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Sólo una tecla

No hay ningún dxfxcto en xstx post, xxcxxpto una txcla que no funciona bixn. Xl rxsto de las txclas funciona pxrfxctamxntx, pxro xsta txcla xs la única dxfxctuosa y provoca un sxrio problxma. ¿No tx parxcx?

Dx igual manxra podrías dxcir, por xjxmplo, qux sólo xrxs una txcla y qux no sx notaría mucho si no colaborasxs con xl rxsto. Pxro xsta manxra dx pxnsar xs xrrónxa; los dxmás tx nxcxsitan, ¡cuxntan contigo!

La próxima vxz qux sx tx ocurra pxnsar qux no xrxs importantx, acuxrdatx dx xstx ordxnador. Xn xfxcto, im2gínatx qux dos txcl2s funcio2n m2l… ¿Y qux p2s2rí2 si fuxr2n trxs o incluso cu2;ro simul;2nx2mxn;x?

¿Quién puede hacerlo?

¿Te escaqueas?

Esta es la historia de cuatro personas que se llamaban Cadauno, Alguno, Cualquiera y Ninguno. Había que hacer un trabajo importante, y se le pidió a Cadauno que lo hiciera. Cualquiera estaba seguro de que Alguno lo haría, pero Ninguno lo hizo.

Alguno se molestó a causa de ello, porque era el trabajo de Cadauno. Cadauno pensó que Cualquiera podía hacerlo, pero Ninguno se dio cuenta de que Cadauno no lo había hecho.

Al final, resultó que Cadauno riñó a Alguno, cuando Ninguno hizo lo que, en realidad, Cualquiera podría haber hecho.

QUERIDO ABULIO…

BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA, PORQUE ELLOS SERÁN SACIADOS (Mt. 5, 6)

Querido Abulio:

¡Eres soberanamente estúpido e incompetente! Una mediocridad sin paliativos. Un hediondo subproducto de demonio sin categoría. Una despreciable calamidad.

He leído tu carta varias veces, incapaz de creer que tu idiotez haya alcanzado unos niveles tan altos. Me escribes diciendo que “será cosa de niños hacer a mis pacientes duros como la roca, crueles y viles… convertirles en enemigos de su prójimo”. ¡Lo has equivocado todo!

Te aclaro que me importa muy poco que tu carrera como Tentador en la Corte de nuestro Padre de las Tinieblas se vaya al garete. Lo que no voy a consentir es que se asocie mi nombre con un fracaso tan estrepitoso como el que te avecina si no atiendes a mis palabras. ¡Tengo una reputación que mantener y, ante la menor debilidad, podría acabar alimentando los Hornos Cavernosos del Tercer Abismo!

Escucha bien, porque la roca es dura y resistente, pero un sutil golpe en el sitio apropiado basta para hacerla pedazos. Nuestro Enemigo es hábil logrando esas conversiones y tus pacientes serán carne de cañón para sus estratagemas si no corriges tus pasos. No se trata de que les conviertas en seres despiadados y crueles con el prójimo, ni manifiestamente injustos o inaccesibles. Atiende. Lo mejor es que hagas de su corazón una morada mediocre, de medios compromisos, difícil de conmover realmente.

¿Sabes? Debes ser un experto en las palabras del Enemigo, para vencerle en su terreno. ¿Recuerdas aquella terrible carta de uno de sus más aguerridos seguidores a la comunidad de Corinto? Contiene un cántico a… se me escama la piel con tan solo traerla a mi memoria… un cántico a la Caridad.

Cuando se te pase el estremecimiento, atiende a mis palabras. Hoy, el mundo no habla de Caridad, porque es algo demasiado grande para las conciencias débiles. En su lugar, utilizan otra con mucha menos fuerza: solidaridad. ¡Que este ejemplo sea para ti paradigmático!

Convierte el auténtico… amor por la justicia (sí, aunque no lo creas, algunos humanos lo experimentan realmente)… en una mezcla de sentimientos de autoexculpación y cargo de conciencia. Que tus pacientes se convenzan de que deben ser… solidarios. ¡Deja que sean todo lo “solidarios” que quieran! Preocúpate solamente cuando empiecen a amar de verdad (de verdad, comprometiendo su propia existencia)  la justicia. Convénceles de que son generosos. Que colaboren de vez en cuando en campañas de recogida de dinero, medicinas o ropa y que dejen algo a veces en el cepillo de su iglesia. ¡Eso no ha de preocuparte lo más mínimo! Lo importante es que se sientan muy solidarios y muy justos, infunde ese sentimiento. De ese modo, jamás comprometerán auténticamente su vida, siempre estarán satisfechos y creerán que “ya hacen bastante con lo que hacen”.

from peaton.info

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Permíteles comparase con otros. Pero con otros que, siempre, sean “peores que ellos”. Logra que los testimonios de auténticos aliados del Enemigo sean una especie de exotismo religioso, nada que ver con la vida real. Haz que se asienten cómodamente por encima de la media en lo que a “solidaridad” (qué bien me cae esta palabreja) se refiere. Pero siempre dando de lo que sobra, no comprometiendo su propia seguridad o sus planes de futuro, esforzándose por que los demás noten lo buenísimos que son… etcétera. Dicho de otra forma, que su “lucha por la justicia” sea bastante… inofensiva. Espero que no necesites más explicaciones.

Y voy a revelarte, para terminar esta carta, otra de tus grandes armas: la lástima. Es la gran enemiga de la Misericordia que, como sabes, implica de verdad al propio corazón. Haz que sientan lástima y pena por los que padecen injusticias. Eso les coloca por encima de los otros y abre un gran abismo entre ellos. Cuanto mayor sea ese abismo, más les costará saltarlo para acercarse a los demás. No permitas que sufran con los demás, que palpen el dolor de lo injusto… mantenles siempre a una prudente distancia. Para ellos la injusticia debe ser como… un agente que contamina a su prójimo de indignidad y le hace acreedor de mucha penita, pero nada serio.

Mantenme informado. Pero, por favor, no me envíes más cartas con chorradas. No las soporto.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

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