aparentemente apretado traje de la moral cristiana (pensemos en el Decálogo o los mandamientos de la Iglesia, la moral sexual, la moral del dinero, las relaciones familiares…)? ¿Cómo podemos distinguir cuándo hemos adoptado una actitud “estética” y cuándo una actitud “religiosa”?

El esquema de Kierkegaard puede ayudarnos. Él dice que el salto del estadio ético al religioso produce “angustia”. Una angustia que es, de alguna manera, como la de un salto al vacío. Los códigos, “las leyes”, las normas… pueden gustarnos más o menos en determinado momento. Resultarnos más o menos cómodos. Parecernos más o menos exigentes y duros. Pero son seguros.

En cambio, poner la referencia en Dios es ponerla en otro Alguien, cuya Voluntad (exageramos un poco: sus caprichos) no siguen una fórmula matemática o unos principios fácilmente comprensibles para nosotros. Dios es Dios y piensa a lo grande. Lo que Él quiere en cada momento es para nosotros inesperado, cambiante, difícil de entender y de asumir, incluso “una locura”. ¿Acaso la vida de Jesús no es el mejor ejemplo de todo ello?

La “angustia” puede ser la alarma que nos indique hacia dónde estamos “dejando de ser éticos”. Para seguir la máxima de “ama y haz lo que quieras” agustiniana hay que dar el salto al vacío, de lo ético a lo religioso, y padecer esa angustia de lo desconocido e impredecible que es descansar en la Gracia de Dios “en vez de” en la ley.

No obstante, un apunte: Dios se ha revelado a sí mismo como ha querido. Y ha escogido la Palabra, los mandamientos, la Iglesia… y, sobretodo, al propio Jesucristo. Por eso podemos estar bastante seguros de que siguiendo la Palabra, los mandamientos, las enseñanzas de la Iglesia y el ejemplo de Jesús estaremos dentro de la Voluntad de Dios. Y una clave: si no estás seguro de qué hacer, de qué decisión tomar, opta por la obediencia.

LA VERDAD Y EL DIABLO

Sobre el peligro de creer que nuestra experiencia de Dios ya está completa:

Un día caminaba el diablo junto a un amigo suyo cuando se detuvieron a ver cómo un hombre, delante de ellos, se agachaba y recogía algo del suelo. Entonces, lleno de alegría, lo aferró con fuerza y lo llevó consigo.

– ¿Qué es lo que ha encontrado ese hombre? – le preguntó su amigo al diablo.

– Un trozo de la Verdad.

– Vaya – volvió a decir éste -. Eso debe de ser un muy mal asunto para ti, ¿no?

Pero el diablo le sonrió maliciosamente y le dijo:

– En absoluto. No le servirá de nada. Porque le haré creer que ya ha encontrado la Verdad completa.

El laicismo, otra vez…

Lo primero es lo primero: llevo muchas semanas de viaje y no he podido escribir. Pero me reincorporo ahora con un mensaje de la JMJ. Me gustaría escribir cada uno de estos días un breve resumen de la experiencia que viviré junto a tantos millones de cristianos. Y confío en que os guste.

Últimamente me indigno con las ofensivas laicistas que estamos sufriendo y que tienen un desproporcionado protagonismo en los medios. He escrito al diario ELPAÍS hoy la siguiente carta al Director. No la publicarán, pero me he quedado a gusto. Espero que os pueda servir como “argumentario” frente a los trolls intolerantes de siempre, que solamente pretenden reventar nuestra celebración.

Sr. Director:

Yo iré a la JMJ y estaré allí con millones de jóvenes católicos de todo el mundo, celebrando mi fe. Pero en estos días he visto también el desproporcionado protagonismo que los representantes del laicismo radical están ganando a costa de la JMJ y cómo la prensa les baila el agua con gran descaro y me gustaría aportar algunas reflexiones y datos.

1. EL PAÍS dedica un artículo llamado “la visita del Papa no sale gratis” a glosar los gastos que para el erario público tendrán las JMJ. El que más destaca es el relativo al transporte público, porque los peregrinos tendrán un abono de metro rebajado en un 80%, lo que, según EL PAÍS, supone 20 millones de pérdidas. Se afirma que “Un agosto típico solo se venden 700 abonos. La JMJ ha comprado 600.000”. Por hacer cálculos llanos: si un agosto normal ingresan 10€ por cada uno de los 700 abonos, eso suponen 7000€. Si este agosto la JMJ compra 600.000 abonos a 2€, metro de Madrid está ingresando 1.2 Millones de Euros. De 7.000€ a 1.2 Millones de € va una ganancia para el erario público muy significativa, incluso teniendo en cuenta los 60.000 € que EL PAÍS dice que costará el personal extra.

2. La manifestación convocada bajo el lema “De mis impuestos, al Papa cero” persigue un fin perverso: herir a los católicos y amedrentar a quienes quieren participar libremente. La cosa económica no es más  que una excusa. En primer lugar porque “el Papa” no va a recibir ningún euro de los impuestos de los españoles. El encuentro está financiado por particulares y empresas privadas, no por la Administración Pública. Y el dinero que supuestamente puede costar al Estado (que ya he comentado que es bastante cuestionable) en ningún caso va al Papa ni a la Iglesia Católica, sino a cubrir las necesidades de los participantes en un encuentro. La seguridad, las ambulancias, la limpieza de las calles… son gastos para los jóvenes españoles (que pagamos impuestos para tener esos servicios) y extranjeros. Exactamente del mismo modo que en la organización de un gran evento como un concierto, los carnavales o la marcha del orgullo gay. La organización de las JMJ, la Iglesia Católica y el Papa no reciben ni directa ni indirectamente un euro de las Administraciones Públicas. Por cierto, no vi a estos manifestantes protestar ni acordarse de los 5 millones de parados cuando el Gobierno declaró de interés público otros 14 eventos este año que han supuesto una merma (según EL PAÍS) de ingresos públicos de 263 millones (más de diez veces lo que calculan, de forma manipuladora, para las JMJ).

3. Si la manifestación laicista fuera sincera, no insistiría en transcurrir en contacto con los peregrinos. Si piensan que la Administración del Estado está gastando mal el dinero, deben manifestarse ante los responsables políticos. Y deberían haberlo hecho en el momento en que se tomó la decisión. Dirigir la marcha a los mismos lugares y momentos en que tendrá lugar la JMJ es una maniobra que busca, exclusivamente, notoriedad y provocación. Hicieron lo mismo cuando pretendieron convocar una procesión anticristiana en Pascua, con motivos obscenos y ofensivos.

La buena noticia para todos es que estas semanas veremos a un millón de jóvenes celebrando su fe con alegría y a unos escasos miles (si tienen suerte) quejándose por que los católicos utilicemos nuestro dinero como nos da la gana. En el fondo, lo que pretenden, es quitarnos el carné de ciudadanos. Pues que se chinchen bajo sus pancartas y no enciendan mucho la tele estos días, porque cientos de millones de personas en todo el mundo estaremos a otro rollo mientras ellos se hacen mala sangre.

Eppur si muove!

Galileo frente a la inquisición

“Y, sin embargo, se mueve”. La frase es atribuida a Galileo el día que abjura de su teoría heliocéntrica del Universo tras la sentencia condenatoria de la inquisición. Parece que la frase, al igual que muchas otras cosas alrededor del científico pisano (1564-1642), es tan solo un mito. Una encuesta europea hace años revelaba que el 30% de los estudiantes de ciencias de la Unión estaban convencidos de que Galileo Galilei fue quemado vivo por la Iglesia Católica. Yo mismo he sufrido a alguno de estos estudiantes mientras realizábamos juntos una práctica en el laboratorio de la facultad de Física.

La verdadera sentencia contra Galileo consistió en un arresto domiciliario (en 1633), tras un juicio en el que se escucharon sus argumentaciones. En el tribunal había autoridades científicas a las que Galileo intentó convencer de que la Tierra giraba en torno al Sol sugiriendo que las mareas eran provocadas por la sacudida del planeta al trasladarse. Como sabemos, esto no es cierto. Por el contrario, quienes le condenaron tenían la razón: las mareas se producen por la interacción gravitatoria de la Luna con las masas de agua de la Tierra.

En realidad, el juicio no se produjo porque Galileo propusiera una revolución sobre el cosmos. El heliocentrismo era teoría científica desde hacía muchos años. Lo propuso el canónigo católico Nicolás Copérnico antes del nacimiento de Galileo, urgido por un cardenal católico, tras la exposición de sus puntos de vista al Papa Clemente VII. ¿Cómo iba la Iglesia a mirar con temor una teoría cósmica que había nacido en su seno? Fue Lutero, no la Iglesia de Roma, quien condenó el heliocentrismo copernicano.

No. El conflicto surgió porque la teoría heliocéntrica convivía en pie de igualdad con el sistema ptolemaico (en el que es el Sol quien gira alrededor de la Tierra) sin que hubiera evidencias científicas en favor de uno u otro. Galileo propone una defensa definitiva del heliocentrismo en 1616 y es entonces cuando la Iglesia le exige que mantenga sus postulados siempre como “hipótesis”, y no como verdad experimental. Casi veinte años después Galileo se salta esa admonición y publica su Diálogo sobre sistemas máximos sin advertir a los lectores de las consideraciones hechas por la censura. Así, pues, es juzgado Galileo más por “desobediente” que por el contenido real de sus propuestas.

Tras su juicio, el astrónomo de Pisa agradeció a los cardenales la pena tan moderada que le impusieron, puesto que era consciente de que había defendido su libro con argumentos incluso tramposos. El movimiento de rotación de la Tierra, que explica la trayectoria del Sol sobre nuestro cielo y, por tanto, confirma el modelo heliocéntrico de Copérnico, fue demostrado empíricamente mucho después de la muerte de Galileo y, entonces sí, dejó de ser una hipótesis. Unos años después de esto, el periodista Giuseppe Baretti originaba el mito de la famosa frase: eppur si muove.

Argumentos

Un post breve para invitaros a visitar la siguiente página: http://www.arguments.es/proyectos/jmj

Está saliendo en periódicos digitales. Jóvenes universitarios responden a las preguntas más controvertidas y actuales sobre la Iglesia. Con frescura, naturalidad y, sobretodo, argumentos.

Un botón de muestra de esa página:

Dios, ¿una respuesta fácil? – www.arguments.es/proyectos/jmj

Me tomo la palabra… laicidad

Es curioso, pero la palabra “laicidad” no está en la RAE.

Sí lo está la palabra “aconfesionalidad”. Es la falta de adscripción o vinculación a cualquier confesión religiosa. La Constitución Española (1978) en su artículo 16.3 señala que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, que “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española” y que “mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.

Por lo tanto, la aconfesionalidad del Estado Español excluye el Estado laico (tipo Francia). La religión de las personas no es, para la Carta Magna, una cuestión privada y carente de significado en el ámbito público. Por el contrario, la cuestión religiosa habrá de ser tenido en cuenta desde los poderes de la Administración.

Los católicos podemos y debemos manifestarnos en público sobre cuestiones religiosas y, por supuesto, políticas. Las opciones religiosas y morales de la población española han de ser tenidas en cuenta en el ordenamiento legal de nuestro Estado según, al menos, su calado entre la población. En la medida en que los católicos representamos una parte importantísima y numerosísima de la sociedad española podemos esperar consecuencias a nivel político. Y debemos exigirlas.

Entre otras cosas porque la religión es un bien social. Un bien humanizador, portador de valores importantes y significativos. El cristianismo es, además, una fe que puede reivindicar la paternidad del reconocimiento de ciertos derechos humanos como la vida, la libertad, la dignidad de la persona humana… La religión es fuente de esperanza, de consuelo, de acción, de apuesta por el ser humano, de moral… La fe cristiana es, por último, fuente privilegiada de verdad.

Una sociedad que renuncia, rechaza o incluso combate su propio sentir religioso es una sociedad enferma.

Empezaba este post diciendo que la RAE no reconoce la palabra “laicidad”. En el diccionario electrónico sugiere otra entrada, por aproximación: “laxidad”. Dicha voz nos conduce, por sinonimia, al vocablo “laxitud”, que es la cualidad de lo laxo. Y por “laxo”, la propia RAE entiende “moral relajada, libre o poco sana”.

Aunque la semejanza entre laicidad y laxidad no es semántica sino ortográfica, lo cierto es que ofrece una reflexión valiosa. Desde la fe no podemos defender la laicidad, que no es un valor. La laicidad nos conduce al relativismo, que es la ausencia de verdad. La vida, la existencia en la oscuridad de lo falso (de la mentira, de lo relativo) tiene un efecto devastador sobre la conciencia de las personas, que es el “músculo” humano para distinguir el bien del mal.

La laicidad (o laicismo) es, en definitiva, una amenaza contra la salud moral.

Los cristianos podemos, en consecuencia, reivindicar para el Estado la aconfesionalidad. Y combatir el laicismo sin complejos ni rubores. ¡Ánimo!

¿Gandhi vs Jesús?

Un extracto de Leyendas negras de la Iglesia (V. Messori):

No es un ejemplo superficial de apologética sino una verdad indiscutible: Gandhi no puede compararse con Jesús, ni tampoco es “superior” a Él, como dicen algunos (no pocos cristianos). En realidad, Gandhi no sería Gandhi sin Jesús, tal y como él mismo reconoció en numerosas ocasiones. En la famosa entrevista concedida a un misionero protestante corresponsal de un periódico inglés, djo haber tomado del Evangelio directamente el concepto de la “no violencia”, con sus corolarios de “resistencia pasiva” y “no cooperación”. En efecto, su “pacifismo” conserva el fuerte sabor del Nuevo Testamento y poco o nada tiene que ver con el irreal y perjudicial utopismo de tantos occidentales que creen identificarse con su mensaje.

Éstas son palabras textuales de Gandhi: <Si tuviese que elegir entre la violencia y la bajeza, escogería la violencia. Personalmente, me esfuerzo por cultivar el sereno valor de morir antes que matar. Pero quien no posee este valor , que acepte matar y ser matado antes que rehuir vilmente del peligro. Los desertores cometen un acto de violencia mental: escapan porque no tienen el valor de afrontar la muerte>. Luego añade: <Es mejor la violencia que la cobardía: la no violencia no es una sumisión servil al malvado>. Aquí se percibe el eco del Evangelio que asocia paz con justicia; es la voz viril de Jesucristo que quiere “pacíficos” y no “pacifistas” (que no es lo mismo).

Sería una caricatura del mensaje de Gandhi el intentar apropiarse del mismo bajo esa perspectiva laica, libertaria y hedonista que identifica a tantos movimientos de hoy en día, empezando por el radical, pero que también se extiende sobre capas cada vez más amplias de excomunistas. Siguiendo con el Mahatma: <La no violencia debe nacer del satyagraha (la fuerza espiritual). Y ésta requiere el control, que sólo se obtiene mediante una constante batalla por la pureza y la castidad, de todos los deseos físicos y egoístas>. Una concepción de duro ascetismo que es todo lo contrario de lo que teorizan y practican algunos de los autodenominados “gandhianos” de hoy. Éstos se escandalizarían, además, si supieran que la famosa toleracia del Maestro tenía un límite establecido: <No debemos tolerar nunca la falta de religión>.

Blasfema sobre el nombre de Gandhi quien se dijera inspirado por él sin poner en el centro de su vida el nombre de Dios (no es por casualidad que sobre su tumba sólo se grabaron las palabras: <¡Dios! ¡Dios!>); también sería blasfemo el que se dijera su discípulo y se situara al mismo tiempo en lo que él conjuraba como “el maldito desierto del ateísmo“, por teórico o práctico que sea.

Gandhi no acabó asesinado a manos de los colonialistas ingleses ni de cualquier otro “malvado”, como desearía el esquema maniqueo y masoquista occidental. Fue un devoto hindú, que lo acusaba de “modernismo” y “occidentalismo” y de haber contaminado las Sagradas Escrituras de la tradición autóctona con la Biblia, quien descargó una pistola sobre él.

LA RAZONABILIDAD DE LA FE /2

Siguiendo con el tema del post anterior, unas citas:

Como cristianos, no debemos asumir una actitud antagónica hacia las verdades de la razón, las verdades de la filosofía, las verdades de la ciencia, las verdades de la historia o las verdades de la crítica. Como hijos de la luz, debemos ser cuidadosos de mantenernos abiertos a todo rayo de luz. Cultivemos, entonces, una actitud valiente ante las investigaciones del día. Nadie debería ser tan entusiasta acerca de ellas como nosotros. Nadie debería ser tan rápido en discernir la verdad en todo campo, ni más hospitalario al recibirla, ni más leal al seguirla, a donde sea que lleve.(Benjamin Warfield, teólogo protestante conservador de principios del s. XX)

EL HOMBRE ES CAPAZ DE DIOS (título del primer capítulo del Catecismo de la Iglesia Católica)

(…) la razón humana (…) [puede] verdaderamente por sus fuerzas y su luz naturales llegar a un conocimiento verdadero (…) de un Dios personal (…) así como de una ley natural puesta por el Creador en nuestras almas, sin embargo (…) las verdades que se refieren a Dios y a los hombres sobrepasan absolutamente el orden de las cosas sensibles y (…) exigen que el hombre se entregue y renuncie a sí mismo. (Encíclica Humani Generis)

Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras. Pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la Revelación divina. Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y se da al hombre (…). (Catecismo, 50)

LA RAZONABILIDAD DE LA FE

God_versus_Science_Time_Magazine_cover

Portada de la revista TIME. "Dios contra la ciencia. Ardiente debate entre Richard Dawkins, biólogo ateo, y Francis Collins, genetista cristiano"

Es habitual acusar a los creyentes de ser “ingenuos” o “supersticiosos” que reniegan del conocimiento, de la ciencia o de la técnica. También es frecuente que las personas separen la fe y la ciencia como si fueran orillas opuestas e irreconciliables. Pero los cristianos creemos en un Dios-persona, no en un Dios-arquitecto-del-universo (o un Dios-primer-principio o un Dios-naturaleza), por lo tanto, no nos deben preocupar ni hacer dudar los ataques que la fe recibe desde algunos ámbitos supuestamente científicos (en realidad, cientificistas). Para los católicos, la razón y la ciencia son formas legítimas y buenas para acercarse a Dios (aunque limitadas). Así que nosotros no podemos participar en ese enfrentamiento (que otros, interesados, plantean). Podemos decir, con orgullo, que la ciencia es nuestro aliado.

Para que los creyentes no metamos mucho la pata, ahí va una consideración de San Agustín (siglo V d.C. para que veas que esto no es nuevo).

Generalmente, incluso los no cristianos saben algo sobre la tierra, los cielos y los otros elementos de este mundo; sobre el movimiento y las órbitas de las estrellas, e incluso su tamaño y sus posiciones relativas; sobre los predecibles eclipses del sol y la luna, los ciclos de los años y las estaciones; sobre las clases de animales, plantas, piedras y demás, y a este conocimiento se aferran, al tenerlo por certeza por la razón y la experiencia.

Ahora, es una cosa vergonzosa y peligrosa que un infiel escuche a un cristiano, presumiblemente explicando el significado de la Sagrada Escritura, decir tonterías sobre estos temas; y debemos adoptar todos los medios para evitar tal vergüenza, en el que la gente demuestra la vasta ignorancia del cristiano y se ríen de él hasta el ridículo.

La vergüenza no es tanto que algún individuo ignorante se vea engañado, como el que la gente fuera de la fe piense que nuestros sagrados escritores sostenían tales opiniones, y para la gran pérdida de aquellos por cuya salvación luchamos, los escritores de nuestra Escritura son criticados y rechazados como ignorantes. Si ellos encuentran a un cristiano equivocado en un campo que ellos mismos conocien bien y lo escuchan mantener sus disparatadas opiniones sobre nuestros libros, ¿cómo podrán ellos creer en aquellos libros y materias concernientes a la resurrección de los muertos, la esperanza de la vida eterna, el reino de los cielos, si ellos piensan que sus páginas están llenas de falsedades sobre hechos que ellos mismos han aprendido por la experiencia y a la luz de la razón?

Y una frase de Galileo (fervoroso cristiano hasta el fin de sus días, por cierto): “No me siento obligado a creer que el mismo Dios que nos ha investido con sentido, razón e intelecto pretenda ahora que renunciemos a su uso“.

Dios no es bueno

Hace algunos años, un sabio teólogo reconocido en occidente decidió demostrar a sus alumnos por qué el presupuesto de que “Dios es bueno” es falso y engañoso. Llamó a uno de sus alumnos recién llegados a la academia y le propuso que resumiera en tres conceptos muy concretos las cosas de la vida que las personas identifican como “buenas”. Él, después de meditarlo levemente, escribió lo siguiente:

SEGURIDAD PARA EL FUTURO

SALUD

RECIBIR AMOR

Cuando se hubo ido aquél, llamó a otro de sus alumnos, igual de joven, y le pidió que pusiera, según su conocimiento, tres etiquetas acerca de Dios. Él tuvo que dedicarle muchas horas a meditar. ¿Cómo resumir a Dios en tres conceptos? No obstante, sorprendió a su maestro cuando, a los pocos días, regresó con las siguientes palabras:

POBREZA

CONFIANZA

ENTREGAR AMOR

El maestro recogió ambos trabajos por separado y reunió a los dos estudiantes, que no sabían qué encargo había recibido el otro. Les pidió que intentaran resolver la siguiente pregunta: “¿DIOS ES BUENO?”, a la vista del resto del alumnado de la escuela. Inmediatamente, el primero de ellos trajo a su memoria las cosas que eran “buenas” y, a partir de ellas, intentó explicar que Dios, si fuera bueno, operaría en los seres humanos para que éstos tuvieran seguridad, salud y amor, como mínimo. El segundo de los alumnos, en cambio, no daba crédito. Para él, era imposible que el “Dios-pobre” procurara estabilidad para el futuro. También era imposible que el “Dios-confianza hasta el final” entendiera la falta de salud como algo trágico. Y, por supuesto, era imposible que el “Dios-que se entrega” quisiera que sus criaturas fueran devoradoras de amores.

Llegado este punto, intervino el sabio teólogo.

– Es posible que nos confunda haber oído tantas veces que Dios es bueno. Sin embargo, no es cierto. Dios NO es bueno, porque las personas aprendemos antes a darle sentido a la palabra “bueno” y después intentamos que Dios encaje en ese esquema que ya nos hemos hecho sobre lo que es bueno y lo que es malo. En cambio, habría que decir más bien lo siguiente: “lo bueno es Dios”. Y, como complemento, “Dios me ama”. La Inteligencia de Dios sabe lo que es bueno. La Voluntad de Dios quiere lo que es bueno para sus Hijos. Él opera en nuestra vida para atraernos hacia sí.

Entonces extrajo las palabras que el segundo de sus alumnos había puesto como etiquetas a Dios y escribió encima la leyenda siguiente: “ESTO ES LO BUENO”. Después, le preguntó cómo había alcanzado una respuesta con tanta sabiduría. Éste se encogió de hombros y respondió:

– Bueno, me ayudó, desde la pared de mi cuarto, contemplar un crucifijo.

by J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

by J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

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