Definición de éxito

Actualmente parece que está de moda hablar de la conciliación familiar y laboral. En no pocas conversaciones, encuentro madres (y padres) preocupados porque es complicado tener “éxito” en el trabajo y mantener una vida familiar satisfactoria.

No hablo aquí de las víctimas del capitalismo más atroz, ese que se queda con la palabra “recursos” y desecha el término de “humanos”.

Hablo de los que buscan de manera activa el éxito en su profesión. ¿Quieres tener éxito profesional en un futuro? Imagino que sí. Pues aquí va un consejo: define la palabra éxito. A fin de cuentas, parece lógico que si vas a dedicar toda una vida, una importante inversión y grandes esfuerzos en alcanzar el éxito, primero ten claro de qué se trata. Si no, corres el peligro de perseguir espejismos durante el resto de tu vida (siempre habrá una dosis más de éxito que conseguir). Ten claro qué necesitas para ser féliz y lucha por ello con todas tus fuerzas.

Espero que tengas suerte y aciertes. A todos los que conozco que hicieron un ejercicio similar, no lograron detener la marcha cuando llegaron al sitio tan ansiado y siguieron en pos del siguiente objetivo que les iba a aportar más felicidad aún.

¡Qué cantidad de complicaciones nos ahorramos los que hemos conocido que la vida no es una estación, sino el tren en el que se viaja! (Y por supuesto en hacer el viaje con quien nos ama incondicionalmente)

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

A veces miramos atrás, y parece que nuestra vida antes era más sencilla. Muchos, incluso algunos santos, hablan del fervor que sentíamos por nuestras ideas o utopías cuando éramos más jóvenes, y del anhelo de volver a tenerlo.

A medida que avanza nuestra vida, muchos tenemos la sensación de irnos quedando sólos. Empezamos a apurarnos con nuestras cosas y la vida cada vez se vuelve más complicada. Entonces empezamos a enfadarnos con los que siempre han estado ahí. Con lo agobiados que estamos y estos no se estiran ni un poco para echarnos una mano. ¡No nos damos cuenta que están igual!. ¿Cómo van a ayudarnos si están maldiciendo lo solos que están frente a tanto lío?.

Quizás la clave es que no nos sentimos sólos sino huérfanos. De jóvenes es sencillo tener valor, proponerse utopías, o luchar a brazo partido contra la injusticia dedicando todo nuestro tiempo… porque papá paga las facturas. Existe esa maravillosa sensación de que hagamos lo que hagamos vendrá papá (o mamá) y nos sacará las castañas del fuego. Da igual ser un niño fantástico que un golfo, siempre está papá.

Y luego, sin avisar, llega un día en que te dejan ahí, a la intemperie. Ahora te toca a tí sólo, a ver cómo lo haces. Y nos entra un miedo atroz. De repente nuestra vida es responsabilidad nuestra, y en esta bicicleta, no hay ruedines.

Quizás lo único que nos falte para disfrutar como antaño es simplemente acordarnos de que ahí está papá. Incansable, incondicional, tierno y comprensivo hasta el infinito. Que con su mano generosa, dando igual que no lloremos, vendrá con el biberón justo a la hora que toca. Que esta vida no es más que un parque de juegos dónde nuestro padre nos ha dejado un instante y nos adora con su mirada, mientras nosotros estamos ocupados en el primer juguete que llama nuestra atención.

A ver si va a ser verdad que para entrar en el reino de los cielos hay que ser como niños.

Si encuentras a Buda, ¡mátalo!

By Callum Black

By Callum Black

Hace bastante tiempo que leí un koan en el que un maestro (budista, por supuesto) aconsejaba a su discípulo el siguiente consejo para alcanzar la iluminación: “Si encuentras a Buda, ¡mátalo!.

Me sorprendió enormemente porque me parecía un sinsentido, pero más tarde encontré la explicación.

El crecimiento espiritual, como la vida misma, está contínuamente en movimiento. No cesa. Es como un río embravecido en el que la estabilidad es imposible. Sólo se puede ir contracorriente, o a favor de ella

Existe, en todo ser humano, un anhelo de estabilidad que puede perturbar enormemente ese crecimiento espiritual. Soñamos llegar a la meta para descansar, aunque la realidad es que el descanso sólo llega en el momento de nuestra muerte.

Algo parecido ocurre con nuestra vida / vocación.

Conozco personas que escucharon una llamada de Dios a la familia, otras que la escucharon hacia los pobres, otros a vocaciones consagradas o a realizar determinadas tareas por el reino… La experiencia sencillamente maravillosa ¡Y se quedaron allí!.

Dios les había conducido durante toda su vida por los mejores campos, pero encontraron uno dónde se sentían tan a gusto que desearon permanecer el resto de sus vidas, así que decidieron, desde ese encuentro, prescindir de los servicios de un guía tan fabuloso. ¡Encontraron a Buda!. Consagraron su descubrimiento como un ídolo y decidieron adorarlo el resto de sus vidas.

El caso es que la vocación, si se alcanza, se pudre. No se dieron cuenta que la felicidad que vivieron, venía del abandono y del seguimiento entregado al mejor guía que podían tener, no del sitio, la tarea o la misión encomendada. El sitio perfecto, ha de ser tomado siempre como una zona más de ese río en el  que, si estás guiado por Dios y no encuentra resistencias en tí, finalizará en el mejor  viaje que podías haber hecho. ¿Qué más podías esperar? ¿Vivir eternamente?

A mi por lo menos, me hacen falta unos cuantos asesinos en serie. ¿y a tí?

Los sobrados

Llevo varios años trabajando y he conocido a muchos jefes, jefecillos y jefazos. También he estudiado y he conocido a catedráticos, profesores y becarios. Con todos siempre se cumple una ley: Da gusto trabajar con “los sobrados” porque no tienen que demostrar nada a nadie.

“Los sobrados” son aquellos que saben más que nadie, con los que cada segundo se convierte en un aprendizaje, y que nunca dejan de sorprendente con giros que tú ni siquiera pensabas, pero que eran fundamentales para que lo emprendido resultara un éxito.

“Los sobrados” no tienen miedo. Sus amplios conocimientos o quizás su caracter les concede el lujo de ser tiernos en la empresa, manifestar en público sus dudas (incluso sobre sus propias capacidades), o comprensivos con el alumno de una manera tan eficaz, que acaba dejando huella.

Son gente que parecen tener una confianza en que todo les va a ir bien, y que esta les hace afrontar las dificultades con sentido del humor, con un sentido constructivo del trabajo, y sobretodo, valorando otras variables como el ser humano por encima de la tarea encomendada.

Últimamente por distintas circunstancias estoy bastante cerca de “sobrados espirituales”. Son gente que es insultada, vajada o simplemente está siendo objeto de burlas o comentarios injustos. Pues resulta que son tan “sobrados” que pese a ello, son capaces de perdonar y preocuparse de quien les está haciendo daño tan injustamente.

Convertir en máxima preocupación la vida de alguien que te hace daño, demuestra realmente estar sobrado espiritualmente.

Me gustaría disfrutar de esas alturas alguna vez en mi vida, por lo menos para saber qué se siente.

Arde la Palma

En estos momentos, en todos los telediarios resuena la noticia de que la Palma arde en llamas.

Siento especial preocupación por el municipio de Fuencaliente, ya que estuvimos hace unos días animando la pastoral y echando una manita en lo que pudimos (nos llevamos mucho más de lo que dimos).

En mi comunidad una vez se quemó una casa. Mi hermana quedó en la calle, sin nada. Hicimos lo propio facilitándole todo e intentando (cosa imposible) que sufriera lo menos posible el acontecimiento.

Pero varios días depués, escribió una carta a la Comunidad. En dicha daba las gracias por el apoyo, la ropa, la ayuda material e incluso el trabajo que logramos conseguirle. Pero lo más importante era el cariño.

Todos los párrafos daban gracias a Dios por la fe, por encontrarse tan bien, y por los compañeros de viaje que le había facilitado.

En los próximos días escucharemos en todos los medios a muchos políticos hablando de dinero, de ayudas, de préstamos… Eso está bien.

Pero mi hermana me enseñó aquel día que lo que realmente alivia la herida y da dignidad a los que sufren es EL CARIÑO.

Lo que vivimos en Fuencaliente nos da la seguridad de que no faltará.

Un abrazo a los palmeros, y aquí nos tienen para lo que sea.

La gran diferencia

¿Qué diferencia el código de conducta de un Cristiano, del de una buena persona?

La diferencia es que una persona justa, daría la vida por una víctima de una injusticia. El cristiano la da por la víctima y por el verdugo.

En millones de ocasiones, el mensaje del Evangelio se reduce a “ser bueno”.  Muchos creyentes, lo van reduciendo a “ser apañadete”, ya que ser simplemente bueno ya es bastante costoso. Esto, hace que los no creyentes entiendan que esto de Jesús, es más de lo mismo, pero mucho más rancio.

Seguír a Cristo, es una adhesión a un proyecto, a una persona. Al contrario de lo que muchos piensan, un cristiano no tiene un código cerrado de cosas que puede o no hacer (“ama y haz lo que quieras” San Agustín).

Esto, aunque parezca de idiotas, conlleva una gran libertad. Al no estar de parte del oprimido ni del opresor, sino simplemente luchando contra la injusticia, te permite observar la acciones reprochables del oprimido, y la parte salvable que queda en el opresor. A fin de cuentas, nuestro único compromiso es con la verdad. Nuestra causa, es el ser humano en plenitud.

Obviamente nadie está a la altura, y si no se cree con cierta firmeza en que esta vida no es “la vida”, y que existe una resurrección para el bien por encima de la muerte que causa el mal, no tendría sentido alguno portarse así. El miedo a la muerte o a perder aquello a lo que hemos dedicado una vida sería la actitud lógica, la precavida.

Es un amor tan abrumantemente disparatado, que las propias fuerzas de cada uno no bastan. Es necesario un poco de sobrenaturalidad, y por ello es necesario que las fuerzas para llevar a cabo una vida acorde a estos principios, venga de Dios y no de nuestras fuerzas. Pretender lo contrario, es como intentar salir de un hoyo tirando de nuestros pelos hacia arriba.

Los Invisibles

Profundizar en ser cristiano, es como irte haciendo invisible.
¿Has sentido alguna vez que alguien se llevaba tus méritos? ¿Te han dejado de lado porque no coincidías con lo que pensaban todos? ¿A veces sientes que todo el mundo se ha vuelto un poco loco?
Si la respuesta es afirmativa, vas por buen camino para volverte uno de los invisibles.
La señora de la parroquia que adorna la iglesia con sus flores. El funcionario que realiza un esfuerzo y aunque no le toca, saca la fotocopia de tu DNI para evitar que tengas que volver dos días después para entregarlo. El profesor que dedica unas horas extra a ese alumno con problemas. El que “pierde” la tarde en un comedor, o haciendo alguna labor social. El que te ha aguantado “la chapa” cuando has estado depre y necesitaba hablar con alguien (por cierto, ¿le has contado que ya pasó?).
Ninguno de estos invisibles saldrá mañana en los periódicos. Pero esos pequeños esfuerzos sostienen el mundo.
Es como lo del Evangelio “Sois la sal de la tierra”. Pues eso. Que no se vé, pero que convierte un trozo de carne en un bistec a la plancha.
Desde este blog, hoy te queremos dar la enhorabuena. Sigue así. Se que nadie te lo ha dicho nunca, pero eres INDISPENSABLE para este mundo (aunque no se haya dado cuenta).
Pero aunque nunca recibas una palmada en la espalda, lo seguirás haciendo. Lo sabemos. Se que eres feliz y punto.
¡Que gran secreto desconocen los que lo saben todo!

esfuerzo

esfuerzo by creo que soy yo

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