Archive for March 2011

Sólo una tecla

No hay ningún dxfxcto en xstx post, xxcxxpto una txcla que no funciona bixn. Xl rxsto de las txclas funciona pxrfxctamxntx, pxro xsta txcla xs la única dxfxctuosa y provoca un sxrio problxma. ¿No tx parxcx?

Dx igual manxra podrías dxcir, por xjxmplo, qux sólo xrxs una txcla y qux no sx notaría mucho si no colaborasxs con xl rxsto. Pxro xsta manxra dx pxnsar xs xrrónxa; los dxmás tx nxcxsitan, ¡cuxntan contigo!

La próxima vxz qux sx tx ocurra pxnsar qux no xrxs importantx, acuxrdatx dx xstx ordxnador. Xn xfxcto, im2gínatx qux dos txcl2s funcio2n m2l… ¿Y qux p2s2rí2 si fuxr2n trxs o incluso cu2;ro simul;2nx2mxn;x?

Me tomo la palabra… laicidad

Es curioso, pero la palabra “laicidad” no está en la RAE.

Sí lo está la palabra “aconfesionalidad”. Es la falta de adscripción o vinculación a cualquier confesión religiosa. La Constitución Española (1978) en su artículo 16.3 señala que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, que “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española” y que “mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.

Por lo tanto, la aconfesionalidad del Estado Español excluye el Estado laico (tipo Francia). La religión de las personas no es, para la Carta Magna, una cuestión privada y carente de significado en el ámbito público. Por el contrario, la cuestión religiosa habrá de ser tenido en cuenta desde los poderes de la Administración.

Los católicos podemos y debemos manifestarnos en público sobre cuestiones religiosas y, por supuesto, políticas. Las opciones religiosas y morales de la población española han de ser tenidas en cuenta en el ordenamiento legal de nuestro Estado según, al menos, su calado entre la población. En la medida en que los católicos representamos una parte importantísima y numerosísima de la sociedad española podemos esperar consecuencias a nivel político. Y debemos exigirlas.

Entre otras cosas porque la religión es un bien social. Un bien humanizador, portador de valores importantes y significativos. El cristianismo es, además, una fe que puede reivindicar la paternidad del reconocimiento de ciertos derechos humanos como la vida, la libertad, la dignidad de la persona humana… La religión es fuente de esperanza, de consuelo, de acción, de apuesta por el ser humano, de moral… La fe cristiana es, por último, fuente privilegiada de verdad.

Una sociedad que renuncia, rechaza o incluso combate su propio sentir religioso es una sociedad enferma.

Empezaba este post diciendo que la RAE no reconoce la palabra “laicidad”. En el diccionario electrónico sugiere otra entrada, por aproximación: “laxidad”. Dicha voz nos conduce, por sinonimia, al vocablo “laxitud”, que es la cualidad de lo laxo. Y por “laxo”, la propia RAE entiende “moral relajada, libre o poco sana”.

Aunque la semejanza entre laicidad y laxidad no es semántica sino ortográfica, lo cierto es que ofrece una reflexión valiosa. Desde la fe no podemos defender la laicidad, que no es un valor. La laicidad nos conduce al relativismo, que es la ausencia de verdad. La vida, la existencia en la oscuridad de lo falso (de la mentira, de lo relativo) tiene un efecto devastador sobre la conciencia de las personas, que es el “músculo” humano para distinguir el bien del mal.

La laicidad (o laicismo) es, en definitiva, una amenaza contra la salud moral.

Los cristianos podemos, en consecuencia, reivindicar para el Estado la aconfesionalidad. Y combatir el laicismo sin complejos ni rubores. ¡Ánimo!

El hierro es fuerte, pero…

El hierro es fuerte, pero el fuego lo funde.
El fuego es fuerte, pero el agua lo apaga.
El agua es fuerte,
pero las nubes lo hacen posible.
Las nubes son fuertes,
pero el viento las arrastra.
El viento es fuerte, pero el hombre es más.
El hombre es fuerte, pero el temor lo tumba.
El temor es fuerte,
pero el sueño lo hace olvidar.
El sueño es fuerte, pero la muerte lo supera.
La muerte es fortísima,
pero la bondad le sobrevive.

del Talmud.

El discurso del monte (2)

Viendo la multitud, Jesús subió al monte. Se sentó y se le acercaron sus discípulos. Entonces empezó a hablar enseñándoles (Mateo 5, 1-2):

La felicidad está en los que se hacen pobres. Los que renuncian a asegurarse la comida del día siguiente. Los que no huyen de verse necesitados y de depender de la caridad y la generosidad de otros. Feliz tú si eres pobre, si pasas hambre para que otros puedan comer, si sufres necesidad para que otros no la sientan. Para ti, si eres de estos pobres, está reservado el Reino de Dios, que a otros no se les concederá. (Mateo 5, 3).

¡Qué difícil es que entre en el Reino un hombre que confía en que su futuro está asegurado porque tiene dinero o trabajo! ¡No ha entendido nada! Os digo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una cerradura. (Marcos 10, 23-25).

No os estoy diciendo que seáis austeros. No os estoy diciendo que no desperdiciéis el dinero. No os estoy diciendo que no seáis consumistas. Por el contrario, os digo que gastéis todo el dinero que tengáis, para que no se acumule en vuestros bolsillos o en vuestros bancos. No viváis para conservar nada ni para conseguir ninguna cosa. No intentéis amontonar tesoros. Vivid para el Reino, vivid para Dios y lo demás llegará (Mateo 6, 19-21).

Os lo aseguro: no se puede estar al mismo tiempo preocupado por el Reino y por el futuro. Porque si estás preocupado por tu futuro y tus planes, acabarás por odiar a Dios (Mateo 6, 24).

Pero si amas profundamente a Dios, que es tu padre, puedes vivir sin preocupación por el futuro. Solo Dios basta. Son los hombres sin fe los que viven preocupados, porque no confían en que Dios les ama y les proveerá de lo que necesitan. O bien, piensan que con lo que Dios les regale no es suficiente. Vosotros, en cambio, confiad en Dios Padre, que es bueno y sabe que le necesitáis. Esforzaos por buscar el Reino de Dios y todo lo demás Él se encargará de que os llegue (Mateo 6, 25-34).

Entonces los discípulos se  asombraban más y más, diciéndose unos a otros: ¿quién podrá salvarse entonces? Entonces Jesús, mirándoles, les dijo: Para los hombres todo esto es imposible, pero para Dios no, porque todo es posible para Dios (Marcos 10, 26-27).

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