Viendo la multitud, Jesús subió al monte. Se sentó y se le acercaron sus discípulos. Entonces empezó a hablar enseñándoles (Mateo 5, 1-2):
La felicidad está en los que se hacen pobres. Los que renuncian a asegurarse la comida del día siguiente. Los que no huyen de verse necesitados y de depender de la caridad y la generosidad de otros. Feliz tú si eres pobre, si pasas hambre para que otros puedan comer, si sufres necesidad para que otros no la sientan. Para ti, si eres de estos pobres, está reservado el Reino de Dios, que a otros no se les concederá. (Mateo 5, 3).
¡Qué difícil es que entre en el Reino un hombre que confía en que su futuro está asegurado porque tiene dinero o trabajo! ¡No ha entendido nada! Os digo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una cerradura. (Marcos 10, 23-25).
No os estoy diciendo que seáis austeros. No os estoy diciendo que no desperdiciéis el dinero. No os estoy diciendo que no seáis consumistas. Por el contrario, os digo que gastéis todo el dinero que tengáis, para que no se acumule en vuestros bolsillos o en vuestros bancos. No viváis para conservar nada ni para conseguir ninguna cosa. No intentéis amontonar tesoros. Vivid para el Reino, vivid para Dios y lo demás llegará (Mateo 6, 19-21).
Os lo aseguro: no se puede estar al mismo tiempo preocupado por el Reino y por el futuro. Porque si estás preocupado por tu futuro y tus planes, acabarás por odiar a Dios (Mateo 6, 24).
Pero si amas profundamente a Dios, que es tu padre, puedes vivir sin preocupación por el futuro. Solo Dios basta. Son los hombres sin fe los que viven preocupados, porque no confían en que Dios les ama y les proveerá de lo que necesitan. O bien, piensan que con lo que Dios les regale no es suficiente. Vosotros, en cambio, confiad en Dios Padre, que es bueno y sabe que le necesitáis. Esforzaos por buscar el Reino de Dios y todo lo demás Él se encargará de que os llegue (Mateo 6, 25-34).
Entonces los discípulos se asombraban más y más, diciéndose unos a otros: ¿quién podrá salvarse entonces? Entonces Jesús, mirándoles, les dijo: Para los hombres todo esto es imposible, pero para Dios no, porque todo es posible para Dios (Marcos 10, 26-27).





