Posts Tagged ‘Fé’

Me tomo la palabra… Pecado

PECADO (del latín, peccatum)

1.- Según la RAE: transgresión voluntaria de los preceptos religiosos.

Se trata de la primera acepción.

2.- Según Aristóteles: error trágico. En griego, hamartia, “fallo en la meta, no acertar”. Se trata de un error, un fallo, debido a una actitud no consciente.

¡Me ha alegrado mucho leer la primera acepción de la palabra “pecado” en el diccionario electrónico de la RAE! Se trata de una definición que, aunque breve, contiene dos claves importantes:

– Se trata de una transgresión voluntaria. El concepto griego del pecado es, simplemente, “error”. Producido por la falta de conocimiento, no por la falta de amor o por un acto de libertad. El pecado griego es fácil de justificar y disculpar. El pecado cristiano, en cambio, importa. Es una decisión consciente que se puede condenar. Y porque importa el pecado, importa el Perdón.

– Contra los preceptos religiosos. El pecado, tal y como lo entendemos los cristianos, es un contenido religioso y que, por tanto, nos remite a la relación con Dios. No se trata, como en el mundo griego, de un atentado contra “lo sano” o “lo correcto”, entendidos según la forma de vida de la época. Sino de un ataque a “lo sano” o “lo correcto” según los criterios de Dios.

El pecado es un concepto cristiano fundamental. No es “paganizable”, porque el mundo pagano no llega a vislumbrar el pecado tal y como nos lo muestra la revelación que proviene de Dios. No existe el “pecado laico”.

3.- Según el catecismo: es una falta contra el amor verdadero con Dios y con el prójimo. Por lo tanto, una falta también contra la razón, la verdad y la recta conciencia.

4.- Para el perfecto ateo: el pecado no existe.

Es posible que tengamos la tentación, a veces, de rebajar la importancia que el pecado tiene en nuestra fe. Porque nos parece culpabilizador, porque es un concepto negativo, porque no es “atractivo” a la hora de presentarle a otros nuestro cristianismo, porque suena antiguo, porque… Sin embargo, es algo capital. Porque si no hubo pecado, ¿para qué sirvió la Cruz? ¿Y en qué queda la misericordia de Dios? ¿Y de qué fuimos salvados por Jesús?

¡Cuidado con quienes quieren hacernos creer que el pecado no existe o no importa! Satán es el Príncipe de la Mentira. Porque, ¿cuál es el primer pecado que aparece en la Escritura?

5.- El primer pecado que se lee en la Biblia: Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Dios había hecho. Y dijo a la mujer: <así que Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del huerto>.

La primera aparición del diablo en la Escritura es para cometer el primer pecado: la mentira. Y es muy propio de él procurar que no creamos en el pecado o que no le demos importancia.

6.- San Agustín: el pecado es amor de sí hasta el desprecio de Dios.

Lo que nos remite de nuevo al pasaje del Génesis (cap. 3). La mentira de la serpiente engendró el pecado en el hombre, que quiso ser igual a Dios y al margen de Él.

7. Lo que le toca al cristiano: la conversión exige el reconocimiento del pecado. Así llega el don de la verdad de la conciencia y el don de la certeza de la redención.

DONDE ABUNDÓ EL PECADO, SOBREABUNDÓ LA GRACIA (Rom. 5, 20) es decir…

Y tú, ¿qué opinas?

Hace unos años se hizo una encuesta en un país europeo para conocer la valoración de los ciudadanos respecto al cuidado del medio ambiente en su entorno. De forma genérica, se refería a cosas como la contaminación ambiental, las zonas verdes en la ciudad, la limpieza, las posibilidades de reciclar, las iniciativas públicas de protección del medio, la preservación de los parajes naturales, etc.

El estudio se hizo a lo largo de todo el país. Se preguntaba qué visión tenía el ciudadano de la cuestión ambiental en tres niveles: la propia ciudad, la demarcación territorial amplia (la provincia, por ejemplo) y el conjunto del país.

Los ciudadanos del sur afirmaban que el medio ambiente estaba muy cuidado en su propia ciudad. Regularmente cuidado en el entorno más amplio. Y mal cuidado en el conjunto del país.

Los ciudadanos del norte dieron la misma opinión. Y los del este y los del oeste y los del centro… Dondequiera que se preguntase, las personas tenían una percepción muy buena del medio ambiente en su entorno más conocido, pero creían que la cosa estaba muy mal en el resto de los lugares.

La conclusión, por lo tanto, era llamativa: en todo el país se cuidaba muy bien el medio ambiente, ya que los habitantes de cada sitio así lo afirmaban. Pero, al mismo tiempo, flotaba la opinión de que la situación ambiental era mala en los sitios que no se conocían.

Tal vez estemos viviendo algo semejante con la Iglesia: la mayoría de las personas tienen una opinión positiva de la Iglesia que conocen, pero se sospecha de la Iglesia que no se conoce y de la que no se tiene experiencia directa. Así se forma un ambiente de descrédito, una cierta mala imagen, que muy pocos tienen por conocimiento real pero que se asume de forma generalizada sin apenas resistencias.

Por eso, la pregunta es: ¿qué experiencia tienes tú de la Iglesia? ¿Son experiencias significativas (habituales, permanentes, trascendentes) o anecdóticas (una persona que una vez…) en tu relación con la Iglesia?

If it be your will

Traducción-versión de la magnífica canción de Leonard Cohen (reciente premio Príncipe de Asturias de las letras) If it be your will.

Si es tu Voluntad, cesaré mi voz.
Dejaré de hablar. Como antes, Señor,
como antes de Ti. Callado habré de estar.
Me mantendré así si es tu Voluntad.
·
Si es tu Voluntad que se alce una voz
que arroje Verdad, yo seré canción.
Aunque en muerte esté tu Amor haré alabar.
Yo lo cantaré si es tu Voluntad.
·
Si es tu Voluntad, te suplico, Señor,
que halle tu bondad aquel corazón
que llama a tu puerta con un gemido mortal.
Y que la encuentre abierta. Si es tu Voluntad.
·
Y ata nuestra fe con lazos de luz.
Que el amanecer nos halle en tu Cruz.
Hazme ver tu Amor. Tu rostro, Dios, tu paz,
tu Resurrección. Si es tu Voluntad.
Si es tu Voluntad.

Una meditación de Pascua

Una meditación acerca de este tiempo de Pascua (lee Lucas 24, 13-35)

¿Y si Cristo no hubiera resucitado?

San Pablo responde a esta cuestión en su primera carta a los Corintios: “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe y nuestra predicación no tiene sentido”, y añade que “si nuestra esperanza en Cristo acaba en esta vida, somos los hombres más desgraciados”. La Resurrección de Jesús no es, por tanto, una intuición o un deseo. No es, tampoco, una forma de expresar que su recuerdo permanece. La Resurrección de Jesús es un acontecimiento histórico de fe. Jesús ha resucitado y vive y permanece con nosotros en cuerpo y alma en la Eucaristía.

Es muy importante combatir la tentación de ver en la Resurrección una teoría, un mito, una utopía, una fábula… porque es un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del viernes fue bajado muerto de la cruz y sepultado, sale vencedor de la tumba cuando, al amanecer del primer día tras el sábado, sus discípulos hallaron el sepulcro vacío y le vieron a él en multitud de ocasiones.

La Resurrección confirma que Dios sí estaba en la Cruz. Que incluso en el momento de muerte, Dios es Señor de la vida. Que nada se le escapa. Que es bueno y todopoderoso. Y que la vida en abundancia se tiene estando dentro de su voluntad. ¿Qué queda si no hay Resurrección? Solamente este mundo, sujeto al dolor y la muerte, sin soluciones. Si apostar por Dios es solamente apostar por la muerte, ¿qué sentido puede tener hacerlo? Pero la Resurrección nos promete que la carta de Dios es la de la vida abundante, la vida eterna, la vida que no termina.

La vida eterna que tenemos prometida los cristianos empieza hoy mismo y supone la muerte en nosotros del pecado, de todo lo que ensucia nuestra dignidad de hijos, nuestra semejanza con el Creador. La Resurrección la tenemos prometida si antes pasamos por la muerte de la Cruz, que es la negación de uno mismo producida bajo el signo del mandamiento del amor. La Resurrección no es un todo acaba bien, sino un “acaba bien lo que va bien”. La Resurrección solamente es posible si la Cruz es abrazada

Cuando nos sentimos en muerte por estar alejados de Dios, la Resurrección viene por la conversión: que es la confesión de los pecados y el cambio de vida (la muerte del hombre pecador y el nacimiento del hombre nuevo). Cuando estamos atascados en experiencias de dolor y de muerte la Resurrección no consiste en que se solucionen “a nuestra manera”, sino en que Dios aparezca en esa Cruz. Sabiendo que, mientras se está en la Cruz, no siempre es posible reconocer a Dios (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). La Resurrección es, ante todo, el encuentro con el Padre providente.

Por lo tanto:

la Resurrección de Jesús es un acontecimiento histórico central de la fe.

si compartimos la muerte de Cristo, compartimos también su Resurrección.

Jesús está realmente vivo y Resucitado, hoy.

LA RAZONABILIDAD DE LA FE /2

Siguiendo con el tema del post anterior, unas citas:

Como cristianos, no debemos asumir una actitud antagónica hacia las verdades de la razón, las verdades de la filosofía, las verdades de la ciencia, las verdades de la historia o las verdades de la crítica. Como hijos de la luz, debemos ser cuidadosos de mantenernos abiertos a todo rayo de luz. Cultivemos, entonces, una actitud valiente ante las investigaciones del día. Nadie debería ser tan entusiasta acerca de ellas como nosotros. Nadie debería ser tan rápido en discernir la verdad en todo campo, ni más hospitalario al recibirla, ni más leal al seguirla, a donde sea que lleve.(Benjamin Warfield, teólogo protestante conservador de principios del s. XX)

EL HOMBRE ES CAPAZ DE DIOS (título del primer capítulo del Catecismo de la Iglesia Católica)

(…) la razón humana (…) [puede] verdaderamente por sus fuerzas y su luz naturales llegar a un conocimiento verdadero (…) de un Dios personal (…) así como de una ley natural puesta por el Creador en nuestras almas, sin embargo (…) las verdades que se refieren a Dios y a los hombres sobrepasan absolutamente el orden de las cosas sensibles y (…) exigen que el hombre se entregue y renuncie a sí mismo. (Encíclica Humani Generis)

Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras. Pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la Revelación divina. Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y se da al hombre (…). (Catecismo, 50)

LA RAZONABILIDAD DE LA FE

God_versus_Science_Time_Magazine_cover

Portada de la revista TIME. "Dios contra la ciencia. Ardiente debate entre Richard Dawkins, biólogo ateo, y Francis Collins, genetista cristiano"

Es habitual acusar a los creyentes de ser “ingenuos” o “supersticiosos” que reniegan del conocimiento, de la ciencia o de la técnica. También es frecuente que las personas separen la fe y la ciencia como si fueran orillas opuestas e irreconciliables. Pero los cristianos creemos en un Dios-persona, no en un Dios-arquitecto-del-universo (o un Dios-primer-principio o un Dios-naturaleza), por lo tanto, no nos deben preocupar ni hacer dudar los ataques que la fe recibe desde algunos ámbitos supuestamente científicos (en realidad, cientificistas). Para los católicos, la razón y la ciencia son formas legítimas y buenas para acercarse a Dios (aunque limitadas). Así que nosotros no podemos participar en ese enfrentamiento (que otros, interesados, plantean). Podemos decir, con orgullo, que la ciencia es nuestro aliado.

Para que los creyentes no metamos mucho la pata, ahí va una consideración de San Agustín (siglo V d.C. para que veas que esto no es nuevo).

Generalmente, incluso los no cristianos saben algo sobre la tierra, los cielos y los otros elementos de este mundo; sobre el movimiento y las órbitas de las estrellas, e incluso su tamaño y sus posiciones relativas; sobre los predecibles eclipses del sol y la luna, los ciclos de los años y las estaciones; sobre las clases de animales, plantas, piedras y demás, y a este conocimiento se aferran, al tenerlo por certeza por la razón y la experiencia.

Ahora, es una cosa vergonzosa y peligrosa que un infiel escuche a un cristiano, presumiblemente explicando el significado de la Sagrada Escritura, decir tonterías sobre estos temas; y debemos adoptar todos los medios para evitar tal vergüenza, en el que la gente demuestra la vasta ignorancia del cristiano y se ríen de él hasta el ridículo.

La vergüenza no es tanto que algún individuo ignorante se vea engañado, como el que la gente fuera de la fe piense que nuestros sagrados escritores sostenían tales opiniones, y para la gran pérdida de aquellos por cuya salvación luchamos, los escritores de nuestra Escritura son criticados y rechazados como ignorantes. Si ellos encuentran a un cristiano equivocado en un campo que ellos mismos conocien bien y lo escuchan mantener sus disparatadas opiniones sobre nuestros libros, ¿cómo podrán ellos creer en aquellos libros y materias concernientes a la resurrección de los muertos, la esperanza de la vida eterna, el reino de los cielos, si ellos piensan que sus páginas están llenas de falsedades sobre hechos que ellos mismos han aprendido por la experiencia y a la luz de la razón?

Y una frase de Galileo (fervoroso cristiano hasta el fin de sus días, por cierto): “No me siento obligado a creer que el mismo Dios que nos ha investido con sentido, razón e intelecto pretenda ahora que renunciemos a su uso“.

La parábola de la hoguera

El Maestro quiso explicarle a sus pupilos cómo es la relación con Dios, y les dijo:

Chimenea<<Un hombre se perdió una vez en una montaña nevada. Se vio solo en medio de la nieve y cegado por una terrible ventisca. Comprendió que moriría de frío pronto si no encontraba un refugio donde calentarse, así que caminó apresuradamente en busca de su salvación.

Y tuvo mucha suerte, porque cuando creyó que todo estaba perdido divisó a lo lejos una cabaña de madera que se le antojó providencial. Echó a andar hacia ella rezando por que estuviera abierta. Cuando la alcanzó, pudo entrar sin dificultades y lo que vio hizo que su corazón diera un vuelco de alegría.

En la estancia había una chimenea encendida, produciendo un reconfortante crepitar al quemarse la leña. Sin dudarlo, se acercó todo lo que pudo a aquel fuego para calentarse y, desde allí, siguió mirando la estancia. Había también un banco de piedra al otro lado de la habitación y una manta. Se levantó para tumbarse en el banco a descansar y se tapó por completo, pero estaba tan lejos del fuego que enseguida volvió a enfriarse. Así que regresó junto a la hoguera. Cogió calor y no tardó en echar de menos otra vez aquel banco de piedra tan cómodo.

Así que estuvo un tiempo descansando en el banco, tapado con la manta, hasta que sentía frío, y entonces volvía a la hoguera para recuperar el calor. Y luego al banco y de nuevo a la chimenea, y otra vez al banco. Hasta que un día se dejó morir de frío acurrucado en su manta, lejos de la chimenea, cansado de tanto moverse.>>

Y el Maestro les explicó a sus alumnos que con la fe pasa algo parecido. Cuando uno se aproxima a Dios siente cómo una vida nueva se hace posible dentro de él, pero las comodidades del mundo le siguen tentando. Y entonces se esfuerza por hacer compatible el calor de Dios con el frío del mundo. Incluso se inventa algo con lo que taparse para evitar que el calor se escape. Pero las mantas no dan calor, solamente retrasan el avance del frío.

No puedes dejar de verlo

Otro cuento breve del P. Anthony de Mello: El pequeño pez

from fotonatura.org

from fotonatura.org

«Usted perdone», le dijo un pez a otro, «es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado».

«El Océano», respondió el viejo pez, «es donde estás ahora mismo».

«¿Esto? Pero si esto no es más que agua… Lo que yo busco es el Océano», replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

CODA:

Se acercó al Maestro, vestido con ropas sannyasi y hablando el lenguaje de los sannyasi: «He estado buscando a Dios durante años. Dejé mi casa y he estado buscándolo en todas las partes donde Él mismo ha dicho que está: en lo alto de los montes, en el centro del desierto, en el silencio de los monasterios y en las chozas de los pobres».

«¿Y lo has encontrado?», le preguntó el Maestro.

«Sería un engreído y un mentiroso si dijera que sí. No; no lo he encontrado. ¿Y tú?».

¿Qué podía responderle el Maestro? El sol poniente inundaba la habitación con sus rayos de luz dorada. Centenares de gorriones gorjeaban felices en el exterior, sobre las ramas de una higuera cercana. A lo lejos podía oírse el peculiar ruido de la carretera. Un mosquito zumbaba cerca de su oreja, avisando que estaba a punto de atacar… Y sin embargo, aquel buen hombre podía sentarse allí y decir que no había encontrado a Dios, que aún estaba buscándolo.

Al cabo de un rato, decepcionado, salió de la habitación del Maestro y se fue a buscar a otra parte.

Deja de buscar, pequeño pez. No hay nada que buscar. Sólo tienes que estar tranquilo, abrir tus ojos y mirar. No puedes dejar de verlo.

DIOS AMA A LOS NIÑOS

AMO A LOS NIÑOS (Michel Quoist)

Y le presentaron unos niños para que pusiera sus manos sobre ellos, pero los discípulos comenzaron a refunfuñar. Viéndolo Jesús, se enojó y les dijo: “Dejad que los niños vengan a Mí y no los estorbéis, porque de ellos es el Reino de Dios. En verdad os digo, quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él”. (Mc. 10, 13- 15)

Yo amo a los niños, dice Dios, y quiero que os parezcáis a ellos.
No me gustan los viejos, dice Dios, a no ser que sean niños todavía.
Y en mi reino no quiero más que niños, eso está decretado desde siempre.
Niños cheposos, niños retorcidos, niños arrugaditos, niños de barba blanca, todas las clases de niños que queráis, pero niños, sólo niños.
Y no hay que darle vueltas. Eso está decidido. No tengo sitio para los mayores.
Yo amo a los niños, dice Dios, porque en ellos mi imagen no ha sido adulterada,
ellos no han falseado mi semejanza, son nuevos, son puros, sin borrón, sin escoria.
Por eso cuando Yo me inclino sobre ellos dulcemente es como si me estuviera mirando en un espejo.
Amo a los niños porque aún están haciéndose, porque están aún formándose, van de camino, caminan.
Pero con los mayores, dice Dios, con los mayores ya no hay nada que hacer, ya no crecerán más, ni una gota, ni un palmo, ¡basta!, ¡patlaf!, se han estancado. Es horrible, dice Dios, los mayores creen que ya han llegado.
A los niños grandes, dice Dios, sí los amo,
aún están luchando, aún cometen pecados.
Bueno, a ver si me entendéis, no es que los ame porque los cometan, dice Dios,
es porque saben que los cometen y se esfuerzan en no cometer más.
Pero a los “hombres serios”, dice Dios, ¿cómo voy a amarlos?
Nunca hicieron mal a nadie, no tienen nada de que arrepentirse, no puedo perdonarles nada, no tienen nada de que pedir perdón.
Es descorazonador, dice Dios. Descorazona porque no es verdad.
Pero sobre todo, dice Dios, sobre todo, los pequeños me gustan por sus ojos.
Es ahí donde Yo leo su edad.
Y en mi cielo -veréis – no habrá más que ojos de cinco años de edad. Porque yo no conozco cosa más bonita que una mirada inocente de niño.
Y no es extraño, dice Dios, porque Yo habito en ellos, y soy Yo quien se asoma a las ventanas de sus almas.
Cuando en la vida os encontréis una mirada pura, soy Yo quien os sonríe través de la materia.
En cambio, dice Dios, no hay cosa más horrible que unos ojos marchitos en un cuerpo de niño.
Las ventanas están abiertas y la casa vacía.
Quedan dos cuevas negras, pero dentro no hay luz.
Tienen pupilas, pero huyó la mirada.
Y Yo, triste, a la puerta, tengo frío, y espero, y golpeo.
y me pongo nervioso por entrar.
Y el de dentro está solo: el niño.
Se endurece, se seca, se marchita, envejece.
¡Pobrecito!, dice Dios.
¡Aleluya, aleluya!, dice Dios. ¡Abríos bien, los viejos!
Es vuestro Dios, el siempre Resucitado, quien va a resucitar en vosotros al niño.
Daos prisa, es la ocasión, moveos. Estoy dispuesto a delvoreros un hermoso rostro de niño, una hermosa mirada de niño.
Porque Yo amo a los niños, dice Dios, y quiero que os parezcáis a ellos.

Me tomo la palabra… Verdad

VERDAD (del latín, veritas)

1.- Según la RAE: conformidad de las cosas con el concepto de que de ellas forma la mente. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.

by Mingote

- A mí, lo que me molesta de las matemáticas es que sean tan dogmáticas (by Mingote)

¿Recuerdas las palabras de Jesús: “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”? Lo “civil” habla un lenguaje diferente del nuestro, del lenguaje de la fe. La reconciliación es difícil. También el propio Jesús, a Pilato (representante del poder civil en su época), le advierte: “Yo he venido al mundo para dar testimonio de la Verdad” . ¿Recuerdas cuál fue la respuesta de Pilato? Ahí va, pásmate: “¿Y qué es la Verdad?” (Juan 18, 37-38).

2.- Manual básico del laicismo: la “Verdad” solamente existe con minúscula: verdad. Se trata de la conformidad de algo con un concepto subjetivo (la mente, los sentimientos, los pensamientos). No la coincidencia con la “realidad”. Por lo tanto, la Verdad no existe. Este punto es muy importante: negar la Verdad y negar a Dios (lo absoluto, lo cierto, lo que existe por sí mismo) es lo mismo.

3.- Diccionario de lógica filosófica: si la Verdad existe, hay que bucarla y encontrarla. No le es lícito al hombre vivir al margen de una Verdad que sea absoluta. El hombre no puede vivir en la Mentira.

Si Dios existe, hay que buscarle. Si vivir en la Verdad es imitar el Evangelio de Jesús, los hombres no podemos ignorarlo ni conformarnos con “verdades pequeñitas” o “personales”. Si hay una Verdad, la misión del ser humano es encontrarla. Una Verdad de la que fiarse. Una Verdad trascendente. Una Verdad que no se negocie en un parlamento ni sea cosa de mayorías.

4.- Antonio Machado: la verdad es lo que es y sigue siendo verdad aunque se piense alrevés.

5.- Un ejemplo que nos importa: ¿Por qué tiene el ser humano derecho a la vida? ¿Por ser algo intrínseco a su existencia: la vida humana? ¿O por ser un derecho otorgado por la sociedad civil, la comunidad internacional o una declaración de derechos? Es decir: el derecho a la vida, ¿es una Verdad humana o es una “verdad” definida por nosotros mismos y que depende de la época, de la opinión, del acuerdo…? Responde y piensa: ¿el aborto…?

6.- El reto del cristiano: ¿vivir en la Verdad o sucumbir a la Dictadura del Relativismo?

YO SOY LA VERDAD (Jn. 14, 6) es decir…

Tags