Archive for February 2010

Me tomo la palabra… Débil

DÉBIL (del latín, debilis)

by Héctor Germán Santarriaga (from interarteonline.com)

by Héctor Germán Santarriaga (from interarteonline.com)

1.- Según la RAE: que por flojedad de ánimo cede fácilmente a la insistencia o el afecto.

Me he quedado muy sorprendido. En un post anterior veíamos que, para la RAE, una definición de Corazón es “ánimo, valor, temple“. Es la palabra ÁNIMO la que me ha hecho pensar. Quizás este silogismo esté un poco forzado, pero allí va la reflexión:

Si el débil es el de flojo ánimo; y si Corazón es ánimo, valor y temple… entonces el débil es alguien de poco Corazón.

O, incluso, podríase decir que el débil es aquél que, por tener un corazón flojo, cede fácilmente a la insistencia o el afecto. Al menos según la RAE. Es muy llamativo porque… ¿no diríamos que alguien que se conmueve fácilmente (ante la insistencia o el afecto) es una persona de gran corazón?

Pero ya se sabe que la lengua es una cosa “viva”, que cambia. Supongo que así la RAE refleja mejor el ambiente que se respira sobre los débiles.

2.- Según  la Enciclopedia del Éxito: incapaz de competir y de ganar, vulnerable, indefenso, expuesto a las inclemencias de la suerte, fracasado, claudicante, que no cuenta, último, irrelevante, perdedor, pobre, avasallado, sometido, súbdito, esclavo, impotente, limitado, incompetente, persona que no se reivindica, rendido, inerme, aquél incapaz de imponerse, frágil, flojo, inutil…

En otras palabras, débil es quien no puede aspirar a nada.

3.- Para el hombre de fe: el manso es el que se hace débil (véase definición anterior) por el Amor del Evangelio.  Cuando su fuerza desaparece, aparece Dios (“en mi debilidad, me haces fuerte”). El modelo de mansedumbre es Jesús de Nazaret.

DICHOSOS LOS MANSOS, PORQUE SU HERENCIA ES LA TIERRA (Mt. 5,5) es decir…

Escucha el MP3:
En mi debilidad me haces fuerte (Brotes de Olivo)

Dios no cabe…

Del P. Anthony de Mello: el elefante y la rata

Se hallaba un elefante bañándose tranquilamente en un remanso, en mitad de la jungla, cuando, de pronto, se presentó una rata y se puso a insistir en que el elefante saliera del agua.

«No quiero», decía el elefante. «Estoy disfrutando y me niego a ser molestado».

«Insisto en que salgas ahora mismo», le dijo la rata.

«¿Por qué?», preguntó el elefante.

«No te lo diré hasta que hayas salido de ahí», le respondió la rata.

«Entonces no pienso salir», dijo el elefante.

Pero, al final, se dio por vencido. Salió pesadamente del agua, se quedó frente a la rata y dijo:

«Está bien; ¿para qué querías que saliera del agua?».

«Para comprobar si te habías puesto mi bañador», le respondió la rata.


Es infinitamente más fácil para un elefante ponerse el bañador de una rata que para Dios acomodarse a nuestras doctas ideas acerca de Él.

La verdad pactada

A veces tengo la sensación de que vivimos en un mundo que no está dispuesto a buscar la Verdad, sino que se conforma con pactarla. Creo que a eso le llaman política. Y supongo que por eso la Iglesia está tan perseguida. En fin, ahí van unos versillos cargados de ironía.

Reunidos solemnemente
en plenaria circunstancia
trescientas cincuenta mentes
hablan, discuten, disienten
de verdades o falacias
altamente trascendentes
en pro de la democracia.
“Por el bien de la nación”,
dice una voz erudita,
“hace falta que transmita
a todas sus señorías
que hay que pasar a la acción
y hacer brotar, con tesón,
la nueva ciudadanía”.
“Que en la era que alumbramos
nada falte y todo sobre:
que haya abundancia ordenamos.
Gravemente decretamos
que en nuestro país… no hay pobres”.
Una suave voz de hombre
al prócer le cuestionó:
“¿Qué hará entonces, buen señor,
si alguno insiste en ser pobre?”
“Le cambiaremos el nombre”,
fue su ágil contestación.
“Que no se me escapa nada.
La pobreza es fantasía
por el voto erradicada
en este glorioso día.
Y será el que no lo ada
llamado <de economía
no-civil desregulada>”.
Colmadas sus señorías
de euforia legisladora,
aplauden con alegría,
agradecidos del día
que alumbró tan buena hora.
Se abrazan y se dan besos,
contentos de haber mostrado,
bondad y gracia en exceso.
Ya abandonan el Congreso
pletóricos, extasiados.
Mas la ingrata sociedad
no acusa la mejoría
y sigue en su realidad.
Pues no entiende la verdad
de votos ni mayorías.

EncuestaDios

Reunidos solemnemente

en plenaria circunstancia

trescientas cincuenta mentes

hablan, discuten, disienten

de verdades o falacias

altamente trascendentes

en pro de la democracia.

“Por el bien de la nación”,

dice una voz erudita,

“hace falta que transmita

a todas sus señorías

que hay que pasar a la acción

y hacer brotar, con tesón,

la nueva ciudadanía”.

“Que en la era que alumbramos

nada falte y todo sobre:

que haya abundancia ordenamos.

Gravemente decretamos

que en nuestro país… no hay pobres”.

Una suave voz de hombre

al prócer le cuestionó:

“¿Qué hará entonces, buen señor,

si alguno insiste en ser pobre?”

“Le cambiaremos el nombre”,

fue su ágil contestación.

“Que no se me escapa nada.

La pobreza es fantasía

por el voto erradicada

en este glorioso día.

Y será el que no lo ada

llamado “de economía

no-civil desregulada”.

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