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Una meditación de Pascua

Una meditación acerca de este tiempo de Pascua (lee Lucas 24, 13-35)

¿Y si Cristo no hubiera resucitado?

San Pablo responde a esta cuestión en su primera carta a los Corintios: “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe y nuestra predicación no tiene sentido”, y añade que “si nuestra esperanza en Cristo acaba en esta vida, somos los hombres más desgraciados”. La Resurrección de Jesús no es, por tanto, una intuición o un deseo. No es, tampoco, una forma de expresar que su recuerdo permanece. La Resurrección de Jesús es un acontecimiento histórico de fe. Jesús ha resucitado y vive y permanece con nosotros en cuerpo y alma en la Eucaristía.

Es muy importante combatir la tentación de ver en la Resurrección una teoría, un mito, una utopía, una fábula… porque es un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del viernes fue bajado muerto de la cruz y sepultado, sale vencedor de la tumba cuando, al amanecer del primer día tras el sábado, sus discípulos hallaron el sepulcro vacío y le vieron a él en multitud de ocasiones.

La Resurrección confirma que Dios sí estaba en la Cruz. Que incluso en el momento de muerte, Dios es Señor de la vida. Que nada se le escapa. Que es bueno y todopoderoso. Y que la vida en abundancia se tiene estando dentro de su voluntad. ¿Qué queda si no hay Resurrección? Solamente este mundo, sujeto al dolor y la muerte, sin soluciones. Si apostar por Dios es solamente apostar por la muerte, ¿qué sentido puede tener hacerlo? Pero la Resurrección nos promete que la carta de Dios es la de la vida abundante, la vida eterna, la vida que no termina.

La vida eterna que tenemos prometida los cristianos empieza hoy mismo y supone la muerte en nosotros del pecado, de todo lo que ensucia nuestra dignidad de hijos, nuestra semejanza con el Creador. La Resurrección la tenemos prometida si antes pasamos por la muerte de la Cruz, que es la negación de uno mismo producida bajo el signo del mandamiento del amor. La Resurrección no es un todo acaba bien, sino un “acaba bien lo que va bien”. La Resurrección solamente es posible si la Cruz es abrazada

Cuando nos sentimos en muerte por estar alejados de Dios, la Resurrección viene por la conversión: que es la confesión de los pecados y el cambio de vida (la muerte del hombre pecador y el nacimiento del hombre nuevo). Cuando estamos atascados en experiencias de dolor y de muerte la Resurrección no consiste en que se solucionen “a nuestra manera”, sino en que Dios aparezca en esa Cruz. Sabiendo que, mientras se está en la Cruz, no siempre es posible reconocer a Dios (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). La Resurrección es, ante todo, el encuentro con el Padre providente.

Por lo tanto:

la Resurrección de Jesús es un acontecimiento histórico central de la fe.

si compartimos la muerte de Cristo, compartimos también su Resurrección.

Jesús está realmente vivo y Resucitado, hoy.

¿Gandhi vs Jesús?

Un extracto de Leyendas negras de la Iglesia (V. Messori):

No es un ejemplo superficial de apologética sino una verdad indiscutible: Gandhi no puede compararse con Jesús, ni tampoco es “superior” a Él, como dicen algunos (no pocos cristianos). En realidad, Gandhi no sería Gandhi sin Jesús, tal y como él mismo reconoció en numerosas ocasiones. En la famosa entrevista concedida a un misionero protestante corresponsal de un periódico inglés, djo haber tomado del Evangelio directamente el concepto de la “no violencia”, con sus corolarios de “resistencia pasiva” y “no cooperación”. En efecto, su “pacifismo” conserva el fuerte sabor del Nuevo Testamento y poco o nada tiene que ver con el irreal y perjudicial utopismo de tantos occidentales que creen identificarse con su mensaje.

Éstas son palabras textuales de Gandhi: <Si tuviese que elegir entre la violencia y la bajeza, escogería la violencia. Personalmente, me esfuerzo por cultivar el sereno valor de morir antes que matar. Pero quien no posee este valor , que acepte matar y ser matado antes que rehuir vilmente del peligro. Los desertores cometen un acto de violencia mental: escapan porque no tienen el valor de afrontar la muerte>. Luego añade: <Es mejor la violencia que la cobardía: la no violencia no es una sumisión servil al malvado>. Aquí se percibe el eco del Evangelio que asocia paz con justicia; es la voz viril de Jesucristo que quiere “pacíficos” y no “pacifistas” (que no es lo mismo).

Sería una caricatura del mensaje de Gandhi el intentar apropiarse del mismo bajo esa perspectiva laica, libertaria y hedonista que identifica a tantos movimientos de hoy en día, empezando por el radical, pero que también se extiende sobre capas cada vez más amplias de excomunistas. Siguiendo con el Mahatma: <La no violencia debe nacer del satyagraha (la fuerza espiritual). Y ésta requiere el control, que sólo se obtiene mediante una constante batalla por la pureza y la castidad, de todos los deseos físicos y egoístas>. Una concepción de duro ascetismo que es todo lo contrario de lo que teorizan y practican algunos de los autodenominados “gandhianos” de hoy. Éstos se escandalizarían, además, si supieran que la famosa toleracia del Maestro tenía un límite establecido: <No debemos tolerar nunca la falta de religión>.

Blasfema sobre el nombre de Gandhi quien se dijera inspirado por él sin poner en el centro de su vida el nombre de Dios (no es por casualidad que sobre su tumba sólo se grabaron las palabras: <¡Dios! ¡Dios!>); también sería blasfemo el que se dijera su discípulo y se situara al mismo tiempo en lo que él conjuraba como “el maldito desierto del ateísmo“, por teórico o práctico que sea.

Gandhi no acabó asesinado a manos de los colonialistas ingleses ni de cualquier otro “malvado”, como desearía el esquema maniqueo y masoquista occidental. Fue un devoto hindú, que lo acusaba de “modernismo” y “occidentalismo” y de haber contaminado las Sagradas Escrituras de la tradición autóctona con la Biblia, quien descargó una pistola sobre él.

La muerte, el tren y el filósofo

Las siguientes son palabras de V. Messori (que cita a Blas Pascal) en “Hipótesis sobre Jesús”.

Más acá del nacimiento y más allá de la tumba la vida se abre a dos misterios. Antes del nacimiento y después de la muerte, desde ambos extremos nuestra existencia está inmersa en lo desconocido. En la eternidad, sin duda alguna. Eterna, la nada de que acaso procedemos. Eterna, esa nada en que acaso nos hundiremos. No se equivocaba el que comparaba nuestra condición a la del que se despierta en un tren que corre a través de la negrura de la noche. ¿De dónde partió ese tren en el que nos colocaron no sabemos cuándo ni por qué? ¿A dónde camina? Y ¿por qué ese tren y no otro?

Hay quien se contenta con curiosear el compartimento para volver a dormitar tranquilamente: ha tomado conciencia del ambiente que le rodea; eso le basta; el resto no es asunto suyo. Si, luego, le atenaza la angustia de lo desconocido, siempre habrá modo de superarla distrayendo la atención hacia otra cosa. Como dice el poeta, “mejor olvidar, en la actividad febril, y no indagar el inmenso misterio del Universo”.

<<Desconozco quién me ha puesto en el mundo, ni qué es el mundo, ni lo que soy yo mismo. Contemplo la inmensidad del Universo y me veo atado a un rincón de la inmensidad del espacio, sin llegar a adivinar por qué me encuentro en este puesto en vez de otro. No sé por qué este corto espacio de vida que me han dado, se me ha dado en este momento más que en cualquier otro de la eternidad que me ha precedido y de la que me seguirá. Veo por todas partes, infinitudes que me aprisionan como a un átomo y como a una sombra que sólo dura un instante que no se repetirá. Lo único que sé es que pronto moriré: pero lo que más ignoro es precisamente esa muerte a la que no escaparé (B. Pascal)>>.

<<A los hombres, no habiendo podido curar de la muerte, han decidido, para tranquilizarse, no pensar en ella (B. Pascal)>>.

Nadie tiene AMOR + grande…

Hoy, viernes santo, creo que lo más apropiado es compartir este enlace:

Prospecto del crucifijo

¿Cómo se utiliza el crucifijo? ¿Qué es la Cruz de Cristo? ¿Para qué nos sirve a los cristianos? Pues lo tienes todo escrito con mucho Arte, como si del prospecto de un medicamento se tratara.

¡Que te aproveche!

Cristo, una experiencia

Otro cuento breve del P. Anthony de Mello: El amante hablador

Un amante estuvo durante meses pretendiendo a su amada sin éxito, sufriendo el atroz padecimiento de verse rechazado. Al fin su amada cedió:

— «Acude a tal lugar a tal hora», le dijo.

Y allí, a la hora fijada, al fin se encontró el amante junto a su amada. Entonces metió la mano en su bolso y sacó un fajo de cartas de amor que había escrito durante los últimos meses. Eran cartas apasionadas en las que expresaba su dolor y su ardiente deseo de experimentar los deleites del amor y la unión con ella. Y se puso a leérselas a su amada. Pasaron las horas. Y él seguía leyendo.

cartasdeamorPor fin dijo la mujer:

— «¿Qué clase de estúpido eres? Todas esas cartas hablan de mí y del deseo que tienes de mí. Pues bien, ahora me tienes junto a ti y no haces más que leer tus estúpidas cartas».

«Ahora me tienes junto a ti», dijo Dios a su ferviente devoto, «y no haces más que darle vueltas a tu cabeza pensando en mí, hablar acerca de mí con tu lengua y leer lo que dicen de mí tus libros. ¿Cuándo te vas a callar y me vas a probar?».


Dios no es bueno

Hace algunos años, un sabio teólogo reconocido en occidente decidió demostrar a sus alumnos por qué el presupuesto de que “Dios es bueno” es falso y engañoso. Llamó a uno de sus alumnos recién llegados a la academia y le propuso que resumiera en tres conceptos muy concretos las cosas de la vida que las personas identifican como “buenas”. Él, después de meditarlo levemente, escribió lo siguiente:

SEGURIDAD PARA EL FUTURO

SALUD

RECIBIR AMOR

Cuando se hubo ido aquél, llamó a otro de sus alumnos, igual de joven, y le pidió que pusiera, según su conocimiento, tres etiquetas acerca de Dios. Él tuvo que dedicarle muchas horas a meditar. ¿Cómo resumir a Dios en tres conceptos? No obstante, sorprendió a su maestro cuando, a los pocos días, regresó con las siguientes palabras:

POBREZA

CONFIANZA

ENTREGAR AMOR

El maestro recogió ambos trabajos por separado y reunió a los dos estudiantes, que no sabían qué encargo había recibido el otro. Les pidió que intentaran resolver la siguiente pregunta: “¿DIOS ES BUENO?”, a la vista del resto del alumnado de la escuela. Inmediatamente, el primero de ellos trajo a su memoria las cosas que eran “buenas” y, a partir de ellas, intentó explicar que Dios, si fuera bueno, operaría en los seres humanos para que éstos tuvieran seguridad, salud y amor, como mínimo. El segundo de los alumnos, en cambio, no daba crédito. Para él, era imposible que el “Dios-pobre” procurara estabilidad para el futuro. También era imposible que el “Dios-confianza hasta el final” entendiera la falta de salud como algo trágico. Y, por supuesto, era imposible que el “Dios-que se entrega” quisiera que sus criaturas fueran devoradoras de amores.

Llegado este punto, intervino el sabio teólogo.

– Es posible que nos confunda haber oído tantas veces que Dios es bueno. Sin embargo, no es cierto. Dios NO es bueno, porque las personas aprendemos antes a darle sentido a la palabra “bueno” y después intentamos que Dios encaje en ese esquema que ya nos hemos hecho sobre lo que es bueno y lo que es malo. En cambio, habría que decir más bien lo siguiente: “lo bueno es Dios”. Y, como complemento, “Dios me ama”. La Inteligencia de Dios sabe lo que es bueno. La Voluntad de Dios quiere lo que es bueno para sus Hijos. Él opera en nuestra vida para atraernos hacia sí.

Entonces extrajo las palabras que el segundo de sus alumnos había puesto como etiquetas a Dios y escribió encima la leyenda siguiente: “ESTO ES LO BUENO”. Después, le preguntó cómo había alcanzado una respuesta con tanta sabiduría. Éste se encogió de hombros y respondió:

– Bueno, me ayudó, desde la pared de mi cuarto, contemplar un crucifijo.

by J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

by J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

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