Posts Tagged ‘Tentaciones’

Receta contra el relativismo (o un apunte kierkegaardiano)

“Ama y haz lo que quieras”, dice San Agustín. Y San Pablo dice que “no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6, 14) o que estamos “libres de la ley (…),  bajo el régimen nuevo del espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Romanos 7,  6). También la Iglesia enseña que la conciencia es un reducto sagrado del hombre en el que Dios le habla, y que quien actúa de acuerdo con su conciencia (rectamente formada) no peca nunca.

Quizás estas fórmulas (y tantas otras) hayan abonado en nosotros el vicio del relativismo, del que tan esclavo es nuestro mundo y del que con tanta fuerza se ha quejado el Santo Padre. En nuestros grupos, en nuestra pastoral, en las homilías de los sacerdotes, en las charlas informales… ¿no es frecuente que se intente relajar un poco el contenido para evitar parecer amonestadores o censuradores? ¿No evitamos la palabra “pecado” o “mal” para intentar concentrarnos en las partes más “positivas” o más fáciles de digerir de la fe?

En realidad, los santos y la Iglesia no proponen, ni mucho menos, un relativismo moral (aunque en la Iglesia seamos víctimas del mismo), sino una vida de hombre religioso, como lo llamaría el filósofo danés Soren Kierkegaard. Quizás su esquema de los estadios del camino de la vida pueda servirnos para distinguir en nosotros el relativismo de “la vida en el espíritu” de la que habla San Pablo.

El filósofo propone los siguientes estadios:

  • El hombre estético. Centrado en el instante, en el placer, en lo momentáneo, en lo excepcional. La huida del dolor, la fuga permanente, caracteriza al esteta. Podríamos decir que es un ser “autorreferencial”, que condiciona su comportamiento y su vida entera a las propias satisfacciones más inmediatas. Los niños pequeños son esencialmente “estéticos” en este sentido: no conciben más universo que sí mismos y todo lo que les rodea tienevalor en la medida en que cubran sus deseos personales.
  • El hombre ético. Vive centrado en el deber. Evita el mal y escoge el bien. Busca, entonces, lo universalizable, la verdad de las cosas. Una verdad que es exterior a él. Por lo tanto, podríamos decir que es alguien referenciado en un código (moral) ajeno a sí mismo. Lo bueno, lo verdadero. Representa un estado de vida maduro y solvente. Cuando ese código externo es, por ejemplo, la moral católica, existe una cierta vida cristiana. De hecho, es posible que muchos cristianos vivamos en este estadio, en el que ya no somos esclavos de cierto hedonismo, pero de alguna medida sí lo somos de la “ley” o de las obligaciones contraídas por la fe.
  • El hombre religioso. Es el estadio superior, en que la persona vive con el amor como principio rector y centro de la propia existencia. Amor que se concreta en la voluntad de Dios para la propia vida. Este hombre vive totalmente descentrado de sí mismo, porque hace orbitar su ser alrededor de Otra persona, que es Dios. Otra Voluntad. En la Biblia, Abraham representa perfectamente este estadio: contraviniendo toda lógica y los propios criterios, está dispuesto a sacrificar a su hijo porque sabe que Dios, que es Amor, tiene una Voluntad (unos deseos, un querer) propia a la que él desea someterse. 

Es fácil reconocerse en el estadio ético. Sin embargo, ¿y todas esas veces que “nos saltamos” o no ceñimos nuestra vida al aparentemente apretado traje de la moral cristiana (pensemos en el Decálogo o los mandamientos de la Iglesia, la moral sexual, la moral del dinero, las relaciones familiares…)? ¿Cómo podemos distinguir cuándo hemos adoptado una actitud “estética” y cuándo una actitud “religiosa”?

El esquema de Kierkegaard puede ayudarnos. Él dice que el salto del estadio ético al religioso produce “angustia”. Una angustia que es, de alguna manera, como la de un salto al vacío. Los códigos, “las leyes”, las normas… pueden gustarnos más o menos en determinado momento. Resultarnos más o menos cómodos. Parecernos más o menos exigentes y duros. Pero son seguros.

En cambio, poner la referencia en Dios es ponerla en otro Alguien, cuya Voluntad (exageramos un poco: sus caprichos) no siguen una fórmula matemática o unos principios fácilmente comprensibles para nosotros. Dios es Dios y piensa a lo grande. Lo que Él quiere en cada momento es para nosotros inesperado, cambiante, difícil de entender y de asumir, incluso “una locura”. ¿Acaso la vida de Jesús no es el mejor ejemplo de todo ello?

La “angustia” puede ser la alarma que nos indique hacia dónde estamos “dejando de ser éticos”. Para seguir la máxima de “ama y haz lo que quieras” agustiniana hay que dar el salto al vacío, de lo ético a lo religioso, y padecer esa angustia de lo desconocido e impredecible que es descansar en la Gracia de Dios “en vez de” en la ley.

No obstante, un apunte: Dios se ha revelado a sí mismo como ha querido. Y ha escogido la Palabra, los mandamientos, la Iglesia… y, sobretodo, al propio Jesucristo. Por eso podemos estar bastante seguros de que siguiendo la Palabra, los mandamientos, las enseñanzas de la Iglesia y el ejemplo de Jesús estaremos dentro de la Voluntad de Dios. Y una clave: si no estás seguro de qué hacer, de qué decisión tomar, opta por la obediencia.

Me tomo la palabra… Pecado

PECADO (del latín, peccatum)

1.- Según la RAE: transgresión voluntaria de los preceptos religiosos.

Se trata de la primera acepción.

2.- Según Aristóteles: error trágico. En griego, hamartia, “fallo en la meta, no acertar”. Se trata de un error, un fallo, debido a una actitud no consciente.

¡Me ha alegrado mucho leer la primera acepción de la palabra “pecado” en el diccionario electrónico de la RAE! Se trata de una definición que, aunque breve, contiene dos claves importantes:

– Se trata de una transgresión voluntaria. El concepto griego del pecado es, simplemente, “error”. Producido por la falta de conocimiento, no por la falta de amor o por un acto de libertad. El pecado griego es fácil de justificar y disculpar. El pecado cristiano, en cambio, importa. Es una decisión consciente que se puede condenar. Y porque importa el pecado, importa el Perdón.

– Contra los preceptos religiosos. El pecado, tal y como lo entendemos los cristianos, es un contenido religioso y que, por tanto, nos remite a la relación con Dios. No se trata, como en el mundo griego, de un atentado contra “lo sano” o “lo correcto”, entendidos según la forma de vida de la época. Sino de un ataque a “lo sano” o “lo correcto” según los criterios de Dios.

El pecado es un concepto cristiano fundamental. No es “paganizable”, porque el mundo pagano no llega a vislumbrar el pecado tal y como nos lo muestra la revelación que proviene de Dios. No existe el “pecado laico”.

3.- Según el catecismo: es una falta contra el amor verdadero con Dios y con el prójimo. Por lo tanto, una falta también contra la razón, la verdad y la recta conciencia.

4.- Para el perfecto ateo: el pecado no existe.

Es posible que tengamos la tentación, a veces, de rebajar la importancia que el pecado tiene en nuestra fe. Porque nos parece culpabilizador, porque es un concepto negativo, porque no es “atractivo” a la hora de presentarle a otros nuestro cristianismo, porque suena antiguo, porque… Sin embargo, es algo capital. Porque si no hubo pecado, ¿para qué sirvió la Cruz? ¿Y en qué queda la misericordia de Dios? ¿Y de qué fuimos salvados por Jesús?

¡Cuidado con quienes quieren hacernos creer que el pecado no existe o no importa! Satán es el Príncipe de la Mentira. Porque, ¿cuál es el primer pecado que aparece en la Escritura?

5.- El primer pecado que se lee en la Biblia: Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Dios había hecho. Y dijo a la mujer: <así que Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del huerto>.

La primera aparición del diablo en la Escritura es para cometer el primer pecado: la mentira. Y es muy propio de él procurar que no creamos en el pecado o que no le demos importancia.

6.- San Agustín: el pecado es amor de sí hasta el desprecio de Dios.

Lo que nos remite de nuevo al pasaje del Génesis (cap. 3). La mentira de la serpiente engendró el pecado en el hombre, que quiso ser igual a Dios y al margen de Él.

7. Lo que le toca al cristiano: la conversión exige el reconocimiento del pecado. Así llega el don de la verdad de la conciencia y el don de la certeza de la redención.

DONDE ABUNDÓ EL PECADO, SOBREABUNDÓ LA GRACIA (Rom. 5, 20) es decir…

El mercadillo de Satanás

Hace un tiempo atrás Satanás montó un puesto en un mercadillo de segunda mano. Allí estaban, agrupados en pequeños grupos, todas sus brillantes baratijas. Tenía herramientas que ayudaban a romper, a malograr. También había lentes de aumento para aumentar la propia importancia, y que si mirabas por el otro lado, podías usarlos para disminuir a los demás o incluso a uno mismo.

En el suelo estaba la usual variedad de herramientas de jardinería con la garantía de hacer crecer la soberbia: el rastrillo del desprecio, el azadón de los celos para cavar un abismo entre uno y el prójimo, las herramientas del chisme y la calumnia, de egoísmo y apatía. Todos estos utensilios eran agradables a la vista y venían llenos de promesas y garantías de prosperidad. Lo precios, claro está, no eran muy baratos; ¡pero no había que preocuparse!, tenía grandes facilidades de pago para todos los clientes. “¡Llévelo a casa, úselo, no se preocupe que lo pagará más tarde!” era la frase favorita del Diablo.

El visitante notó dos herramientas desconocidas y muy desgastadas en una esquina. Y sin ser ni cercanamente tan atractivas como los otros objetos, le pareció raro que estas dos herramientas tuvieran un precio mucho más alto que las demás.

Cuando preguntó por qué era esto, Satanás sólo sonrió y dijo: “Bueno, eso es porque yo las uso muchísimo. Si no tuvieran tan mala apariencia la gente las vería como son realmente.” El Diablo señaló las herramientas diciendo: “Mira, esa es la propia inseguridad y la otra es la desesperanza, y sin ellas todas las demás son prácticamente inútiles.”

Me tomo la palabra… Corazón

CORAZÓN(del latín, cor).

arbol tatuado1.- Según la RAE: ánimo, valor temple / buena voluntad.

2.- Según wikipedia: órgano principal del aparato circulatorio.

3.- Manual de la frivolidad: uno de los cuatro palos de la baraja francesa o de póker.

4.- Diccionario político: palabra para regalar los oídos y decorar los discursos. No tiene valor por su significado sino por sus connotaciones emocionales.

5.- Según Telecinco: palabra polisémica que puede significar morbo, share, sexo, dinero, espectáculo, prensa o mentira.

6.- Para los románticos: origen de los sentimientos, particularmente del amor. Se usa frecuentemente para hablar de pasiones pasajeras o escribir canciones. También se dibuja, con una flecha atravesada, para representar el amor de pareja. Con frecuencia compromete poco.

7.- Para el hombre de fe: centro de la voluntad y de las decisiones. Por lo tanto, motor (que mueve, que cambia) del ser humano. Nada ocurre en el Corazón que no se traduzca en obras, opciones, cambios… También se acepta como “alma” o como “ser” fundamental de la persona.

AMARÁS A DIOS CON TODO TU CORAZÓN (en Mt. 22, 37),                es decir…

QUERIDO CONTUPANTELOCÓMIX…

BIENAVENTURADOS LOS DE CORAZÓN LIMPIO, PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS (Mt. 5, 8 )

from devocionaldiario.com

from devocionaldiario.com

Querido Contupantelocómix:

¡Qué refrescante ha sido recibir tu carta pidiéndome consejo! Bien recuerdas que, en mis años de juventud, yo trabajé para nuestro Padre del Abismo en el mismo departamento que te han asignado a ti. Aunque eran otros tiempos, claro. Me da la impresión de que tú lo vas a tener más fácil que yo.

Tu trabajo consiste, básicamente, en confundir sus mentes para que tus pacientes pequen sin darse cuenta de que lo hacen. Te han encomendado la hermosa tarea de perpetuar el Engaño, la Mentira y la Trampa. Aprende del mismísimo Padre de la Negrura, que engañó a Adán: “¿Y por qué no os deja comer de ningún árbol? Si coméis se abrirán vuestros ojos y seréis como Dios.” ¡Qué gran victoria fue aquella, la primera de muchas otras que vinieron más tarde!

Ten en cuenta que la impronta creadora del Enemigo está indeleblemente grabada en el alma suculenta de tus pacientes. Por lo tanto, difícilmente lograrás llevarles a tu terreno si están persuadidos de que nosotros somos “los malos”. Los humanos suelen inclinarse por lo bueno. Por esa razón conviene que zarandees su conciencia, que la nubles, la oscurezcas. Tiende sobre su mente y sobre su corazón una densa niebla de confusión, de tonos grises, de complacencia y de autoengaño. Reconozco que solo con escribirlo ya se me acelera el pulso de placer. En definitiva, sigue la Primera Norma Diabólica y preséntales como virtuoso aquello que destruya su Gracia mientras etiquetas de inconveniente, indeseable, peligroso y destructivo lo que les acerque a nuestro Enemigo. Recuerda lo que recitamos del fruto prohibido a Adán y Eva: “bueno para comer, agradable a la vista y útil para alcanzar sabiduría”.

Puedes empezar por persuadirles de que lo que nuestro Enemigo les pide es negativo, censurador, prohibitivo. Ayúdate de la corriente social del momento. Debes convencerles de que un cristiano se define por lo que se pierde: NO puede hacer esto, NO debe hacer aquello, debe APARTARSE de éso otro… Consigue que tus pacientes miren con envidia a los que llevan una vida sin orden, abandonados a sus propios esquemas, caprichos y deseos, muy alejados del Oponente. Haz que sientan que, por ser fieles, se están privando de una gran felicidad que a su alrededor disfruta todo el mundo.

Considera también la posibilidad de sabotear su sentido comunitario y eclesial. Favorece la sospecha de que su parroquia, sus catequistas, los curas, los obispos, Roma, el catecismo, los Mandamientos, la moral cristiana… son tan sólo piezas de una organización doctrinal, dogmática, lavacerebros y ocultista. Mejor, que les baste con “sentirse cristianos” y se enorgullezcan de ser “un verso suelto”. Cuanto más independientes se sientan de la Iglesia, más dependientes serán de ti. La corriente actual de pensamiento juega a tu favor, así que no fracases. Logra que abandonen a sus pastores para constituir en torno a Nuestro Padre del Abismo un nuevo rebaño de víctimas. Y… por cierto… tu gran enemigo es el sacramento de la Reconciliación (repugnante Perdón), capaz de reparar todo el daño que has propiciado. ¡Impide que tus pacientes se acerquen a él!

Por último, atiene a la palabra mágica que será para ti un recurso inestimable: INDOLENCIA. Consigue que tus pacientes sientan que sus faltas y pecados son absolutamente normales y razonables. Combate con todas tus fuerzas cualquier resquicio de sentimiento de culpa o autorreproche. Fíjate que también te va a ayudar mucho la filosofía imperante en esta era. Relativizar todo lo malo que hagan, quitarle importancia, que parezca algo menor. Poco a poco estarán rodeados de tanta basura que no escucharán al Enemigo llamándoles. Sírvete de esta frase, que inventé yo mismo y que he susurrado mil veces al oído de algún humano: “por una vez, no pasa nada”.

¡Atiende! El colmo del engaño sería hacerles creer que no existe el pecado o… mejor todavía… que no existe ni Infierno ni Diablo. Si lo consigues, y he de decirte que lo tienes mucho más fácil que los Tentadores de mi época, habrás confirmado una férrea cadena de esclavitud a tus almas y, con seguridad, serás propuesto para un próximo ascenso.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

LA VERDAD DE CAPERUCITA ROJA

Durmiendo con tu enemigo

Durmiendo con tu enemigo

Hace tiempo vi cómo muchos a mi alrededor sucumbían a las malas compañías, los malos hábitos, las primeras licencias y renuncias, la relajación a la hora de cuidarse por dentro… Enseguida, se fue creando una distancia y… bueno, simplemente dejamos de hablar el mismo idioma, el de Dios, que hasta entonces habíamos compartido. Yo me preguntaba en qué medida era responsabilidad mía haber dejado que un hermano, a base de pequeños pasos, se perdiera. Esa reflexión siempre está bien, pero conviene a veces recordar que, como titulares de nuestra libertad, cada uno es responsable del uso que le da. Esto me lo explicaban poniéndome como ejemplo el cuento de Caperucita Roja e insistiendo en la idea de que Caperucita… no podía ser tan tonta como para no darse cuenta de que el Lobo quería comérsela (¡qué dientes tan grandes tienes!). Así que ahí va una nueva versión (ya existen la popular, la de Charles Perrault, la de los Hnos. Grimm…) con una Caperucita Roja no tan inocente.

Se asoma a la ventana,

Caperucita, con la mirada ausente,

y llena de desgana,

marchita, insatisfecha, adolescente,

resuelve imprudente e inmadura

huir de casa en pos de la aventura.


Pensaba la chiquilla

que allá en el bosque podría liberarse,

y que al fin, sin familia,

su alma lograría desatarse.

Pues lo bueno parecíale introverso

así que abandonose a lo perverso.


Contenta en su vileza,

Caperucita se guía de tal forma

que a la Naturaleza

tratóla transgrediendo toda norma.

Y, hambriento, la alcanza en un instante

un canis lupus bípedo y parlante.


“Qué sabroso bocado,

y suculenta jovencita indefensa”,

creyó el Lobo, confiado,

al tiempo que Caperucita piensa:

“El bicho está dispuesto a devorarme,

y esa idea no deja de tentarme…”.


<< ¡Qué orejas puntiagudas!

¡Qué ojazos tan grandes y tan grises!

Y déjame que aluda

a tus tan varoniles cicatrices.

Di, Lobo, ya que soy tan iletrada,

¿qué uso das a tus garras y quijadas?>>


Dejada a su inconsciencia,

dispuesta al colmo de lo irreverente,

disimula inocencia,

y ansiosa escucha al Lobo y le consiente,

y se arrepiente demasiado tarde:

ya que él, feroz, ataca sin alarde.


“Pobre Caperucita,

que siempre se condujo rectamente.

Era tan buenecita,

tan víctima quien siempre fue prudente”.

Así equivocan letras los diarios,

ignoran que fue todo lo contrario.


Somos fragilidad,

el hombre está herido en su virtud.

Pero es también verdad

que discernimos el mal y la salud.

Si abres el corazón a tentaciones,

habrás pecado ya en tus intenciones.

QUERIDO MUNDIFAGIO…

BIENAVENTURADOS LOS POBRES, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE DIOS (Mt. 5, 3)

Querido Mundifagio:

Como Tentador de las cosas materiales, ponte como ejemplo a Nuestro Padre de las Profundidades cuando acudió al desierto a tentar al Enemigo: “Convierte estas piedras en pan”.

Ten en cuenta la coyuntura de tus pacientes. Viven instalados en un mundo que les incita a consumir vorazmente todo tipo de productos insustanciales. Debes, por lo tanto, impedir que echen un vistazo por fuera de esa “verdad virtual” que la sociedad ha fabricado para ellos. Mientras sientan que en medio de la comodidad y la seguridad de las cosas materiales ellos están a gusto, no se preocuparán de buscar más allá “eso” que les falta y que, como tú y yo sabemos, solamente el Enemigo les proporcionará. Su ceguera es nuestra mejor baza, querido sobrino.

Es posible que en ocasiones sucumbas al deseo de instalar en tus pacientes un ansia inmensa por obtener lujo y riquezas. No obstante, ¡no es esa tu misión! Recuerda que no se esforzarán en encontrar al Enemigo si creen que ya lo conocen. Presta atención a los consejos que un viejo diablo como yo pone al servicio de las intenciones del Rey de la Oscuridad. Debes ser un tentador hábil y hacerles creer siempre que ellos no son víctimas del consumismo. Muéstrales algunos ejemplos de auténtico lujo para que los sientan lejanos. Si haces que se comparen con estrellas de cine, deportistas de elite o gente famosa,  se verán a sí mismos como verdaderos modelos de austeridad y moderación. De ese modo, no se darán cuenta de lo deliciosamente consumistas que son en realidad.

No debes olvidar nunca que al Enemigo le cuesta menos atraer a un “malo” que a un “tibio”. Permite que se instalen en una comodidad moderada, razonable, lógica, “popular”. Asegúrate de que encuentren en el dinero y los bienes materiales una gran SEGURIDAD. Sobre su futuro, sobre su posición, sobre su poder, sobre su libertad… Los humanos, detestado sobrino, temen la incertidumbre, el no tener garantías sobre sus propios pasos, certezas… Como te puedes imaginar, ese sentimiento juega a nuestro favor. Debes lograr que pongan sus esperanzas y su tranquilidad en las cosas del mundo, para que no necesiten levantar la mirada hacia lo Alto y sentirse en manos de su… <gasp, aaagghhh, beej…> “Padre Providente” (cada vez que pienso en ello se me derrite mi piel escamosa).

Y no te preocupes si de vez en cuando intentan hacer algún propósito para salir de esa jaula de oro que les has procurado. Lo más probable es que gracias a eso se instalen más en la mediocridad. ¡Ah, maravillosa mediocridad! Cuántas almas mediocres alimentan al Padre de los Infiernos. Si un mes deciden renunciar a parte de su dinero dándoselo a un necesitado, no te sientas aun derrotado. Por el contrario, infunde en ellos la sensación de que han renunciado a mucho y se merecen algún “homenaje”. Y si hacen propósitos por contener el gasto, no pasa nada. Haz que todo el dinero ahorrado acabe en una hucha que poco a poco se va llenando. Así, al cabo de poco tiempo, les verás gastarlo en la cosa más tonta y absurda que te puedas imaginar, ¡y todos esos meses de ahorro habrán servido a tu causa!

Finalmente, Mundifagio, procura que pasen por alto la pobreza radical que el Enemigo asumió cuando se encarnó en el mundo. Para ellos debe ser un ejemplo teórico y metafórico, nada serio.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

by J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

Poderoso caballero es Don Dinero

¡Cuántas veces abominamos del “materialismo” y el “consumismo” que gobiernan el mundo hoy! “¡Hay que cambiar las estructuras!”, decimos con frecuencia. La crisis que está haciendo estragos en todas partes ha hecho sonar las alarmas acerca de los “modelos económicos” y la importancia del dinero en la actualidad.

Pero la necesidad de asegurarse el futuro (evitando depender de Otro) está inscrita en el corazón del hombre desde siempre. Por eso Jesús fue tan sorprendentemente explícito sobre este tema (“No podéis servir a Dios y al dinero”, Lc.16, 13). Y por eso Francisco de Quevedo escribió su “Poderoso caballero es Don Dinero” hace unos cuatrocientos años.

¿No estará más bien el problema en ti y en mí? Aquí tienes un “Poderoso caballero es Don Dinero”, pero del siglo XXI.

Es portada en los diarios,

y gobierna el día a día.

Señor de la economía

desde tiempos legendarios.

En la crisis es primario

y en bonanza es el primero.

Poderoso caballero

es Don Dinero.

Cruza el globo con gran prisa.

Su importancia es capital.

Ha sido franco y real,

hoy es libra, peso y Visa.

Aunque quiebre la divisa

él es oro duradero.

Poderoso caballero

es Don Dinero.

Es hombre de letra y ciencia

de deporte, arte, cultura.

Porque el futuro asegura

y evita la dependencia.

¿Para qué la Providencia

si él la suple con esmero?

Poderoso caballero

es Don Dinero.

Dispensador de favores

para ateos y creyentes.

Pues no hay almas trascendentes

que resistan sus rigores.

Hoy servir a dos señores

es ya el credo verdadero.

Poderoso caballero

es Don Dinero.

Su nombre no se menciona

al hacer cuestionamientos,

pues domina sentimientos

y al más calmado apasiona.

Así, en silencio erosiona

la obra del Dios carpintero.

Poderoso caballero

es Don Dinero.

Con el Cielo incompatible

ya que no iguala la puja.

Por el ojo de una aguja

su trasvase es imposible.

Aunque piensa que es factible

aumentar el agujero.

¿Poderoso caballero

es Don Dinero?

QUERIDO HEDÓFILO…

En los años cuarenta del siglo XX, el escritor británico C.S. Lewis escribe sus “Cartas del diablo a su sobrino” (The Screwtape letters, en su título original en inglés), una novela que consiste en las epístolas que el viejo demonio Escrutopo envía a su sobrino Orugario, aconsejándole acerca de cómo tentar a un humano. El libro es altamente recomendable. En “MisionArte con Palabras” cogemos la idea y proponemos algunas nuevas cartas.

BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN, PORQUE ELLOS SERÁN CONSOLADOS (Mt. 5,4)

Querido Hedófilo:

Me escribes preocupado por tu próximo cometido con esos jóvenes que, a pesar de todo, perseveran en la religión. ¡No hay causa justificada para esa alarma! Es cierto que, como dices, el Enemigo les está poniendo todas las facilidades. ¡Tanto mejor! Recuerda que cuanto más protegidos se sientan, más sencillo será tu trabajo.

No voy a recordarte (sería una insensatez hacerlo, dado que pasaste con nota el examen de Teoría de la Tentación) que debes impedir que se acerquen con autenticidad a la más humillante de las derrotas que hemos sufrido nunca: la Cruz. Sé que la sola mención de su nombre te seca la garganta, pero te sorprendería saber la poca comprensión que los pacientes humanos experimentan hacia Ella. ¡No han entendido nada!

Ahora bien, para cumplir el objetivo específico de tu misión te daré algunas recomendaciones, fruto de mi propia experiencia.

  1. Procura que sientan pánico y frustración ante el mínimo dolor. Que huyan de él. Ya sabes que el Enemigo les ha enseñado que la… Cruz (disculpa, pero me cuesta incluso escribirlo) es el centro de su “obra salvadora”. ¡No permitas que lo crean! Recuérdales sus momentos de mayor placer (especialmente si procede de algún acto egoísta) e intenta que deseen ciegamente recuperarlos a toda costa, alimentando su “recuerdo” de felicidad. Tienes que servirte de la técnica, muy antigua ya pero que aun está de moda, de que asocien el dolor con la infelicidad. Te sorprenderá comprobar que es mucho más fácil de lo que parece a pesar de que, evidentemente, tal razonamiento no superaría un examen superficial. Nublar el juicio de un humano es pan comido para un tentador sagaz.
  2. Debes impedir a toda costa que tengan momentos de reflexión. En esos momentos es más probable que se den cuenta del vacío que dejan en ellos esas formas de “felicidad” que practican. En su lugar, alimenta sus ansias por consumir felicidad barata. Ya sabes a qué me refiero. Insiste en la idea de que las cosas del mundo les bastan. Colegas, fiestas, descontrol, televisión, videojuegos… Incluso, puedes llevar a cabo una obra maestra si insertas en ellos costumbres como las sonrisas ensayadas o la dinámica del “buen rollito” entre ellos. Permíteles pequeñas obras de repugnante Caridad… las suficientes para que crean que ya hacen las cosas bien. No empieces a preocuparte hasta que uno de tus pacientes renuncie verdaderamente a sí mismo por otra persona.
  3. Convence a tus jóvenes de que… “en el término medio está la virtud”. Esta frase nos ha dado ya muchísimas victorias en el pasado y sigue haciéndolo aún hoy. Hazles creer que la radicalidad del… Ev… Evan… ugh, me horroriza escribir esto… E-van-ge-lio… es cosa de otros tiempos, de otras épocas. Que piensen que los tiempos de auténticos santos y mártires son pretérito pluscuamperfecto. Por supuesto, nada que tenga que ver con sus vidas. Cruz florida

Finalmente, estimado Hedófilo, cuídate mucho de que no vivan el dolor con intensidad. He descubierto que, de lo contrario, combatirás donde el Enemigo es un verdadero experto. Insisto: acuérdate de que la… Cruz… fue un funesto “caballo de Troya” para el Padre del Abismo.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

Tags