Archive for October 2009

Dios no es bueno

Hace algunos años, un sabio teólogo reconocido en occidente decidió demostrar a sus alumnos por qué el presupuesto de que “Dios es bueno” es falso y engañoso. Llamó a uno de sus alumnos recién llegados a la academia y le propuso que resumiera en tres conceptos muy concretos las cosas de la vida que las personas identifican como “buenas”. Él, después de meditarlo levemente, escribió lo siguiente:

SEGURIDAD PARA EL FUTURO

SALUD

RECIBIR AMOR

Cuando se hubo ido aquél, llamó a otro de sus alumnos, igual de joven, y le pidió que pusiera, según su conocimiento, tres etiquetas acerca de Dios. Él tuvo que dedicarle muchas horas a meditar. ¿Cómo resumir a Dios en tres conceptos? No obstante, sorprendió a su maestro cuando, a los pocos días, regresó con las siguientes palabras:

POBREZA

CONFIANZA

ENTREGAR AMOR

El maestro recogió ambos trabajos por separado y reunió a los dos estudiantes, que no sabían qué encargo había recibido el otro. Les pidió que intentaran resolver la siguiente pregunta: “¿DIOS ES BUENO?”, a la vista del resto del alumnado de la escuela. Inmediatamente, el primero de ellos trajo a su memoria las cosas que eran “buenas” y, a partir de ellas, intentó explicar que Dios, si fuera bueno, operaría en los seres humanos para que éstos tuvieran seguridad, salud y amor, como mínimo. El segundo de los alumnos, en cambio, no daba crédito. Para él, era imposible que el “Dios-pobre” procurara estabilidad para el futuro. También era imposible que el “Dios-confianza hasta el final” entendiera la falta de salud como algo trágico. Y, por supuesto, era imposible que el “Dios-que se entrega” quisiera que sus criaturas fueran devoradoras de amores.

Llegado este punto, intervino el sabio teólogo.

– Es posible que nos confunda haber oído tantas veces que Dios es bueno. Sin embargo, no es cierto. Dios NO es bueno, porque las personas aprendemos antes a darle sentido a la palabra “bueno” y después intentamos que Dios encaje en ese esquema que ya nos hemos hecho sobre lo que es bueno y lo que es malo. En cambio, habría que decir más bien lo siguiente: “lo bueno es Dios”. Y, como complemento, “Dios me ama”. La Inteligencia de Dios sabe lo que es bueno. La Voluntad de Dios quiere lo que es bueno para sus Hijos. Él opera en nuestra vida para atraernos hacia sí.

Entonces extrajo las palabras que el segundo de sus alumnos había puesto como etiquetas a Dios y escribió encima la leyenda siguiente: “ESTO ES LO BUENO”. Después, le preguntó cómo había alcanzado una respuesta con tanta sabiduría. Éste se encogió de hombros y respondió:

– Bueno, me ayudó, desde la pared de mi cuarto, contemplar un crucifijo.

by J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

by J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

Un chiste…

A propósito del activismo y la ineficiencia…

Dos cristianos se preguntaban por el día de la Parusía, diciendo…

– En estos tiempos, me preocupa que cualquier día de estos vuelva el Señor. ¿Encontrará unida a su Iglesia?

– ¿Unida? No lo sé. Pero seguro que la encuentra reunida.

República Paraíso, 2

Girado su sillón hacia el amplísimo ventanal que culminaba su nuevo despacho, el Alto Comisionado jugueteaba con algo entre sus dedos mientras su mirada permanecía perdida en algún punto en el horizonte de la ciudad. Quizás intentaba penetrar la alta torre de la Catedral que se atrevía a competir en altura con la Casa de la Nación, pero no hay forma de saberlo.

Cualesquiera que fueran sus pensamientos, terminaron abruptamente cuando a sus espaldas alguien llamó a la puerta de la oficina.

–          Alto Comisionado, su visita de las nueve.

–          Hazle pasar.

¿Por qué estaba nervioso? Solamente se trataba de un hombre. Uno poderoso, pero no más que él mismo. Giró su asiento velozmente y dejó su juguete sobre la mesa. Se trataba de una pequeña cruz de plata. Al instante entró su visita de las nueve y el Alto Comisionado, Primer Científico Social de la Nación, cubrió la cruz con un papel para evitar la mirada de su interlocutor. Sonrió y se puso de pie.

–          Ah, Cardenal. Bienvenido.

El Cardenal era una persona entrada en años pero bastante alta. Parecía extraordinariamente tranquilo, lo cual terminó de irritar al Alto Comisionado.

–          Buenos días – el Cardenal sonrió, estrechó la mano que le tendía su anfitrión y se sentó en el asiento que le correspondía, bastante más bajo que el otro.

–          Sin duda se preguntará por qué le he pedido que venga esta mañana.

–          Pues sí. Estoy convencido de que tiene muchos asuntos importantes que atender.

–          Puede estar seguro. Iré al grano. Como sabe, el Líder está haciendo grandes esfuerzos por devolver la paz a la Nación y…

Si el Cardenal torció levemente la boca, el Alto Comisionado hizo como si no se enterara.

–          … y por eso se ha creado el nuevo Ministerio de la Felicidad.

–          Dicen que fue idea suya.

–          Oh, las ideas no pertenecen a un solo hombre, Cardenal. El caso es que el nuevo ministro quiere contar con toda la ayuda posible. Cualquier esfuerzo es poco cuando se trata de servir a la Nación, por supuesto.

–          Por supuesto.

–          Así que le he hecho llamar para pedirle su colaboración con las campañas del Ministerio. Como cabeza de su Iglesia, Cardenal, está usted en una posición privilegiada para ejercer el liderazgo político que nuestro pueblo necesita. También usted debe ponerse al servicio de la Nación, ¿no?

–          Ya entiendo. Pero mi trabajo no es hacer política, Comisionado.

–          Vamos, vamos, no sea modesto. ¿Acaso tengo que recordarle la cantidad de manifestaciones políticas que se hacen en sus templos?

–          Lo lamento pero no le sigo.

–          Bueno, ¿no se debe usted a la felicidad de sus fieles, Cardenal? Eso es política. Precisamente ahora que la Nación tiene un Ministerio encargado de eso. Por supuesto, el Estado está en su derecho de absorber o expulsar a su Iglesia, ya que no es necesaria en esta nueva era. Pero el Gobierno prefiere sumar esfuerzos.

–          Lo lamento, Comisionado. Pero no hablamos el mismo idioma. Yo no me debo a la felicidad, sino a la Verdad.

El Alto Comisionado pareció desconcertado durante un instante. Después extrajo la cruz con la que había estado jugando antes y la paseó entre sus dedos.

–          ¿Y qué es la Verdad, Cardenal?

Se levantó y consiguió con su mirada que su invitado le imitase. Después prosiguió hablando.

–          Diga usted lo que quiera. La verdad, la felicidad… todo es política. Usted pretende decirle a la gente qué es el Bien y qué es el Mal.

–          Intento iluminar esas cuestiones, así es.

–          Bueno, eso es tarea del Nuevo Gobierno, Cardenal. Ya no es necesario que usted lo haga. En esta nueva época podrá descansar y dedicarse solamente a atender a los pobres y desfavorecidos. Aunque tendrá cada vez menos trabajo. Los planes económicos del Líder serán revolucionarios.

El Cardenal guardó silencio.

–          Usted podría colaborar con nosotros. Ser alguien importante. Podría convencer a la gente de que el Nuevo Gobierno es bueno para ellos.

–          Si es bueno… ¿por qué necesita que convenza a nadie?

–          Usted no comprende nada, Cardenal. Vive estancado en el pasado. En las supersticiones y la irracionalidad. No puede ver las cosas desde el punto de vista de la ciencia social.

Con una media sonrisa el Alto Comisionado se acercó al Cardenal y puso entre sus manos la cruz plateada.

–          Tenga, hombrecillo. Ya no hará falta en estos despachos.

Antes de que el Cardenal atravesase la puerta para salir, el político le hizo una última advertencia:

–          Procure no meterse en política, Cardenal. No es su campo.

Diez días después los periódicos daban la noticia:

“MINISTERIO PREPARA OBRAS: LA CASA DE LA NACIÓN SERÁ EL NUEVO EDIFICIO MÁS ALTO DE LA CIUDAD, SUPERANDO A LA CATEDRAL”

Escena

QUERIDO ABULIO…

BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA, PORQUE ELLOS SERÁN SACIADOS (Mt. 5, 6)

Querido Abulio:

¡Eres soberanamente estúpido e incompetente! Una mediocridad sin paliativos. Un hediondo subproducto de demonio sin categoría. Una despreciable calamidad.

He leído tu carta varias veces, incapaz de creer que tu idiotez haya alcanzado unos niveles tan altos. Me escribes diciendo que “será cosa de niños hacer a mis pacientes duros como la roca, crueles y viles… convertirles en enemigos de su prójimo”. ¡Lo has equivocado todo!

Te aclaro que me importa muy poco que tu carrera como Tentador en la Corte de nuestro Padre de las Tinieblas se vaya al garete. Lo que no voy a consentir es que se asocie mi nombre con un fracaso tan estrepitoso como el que te avecina si no atiendes a mis palabras. ¡Tengo una reputación que mantener y, ante la menor debilidad, podría acabar alimentando los Hornos Cavernosos del Tercer Abismo!

Escucha bien, porque la roca es dura y resistente, pero un sutil golpe en el sitio apropiado basta para hacerla pedazos. Nuestro Enemigo es hábil logrando esas conversiones y tus pacientes serán carne de cañón para sus estratagemas si no corriges tus pasos. No se trata de que les conviertas en seres despiadados y crueles con el prójimo, ni manifiestamente injustos o inaccesibles. Atiende. Lo mejor es que hagas de su corazón una morada mediocre, de medios compromisos, difícil de conmover realmente.

¿Sabes? Debes ser un experto en las palabras del Enemigo, para vencerle en su terreno. ¿Recuerdas aquella terrible carta de uno de sus más aguerridos seguidores a la comunidad de Corinto? Contiene un cántico a… se me escama la piel con tan solo traerla a mi memoria… un cántico a la Caridad.

Cuando se te pase el estremecimiento, atiende a mis palabras. Hoy, el mundo no habla de Caridad, porque es algo demasiado grande para las conciencias débiles. En su lugar, utilizan otra con mucha menos fuerza: solidaridad. ¡Que este ejemplo sea para ti paradigmático!

Convierte el auténtico… amor por la justicia (sí, aunque no lo creas, algunos humanos lo experimentan realmente)… en una mezcla de sentimientos de autoexculpación y cargo de conciencia. Que tus pacientes se convenzan de que deben ser… solidarios. ¡Deja que sean todo lo “solidarios” que quieran! Preocúpate solamente cuando empiecen a amar de verdad (de verdad, comprometiendo su propia existencia)  la justicia. Convénceles de que son generosos. Que colaboren de vez en cuando en campañas de recogida de dinero, medicinas o ropa y que dejen algo a veces en el cepillo de su iglesia. ¡Eso no ha de preocuparte lo más mínimo! Lo importante es que se sientan muy solidarios y muy justos, infunde ese sentimiento. De ese modo, jamás comprometerán auténticamente su vida, siempre estarán satisfechos y creerán que “ya hacen bastante con lo que hacen”.

from peaton.info

from peaton.info

Permíteles comparase con otros. Pero con otros que, siempre, sean “peores que ellos”. Logra que los testimonios de auténticos aliados del Enemigo sean una especie de exotismo religioso, nada que ver con la vida real. Haz que se asienten cómodamente por encima de la media en lo que a “solidaridad” (qué bien me cae esta palabreja) se refiere. Pero siempre dando de lo que sobra, no comprometiendo su propia seguridad o sus planes de futuro, esforzándose por que los demás noten lo buenísimos que son… etcétera. Dicho de otra forma, que su “lucha por la justicia” sea bastante… inofensiva. Espero que no necesites más explicaciones.

Y voy a revelarte, para terminar esta carta, otra de tus grandes armas: la lástima. Es la gran enemiga de la Misericordia que, como sabes, implica de verdad al propio corazón. Haz que sientan lástima y pena por los que padecen injusticias. Eso les coloca por encima de los otros y abre un gran abismo entre ellos. Cuanto mayor sea ese abismo, más les costará saltarlo para acercarse a los demás. No permitas que sufran con los demás, que palpen el dolor de lo injusto… mantenles siempre a una prudente distancia. Para ellos la injusticia debe ser como… un agente que contamina a su prójimo de indignidad y le hace acreedor de mucha penita, pero nada serio.

Mantenme informado. Pero, por favor, no me envíes más cartas con chorradas. No las soporto.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

República Paraíso, 1

El Alto Comisionado entró apresuradamente en el edificio que tan solo dos días antes se llamaba Palacio Imperial y que hoy ostentaba el nombre de Casa de la Nación. No se sentía seguro, claro. El golpe había triunfado y hoy ellos tenían el Poder, pero aún quedaban por sofocar algunos restos de la Resistencia. Y podían estar apostados en cualquier sitio.

Así que atravesó sin detenerse las distintas estancias que separaban la entrada del despacho del Líder. Por el camino saludó con medio gesto a una docena de guardias uniformados encargados de la seguridad del nuevo mandamás. Cuando por fin llegó a su destino, descubrió que no era el primero en entrevistarse con el Líder esa mañana.

Éste ocupaba su puesto detrás de una suntuosa mesa y hacía girar lentamente su sillón rotatorio. Parecía estar abstraído en sus propios pensamientos, sin atender a las airadas quejas de los colaboradores que cacareaban en la estancia.

–          ¡No podemos retirar los tanques! – ladraba el General. Se trataba de un veterano de guerra del antiguo régimen, convertido a la Revolución.

–          Pero la gente detesta sentirse en estado de alerta, constantemente vigilados. Hay que suavizar la presencia del Ejército en las calles – hablaba el Número Dos del Partido, cuyas funciones oficiales nadie conocía.

–          ¡Aún hay focos de rebelión! El golpe no ha concluido. Hace falta imponer la Paz.

–          No sabía que fuera usted un hombre de Paz, General.

–          Yo me debo al Pueblo y a su seguridad. La Paz me inspira, Ciudadano. Por eso dirijo a un millar de hombres armados y entrenados por todo el Imperio y…

–          Perdón, General. ¿A qué Imperio se refiere?

–          Bueno, he querido decir… por toda la Nación.

El Líder dio una última vuelta a su sillón e intervino con tono petulante:

–          ¿Ve lo que ocurre, Comisionado? ¡La Política nos corrompe! Hace apenas un mes estos dos amigos celebraban juntos la Revolución y hoy… discuten agriamente. Pero debo recordaros a todos, camaradas, que nosotros no somos políticos. No somos como los que gobernaban antes. Nosotros somos Ciudadanos como los demás, iguales que todos ellos. Y por eso no vamos a dejar que la Política nos domine. Soportaremos los sinsabores del Poder, la desagradecida tarea de gobierno, como un heroico sacrificio en pro de la Nación.

Los dos discutidores se silenciaron un instante y miraron con odio al Alto Comisionado, recién llegado al despacho. El Líder siguió hablando:

–          Para eso está usted aquí, Comisionado. Usted ha jugado un papel muy importante en extender la simpatía por nuestro Movimiento Revolucionario, lo cual ha sido determinante en el éxito del golpe. Es una persona culta, un intelectual. Un hombre de mente abierta, un científico social.

–          Sus elogios me… halagan, Líder.

–          Oh, por favor, deje las formalidades. Todos somos iguales aquí, todos somos Ciudadanos. Pero precisamente por su capacidad para… enfocar los problemas desde una óptica nueva y original ha sido nombrado Alto Comisionado y consejero directo de mi persona. Ya conoce nuestro problema. Hay que asegurar el éxito del golpe, la Paz de la Nación. Disponemos de todos los recursos del antiguo Imperio, de sus canales de comunicación, de su Ejército… Diga, Comisionado, ¿qué sugiere que hagamos?

El Alto Comisionado se sintió confiado por primera vez esa semana. Temía perder influencia una vez que los militares lograran el poder, pero parece que el Líder seguía dependiendo de su profesionalidad como científico social.

–          Por supuesto, no se trata de un asunto que pueda zanjarse en cuestión de minutos. Sin embargo estoy seguro de que encontraré la fórmula adecuada. Concédanme tres días y algunos fondos para realizar mis estudios y les propondré una estrategia segura de actuación.

Así ocurrió. Durante tres días el Alto Comisionado trabajó denodadamente y su informe llegó con puntualidad al despacho del Líder. Éste lo leyó en pocos minutos, porque se trataba de un trabajo bastante breve. Pero quedó absolutamente encantado con las conclusiones, cuya justificación empezaba de la siguiente manera:

“Es el deber del nuevo gobierno revolucionario garantizar la paz y el éxito del Movimiento. Es una exigencia de la ética y la moral asegurar que el nuevo rumbo de la Nación sea el correcto, algo que solamente ocurrirá si se impide a los contrarrevolucionarios devolver al país al estado atrasado e insolidario del que procede. Y también es un deber de este gobierno consolidar el nuevo Destino de la Nación haciendo partícipes a todos los Ciudadanos de la construcción del país. Todos caben en este nuevo futuro que nos espera. Así que la misión prioritaria del ejecutivo debe ser la facilitación de la instalación del sentimiento revolucionario en la población. No cabe duda de que…”

El engranaje del Poder se puso en marcha. El dinero viajó de un lado para otro. La sede del Partido fue un hervidero de actividad durante toda una semana hasta que, por fin, los periódicos anunciaron con grandes titulares:

“LÍDER FORMA NUEVO GABINETE: MINISTERIO DE LA FELICIDAD”

from ingenierosocial.wordpress.com

from ingenierosocial.wordpress.com

QUERIDO MUNDIFAGIO…

BIENAVENTURADOS LOS POBRES, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE DIOS (Mt. 5, 3)

Querido Mundifagio:

Como Tentador de las cosas materiales, ponte como ejemplo a Nuestro Padre de las Profundidades cuando acudió al desierto a tentar al Enemigo: “Convierte estas piedras en pan”.

Ten en cuenta la coyuntura de tus pacientes. Viven instalados en un mundo que les incita a consumir vorazmente todo tipo de productos insustanciales. Debes, por lo tanto, impedir que echen un vistazo por fuera de esa “verdad virtual” que la sociedad ha fabricado para ellos. Mientras sientan que en medio de la comodidad y la seguridad de las cosas materiales ellos están a gusto, no se preocuparán de buscar más allá “eso” que les falta y que, como tú y yo sabemos, solamente el Enemigo les proporcionará. Su ceguera es nuestra mejor baza, querido sobrino.

Es posible que en ocasiones sucumbas al deseo de instalar en tus pacientes un ansia inmensa por obtener lujo y riquezas. No obstante, ¡no es esa tu misión! Recuerda que no se esforzarán en encontrar al Enemigo si creen que ya lo conocen. Presta atención a los consejos que un viejo diablo como yo pone al servicio de las intenciones del Rey de la Oscuridad. Debes ser un tentador hábil y hacerles creer siempre que ellos no son víctimas del consumismo. Muéstrales algunos ejemplos de auténtico lujo para que los sientan lejanos. Si haces que se comparen con estrellas de cine, deportistas de elite o gente famosa,  se verán a sí mismos como verdaderos modelos de austeridad y moderación. De ese modo, no se darán cuenta de lo deliciosamente consumistas que son en realidad.

No debes olvidar nunca que al Enemigo le cuesta menos atraer a un “malo” que a un “tibio”. Permite que se instalen en una comodidad moderada, razonable, lógica, “popular”. Asegúrate de que encuentren en el dinero y los bienes materiales una gran SEGURIDAD. Sobre su futuro, sobre su posición, sobre su poder, sobre su libertad… Los humanos, detestado sobrino, temen la incertidumbre, el no tener garantías sobre sus propios pasos, certezas… Como te puedes imaginar, ese sentimiento juega a nuestro favor. Debes lograr que pongan sus esperanzas y su tranquilidad en las cosas del mundo, para que no necesiten levantar la mirada hacia lo Alto y sentirse en manos de su… <gasp, aaagghhh, beej…> “Padre Providente” (cada vez que pienso en ello se me derrite mi piel escamosa).

Y no te preocupes si de vez en cuando intentan hacer algún propósito para salir de esa jaula de oro que les has procurado. Lo más probable es que gracias a eso se instalen más en la mediocridad. ¡Ah, maravillosa mediocridad! Cuántas almas mediocres alimentan al Padre de los Infiernos. Si un mes deciden renunciar a parte de su dinero dándoselo a un necesitado, no te sientas aun derrotado. Por el contrario, infunde en ellos la sensación de que han renunciado a mucho y se merecen algún “homenaje”. Y si hacen propósitos por contener el gasto, no pasa nada. Haz que todo el dinero ahorrado acabe en una hucha que poco a poco se va llenando. Así, al cabo de poco tiempo, les verás gastarlo en la cosa más tonta y absurda que te puedas imaginar, ¡y todos esos meses de ahorro habrán servido a tu causa!

Finalmente, Mundifagio, procura que pasen por alto la pobreza radical que el Enemigo asumió cuando se encarnó en el mundo. Para ellos debe ser un ejemplo teórico y metafórico, nada serio.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

by J.L. Cortés (Un Dios llamado Abba)

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