No se trata de tener, sino disfrutar

El jóven Agustín pasaba todos los días al salir de trabajar por aquella tienda de helados. Todos los días se comía un inmenso helado de pistacho porque era el sabor que más le gustaba.

Pero los viernes, al salir del trabajo, iba con el un compañero de oficina. Este compañero sólo pedía su helado de chocolate los viernes.

Agustín le preguntó: ¿Cómo es que te reservas para los viernes con lo deliciosos que son los helados de esta heladería? ¿Acaso no tienes dinero para permitirte un helado a diarío?

No. No tengo grandes gastos ni lujos y ciertamente me podría permitir varios helados al mes.

¿Es que no te gusta demasiado el helado?. Le insistió.

No. La verdad es que me gusta tanto el chocolate, que durante la semana pienso en este momento y se me hace la boca agua.

– Entonces no te entiendo. Se rindió finalmente.

Pacientemente, el compañero le contestó al jóven Agustín.

Me reservo el momento del helado al viernes, porque hace tiempo que descubrí que la vida no es del que come más helados, sino del que más los disfruta.

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