BIENAVENTURADOS LOS DE CORAZÓN LIMPIO, PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS (Mt. 5, 8 )

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Querido Contupantelocómix:
¡Qué refrescante ha sido recibir tu carta pidiéndome consejo! Bien recuerdas que, en mis años de juventud, yo trabajé para nuestro Padre del Abismo en el mismo departamento que te han asignado a ti. Aunque eran otros tiempos, claro. Me da la impresión de que tú lo vas a tener más fácil que yo.
Tu trabajo consiste, básicamente, en confundir sus mentes para que tus pacientes pequen sin darse cuenta de que lo hacen. Te han encomendado la hermosa tarea de perpetuar el Engaño, la Mentira y la Trampa. Aprende del mismísimo Padre de la Negrura, que engañó a Adán: “¿Y por qué no os deja comer de ningún árbol? Si coméis se abrirán vuestros ojos y seréis como Dios.” ¡Qué gran victoria fue aquella, la primera de muchas otras que vinieron más tarde!
Ten en cuenta que la impronta creadora del Enemigo está indeleblemente grabada en el alma suculenta de tus pacientes. Por lo tanto, difícilmente lograrás llevarles a tu terreno si están persuadidos de que nosotros somos “los malos”. Los humanos suelen inclinarse por lo bueno. Por esa razón conviene que zarandees su conciencia, que la nubles, la oscurezcas. Tiende sobre su mente y sobre su corazón una densa niebla de confusión, de tonos grises, de complacencia y de autoengaño. Reconozco que solo con escribirlo ya se me acelera el pulso de placer. En definitiva, sigue la Primera Norma Diabólica y preséntales como virtuoso aquello que destruya su Gracia mientras etiquetas de inconveniente, indeseable, peligroso y destructivo lo que les acerque a nuestro Enemigo. Recuerda lo que recitamos del fruto prohibido a Adán y Eva: “bueno para comer, agradable a la vista y útil para alcanzar sabiduría”.
Puedes empezar por persuadirles de que lo que nuestro Enemigo les pide es negativo, censurador, prohibitivo. Ayúdate de la corriente social del momento. Debes convencerles de que un cristiano se define por lo que se pierde: NO puede hacer esto, NO debe hacer aquello, debe APARTARSE de éso otro… Consigue que tus pacientes miren con envidia a los que llevan una vida sin orden, abandonados a sus propios esquemas, caprichos y deseos, muy alejados del Oponente. Haz que sientan que, por ser fieles, se están privando de una gran felicidad que a su alrededor disfruta todo el mundo.
Considera también la posibilidad de sabotear su sentido comunitario y eclesial. Favorece la sospecha de que su parroquia, sus catequistas, los curas, los obispos, Roma, el catecismo, los Mandamientos, la moral cristiana… son tan sólo piezas de una organización doctrinal, dogmática, lavacerebros y ocultista. Mejor, que les baste con “sentirse cristianos” y se enorgullezcan de ser “un verso suelto”. Cuanto más independientes se sientan de la Iglesia, más dependientes serán de ti. La corriente actual de pensamiento juega a tu favor, así que no fracases. Logra que abandonen a sus pastores para constituir en torno a Nuestro Padre del Abismo un nuevo rebaño de víctimas. Y… por cierto… tu gran enemigo es el sacramento de la Reconciliación (repugnante Perdón), capaz de reparar todo el daño que has propiciado. ¡Impide que tus pacientes se acerquen a él!
Por último, atiene a la palabra mágica que será para ti un recurso inestimable: INDOLENCIA. Consigue que tus pacientes sientan que sus faltas y pecados son absolutamente normales y razonables. Combate con todas tus fuerzas cualquier resquicio de sentimiento de culpa o autorreproche. Fíjate que también te va a ayudar mucho la filosofía imperante en esta era. Relativizar todo lo malo que hagan, quitarle importancia, que parezca algo menor. Poco a poco estarán rodeados de tanta basura que no escucharán al Enemigo llamándoles. Sírvete de esta frase, que inventé yo mismo y que he susurrado mil veces al oído de algún humano: “por una vez, no pasa nada”.
¡Atiende! El colmo del engaño sería hacerles creer que no existe el pecado o… mejor todavía… que no existe ni Infierno ni Diablo. Si lo consigues, y he de decirte que lo tienes mucho más fácil que los Tentadores de mi época, habrás confirmado una férrea cadena de esclavitud a tus almas y, con seguridad, serás propuesto para un próximo ascenso.
Tu cariñoso tío,
ESCRUTOPO


