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Eppur si muove!

Galileo frente a la inquisición

“Y, sin embargo, se mueve”. La frase es atribuida a Galileo el día que abjura de su teoría heliocéntrica del Universo tras la sentencia condenatoria de la inquisición. Parece que la frase, al igual que muchas otras cosas alrededor del científico pisano (1564-1642), es tan solo un mito. Una encuesta europea hace años revelaba que el 30% de los estudiantes de ciencias de la Unión estaban convencidos de que Galileo Galilei fue quemado vivo por la Iglesia Católica. Yo mismo he sufrido a alguno de estos estudiantes mientras realizábamos juntos una práctica en el laboratorio de la facultad de Física.

La verdadera sentencia contra Galileo consistió en un arresto domiciliario (en 1633), tras un juicio en el que se escucharon sus argumentaciones. En el tribunal había autoridades científicas a las que Galileo intentó convencer de que la Tierra giraba en torno al Sol sugiriendo que las mareas eran provocadas por la sacudida del planeta al trasladarse. Como sabemos, esto no es cierto. Por el contrario, quienes le condenaron tenían la razón: las mareas se producen por la interacción gravitatoria de la Luna con las masas de agua de la Tierra.

En realidad, el juicio no se produjo porque Galileo propusiera una revolución sobre el cosmos. El heliocentrismo era teoría científica desde hacía muchos años. Lo propuso el canónigo católico Nicolás Copérnico antes del nacimiento de Galileo, urgido por un cardenal católico, tras la exposición de sus puntos de vista al Papa Clemente VII. ¿Cómo iba la Iglesia a mirar con temor una teoría cósmica que había nacido en su seno? Fue Lutero, no la Iglesia de Roma, quien condenó el heliocentrismo copernicano.

No. El conflicto surgió porque la teoría heliocéntrica convivía en pie de igualdad con el sistema ptolemaico (en el que es el Sol quien gira alrededor de la Tierra) sin que hubiera evidencias científicas en favor de uno u otro. Galileo propone una defensa definitiva del heliocentrismo en 1616 y es entonces cuando la Iglesia le exige que mantenga sus postulados siempre como “hipótesis”, y no como verdad experimental. Casi veinte años después Galileo se salta esa admonición y publica su Diálogo sobre sistemas máximos sin advertir a los lectores de las consideraciones hechas por la censura. Así, pues, es juzgado Galileo más por “desobediente” que por el contenido real de sus propuestas.

Tras su juicio, el astrónomo de Pisa agradeció a los cardenales la pena tan moderada que le impusieron, puesto que era consciente de que había defendido su libro con argumentos incluso tramposos. El movimiento de rotación de la Tierra, que explica la trayectoria del Sol sobre nuestro cielo y, por tanto, confirma el modelo heliocéntrico de Copérnico, fue demostrado empíricamente mucho después de la muerte de Galileo y, entonces sí, dejó de ser una hipótesis. Unos años después de esto, el periodista Giuseppe Baretti originaba el mito de la famosa frase: eppur si muove.

Un mundo feliz

from coretheatreensemble.com

Acabo de terminar de leer “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley. La celebérrima novela me ha encantado, pero es el prólogo del propio autor lo que me impulsa a referirme a ella en este blog.

Una sinopsis para el que no haya leído “Un mundo feliz”: el autor retrata un futuro tecnológico en el que la humanidad está instalada en una confortable felicidad. La guerra, el hambre, la enfermedad… han sido abolidos. Cualquier motivo de conflicto entre las personas ha desaparecido gracias a la técnica científica que rige la “creación” de seres humanos. Las personas no nacen, sino que son fabricadas en laboratorios y educadas (“condicionadas mediante la hipnopedia”) de forma definitiva para que vivan totalmente conformes con el destino social al que están destinadas según su frabricación. El individuo ha desaparecido y solamente existe el bien social. La familia, la religión, la filosofía, el arte, la propiedad… han sido abolidas y superadas. El comportamiento sexual y afectivo de las personas está dirigido desde su infancia para no madurar nunca y ser infantil, lo cual es perfectamente asumido por las personas ya que “todo el mundo es de todo el mundo” y los celos o las obsesiones románticas son imposibles. En definitiva, un futuro en el que cualquier cosa capaz de causar emociones o pasiones fuertes ha desaparecido y todo está plegado a una cómoda programación.

Pues bien, Aldous Huxley publica el libro en 1932 y unos quince años después escribe un prólogo a una de las ediciones en las que destaca, para mí, el siguiente párrafo (lo he resumido):

“Para llevar a cabo esta revolución [la del mundo de la novela] necesitamos, entre otras cosas, los siguientes descubrimientos e inventos. En primer lugar, una técnica mucho más avanzada de sugestión, mediante el condicionamiento de los niños y las drogas. En segundo lugar, una ciencia plenamente desarrollada de las diferencias humanas, que permita a los dirigentes gubernamentales destinar a cada individuo dado a su adecuado lugar en la jerarquía social y económica. En tercer lugar, un sustitutivo para el alcohol y los demás narcóticos, algo que sea al mismo tiempo menos dañino y más placentero que la ginebra o la heroína. Y, finalmente, un sistema de eugenesia a prueba de tontos, destinado a estandarizar el producto humano. En cuanto a los restantes rasgos caracteristicos de este mundo feliz y más estable, probablemente no se hallan más que a tres o cuatro generaciones de distancia. Ya hay algunas ciudades americanas en las cuales el número de divorcios iguala al número de bodas. Dentro de pocos años, sin ninguna duda, las licencias de matrimonio se expenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un periodo de doce meses, y sin ninguna ley que impida cambiar de perro o tener más de un animal a la vez. A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende en compensación a aumentar. Y el dictador (a menos que necesite carne de cañón o familias con las que colonizar territorios desiertos o conquistados) hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino.”

LA RAZONABILIDAD DE LA FE /2

Siguiendo con el tema del post anterior, unas citas:

Como cristianos, no debemos asumir una actitud antagónica hacia las verdades de la razón, las verdades de la filosofía, las verdades de la ciencia, las verdades de la historia o las verdades de la crítica. Como hijos de la luz, debemos ser cuidadosos de mantenernos abiertos a todo rayo de luz. Cultivemos, entonces, una actitud valiente ante las investigaciones del día. Nadie debería ser tan entusiasta acerca de ellas como nosotros. Nadie debería ser tan rápido en discernir la verdad en todo campo, ni más hospitalario al recibirla, ni más leal al seguirla, a donde sea que lleve.(Benjamin Warfield, teólogo protestante conservador de principios del s. XX)

EL HOMBRE ES CAPAZ DE DIOS (título del primer capítulo del Catecismo de la Iglesia Católica)

(…) la razón humana (…) [puede] verdaderamente por sus fuerzas y su luz naturales llegar a un conocimiento verdadero (…) de un Dios personal (…) así como de una ley natural puesta por el Creador en nuestras almas, sin embargo (…) las verdades que se refieren a Dios y a los hombres sobrepasan absolutamente el orden de las cosas sensibles y (…) exigen que el hombre se entregue y renuncie a sí mismo. (Encíclica Humani Generis)

Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras. Pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la Revelación divina. Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y se da al hombre (…). (Catecismo, 50)

LA RAZONABILIDAD DE LA FE

God_versus_Science_Time_Magazine_cover

Portada de la revista TIME. "Dios contra la ciencia. Ardiente debate entre Richard Dawkins, biólogo ateo, y Francis Collins, genetista cristiano"

Es habitual acusar a los creyentes de ser “ingenuos” o “supersticiosos” que reniegan del conocimiento, de la ciencia o de la técnica. También es frecuente que las personas separen la fe y la ciencia como si fueran orillas opuestas e irreconciliables. Pero los cristianos creemos en un Dios-persona, no en un Dios-arquitecto-del-universo (o un Dios-primer-principio o un Dios-naturaleza), por lo tanto, no nos deben preocupar ni hacer dudar los ataques que la fe recibe desde algunos ámbitos supuestamente científicos (en realidad, cientificistas). Para los católicos, la razón y la ciencia son formas legítimas y buenas para acercarse a Dios (aunque limitadas). Así que nosotros no podemos participar en ese enfrentamiento (que otros, interesados, plantean). Podemos decir, con orgullo, que la ciencia es nuestro aliado.

Para que los creyentes no metamos mucho la pata, ahí va una consideración de San Agustín (siglo V d.C. para que veas que esto no es nuevo).

Generalmente, incluso los no cristianos saben algo sobre la tierra, los cielos y los otros elementos de este mundo; sobre el movimiento y las órbitas de las estrellas, e incluso su tamaño y sus posiciones relativas; sobre los predecibles eclipses del sol y la luna, los ciclos de los años y las estaciones; sobre las clases de animales, plantas, piedras y demás, y a este conocimiento se aferran, al tenerlo por certeza por la razón y la experiencia.

Ahora, es una cosa vergonzosa y peligrosa que un infiel escuche a un cristiano, presumiblemente explicando el significado de la Sagrada Escritura, decir tonterías sobre estos temas; y debemos adoptar todos los medios para evitar tal vergüenza, en el que la gente demuestra la vasta ignorancia del cristiano y se ríen de él hasta el ridículo.

La vergüenza no es tanto que algún individuo ignorante se vea engañado, como el que la gente fuera de la fe piense que nuestros sagrados escritores sostenían tales opiniones, y para la gran pérdida de aquellos por cuya salvación luchamos, los escritores de nuestra Escritura son criticados y rechazados como ignorantes. Si ellos encuentran a un cristiano equivocado en un campo que ellos mismos conocien bien y lo escuchan mantener sus disparatadas opiniones sobre nuestros libros, ¿cómo podrán ellos creer en aquellos libros y materias concernientes a la resurrección de los muertos, la esperanza de la vida eterna, el reino de los cielos, si ellos piensan que sus páginas están llenas de falsedades sobre hechos que ellos mismos han aprendido por la experiencia y a la luz de la razón?

Y una frase de Galileo (fervoroso cristiano hasta el fin de sus días, por cierto): “No me siento obligado a creer que el mismo Dios que nos ha investido con sentido, razón e intelecto pretenda ahora que renunciemos a su uso“.

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