Archive for April 2011

El mercadillo de Satanás

Hace un tiempo atrás Satanás montó un puesto en un mercadillo de segunda mano. Allí estaban, agrupados en pequeños grupos, todas sus brillantes baratijas. Tenía herramientas que ayudaban a romper, a malograr. También había lentes de aumento para aumentar la propia importancia, y que si mirabas por el otro lado, podías usarlos para disminuir a los demás o incluso a uno mismo.

En el suelo estaba la usual variedad de herramientas de jardinería con la garantía de hacer crecer la soberbia: el rastrillo del desprecio, el azadón de los celos para cavar un abismo entre uno y el prójimo, las herramientas del chisme y la calumnia, de egoísmo y apatía. Todos estos utensilios eran agradables a la vista y venían llenos de promesas y garantías de prosperidad. Lo precios, claro está, no eran muy baratos; ¡pero no había que preocuparse!, tenía grandes facilidades de pago para todos los clientes. “¡Llévelo a casa, úselo, no se preocupe que lo pagará más tarde!” era la frase favorita del Diablo.

El visitante notó dos herramientas desconocidas y muy desgastadas en una esquina. Y sin ser ni cercanamente tan atractivas como los otros objetos, le pareció raro que estas dos herramientas tuvieran un precio mucho más alto que las demás.

Cuando preguntó por qué era esto, Satanás sólo sonrió y dijo: “Bueno, eso es porque yo las uso muchísimo. Si no tuvieran tan mala apariencia la gente las vería como son realmente.” El Diablo señaló las herramientas diciendo: “Mira, esa es la propia inseguridad y la otra es la desesperanza, y sin ellas todas las demás son prácticamente inútiles.”

Clavos

Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.

El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta.
Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos.

Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo por cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta…

Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta.
Le dijo: “has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca mas será la misma. Cada vez que pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves.”

Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo como se lo digas lo devastará y la cicatriz perdurará para siempre.
Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física.
Los amigos son en verdad una joya rara. Ellos te hacen reír y te animan a que tengas éxito.
Ellos te prestan todo, comparten palabras de elogio y siempre quieren abrirnos sus corazones.

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