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Marco el romano (Mika Waltari)

Hace poco terminé de leer “MARCO, EL ROMANO” (1964, Mika Waltari).

Se trata del relato de un romano noble, Marco, que lleva una vida disipada y hedonista para tratar de estar por fin con su amada Tulia. Hastiado y desesperanzado, comienza en Alejandría una especie de búsqueda mística que le lleva hasta Jerusalén. La ciudad santa de los judíos está en plena ebullición, pues a la celebración de la Pascua se le suma la crucifixión de un profeta, Jesús de Nazaret, enemigo de los sumos sacerdotes.

Marco tiene a los tres días un encuentro con el propio Jesús y comprueba por sí mismo que el sepulcro en el que le sepultaron ya no guarda su cuerpo. Sorprendido por los acontecimientos, totalmente superado por lo que ha visto y oído, intenta por todos los medios encontrarse de nuevo con el Resucitado y verificar que aquel hombre era realmente el Hijo de Dios. Porque, al contrario que los judíos, el romano Marco percibe inmediatamente que si la Resurrección de Jesús es cierta, entonces la existencia de todos los hombres adquiere un significado distinto.

En su camino, Marco busca insistentemente a los testigos de la vida, muerte y Resurrección de Jesús. Habla con personas sanadas por él, con Lázaro, con María Magdalena, con Pilato y su mujer, con Simón de Cirene, con discípulos y Apóstoles del Maestro… Y encuentra personas temerosas, incrédulas y recelosas… Por último, Marco es uno entre la multitud que contempla la Ascensión del Señor y su conversión se hace entonces definitiva.

Se trata de un libro interesante. No por su literatura, sino por su sentido religioso. Marco vive el despertar de la Iglesia y tiene un contacto muy realista con los testigos de Jesús. El libro es en realidad un compendio de experiencias de las personas que conocieron al Cristo y un relato de la conversión de todos ellos. Una historia que invita a pensar, a orar y a creer.

Actualización: Pueden encontrar el libro en el Blog de Marcelo

Qilqay qhuiswa mi atikux

Los números en asheninka

O, lo que es lo mismo, es posible escribir en quechua. Lo que debería sorprendernos, claro. ¿No perpetró la Iglesia Católica, en su afán evangelizador, un auténtico “genocidio cultural” durante su dominio en Sudamérica?

Si habéis leído las entradas anteriores, ya podéis imaginaros que éste es un nuevo tópico a desmontar.

En su afán evangelizador (tan auténtico y sincero como lo refleja el fragmento del testamento de Isabel II, ya citado), los misioneros apostaron decididamente por estudiar y aprender las lenguas nativas, en lugar de exigir a los indígenas precolombinos el aprendizaje forzoso del castellano. En ese contacto, el interés era tal que dieron escritura, sintaxis, gramática… a unas lenguas que, normalmente, carecían de estructura interna.

¿Tanto? En 1596 en la Universidad de Lima, se creó una cátedra de quechua, idioma de los incas y muy extendido en los Andes. En esta época, ningún sacerdote es ordenado en Perú si no pasaba unas pruebas de dominio del quechua. Y lo mismo ocurrió con otras lenguas nativas. Yo he podido comprobar cómo una lengua “menor” (en comparación con el quechua) sobrevive y se extiende hoy gracias al ardor con el que los primeros misioneros la protegieron: el asheninka, propio del entorno del río Ucayali en el propio Perú (yo mismo saqué la foto que ilustra este post).

Gracias a este trabajo de estructuración las lenguas aborígenes han sobrevivido, porque a la escritura, la sintaxis y la gramática ha podido seguir la literatura y la oficialidad. No solamente en Sudamérica, sino también en Filipinas o África (el somalí, por ejemplo).

La Corona Española formó pronto el Consejo de Indias, una especie de ministerio propio para las colonias en Sudamérica. Este organismo intentó, a finales del siglo XVI, la imposición por razones administrativas del castellano (es innegable que el gobierno de una amplia región fragmentada en múltiples zonas con muchas lenguas distintas es un trabajo difícil). El emperador Felipe II contestó, debido a la presión de los religiosos:

“No parece conveniente forzarlos a abandonar su lengua natural: sólo habrá que disponer de unos maestros para los que quisieran aprender, voluntariamente, nuestro idioma”.

Así que, a finales del siglo XIX, en pleno proceso de descolonización, apenas tres millones de personas en todo el continente hablaban habitualmente castellano. ¿Cómo es posible que hoy en día las lenguas aborígenes sean tan minoritarias? La liberación de las colonias tuvo por líderes a ilustrados criollos, masones, hijos culturales de la Revolución Francesa. Es decir, de la excepción cultural y la uniformización del Estado. Desmontaron el sistema de protección de las lenguas que la Iglesia Católica había articulado, impusieron el castellano y relegaron a los indígenas que no lo conocían a la marginalidad por incomunicación.

Las últimas décadas han visto nacer en Latinoamérica los movimientos indigenistas, necesarios en tanto en cuanto la burguesía más europeizada ha cometido abusos y desprecios sobre las tribus que aún permanecen. En Perú, el gobierno republicano ignoró los asesinatos masivos de indios por Sendero Luminoso y solamente despertó (tanto los políticos como la sociedad civil) al recibir un gran atentado en el corazón de la gran capital de Lima. Lo curioso es que los movimientos indigenistas se autoproclaman herederos de esa revolución descolonizadora del XIX que, como hemos visto, ha sido la auténtica culpable del “genocidio cultural” del que culpan, interesadamente como coartada, a la Iglesia Católica.

La Iglesia Católica, defensora de los indios… desde el principio

Fray Bartolomé de Las Casas fue un fraile dominico (Sevilla, 1484) contemporáneo a la colonización de América. Su padre viajó con Colón e hizo fortuna a costa de la opresión a los indios en las Antillas, práctica que su hijo continuó al heredar. La conversión cristiana (se sintió denunciado por la prédica de los religiosos) operó en él un profundo cambio y se dedicó a combatir las injusticias cometidas contra los indios con verdadero ardor. Su celo consiguió la protección de las tribus indígenas, hasta el punto de que los colonos tuvieron que buscarse otra mano de obra y empezaron a traer al Caribe negros africanos esclavizados por musulmanes y protestantes. Éstos no tenían la consideración y protección que sí tenían los indios americanos por parte de España, por lo que podían ser explotados. Más adelante, incluso ellos (que no eran, por su origen, súbditos de la Corona) estuvieron protegidos en territorio español (cosa que no sucedió en zona inglesa). De ahí la impronta africana en Cuba y otras islas del mar del Caribe, que no se da apenas en Sudamérica.

Fray Bartolomé de las Casas era tan solo un fraile y lo normal es que sus denuncias de los abusos de la autoridad fueran respondidas por el poder con silenciamiento y represión. No ocurrió así en la católica España, sino que el rebelde se convirtió pronto en gran amigo del emperador Carlos I, quien le nombró obispo y “protector general” de todos los indios y muchos de sus proyectos se discutieron y asimilaron como leyes del Estado en las Américas. Tanto es así que a consecuencia de sus protestas y la actuación de los religiosos católicos en favor de los indígenas, se constituyó en Salamanca una escuela de juristas, padres del derecho internacional moderno, sobre la base fundamental de la “igualdad natural de todos los pueblos”. Estamos en el siglo XVI.

Hoy en día se cuestionan muchas de las argumentaciones de Bartolomé de las Casas. Por ejemplo, él notó que la población indígena disminuyó notablemente con el contacto con los europeos. Llegó a la conclusión de que se estaba produciendo un exterminio. Lo cierto es que la muerte masiva de nativos americanos se debió en gran parte a la llegada, con los europeos, de nuevos virus y enfermedades desconocidos, para los que no estaban preparados. También se produjo el fenómeno opuesto: los conquistadores fueron víctimas de enfermedades que acabaron con muchísimas vidas. Lo interesante es que la monarquía española, plenamente identificada con la Iglesia Católica entonces y con la tarea evangelizadora, atendió y auspició las permanentes críticas y denuncias de unos religiosos pobres. Hasta el punto de comprometerse en la defensa de las tribus nativas.

Ya en el siglo XV y desde el minuto uno de la colonización, la Iglesia Católica fue la Iglesia de los pobres, de los desfavorecidos, de los últimos. Que no nos cambien la historia.

La Iglesia y la colonización de América

El descubrimiento del continente americano (1492) por las potencias europeas trajo consigo, ciertamente, la conquista militar. Tanto Sudamérica como Norteamérica “sufrieron” la llegada de los colonizadores, aunque sus destinos fueron bien distintos. Y la Iglesia Católica es presentada hoy día con frecuencia como cruel agente necesario en el padecimiento de aquellos pueblos indígenas.

En primer lugar, conviene decir que las potencias no católicas (Holanda, Gran Bretaña…) fueron mucho más brutales. En EE.UU. los turistas visitan hoy “reservas” de indios para poder ver a unos pocos miles de Pieles Rojas (en todo el país apenas un millón y medio de miembros de tribus indias con, al menos, la cuarta parte de sangre india), mientras que en las excolonias españolas y portuguesas la población es, prácticamente en su totalidad (90%), de origen indígena o producto de la mezcla de éstos con los europeos colonizadores.

La comparación entre la conquista católica y la protestante es clara. Hoy, la cultura norteamericana no tiene apenas ningún signo de identificación con los antiguos pobladores de aquellas tierras y es homologable a la europea en casi todo. Sin embargo, Latinoamérica es hoy una identidad cultural antes que geográfica, única y con profundas raíces en su pasado precolombino.

Por otra parte, para muchas tribus precolombinas los conquistadores no fueron tales. Los indígenas, más bien, les vieron como “liberadores”, ya que antes de su llegada vivían subyugados a los imperios (éstos sí, realmente crueles) azteca e inca. La conquista fue posible no por la pólvora, sino porque a los poquísimos europeos que la lideraron se unieron multitudes enteras de indígenas.

¿Tiene el factor religioso alguna importancia en esto? El distinto resultado de una y otra conquista invita a pensar que sí. La cultura católica acogió sin problemas los matrimonios con indígenas y la mezcla de razas, porque no tuvo demasiados remilgos en asimilarles como personas, con la misma humanidad que los europeos. La cultura protestante, en cambio, por su atracción hacia el Antiguo Testamento sufrió la tentación de sentirse “pueblo elegido” (distinguiendo, por tanto, entre culturas y razas). Además, la teología de la predestinación (que no tiene sitio en el catolicismo) les conducía a entender que el subdesarrollo de los pueblos indígenas era, frente al desarrollo del hombre blanco, signo de predilección divina por unos frente a otros. En ese sentido, la mezcla de sangres era algo ofensivo y prohibido. Hasta el siglo XIX (al menos) se discutía en los ámbitos intelectuales anglosajones si “el negro” era o no un ser humano (con curiosas teorías anatómicas al respecto). Hasta hace no demasiado tiempo las culturas protestantes inglesa, holandesa (calvinista) y americana (ejemplares en muchísimas cosas) mantenían conductas abiertamente racistas y opresoras (apartheid en Sudáfrica, segregación racial en EEUU…).

Otro apunte: ¡el mejor indio es el indio muerto! La expresión, propia de los EEUU del siglo XVII, nace cuando los conquistadores protestantes, fundamentando en la Biblia sus derechos, se apropiaron de todas las nuevas tierras, independientemente de que estuvieran ya pobladas. Así, los indios se convirtieron en un estorbo que legítimamente podía ser remediado mediante el exterminio. Pero, además, la caza de los indios era un negocio: algunos estados compensaban la entrega de cabelleras indias con dinero.

En las provincias americanas colonizadas por el mundo católico arrancarle la cabellera a un indio era un acto no solamente escandaloso para los religiosos, sino expresamente prohibido por las leyes de la Corona española, que desde el primer momento asumió la función de velar por la vida de los indígenas (considerados súbditos de los reyes, al igual que el resto de los españoles).

La reina Isabel I de Castilla (la Católica)

Y terminando, hablemos de la esclavitud. Ciertamente hubo tiempo de esclavismo en la colonización americana por los españoles. La inició el propio Cristóbal Colón, coronado Virrey de las tierras que descubrió. Sucedió así en los primeros asentamientos y se deportaron muchos indios a la Península Ibérica. Pero Isabel la Católica, que en 1478 ya había ordenado la liberación de los esclavos procedentes de Canarias, procedió a la restitución de estos esclavos exiliados a sus tierras en las Antillas y envió a Francisco de Bobadilla a cumplir la misión liberadora. Colón fue destituido y devuelto a España como prisionero. Los indios fueron desde ese momento considerados por la Corona como hombres libres, sometidos al mismo rango de súbditos que el resto de los españoles y mereciendo debido respeto sus bienes y sus vidas. Cito a continuación un fragmento del testamento de la propia Isabel I:

(…) nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos de buenas costumbres (…); por ello suplico al Rey (…) y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el príncipe, que así lo hagan cumplir (…) y que no consientan que los nativos y los habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño, lo reparen.

Para la propia reina, la propia fe y el deber de evangelizar aquellas tierras suponían un contrato con los indígenas por el que la Corona quedaba obligada a reconocerles, velar por su vida, por sus bienes, defenderles… Aunque hubo abusos, crímenes, exterminio… la singularidad católica humanizó el colonialismo y se convirtió en razón de protección y cuidado de los indios. Atención a los mitos y los cuentos chinos.

Una meditación de Pascua

Una meditación acerca de este tiempo de Pascua (lee Lucas 24, 13-35)

¿Y si Cristo no hubiera resucitado?

San Pablo responde a esta cuestión en su primera carta a los Corintios: “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe y nuestra predicación no tiene sentido”, y añade que “si nuestra esperanza en Cristo acaba en esta vida, somos los hombres más desgraciados”. La Resurrección de Jesús no es, por tanto, una intuición o un deseo. No es, tampoco, una forma de expresar que su recuerdo permanece. La Resurrección de Jesús es un acontecimiento histórico de fe. Jesús ha resucitado y vive y permanece con nosotros en cuerpo y alma en la Eucaristía.

Es muy importante combatir la tentación de ver en la Resurrección una teoría, un mito, una utopía, una fábula… porque es un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del viernes fue bajado muerto de la cruz y sepultado, sale vencedor de la tumba cuando, al amanecer del primer día tras el sábado, sus discípulos hallaron el sepulcro vacío y le vieron a él en multitud de ocasiones.

La Resurrección confirma que Dios sí estaba en la Cruz. Que incluso en el momento de muerte, Dios es Señor de la vida. Que nada se le escapa. Que es bueno y todopoderoso. Y que la vida en abundancia se tiene estando dentro de su voluntad. ¿Qué queda si no hay Resurrección? Solamente este mundo, sujeto al dolor y la muerte, sin soluciones. Si apostar por Dios es solamente apostar por la muerte, ¿qué sentido puede tener hacerlo? Pero la Resurrección nos promete que la carta de Dios es la de la vida abundante, la vida eterna, la vida que no termina.

La vida eterna que tenemos prometida los cristianos empieza hoy mismo y supone la muerte en nosotros del pecado, de todo lo que ensucia nuestra dignidad de hijos, nuestra semejanza con el Creador. La Resurrección la tenemos prometida si antes pasamos por la muerte de la Cruz, que es la negación de uno mismo producida bajo el signo del mandamiento del amor. La Resurrección no es un todo acaba bien, sino un “acaba bien lo que va bien”. La Resurrección solamente es posible si la Cruz es abrazada

Cuando nos sentimos en muerte por estar alejados de Dios, la Resurrección viene por la conversión: que es la confesión de los pecados y el cambio de vida (la muerte del hombre pecador y el nacimiento del hombre nuevo). Cuando estamos atascados en experiencias de dolor y de muerte la Resurrección no consiste en que se solucionen “a nuestra manera”, sino en que Dios aparezca en esa Cruz. Sabiendo que, mientras se está en la Cruz, no siempre es posible reconocer a Dios (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). La Resurrección es, ante todo, el encuentro con el Padre providente.

Por lo tanto:

la Resurrección de Jesús es un acontecimiento histórico central de la fe.

si compartimos la muerte de Cristo, compartimos también su Resurrección.

Jesús está realmente vivo y Resucitado, hoy.

El discurso del monte (2)

Viendo la multitud, Jesús subió al monte. Se sentó y se le acercaron sus discípulos. Entonces empezó a hablar enseñándoles (Mateo 5, 1-2):

La felicidad está en los que se hacen pobres. Los que renuncian a asegurarse la comida del día siguiente. Los que no huyen de verse necesitados y de depender de la caridad y la generosidad de otros. Feliz tú si eres pobre, si pasas hambre para que otros puedan comer, si sufres necesidad para que otros no la sientan. Para ti, si eres de estos pobres, está reservado el Reino de Dios, que a otros no se les concederá. (Mateo 5, 3).

¡Qué difícil es que entre en el Reino un hombre que confía en que su futuro está asegurado porque tiene dinero o trabajo! ¡No ha entendido nada! Os digo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una cerradura. (Marcos 10, 23-25).

No os estoy diciendo que seáis austeros. No os estoy diciendo que no desperdiciéis el dinero. No os estoy diciendo que no seáis consumistas. Por el contrario, os digo que gastéis todo el dinero que tengáis, para que no se acumule en vuestros bolsillos o en vuestros bancos. No viváis para conservar nada ni para conseguir ninguna cosa. No intentéis amontonar tesoros. Vivid para el Reino, vivid para Dios y lo demás llegará (Mateo 6, 19-21).

Os lo aseguro: no se puede estar al mismo tiempo preocupado por el Reino y por el futuro. Porque si estás preocupado por tu futuro y tus planes, acabarás por odiar a Dios (Mateo 6, 24).

Pero si amas profundamente a Dios, que es tu padre, puedes vivir sin preocupación por el futuro. Solo Dios basta. Son los hombres sin fe los que viven preocupados, porque no confían en que Dios les ama y les proveerá de lo que necesitan. O bien, piensan que con lo que Dios les regale no es suficiente. Vosotros, en cambio, confiad en Dios Padre, que es bueno y sabe que le necesitáis. Esforzaos por buscar el Reino de Dios y todo lo demás Él se encargará de que os llegue (Mateo 6, 25-34).

Entonces los discípulos se  asombraban más y más, diciéndose unos a otros: ¿quién podrá salvarse entonces? Entonces Jesús, mirándoles, les dijo: Para los hombres todo esto es imposible, pero para Dios no, porque todo es posible para Dios (Marcos 10, 26-27).

QUERIDO ABULIO…

BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA, PORQUE ELLOS SERÁN SACIADOS (Mt. 5, 6)

Querido Abulio:

¡Eres soberanamente estúpido e incompetente! Una mediocridad sin paliativos. Un hediondo subproducto de demonio sin categoría. Una despreciable calamidad.

He leído tu carta varias veces, incapaz de creer que tu idiotez haya alcanzado unos niveles tan altos. Me escribes diciendo que “será cosa de niños hacer a mis pacientes duros como la roca, crueles y viles… convertirles en enemigos de su prójimo”. ¡Lo has equivocado todo!

Te aclaro que me importa muy poco que tu carrera como Tentador en la Corte de nuestro Padre de las Tinieblas se vaya al garete. Lo que no voy a consentir es que se asocie mi nombre con un fracaso tan estrepitoso como el que te avecina si no atiendes a mis palabras. ¡Tengo una reputación que mantener y, ante la menor debilidad, podría acabar alimentando los Hornos Cavernosos del Tercer Abismo!

Escucha bien, porque la roca es dura y resistente, pero un sutil golpe en el sitio apropiado basta para hacerla pedazos. Nuestro Enemigo es hábil logrando esas conversiones y tus pacientes serán carne de cañón para sus estratagemas si no corriges tus pasos. No se trata de que les conviertas en seres despiadados y crueles con el prójimo, ni manifiestamente injustos o inaccesibles. Atiende. Lo mejor es que hagas de su corazón una morada mediocre, de medios compromisos, difícil de conmover realmente.

¿Sabes? Debes ser un experto en las palabras del Enemigo, para vencerle en su terreno. ¿Recuerdas aquella terrible carta de uno de sus más aguerridos seguidores a la comunidad de Corinto? Contiene un cántico a… se me escama la piel con tan solo traerla a mi memoria… un cántico a la Caridad.

Cuando se te pase el estremecimiento, atiende a mis palabras. Hoy, el mundo no habla de Caridad, porque es algo demasiado grande para las conciencias débiles. En su lugar, utilizan otra con mucha menos fuerza: solidaridad. ¡Que este ejemplo sea para ti paradigmático!

Convierte el auténtico… amor por la justicia (sí, aunque no lo creas, algunos humanos lo experimentan realmente)… en una mezcla de sentimientos de autoexculpación y cargo de conciencia. Que tus pacientes se convenzan de que deben ser… solidarios. ¡Deja que sean todo lo “solidarios” que quieran! Preocúpate solamente cuando empiecen a amar de verdad (de verdad, comprometiendo su propia existencia)  la justicia. Convénceles de que son generosos. Que colaboren de vez en cuando en campañas de recogida de dinero, medicinas o ropa y que dejen algo a veces en el cepillo de su iglesia. ¡Eso no ha de preocuparte lo más mínimo! Lo importante es que se sientan muy solidarios y muy justos, infunde ese sentimiento. De ese modo, jamás comprometerán auténticamente su vida, siempre estarán satisfechos y creerán que “ya hacen bastante con lo que hacen”.

from peaton.info

from peaton.info

Permíteles comparase con otros. Pero con otros que, siempre, sean “peores que ellos”. Logra que los testimonios de auténticos aliados del Enemigo sean una especie de exotismo religioso, nada que ver con la vida real. Haz que se asienten cómodamente por encima de la media en lo que a “solidaridad” (qué bien me cae esta palabreja) se refiere. Pero siempre dando de lo que sobra, no comprometiendo su propia seguridad o sus planes de futuro, esforzándose por que los demás noten lo buenísimos que son… etcétera. Dicho de otra forma, que su “lucha por la justicia” sea bastante… inofensiva. Espero que no necesites más explicaciones.

Y voy a revelarte, para terminar esta carta, otra de tus grandes armas: la lástima. Es la gran enemiga de la Misericordia que, como sabes, implica de verdad al propio corazón. Haz que sientan lástima y pena por los que padecen injusticias. Eso les coloca por encima de los otros y abre un gran abismo entre ellos. Cuanto mayor sea ese abismo, más les costará saltarlo para acercarse a los demás. No permitas que sufran con los demás, que palpen el dolor de lo injusto… mantenles siempre a una prudente distancia. Para ellos la injusticia debe ser como… un agente que contamina a su prójimo de indignidad y le hace acreedor de mucha penita, pero nada serio.

Mantenme informado. Pero, por favor, no me envíes más cartas con chorradas. No las soporto.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

QUERIDO MUNDIFAGIO…

BIENAVENTURADOS LOS POBRES, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE DIOS (Mt. 5, 3)

Querido Mundifagio:

Como Tentador de las cosas materiales, ponte como ejemplo a Nuestro Padre de las Profundidades cuando acudió al desierto a tentar al Enemigo: “Convierte estas piedras en pan”.

Ten en cuenta la coyuntura de tus pacientes. Viven instalados en un mundo que les incita a consumir vorazmente todo tipo de productos insustanciales. Debes, por lo tanto, impedir que echen un vistazo por fuera de esa “verdad virtual” que la sociedad ha fabricado para ellos. Mientras sientan que en medio de la comodidad y la seguridad de las cosas materiales ellos están a gusto, no se preocuparán de buscar más allá “eso” que les falta y que, como tú y yo sabemos, solamente el Enemigo les proporcionará. Su ceguera es nuestra mejor baza, querido sobrino.

Es posible que en ocasiones sucumbas al deseo de instalar en tus pacientes un ansia inmensa por obtener lujo y riquezas. No obstante, ¡no es esa tu misión! Recuerda que no se esforzarán en encontrar al Enemigo si creen que ya lo conocen. Presta atención a los consejos que un viejo diablo como yo pone al servicio de las intenciones del Rey de la Oscuridad. Debes ser un tentador hábil y hacerles creer siempre que ellos no son víctimas del consumismo. Muéstrales algunos ejemplos de auténtico lujo para que los sientan lejanos. Si haces que se comparen con estrellas de cine, deportistas de elite o gente famosa,  se verán a sí mismos como verdaderos modelos de austeridad y moderación. De ese modo, no se darán cuenta de lo deliciosamente consumistas que son en realidad.

No debes olvidar nunca que al Enemigo le cuesta menos atraer a un “malo” que a un “tibio”. Permite que se instalen en una comodidad moderada, razonable, lógica, “popular”. Asegúrate de que encuentren en el dinero y los bienes materiales una gran SEGURIDAD. Sobre su futuro, sobre su posición, sobre su poder, sobre su libertad… Los humanos, detestado sobrino, temen la incertidumbre, el no tener garantías sobre sus propios pasos, certezas… Como te puedes imaginar, ese sentimiento juega a nuestro favor. Debes lograr que pongan sus esperanzas y su tranquilidad en las cosas del mundo, para que no necesiten levantar la mirada hacia lo Alto y sentirse en manos de su… <gasp, aaagghhh, beej…> “Padre Providente” (cada vez que pienso en ello se me derrite mi piel escamosa).

Y no te preocupes si de vez en cuando intentan hacer algún propósito para salir de esa jaula de oro que les has procurado. Lo más probable es que gracias a eso se instalen más en la mediocridad. ¡Ah, maravillosa mediocridad! Cuántas almas mediocres alimentan al Padre de los Infiernos. Si un mes deciden renunciar a parte de su dinero dándoselo a un necesitado, no te sientas aun derrotado. Por el contrario, infunde en ellos la sensación de que han renunciado a mucho y se merecen algún “homenaje”. Y si hacen propósitos por contener el gasto, no pasa nada. Haz que todo el dinero ahorrado acabe en una hucha que poco a poco se va llenando. Así, al cabo de poco tiempo, les verás gastarlo en la cosa más tonta y absurda que te puedas imaginar, ¡y todos esos meses de ahorro habrán servido a tu causa!

Finalmente, Mundifagio, procura que pasen por alto la pobreza radical que el Enemigo asumió cuando se encarnó en el mundo. Para ellos debe ser un ejemplo teórico y metafórico, nada serio.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

by J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

QUERIDO HEDÓFILO…

En los años cuarenta del siglo XX, el escritor británico C.S. Lewis escribe sus “Cartas del diablo a su sobrino” (The Screwtape letters, en su título original en inglés), una novela que consiste en las epístolas que el viejo demonio Escrutopo envía a su sobrino Orugario, aconsejándole acerca de cómo tentar a un humano. El libro es altamente recomendable. En “MisionArte con Palabras” cogemos la idea y proponemos algunas nuevas cartas.

BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN, PORQUE ELLOS SERÁN CONSOLADOS (Mt. 5,4)

Querido Hedófilo:

Me escribes preocupado por tu próximo cometido con esos jóvenes que, a pesar de todo, perseveran en la religión. ¡No hay causa justificada para esa alarma! Es cierto que, como dices, el Enemigo les está poniendo todas las facilidades. ¡Tanto mejor! Recuerda que cuanto más protegidos se sientan, más sencillo será tu trabajo.

No voy a recordarte (sería una insensatez hacerlo, dado que pasaste con nota el examen de Teoría de la Tentación) que debes impedir que se acerquen con autenticidad a la más humillante de las derrotas que hemos sufrido nunca: la Cruz. Sé que la sola mención de su nombre te seca la garganta, pero te sorprendería saber la poca comprensión que los pacientes humanos experimentan hacia Ella. ¡No han entendido nada!

Ahora bien, para cumplir el objetivo específico de tu misión te daré algunas recomendaciones, fruto de mi propia experiencia.

  1. Procura que sientan pánico y frustración ante el mínimo dolor. Que huyan de él. Ya sabes que el Enemigo les ha enseñado que la… Cruz (disculpa, pero me cuesta incluso escribirlo) es el centro de su “obra salvadora”. ¡No permitas que lo crean! Recuérdales sus momentos de mayor placer (especialmente si procede de algún acto egoísta) e intenta que deseen ciegamente recuperarlos a toda costa, alimentando su “recuerdo” de felicidad. Tienes que servirte de la técnica, muy antigua ya pero que aun está de moda, de que asocien el dolor con la infelicidad. Te sorprenderá comprobar que es mucho más fácil de lo que parece a pesar de que, evidentemente, tal razonamiento no superaría un examen superficial. Nublar el juicio de un humano es pan comido para un tentador sagaz.
  2. Debes impedir a toda costa que tengan momentos de reflexión. En esos momentos es más probable que se den cuenta del vacío que dejan en ellos esas formas de “felicidad” que practican. En su lugar, alimenta sus ansias por consumir felicidad barata. Ya sabes a qué me refiero. Insiste en la idea de que las cosas del mundo les bastan. Colegas, fiestas, descontrol, televisión, videojuegos… Incluso, puedes llevar a cabo una obra maestra si insertas en ellos costumbres como las sonrisas ensayadas o la dinámica del “buen rollito” entre ellos. Permíteles pequeñas obras de repugnante Caridad… las suficientes para que crean que ya hacen las cosas bien. No empieces a preocuparte hasta que uno de tus pacientes renuncie verdaderamente a sí mismo por otra persona.
  3. Convence a tus jóvenes de que… “en el término medio está la virtud”. Esta frase nos ha dado ya muchísimas victorias en el pasado y sigue haciéndolo aún hoy. Hazles creer que la radicalidad del… Ev… Evan… ugh, me horroriza escribir esto… E-van-ge-lio… es cosa de otros tiempos, de otras épocas. Que piensen que los tiempos de auténticos santos y mártires son pretérito pluscuamperfecto. Por supuesto, nada que tenga que ver con sus vidas. Cruz florida

Finalmente, estimado Hedófilo, cuídate mucho de que no vivan el dolor con intensidad. He descubierto que, de lo contrario, combatirás donde el Enemigo es un verdadero experto. Insisto: acuérdate de que la… Cruz… fue un funesto “caballo de Troya” para el Padre del Abismo.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

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