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El discurso del monte (2)

Viendo la multitud, Jesús subió al monte. Se sentó y se le acercaron sus discípulos. Entonces empezó a hablar enseñándoles (Mateo 5, 1-2):

La felicidad está en los que se hacen pobres. Los que renuncian a asegurarse la comida del día siguiente. Los que no huyen de verse necesitados y de depender de la caridad y la generosidad de otros. Feliz tú si eres pobre, si pasas hambre para que otros puedan comer, si sufres necesidad para que otros no la sientan. Para ti, si eres de estos pobres, está reservado el Reino de Dios, que a otros no se les concederá. (Mateo 5, 3).

¡Qué difícil es que entre en el Reino un hombre que confía en que su futuro está asegurado porque tiene dinero o trabajo! ¡No ha entendido nada! Os digo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una cerradura. (Marcos 10, 23-25).

No os estoy diciendo que seáis austeros. No os estoy diciendo que no desperdiciéis el dinero. No os estoy diciendo que no seáis consumistas. Por el contrario, os digo que gastéis todo el dinero que tengáis, para que no se acumule en vuestros bolsillos o en vuestros bancos. No viváis para conservar nada ni para conseguir ninguna cosa. No intentéis amontonar tesoros. Vivid para el Reino, vivid para Dios y lo demás llegará (Mateo 6, 19-21).

Os lo aseguro: no se puede estar al mismo tiempo preocupado por el Reino y por el futuro. Porque si estás preocupado por tu futuro y tus planes, acabarás por odiar a Dios (Mateo 6, 24).

Pero si amas profundamente a Dios, que es tu padre, puedes vivir sin preocupación por el futuro. Solo Dios basta. Son los hombres sin fe los que viven preocupados, porque no confían en que Dios les ama y les proveerá de lo que necesitan. O bien, piensan que con lo que Dios les regale no es suficiente. Vosotros, en cambio, confiad en Dios Padre, que es bueno y sabe que le necesitáis. Esforzaos por buscar el Reino de Dios y todo lo demás Él se encargará de que os llegue (Mateo 6, 25-34).

Entonces los discípulos se  asombraban más y más, diciéndose unos a otros: ¿quién podrá salvarse entonces? Entonces Jesús, mirándoles, les dijo: Para los hombres todo esto es imposible, pero para Dios no, porque todo es posible para Dios (Marcos 10, 26-27).

El discurso del monte (1)

Viendo la multitud, Jesús subió al monte. Se sentó y se le acercaron sus discípulos. Entonces empezó a hablar enseñándoles (Mateo 5, 1-2):

La felicidad está en los intransigentes. La felicidad está en los radicales. La felicidad está en los fanáticos. Los favoritos de Dios son los que no negocian, los que no dialogan. Porque los otros: los tolerantes, los moderados, los razonables… ¡ésos, regatean con Dios y comercian con su fe! De verdad, de verdad os digo: en el punto medio NO está la virtud. En verdad, en verdad os digo: la fe importa. Los que se disculpan, los que relativizan, acaban llenando su vida de pecados hasta que la mierda les cubre las cejas. Felices los que tienen una vida radicalmente arreglada a la voluntad de Dios, porque vivirán realmente libres de basura y podrán ver su rostro (Mateo 5, 8).

Vosotros tenéis misión encargada por el mismo Dios de purificar el mundo. ¡Ay de vosotros si consentís la impureza en vuestra propia vida! Si los que limpian caminan esparciendo la mierda, ¿quién va a limpiar? Mirad, Dios espera de vosotros que seáis el faro de la humanidad. Pero si permitís la mediocridad en vuestra vida es como si mancharais el faro y la luz ya no alumbrara a nadie. Que vuestra luz alumbre a todos los hombres, que vean vuestra lealtad a Dios y, de esta forma, le alaben a Él (Mateo 5, 13-16).

Habéis oído lo que se dice: “por una vez no pasa nada” o “Dios es tan bueno que disculpa mis errores” o “el infierno y Satán no existen”. Pues yo os digo que nada de eso es verdad. Algunos, que se creen disculpados, estarán en el infierno eternamente. Satán os busca para nublar vuestro juicio y haceros pensar que todo es relativo y la fe no es tan importante. Si no cumplís los mandamientos de Dios mejor que los curas, que los catequistas, mejor que vuestros padres… no pisaréis el Reino. Se cumplirá cada coma y cada tilde de la ley, os lo aseguro (Mateo 5, 17-20).

También habéis oído decir: “yo soy bueno, no hago daño a nadie”. Pues yo os digo que si no estás dispuesto a morir para evitarle daño a un hermano, no entrarás en el Reino. Y habéis oído: “Dios dijo que fuéramos hermanos, pero no primos”. Pues si no estáis dispuestos a ser humillados, despreciados y ridiculizados por amor a un hermano, no pisaréis el Reino. También habéis oído: “yo perdono pero no olvido”. Pues yo os digo que perdonéis y olvidéis no una vez, sino setenta veces siete (Mateo 5, 21-42).

Tú, no seas como los demás. No te conformes con no hacer el mal. Haz el bien y no permitas que las malas intenciones y los malos pensamientos acaparen tu corazón ni tu mente, pues Dios conoce también esas infidelidades. Ama hasta que te duela. Ama, especialmente al que te odia, al que te cae mal, al que te traiciona, al que te la juega, al que no soportas. Con el corazón y con las obras. Que tu fe y tu vida no sean mediocres, ni moderadas. Dios es perfecto: sé tú también perfecto como Dios (Mateo 5, 43-48).

Tú no camines cuesta abajo. Si me sigues, será una cuesta hacia arriba y con una pesada cruz entre los brazos. Pero Dios no te faltará. Huye del camino fácil. No escojas la puerta ancha. Tú esfuérzate por pasar por la puerta estrecha (Mateo 7, 13-14).

Entonces los discípulos se  asombraban más y más, diciéndose unos a otros: ¿quién podrá salvarse entonces? Entonces Jesús, mirándoles, les dijo: Para los hombres todo esto es imposible, pero para Dios no, porque todo es posible para Dios (Marcos 10, 26-27).

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POEMA PARA UN RICO

¡Guau! Perdón por este mes ausente (he estado de viaje). A partir del 30 de julio volveremos a coger ritmo.

Por ahora, unos versos de José María Gabriel y Galán… para invitarnos a ser generosos.

POEMA PARA UN RICO

¿Quién te ha dado tu hacienda o tu dinero?
O son fruto del trabajo honrado,
o el haber que tu padre te ha legado,
o el botín de un ladrón o un usurero.

Si el dinero que das al pordiosero
te lo dio tu sudor, te has sublimado;
si es herencia, ¡cuán bien lo has empleado!;
si es un robo, ¿qué das, mal caballero?

Yo he visto a un lobo que, de carne ahíto,
dejó comer los restos de un cabrito
a un perro ruin que presenció su robo.

Deja, ¡oh rico!, comer lo que te sobre,
porque algo más que un perro será un pobre,
y tú no querrás ser menos que un lobo.

Me tomo la palabra… Débil

DÉBIL (del latín, debilis)

by Héctor Germán Santarriaga (from interarteonline.com)

by Héctor Germán Santarriaga (from interarteonline.com)

1.- Según la RAE: que por flojedad de ánimo cede fácilmente a la insistencia o el afecto.

Me he quedado muy sorprendido. En un post anterior veíamos que, para la RAE, una definición de Corazón es “ánimo, valor, temple“. Es la palabra ÁNIMO la que me ha hecho pensar. Quizás este silogismo esté un poco forzado, pero allí va la reflexión:

Si el débil es el de flojo ánimo; y si Corazón es ánimo, valor y temple… entonces el débil es alguien de poco Corazón.

O, incluso, podríase decir que el débil es aquél que, por tener un corazón flojo, cede fácilmente a la insistencia o el afecto. Al menos según la RAE. Es muy llamativo porque… ¿no diríamos que alguien que se conmueve fácilmente (ante la insistencia o el afecto) es una persona de gran corazón?

Pero ya se sabe que la lengua es una cosa “viva”, que cambia. Supongo que así la RAE refleja mejor el ambiente que se respira sobre los débiles.

2.- Según  la Enciclopedia del Éxito: incapaz de competir y de ganar, vulnerable, indefenso, expuesto a las inclemencias de la suerte, fracasado, claudicante, que no cuenta, último, irrelevante, perdedor, pobre, avasallado, sometido, súbdito, esclavo, impotente, limitado, incompetente, persona que no se reivindica, rendido, inerme, aquél incapaz de imponerse, frágil, flojo, inutil…

En otras palabras, débil es quien no puede aspirar a nada.

3.- Para el hombre de fe: el manso es el que se hace débil (véase definición anterior) por el Amor del Evangelio.  Cuando su fuerza desaparece, aparece Dios (“en mi debilidad, me haces fuerte”). El modelo de mansedumbre es Jesús de Nazaret.

DICHOSOS LOS MANSOS, PORQUE SU HERENCIA ES LA TIERRA (Mt. 5,5) es decir…

Escucha el MP3:
En mi debilidad me haces fuerte (Brotes de Olivo)

QUERIDO CONTUPANTELOCÓMIX…

BIENAVENTURADOS LOS DE CORAZÓN LIMPIO, PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS (Mt. 5, 8 )

from devocionaldiario.com

from devocionaldiario.com

Querido Contupantelocómix:

¡Qué refrescante ha sido recibir tu carta pidiéndome consejo! Bien recuerdas que, en mis años de juventud, yo trabajé para nuestro Padre del Abismo en el mismo departamento que te han asignado a ti. Aunque eran otros tiempos, claro. Me da la impresión de que tú lo vas a tener más fácil que yo.

Tu trabajo consiste, básicamente, en confundir sus mentes para que tus pacientes pequen sin darse cuenta de que lo hacen. Te han encomendado la hermosa tarea de perpetuar el Engaño, la Mentira y la Trampa. Aprende del mismísimo Padre de la Negrura, que engañó a Adán: “¿Y por qué no os deja comer de ningún árbol? Si coméis se abrirán vuestros ojos y seréis como Dios.” ¡Qué gran victoria fue aquella, la primera de muchas otras que vinieron más tarde!

Ten en cuenta que la impronta creadora del Enemigo está indeleblemente grabada en el alma suculenta de tus pacientes. Por lo tanto, difícilmente lograrás llevarles a tu terreno si están persuadidos de que nosotros somos “los malos”. Los humanos suelen inclinarse por lo bueno. Por esa razón conviene que zarandees su conciencia, que la nubles, la oscurezcas. Tiende sobre su mente y sobre su corazón una densa niebla de confusión, de tonos grises, de complacencia y de autoengaño. Reconozco que solo con escribirlo ya se me acelera el pulso de placer. En definitiva, sigue la Primera Norma Diabólica y preséntales como virtuoso aquello que destruya su Gracia mientras etiquetas de inconveniente, indeseable, peligroso y destructivo lo que les acerque a nuestro Enemigo. Recuerda lo que recitamos del fruto prohibido a Adán y Eva: “bueno para comer, agradable a la vista y útil para alcanzar sabiduría”.

Puedes empezar por persuadirles de que lo que nuestro Enemigo les pide es negativo, censurador, prohibitivo. Ayúdate de la corriente social del momento. Debes convencerles de que un cristiano se define por lo que se pierde: NO puede hacer esto, NO debe hacer aquello, debe APARTARSE de éso otro… Consigue que tus pacientes miren con envidia a los que llevan una vida sin orden, abandonados a sus propios esquemas, caprichos y deseos, muy alejados del Oponente. Haz que sientan que, por ser fieles, se están privando de una gran felicidad que a su alrededor disfruta todo el mundo.

Considera también la posibilidad de sabotear su sentido comunitario y eclesial. Favorece la sospecha de que su parroquia, sus catequistas, los curas, los obispos, Roma, el catecismo, los Mandamientos, la moral cristiana… son tan sólo piezas de una organización doctrinal, dogmática, lavacerebros y ocultista. Mejor, que les baste con “sentirse cristianos” y se enorgullezcan de ser “un verso suelto”. Cuanto más independientes se sientan de la Iglesia, más dependientes serán de ti. La corriente actual de pensamiento juega a tu favor, así que no fracases. Logra que abandonen a sus pastores para constituir en torno a Nuestro Padre del Abismo un nuevo rebaño de víctimas. Y… por cierto… tu gran enemigo es el sacramento de la Reconciliación (repugnante Perdón), capaz de reparar todo el daño que has propiciado. ¡Impide que tus pacientes se acerquen a él!

Por último, atiene a la palabra mágica que será para ti un recurso inestimable: INDOLENCIA. Consigue que tus pacientes sientan que sus faltas y pecados son absolutamente normales y razonables. Combate con todas tus fuerzas cualquier resquicio de sentimiento de culpa o autorreproche. Fíjate que también te va a ayudar mucho la filosofía imperante en esta era. Relativizar todo lo malo que hagan, quitarle importancia, que parezca algo menor. Poco a poco estarán rodeados de tanta basura que no escucharán al Enemigo llamándoles. Sírvete de esta frase, que inventé yo mismo y que he susurrado mil veces al oído de algún humano: “por una vez, no pasa nada”.

¡Atiende! El colmo del engaño sería hacerles creer que no existe el pecado o… mejor todavía… que no existe ni Infierno ni Diablo. Si lo consigues, y he de decirte que lo tienes mucho más fácil que los Tentadores de mi época, habrás confirmado una férrea cadena de esclavitud a tus almas y, con seguridad, serás propuesto para un próximo ascenso.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

¿Añoras tu fe de niño?

¿Te acuerdas la fe que tenía yo hace años? ¡Eso sí que era fe! Recuerdo que me pasaba todo el día pensando en Dios… rezaba alguna cosa cuando iba solo de clase a mi casa… sentía a Dios un montón… estaba dispuesto a todo… Fíjate, antes no era tan egoísta ni tan envidioso ni tan… Sin embargo, ahora las cosas de la fe se me hacen más cuesta arriba y no siento a Dios con tanta facilidad y… ¡cómo añoro la fe que yo tenía cuando era más joven!

Si alguna vez has pensado algo parecido al párrafo anterior o conoces a gente invadida por éste sentimiento, ahí va una “parábola” que me contaron cuando yo mismo estaba en esa situación:

“A veces pensamos en la fe como en un camino. Es una metáfora útil para entender algunas cosas, pero no basta para entender algunas otras. Piensa mejor en la fe como en un pasillo. De un lado estás tú, dispuesto a recorrer el pasillo hasta el final para ir acercándote cada vez más a su final, que es el propio Dios. El principio del pasillo es normal (anchura y altura adecuadas para una persona), pero en el final del pasillo debe “caber” Dios, por lo que a medida que avances, las paredes se irán alejando y el techo irá estando cada vez más arriba, puesto que hace falta más espacio.

Así, a medida que avanzas, el pasillo a tu alrededor parece más y más grande y, consiguientemente, tú pareces cada vez más y más pequeñito. Cuanto más pequeño te sientas, más pasos has dado para alcanzar el final del pasillo y más cerca estás de Dios.”

El pasillo se ensancha.

¡Sentirse pequeño es signo de sabiduría! Reconocer el propio pecado y la propia miseria es un don de Dios. Santa Teresa decía: “humildad es andar en la verdad”.

Mejor que por esas percepciones algo subjetivas (y, no lo neguemos, muchas veces tenemos tendencia al pesimismo), guíate por otras cosas: ¿le dedico más tiempo (cuenta, cuenta horas) a las cosas de Dios, a la oración? ¿y mi vida sacramental? ¿y mi prójimo?

QUERIDO ABULIO…

BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA, PORQUE ELLOS SERÁN SACIADOS (Mt. 5, 6)

Querido Abulio:

¡Eres soberanamente estúpido e incompetente! Una mediocridad sin paliativos. Un hediondo subproducto de demonio sin categoría. Una despreciable calamidad.

He leído tu carta varias veces, incapaz de creer que tu idiotez haya alcanzado unos niveles tan altos. Me escribes diciendo que “será cosa de niños hacer a mis pacientes duros como la roca, crueles y viles… convertirles en enemigos de su prójimo”. ¡Lo has equivocado todo!

Te aclaro que me importa muy poco que tu carrera como Tentador en la Corte de nuestro Padre de las Tinieblas se vaya al garete. Lo que no voy a consentir es que se asocie mi nombre con un fracaso tan estrepitoso como el que te avecina si no atiendes a mis palabras. ¡Tengo una reputación que mantener y, ante la menor debilidad, podría acabar alimentando los Hornos Cavernosos del Tercer Abismo!

Escucha bien, porque la roca es dura y resistente, pero un sutil golpe en el sitio apropiado basta para hacerla pedazos. Nuestro Enemigo es hábil logrando esas conversiones y tus pacientes serán carne de cañón para sus estratagemas si no corriges tus pasos. No se trata de que les conviertas en seres despiadados y crueles con el prójimo, ni manifiestamente injustos o inaccesibles. Atiende. Lo mejor es que hagas de su corazón una morada mediocre, de medios compromisos, difícil de conmover realmente.

¿Sabes? Debes ser un experto en las palabras del Enemigo, para vencerle en su terreno. ¿Recuerdas aquella terrible carta de uno de sus más aguerridos seguidores a la comunidad de Corinto? Contiene un cántico a… se me escama la piel con tan solo traerla a mi memoria… un cántico a la Caridad.

Cuando se te pase el estremecimiento, atiende a mis palabras. Hoy, el mundo no habla de Caridad, porque es algo demasiado grande para las conciencias débiles. En su lugar, utilizan otra con mucha menos fuerza: solidaridad. ¡Que este ejemplo sea para ti paradigmático!

Convierte el auténtico… amor por la justicia (sí, aunque no lo creas, algunos humanos lo experimentan realmente)… en una mezcla de sentimientos de autoexculpación y cargo de conciencia. Que tus pacientes se convenzan de que deben ser… solidarios. ¡Deja que sean todo lo “solidarios” que quieran! Preocúpate solamente cuando empiecen a amar de verdad (de verdad, comprometiendo su propia existencia)  la justicia. Convénceles de que son generosos. Que colaboren de vez en cuando en campañas de recogida de dinero, medicinas o ropa y que dejen algo a veces en el cepillo de su iglesia. ¡Eso no ha de preocuparte lo más mínimo! Lo importante es que se sientan muy solidarios y muy justos, infunde ese sentimiento. De ese modo, jamás comprometerán auténticamente su vida, siempre estarán satisfechos y creerán que “ya hacen bastante con lo que hacen”.

from peaton.info

from peaton.info

Permíteles comparase con otros. Pero con otros que, siempre, sean “peores que ellos”. Logra que los testimonios de auténticos aliados del Enemigo sean una especie de exotismo religioso, nada que ver con la vida real. Haz que se asienten cómodamente por encima de la media en lo que a “solidaridad” (qué bien me cae esta palabreja) se refiere. Pero siempre dando de lo que sobra, no comprometiendo su propia seguridad o sus planes de futuro, esforzándose por que los demás noten lo buenísimos que son… etcétera. Dicho de otra forma, que su “lucha por la justicia” sea bastante… inofensiva. Espero que no necesites más explicaciones.

Y voy a revelarte, para terminar esta carta, otra de tus grandes armas: la lástima. Es la gran enemiga de la Misericordia que, como sabes, implica de verdad al propio corazón. Haz que sientan lástima y pena por los que padecen injusticias. Eso les coloca por encima de los otros y abre un gran abismo entre ellos. Cuanto mayor sea ese abismo, más les costará saltarlo para acercarse a los demás. No permitas que sufran con los demás, que palpen el dolor de lo injusto… mantenles siempre a una prudente distancia. Para ellos la injusticia debe ser como… un agente que contamina a su prójimo de indignidad y le hace acreedor de mucha penita, pero nada serio.

Mantenme informado. Pero, por favor, no me envíes más cartas con chorradas. No las soporto.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

QUERIDO MUNDIFAGIO…

BIENAVENTURADOS LOS POBRES, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE DIOS (Mt. 5, 3)

Querido Mundifagio:

Como Tentador de las cosas materiales, ponte como ejemplo a Nuestro Padre de las Profundidades cuando acudió al desierto a tentar al Enemigo: “Convierte estas piedras en pan”.

Ten en cuenta la coyuntura de tus pacientes. Viven instalados en un mundo que les incita a consumir vorazmente todo tipo de productos insustanciales. Debes, por lo tanto, impedir que echen un vistazo por fuera de esa “verdad virtual” que la sociedad ha fabricado para ellos. Mientras sientan que en medio de la comodidad y la seguridad de las cosas materiales ellos están a gusto, no se preocuparán de buscar más allá “eso” que les falta y que, como tú y yo sabemos, solamente el Enemigo les proporcionará. Su ceguera es nuestra mejor baza, querido sobrino.

Es posible que en ocasiones sucumbas al deseo de instalar en tus pacientes un ansia inmensa por obtener lujo y riquezas. No obstante, ¡no es esa tu misión! Recuerda que no se esforzarán en encontrar al Enemigo si creen que ya lo conocen. Presta atención a los consejos que un viejo diablo como yo pone al servicio de las intenciones del Rey de la Oscuridad. Debes ser un tentador hábil y hacerles creer siempre que ellos no son víctimas del consumismo. Muéstrales algunos ejemplos de auténtico lujo para que los sientan lejanos. Si haces que se comparen con estrellas de cine, deportistas de elite o gente famosa,  se verán a sí mismos como verdaderos modelos de austeridad y moderación. De ese modo, no se darán cuenta de lo deliciosamente consumistas que son en realidad.

No debes olvidar nunca que al Enemigo le cuesta menos atraer a un “malo” que a un “tibio”. Permite que se instalen en una comodidad moderada, razonable, lógica, “popular”. Asegúrate de que encuentren en el dinero y los bienes materiales una gran SEGURIDAD. Sobre su futuro, sobre su posición, sobre su poder, sobre su libertad… Los humanos, detestado sobrino, temen la incertidumbre, el no tener garantías sobre sus propios pasos, certezas… Como te puedes imaginar, ese sentimiento juega a nuestro favor. Debes lograr que pongan sus esperanzas y su tranquilidad en las cosas del mundo, para que no necesiten levantar la mirada hacia lo Alto y sentirse en manos de su… <gasp, aaagghhh, beej…> “Padre Providente” (cada vez que pienso en ello se me derrite mi piel escamosa).

Y no te preocupes si de vez en cuando intentan hacer algún propósito para salir de esa jaula de oro que les has procurado. Lo más probable es que gracias a eso se instalen más en la mediocridad. ¡Ah, maravillosa mediocridad! Cuántas almas mediocres alimentan al Padre de los Infiernos. Si un mes deciden renunciar a parte de su dinero dándoselo a un necesitado, no te sientas aun derrotado. Por el contrario, infunde en ellos la sensación de que han renunciado a mucho y se merecen algún “homenaje”. Y si hacen propósitos por contener el gasto, no pasa nada. Haz que todo el dinero ahorrado acabe en una hucha que poco a poco se va llenando. Así, al cabo de poco tiempo, les verás gastarlo en la cosa más tonta y absurda que te puedas imaginar, ¡y todos esos meses de ahorro habrán servido a tu causa!

Finalmente, Mundifagio, procura que pasen por alto la pobreza radical que el Enemigo asumió cuando se encarnó en el mundo. Para ellos debe ser un ejemplo teórico y metafórico, nada serio.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

by J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

QUERIDO HEDÓFILO…

En los años cuarenta del siglo XX, el escritor británico C.S. Lewis escribe sus “Cartas del diablo a su sobrino” (The Screwtape letters, en su título original en inglés), una novela que consiste en las epístolas que el viejo demonio Escrutopo envía a su sobrino Orugario, aconsejándole acerca de cómo tentar a un humano. El libro es altamente recomendable. En “MisionArte con Palabras” cogemos la idea y proponemos algunas nuevas cartas.

BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN, PORQUE ELLOS SERÁN CONSOLADOS (Mt. 5,4)

Querido Hedófilo:

Me escribes preocupado por tu próximo cometido con esos jóvenes que, a pesar de todo, perseveran en la religión. ¡No hay causa justificada para esa alarma! Es cierto que, como dices, el Enemigo les está poniendo todas las facilidades. ¡Tanto mejor! Recuerda que cuanto más protegidos se sientan, más sencillo será tu trabajo.

No voy a recordarte (sería una insensatez hacerlo, dado que pasaste con nota el examen de Teoría de la Tentación) que debes impedir que se acerquen con autenticidad a la más humillante de las derrotas que hemos sufrido nunca: la Cruz. Sé que la sola mención de su nombre te seca la garganta, pero te sorprendería saber la poca comprensión que los pacientes humanos experimentan hacia Ella. ¡No han entendido nada!

Ahora bien, para cumplir el objetivo específico de tu misión te daré algunas recomendaciones, fruto de mi propia experiencia.

  1. Procura que sientan pánico y frustración ante el mínimo dolor. Que huyan de él. Ya sabes que el Enemigo les ha enseñado que la… Cruz (disculpa, pero me cuesta incluso escribirlo) es el centro de su “obra salvadora”. ¡No permitas que lo crean! Recuérdales sus momentos de mayor placer (especialmente si procede de algún acto egoísta) e intenta que deseen ciegamente recuperarlos a toda costa, alimentando su “recuerdo” de felicidad. Tienes que servirte de la técnica, muy antigua ya pero que aun está de moda, de que asocien el dolor con la infelicidad. Te sorprenderá comprobar que es mucho más fácil de lo que parece a pesar de que, evidentemente, tal razonamiento no superaría un examen superficial. Nublar el juicio de un humano es pan comido para un tentador sagaz.
  2. Debes impedir a toda costa que tengan momentos de reflexión. En esos momentos es más probable que se den cuenta del vacío que dejan en ellos esas formas de “felicidad” que practican. En su lugar, alimenta sus ansias por consumir felicidad barata. Ya sabes a qué me refiero. Insiste en la idea de que las cosas del mundo les bastan. Colegas, fiestas, descontrol, televisión, videojuegos… Incluso, puedes llevar a cabo una obra maestra si insertas en ellos costumbres como las sonrisas ensayadas o la dinámica del “buen rollito” entre ellos. Permíteles pequeñas obras de repugnante Caridad… las suficientes para que crean que ya hacen las cosas bien. No empieces a preocuparte hasta que uno de tus pacientes renuncie verdaderamente a sí mismo por otra persona.
  3. Convence a tus jóvenes de que… “en el término medio está la virtud”. Esta frase nos ha dado ya muchísimas victorias en el pasado y sigue haciéndolo aún hoy. Hazles creer que la radicalidad del… Ev… Evan… ugh, me horroriza escribir esto… E-van-ge-lio… es cosa de otros tiempos, de otras épocas. Que piensen que los tiempos de auténticos santos y mártires son pretérito pluscuamperfecto. Por supuesto, nada que tenga que ver con sus vidas. Cruz florida

Finalmente, estimado Hedófilo, cuídate mucho de que no vivan el dolor con intensidad. He descubierto que, de lo contrario, combatirás donde el Enemigo es un verdadero experto. Insisto: acuérdate de que la… Cruz… fue un funesto “caballo de Troya” para el Padre del Abismo.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

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