La Iglesia y la colonización de América

El descubrimiento del continente americano (1492) por las potencias europeas trajo consigo, ciertamente, la conquista militar. Tanto Sudamérica como Norteamérica “sufrieron” la llegada de los colonizadores, aunque sus destinos fueron bien distintos. Y la Iglesia Católica es presentada hoy día con frecuencia como cruel agente necesario en el padecimiento de aquellos pueblos indígenas.

En primer lugar, conviene decir que las potencias no católicas (Holanda, Gran Bretaña…) fueron mucho más brutales. En EE.UU. los turistas visitan hoy “reservas” de indios para poder ver a unos pocos miles de Pieles Rojas (en todo el país apenas un millón y medio de miembros de tribus indias con, al menos, la cuarta parte de sangre india), mientras que en las excolonias españolas y portuguesas la población es, prácticamente en su totalidad (90%), de origen indígena o producto de la mezcla de éstos con los europeos colonizadores.

La comparación entre la conquista católica y la protestante es clara. Hoy, la cultura norteamericana no tiene apenas ningún signo de identificación con los antiguos pobladores de aquellas tierras y es homologable a la europea en casi todo. Sin embargo, Latinoamérica es hoy una identidad cultural antes que geográfica, única y con profundas raíces en su pasado precolombino.

Por otra parte, para muchas tribus precolombinas los conquistadores no fueron tales. Los indígenas, más bien, les vieron como “liberadores”, ya que antes de su llegada vivían subyugados a los imperios (éstos sí, realmente crueles) azteca e inca. La conquista fue posible no por la pólvora, sino porque a los poquísimos europeos que la lideraron se unieron multitudes enteras de indígenas.

¿Tiene el factor religioso alguna importancia en esto? El distinto resultado de una y otra conquista invita a pensar que sí. La cultura católica acogió sin problemas los matrimonios con indígenas y la mezcla de razas, porque no tuvo demasiados remilgos en asimilarles como personas, con la misma humanidad que los europeos. La cultura protestante, en cambio, por su atracción hacia el Antiguo Testamento sufrió la tentación de sentirse “pueblo elegido” (distinguiendo, por tanto, entre culturas y razas). Además, la teología de la predestinación (que no tiene sitio en el catolicismo) les conducía a entender que el subdesarrollo de los pueblos indígenas era, frente al desarrollo del hombre blanco, signo de predilección divina por unos frente a otros. En ese sentido, la mezcla de sangres era algo ofensivo y prohibido. Hasta el siglo XIX (al menos) se discutía en los ámbitos intelectuales anglosajones si “el negro” era o no un ser humano (con curiosas teorías anatómicas al respecto). Hasta hace no demasiado tiempo las culturas protestantes inglesa, holandesa (calvinista) y americana (ejemplares en muchísimas cosas) mantenían conductas abiertamente racistas y opresoras (apartheid en Sudáfrica, segregación racial en EEUU…).

Otro apunte: ¡el mejor indio es el indio muerto! La expresión, propia de los EEUU del siglo XVII, nace cuando los conquistadores protestantes, fundamentando en la Biblia sus derechos, se apropiaron de todas las nuevas tierras, independientemente de que estuvieran ya pobladas. Así, los indios se convirtieron en un estorbo que legítimamente podía ser remediado mediante el exterminio. Pero, además, la caza de los indios era un negocio: algunos estados compensaban la entrega de cabelleras indias con dinero.

En las provincias americanas colonizadas por el mundo católico arrancarle la cabellera a un indio era un acto no solamente escandaloso para los religiosos, sino expresamente prohibido por las leyes de la Corona española, que desde el primer momento asumió la función de velar por la vida de los indígenas (considerados súbditos de los reyes, al igual que el resto de los españoles).

La reina Isabel I de Castilla (la Católica)

Y terminando, hablemos de la esclavitud. Ciertamente hubo tiempo de esclavismo en la colonización americana por los españoles. La inició el propio Cristóbal Colón, coronado Virrey de las tierras que descubrió. Sucedió así en los primeros asentamientos y se deportaron muchos indios a la Península Ibérica. Pero Isabel la Católica, que en 1478 ya había ordenado la liberación de los esclavos procedentes de Canarias, procedió a la restitución de estos esclavos exiliados a sus tierras en las Antillas y envió a Francisco de Bobadilla a cumplir la misión liberadora. Colón fue destituido y devuelto a España como prisionero. Los indios fueron desde ese momento considerados por la Corona como hombres libres, sometidos al mismo rango de súbditos que el resto de los españoles y mereciendo debido respeto sus bienes y sus vidas. Cito a continuación un fragmento del testamento de la propia Isabel I:

(…) nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos de buenas costumbres (…); por ello suplico al Rey (…) y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el príncipe, que así lo hagan cumplir (…) y que no consientan que los nativos y los habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño, lo reparen.

Para la propia reina, la propia fe y el deber de evangelizar aquellas tierras suponían un contrato con los indígenas por el que la Corona quedaba obligada a reconocerles, velar por su vida, por sus bienes, defenderles… Aunque hubo abusos, crímenes, exterminio… la singularidad católica humanizó el colonialismo y se convirtió en razón de protección y cuidado de los indios. Atención a los mitos y los cuentos chinos.

One Response to “La Iglesia y la colonización de América”

  • Yvette:

    No tratando de dejar en mejor lugar a los otros les quita culpa a la iglesia católica, omiten casos como el te atahualpa en este articulo, que solo sirve para corroborar que aquí cada quien cuenta la historia como le conviene, La iglesia católica hizo un montón de atrocidades pero también he de decir que en esa época esos comportamientos eran mas normales que ahora, pero no me digan que eran unos santos porque eso si que no se lo traga nadie,

Leave a Reply

*

Tags