Posts Tagged ‘Resurrección’

Gulliver

La Iglesia tiene muchos enemigos. Casi todos ellos son también enemigos de la Verdad y no soportan que nadie denuncie la ceguera en la que viven. Rabian, posiblemente porque les reconcome que se les señale una verdad que es trascendente. Atacan y persiguen, porque prefieren a los dioses pequeños, relativos y manipulables.

A continuación una canción que siempre tiene para mí resonancias cristianas, aunque es seguro que su autor no lo pretendía. Es de Joaquín Sabina.

Un día los enanos se rebelarán contra Gulliver
todos los hombres de corazón diminuto armados con palos y con hoces
asaltarán al único gigante con sus pequeños rencores
con su bilis, con su rabia de enanos afeitados y miopes.

Pobre de ti, Gulliver, pobre de ti
el día que todos los enanos unan sus herramientas y su odio
sus costumbres, sus vicios, sus carteras, sus horarios
no podrán, no podrán, no podrán perdonarte que seas alto.

Para ellos la generosidad no es más que un lujo que no pueden pagarse
viven alimentados por la envidia que los habita en forma de costumbre
míralos revolverse recelosos tras sus gafas de cocha
te acusarán, te acusarán, te acusarán

de ser el tuerto en el país de los ciegos
de ser quien habla en el país de los mudos
de ser el loco en el país de los cuerdos
de andar en el país de los cansados
de ser el sabio en el país de los necios
de ser el malo en el país de los buenos
de divertirte en el país de los serios
de estar libre en el país de los presos
de estar vivo en el país de los muertos
de ser gigante en el país de los enanos
de ser la voz que clama en el desierto
de ser la voz que clama en el desierto
de ser la voz que clama en el desierto.

Marco el romano (Mika Waltari)

Hace poco terminé de leer “MARCO, EL ROMANO” (1964, Mika Waltari).

Se trata del relato de un romano noble, Marco, que lleva una vida disipada y hedonista para tratar de estar por fin con su amada Tulia. Hastiado y desesperanzado, comienza en Alejandría una especie de búsqueda mística que le lleva hasta Jerusalén. La ciudad santa de los judíos está en plena ebullición, pues a la celebración de la Pascua se le suma la crucifixión de un profeta, Jesús de Nazaret, enemigo de los sumos sacerdotes.

Marco tiene a los tres días un encuentro con el propio Jesús y comprueba por sí mismo que el sepulcro en el que le sepultaron ya no guarda su cuerpo. Sorprendido por los acontecimientos, totalmente superado por lo que ha visto y oído, intenta por todos los medios encontrarse de nuevo con el Resucitado y verificar que aquel hombre era realmente el Hijo de Dios. Porque, al contrario que los judíos, el romano Marco percibe inmediatamente que si la Resurrección de Jesús es cierta, entonces la existencia de todos los hombres adquiere un significado distinto.

En su camino, Marco busca insistentemente a los testigos de la vida, muerte y Resurrección de Jesús. Habla con personas sanadas por él, con Lázaro, con María Magdalena, con Pilato y su mujer, con Simón de Cirene, con discípulos y Apóstoles del Maestro… Y encuentra personas temerosas, incrédulas y recelosas… Por último, Marco es uno entre la multitud que contempla la Ascensión del Señor y su conversión se hace entonces definitiva.

Se trata de un libro interesante. No por su literatura, sino por su sentido religioso. Marco vive el despertar de la Iglesia y tiene un contacto muy realista con los testigos de Jesús. El libro es en realidad un compendio de experiencias de las personas que conocieron al Cristo y un relato de la conversión de todos ellos. Una historia que invita a pensar, a orar y a creer.

Actualización: Pueden encontrar el libro en el Blog de Marcelo

Y tú, ¿qué opinas?

Hace unos años se hizo una encuesta en un país europeo para conocer la valoración de los ciudadanos respecto al cuidado del medio ambiente en su entorno. De forma genérica, se refería a cosas como la contaminación ambiental, las zonas verdes en la ciudad, la limpieza, las posibilidades de reciclar, las iniciativas públicas de protección del medio, la preservación de los parajes naturales, etc.

El estudio se hizo a lo largo de todo el país. Se preguntaba qué visión tenía el ciudadano de la cuestión ambiental en tres niveles: la propia ciudad, la demarcación territorial amplia (la provincia, por ejemplo) y el conjunto del país.

Los ciudadanos del sur afirmaban que el medio ambiente estaba muy cuidado en su propia ciudad. Regularmente cuidado en el entorno más amplio. Y mal cuidado en el conjunto del país.

Los ciudadanos del norte dieron la misma opinión. Y los del este y los del oeste y los del centro… Dondequiera que se preguntase, las personas tenían una percepción muy buena del medio ambiente en su entorno más conocido, pero creían que la cosa estaba muy mal en el resto de los lugares.

La conclusión, por lo tanto, era llamativa: en todo el país se cuidaba muy bien el medio ambiente, ya que los habitantes de cada sitio así lo afirmaban. Pero, al mismo tiempo, flotaba la opinión de que la situación ambiental era mala en los sitios que no se conocían.

Tal vez estemos viviendo algo semejante con la Iglesia: la mayoría de las personas tienen una opinión positiva de la Iglesia que conocen, pero se sospecha de la Iglesia que no se conoce y de la que no se tiene experiencia directa. Así se forma un ambiente de descrédito, una cierta mala imagen, que muy pocos tienen por conocimiento real pero que se asume de forma generalizada sin apenas resistencias.

Por eso, la pregunta es: ¿qué experiencia tienes tú de la Iglesia? ¿Son experiencias significativas (habituales, permanentes, trascendentes) o anecdóticas (una persona que una vez…) en tu relación con la Iglesia?

Una meditación de Pascua

Una meditación acerca de este tiempo de Pascua (lee Lucas 24, 13-35)

¿Y si Cristo no hubiera resucitado?

San Pablo responde a esta cuestión en su primera carta a los Corintios: “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe y nuestra predicación no tiene sentido”, y añade que “si nuestra esperanza en Cristo acaba en esta vida, somos los hombres más desgraciados”. La Resurrección de Jesús no es, por tanto, una intuición o un deseo. No es, tampoco, una forma de expresar que su recuerdo permanece. La Resurrección de Jesús es un acontecimiento histórico de fe. Jesús ha resucitado y vive y permanece con nosotros en cuerpo y alma en la Eucaristía.

Es muy importante combatir la tentación de ver en la Resurrección una teoría, un mito, una utopía, una fábula… porque es un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del viernes fue bajado muerto de la cruz y sepultado, sale vencedor de la tumba cuando, al amanecer del primer día tras el sábado, sus discípulos hallaron el sepulcro vacío y le vieron a él en multitud de ocasiones.

La Resurrección confirma que Dios sí estaba en la Cruz. Que incluso en el momento de muerte, Dios es Señor de la vida. Que nada se le escapa. Que es bueno y todopoderoso. Y que la vida en abundancia se tiene estando dentro de su voluntad. ¿Qué queda si no hay Resurrección? Solamente este mundo, sujeto al dolor y la muerte, sin soluciones. Si apostar por Dios es solamente apostar por la muerte, ¿qué sentido puede tener hacerlo? Pero la Resurrección nos promete que la carta de Dios es la de la vida abundante, la vida eterna, la vida que no termina.

La vida eterna que tenemos prometida los cristianos empieza hoy mismo y supone la muerte en nosotros del pecado, de todo lo que ensucia nuestra dignidad de hijos, nuestra semejanza con el Creador. La Resurrección la tenemos prometida si antes pasamos por la muerte de la Cruz, que es la negación de uno mismo producida bajo el signo del mandamiento del amor. La Resurrección no es un todo acaba bien, sino un “acaba bien lo que va bien”. La Resurrección solamente es posible si la Cruz es abrazada

Cuando nos sentimos en muerte por estar alejados de Dios, la Resurrección viene por la conversión: que es la confesión de los pecados y el cambio de vida (la muerte del hombre pecador y el nacimiento del hombre nuevo). Cuando estamos atascados en experiencias de dolor y de muerte la Resurrección no consiste en que se solucionen “a nuestra manera”, sino en que Dios aparezca en esa Cruz. Sabiendo que, mientras se está en la Cruz, no siempre es posible reconocer a Dios (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). La Resurrección es, ante todo, el encuentro con el Padre providente.

Por lo tanto:

la Resurrección de Jesús es un acontecimiento histórico central de la fe.

si compartimos la muerte de Cristo, compartimos también su Resurrección.

Jesús está realmente vivo y Resucitado, hoy.

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