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LA VERDAD Y EL DIABLO

Sobre el peligro de creer que nuestra experiencia de Dios ya está completa:

Un día caminaba el diablo junto a un amigo suyo cuando se detuvieron a ver cómo un hombre, delante de ellos, se agachaba y recogía algo del suelo. Entonces, lleno de alegría, lo aferró con fuerza y lo llevó consigo.

– ¿Qué es lo que ha encontrado ese hombre? – le preguntó su amigo al diablo.

– Un trozo de la Verdad.

– Vaya – volvió a decir éste -. Eso debe de ser un muy mal asunto para ti, ¿no?

Pero el diablo le sonrió maliciosamente y le dijo:

– En absoluto. No le servirá de nada. Porque le haré creer que ya ha encontrado la Verdad completa.

JMJ – Jueves

¿Cuánta gente? No sabría decir cuánta, cuánta gente. No es lo importante, pero sí fue lo que me sorprendió. No sé cuántos estábamos entre Alcalá, Cibeles, Colón y Gran Vía el jueves para recibir al Papa. Tal vez dos millones. Tal vez cien mil personas. La marea de gente era tal que soy incapaz de hacer una aproximación.

Lo que sí sé es que nunca había visto a tanta gente junta. Ni por televisión. Si para recibir al Papa había medio millón de personas (que puede ser), entonces aseguro que ninguna otra manifestación o concentración en España (recordemos el No a la Guerra, las manifestaciones del 11-M, la concentración por el día de la familia…) ha llegado nunca a esa cifra, digan lo que digan. No sé cuántos éramos, pero sí puedo compararlo con otros grandes eventos.

Fue asombrosamente natural. Hasta “vulgar”. ¿Qué esperábamos ver? Iba a llegar el Papa, que es un anciano de 84 años. Habría un acto protocolario de recibimiento, nada especialmente emocionante. Un recorrido en coche. Y unas palabras, pocas, en Cibeles. Sin números, sin actuaciones musicales, sin sorpresas… ¿Cómo pudo congregarse tanta gente para “tan poco”?

Y sin embargo, allí estábamos. Y cuando el papamóvil cruzaba a toda pastilla todo el mundo gritaba y aplaudía entusiasmado. Las llaves de la ciudad, saludos formales, encuentro con algunos jóvenes… Sí, más adelante se puso el sombrero y la guirnalda de flores durante un instante. Un gesto nada espectacular, pero que arrancó las risas y los aplausos de los, convendremos, cientos de miles. ¿Cientos de miles de jóvenes reunidos al sol del agosto madrileño para vitorear a un anciano sacerdote? Miles de kilómetros recorridos, cientos de euros gastados por cada peregrino… ¿para eso?

Y nunca nadie en España había reunido a tanta gente. Y todavía no era Cuatrovientos. Seguramente, estaba pasando algo mucho más especial que lo que se apreciaba en TV. ¿Lo viste?

Y si no estaba pasando nada especial, ¿por qué tanto odio entre aquellos a quienes ni les va ni les viene este asunto? La famosa crónica de Fernando Lázaro en EL MUNDO (jueves 18/08/2011) a continuación: http://www.navarraconfidencial.com/2011/08/19/caceria-contra-el-peregrino-en-sol/

If it be your will

Traducción-versión de la magnífica canción de Leonard Cohen (reciente premio Príncipe de Asturias de las letras) If it be your will.

Si es tu Voluntad, cesaré mi voz.
Dejaré de hablar. Como antes, Señor,
como antes de Ti. Callado habré de estar.
Me mantendré así si es tu Voluntad.
·
Si es tu Voluntad que se alce una voz
que arroje Verdad, yo seré canción.
Aunque en muerte esté tu Amor haré alabar.
Yo lo cantaré si es tu Voluntad.
·
Si es tu Voluntad, te suplico, Señor,
que halle tu bondad aquel corazón
que llama a tu puerta con un gemido mortal.
Y que la encuentre abierta. Si es tu Voluntad.
·
Y ata nuestra fe con lazos de luz.
Que el amanecer nos halle en tu Cruz.
Hazme ver tu Amor. Tu rostro, Dios, tu paz,
tu Resurrección. Si es tu Voluntad.
Si es tu Voluntad.

Una meditación de Pascua

Una meditación acerca de este tiempo de Pascua (lee Lucas 24, 13-35)

¿Y si Cristo no hubiera resucitado?

San Pablo responde a esta cuestión en su primera carta a los Corintios: “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe y nuestra predicación no tiene sentido”, y añade que “si nuestra esperanza en Cristo acaba en esta vida, somos los hombres más desgraciados”. La Resurrección de Jesús no es, por tanto, una intuición o un deseo. No es, tampoco, una forma de expresar que su recuerdo permanece. La Resurrección de Jesús es un acontecimiento histórico de fe. Jesús ha resucitado y vive y permanece con nosotros en cuerpo y alma en la Eucaristía.

Es muy importante combatir la tentación de ver en la Resurrección una teoría, un mito, una utopía, una fábula… porque es un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del viernes fue bajado muerto de la cruz y sepultado, sale vencedor de la tumba cuando, al amanecer del primer día tras el sábado, sus discípulos hallaron el sepulcro vacío y le vieron a él en multitud de ocasiones.

La Resurrección confirma que Dios sí estaba en la Cruz. Que incluso en el momento de muerte, Dios es Señor de la vida. Que nada se le escapa. Que es bueno y todopoderoso. Y que la vida en abundancia se tiene estando dentro de su voluntad. ¿Qué queda si no hay Resurrección? Solamente este mundo, sujeto al dolor y la muerte, sin soluciones. Si apostar por Dios es solamente apostar por la muerte, ¿qué sentido puede tener hacerlo? Pero la Resurrección nos promete que la carta de Dios es la de la vida abundante, la vida eterna, la vida que no termina.

La vida eterna que tenemos prometida los cristianos empieza hoy mismo y supone la muerte en nosotros del pecado, de todo lo que ensucia nuestra dignidad de hijos, nuestra semejanza con el Creador. La Resurrección la tenemos prometida si antes pasamos por la muerte de la Cruz, que es la negación de uno mismo producida bajo el signo del mandamiento del amor. La Resurrección no es un todo acaba bien, sino un “acaba bien lo que va bien”. La Resurrección solamente es posible si la Cruz es abrazada

Cuando nos sentimos en muerte por estar alejados de Dios, la Resurrección viene por la conversión: que es la confesión de los pecados y el cambio de vida (la muerte del hombre pecador y el nacimiento del hombre nuevo). Cuando estamos atascados en experiencias de dolor y de muerte la Resurrección no consiste en que se solucionen “a nuestra manera”, sino en que Dios aparezca en esa Cruz. Sabiendo que, mientras se está en la Cruz, no siempre es posible reconocer a Dios (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). La Resurrección es, ante todo, el encuentro con el Padre providente.

Por lo tanto:

la Resurrección de Jesús es un acontecimiento histórico central de la fe.

si compartimos la muerte de Cristo, compartimos también su Resurrección.

Jesús está realmente vivo y Resucitado, hoy.

La muerte, el tren y el filósofo

Las siguientes son palabras de V. Messori (que cita a Blas Pascal) en “Hipótesis sobre Jesús”.

Más acá del nacimiento y más allá de la tumba la vida se abre a dos misterios. Antes del nacimiento y después de la muerte, desde ambos extremos nuestra existencia está inmersa en lo desconocido. En la eternidad, sin duda alguna. Eterna, la nada de que acaso procedemos. Eterna, esa nada en que acaso nos hundiremos. No se equivocaba el que comparaba nuestra condición a la del que se despierta en un tren que corre a través de la negrura de la noche. ¿De dónde partió ese tren en el que nos colocaron no sabemos cuándo ni por qué? ¿A dónde camina? Y ¿por qué ese tren y no otro?

Hay quien se contenta con curiosear el compartimento para volver a dormitar tranquilamente: ha tomado conciencia del ambiente que le rodea; eso le basta; el resto no es asunto suyo. Si, luego, le atenaza la angustia de lo desconocido, siempre habrá modo de superarla distrayendo la atención hacia otra cosa. Como dice el poeta, “mejor olvidar, en la actividad febril, y no indagar el inmenso misterio del Universo”.

<<Desconozco quién me ha puesto en el mundo, ni qué es el mundo, ni lo que soy yo mismo. Contemplo la inmensidad del Universo y me veo atado a un rincón de la inmensidad del espacio, sin llegar a adivinar por qué me encuentro en este puesto en vez de otro. No sé por qué este corto espacio de vida que me han dado, se me ha dado en este momento más que en cualquier otro de la eternidad que me ha precedido y de la que me seguirá. Veo por todas partes, infinitudes que me aprisionan como a un átomo y como a una sombra que sólo dura un instante que no se repetirá. Lo único que sé es que pronto moriré: pero lo que más ignoro es precisamente esa muerte a la que no escaparé (B. Pascal)>>.

<<A los hombres, no habiendo podido curar de la muerte, han decidido, para tranquilizarse, no pensar en ella (B. Pascal)>>.

Dios no es bueno

Hace algunos años, un sabio teólogo reconocido en occidente decidió demostrar a sus alumnos por qué el presupuesto de que “Dios es bueno” es falso y engañoso. Llamó a uno de sus alumnos recién llegados a la academia y le propuso que resumiera en tres conceptos muy concretos las cosas de la vida que las personas identifican como “buenas”. Él, después de meditarlo levemente, escribió lo siguiente:

SEGURIDAD PARA EL FUTURO

SALUD

RECIBIR AMOR

Cuando se hubo ido aquél, llamó a otro de sus alumnos, igual de joven, y le pidió que pusiera, según su conocimiento, tres etiquetas acerca de Dios. Él tuvo que dedicarle muchas horas a meditar. ¿Cómo resumir a Dios en tres conceptos? No obstante, sorprendió a su maestro cuando, a los pocos días, regresó con las siguientes palabras:

POBREZA

CONFIANZA

ENTREGAR AMOR

El maestro recogió ambos trabajos por separado y reunió a los dos estudiantes, que no sabían qué encargo había recibido el otro. Les pidió que intentaran resolver la siguiente pregunta: “¿DIOS ES BUENO?”, a la vista del resto del alumnado de la escuela. Inmediatamente, el primero de ellos trajo a su memoria las cosas que eran “buenas” y, a partir de ellas, intentó explicar que Dios, si fuera bueno, operaría en los seres humanos para que éstos tuvieran seguridad, salud y amor, como mínimo. El segundo de los alumnos, en cambio, no daba crédito. Para él, era imposible que el “Dios-pobre” procurara estabilidad para el futuro. También era imposible que el “Dios-confianza hasta el final” entendiera la falta de salud como algo trágico. Y, por supuesto, era imposible que el “Dios-que se entrega” quisiera que sus criaturas fueran devoradoras de amores.

Llegado este punto, intervino el sabio teólogo.

– Es posible que nos confunda haber oído tantas veces que Dios es bueno. Sin embargo, no es cierto. Dios NO es bueno, porque las personas aprendemos antes a darle sentido a la palabra “bueno” y después intentamos que Dios encaje en ese esquema que ya nos hemos hecho sobre lo que es bueno y lo que es malo. En cambio, habría que decir más bien lo siguiente: “lo bueno es Dios”. Y, como complemento, “Dios me ama”. La Inteligencia de Dios sabe lo que es bueno. La Voluntad de Dios quiere lo que es bueno para sus Hijos. Él opera en nuestra vida para atraernos hacia sí.

Entonces extrajo las palabras que el segundo de sus alumnos había puesto como etiquetas a Dios y escribió encima la leyenda siguiente: “ESTO ES LO BUENO”. Después, le preguntó cómo había alcanzado una respuesta con tanta sabiduría. Éste se encogió de hombros y respondió:

– Bueno, me ayudó, desde la pared de mi cuarto, contemplar un crucifijo.

by J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

by J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

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