trabajo

Prefiero el paraiso

Cuentan que a San Felipe Neri le ofrecieron ser cardenal, a lo que respondió sin dilación “Prefiero el paraíso”.

No se si lo consiguió gracias a esta renuncia, el caso es que fue proclamado santo en el año 1622.

El éxito para un cristiano tiene una medida bastante diferente de la del mundo. No es tangible. La santidad no es un cargo o un puesto que se pueda añadir a una tarjeta de visita. No es un currículum, ni siquiera haber realizado alguna obra grandiosa.

En el mundo de la empresa, y en el mundo en general, el de mayor éxito es el que está más arriba. Con absoluta independencia o incluso en sentido inverso a su santidad.

Aprendiendo de Felipe Neri, simplemente consideremos ante la posibilidad de un ascenso o de un nuevo empleo cómo va a afectar a nuestra vida cristiana (familia, oración, ética, caridad, etc)

Porque quizás ganemos un puesto, pero perdamos el paraíso.

Hay una magnífica película que puedes ver aquí o aquí sobre la vida de este santo. 100% recomendable.

Ingeniero metido a mecánico

by Seattle Municipal Archives

by Seattle Municipal Archives

Tras toda una vida preparándote para ello, eres grande en lo tuyo. Podrías hacer grandes cosas, lo sabemos.

Si te dejaran la libertad para hacer lo que crees conveniente y los medios adecuados, no tengo la menor duda de que cualquier cosa que hicieras la pondrías en ó

rbita.

Pero en la pastoral, así como en la vida, muchas veces a los más capacitados les toca hacer el papel de mecánico.

En casi todos los casos, antes que tú hubo alguien o muchos que lo hicieron mal. Fueron demasiado condescendientes o demasiado estrictos, y casi todos los proyectos que te encargan no empiezan de cero, sino que están en puntos negativos. Te enfrentas a grupos demasiado acomodados o demasiado acobardados, a situaciones caóticas, a un status quo que hay que derrumbar para poder empezar a construir.

Asúmelo. Quizás seas ingeniero, pero a los mejores les toca ser mecánicos. Arreglar los errores de los demás manchándote de aceite, en posturas incómodas y con un importante desgaste físico y emocional.

Esto no es para criticar a tantos ingenieros que creen que meritoriamente sacan adelante proyectos, y no se despeinan a costa de la gente que realmente trabaja.

Esto es para darte ánimos en tu labor de mecánico. Piénsalo bien, quizás parezca que otros construyen el mundo, pero la realidad es que sigue en pie gracias a ti. Mientras otros se preocupan por salir en la foto, tu andas liado en que no se salgan los tornillos y se desmonte el aparato.

Ádemás, como a lo mejor ya has comprobado en tu vida, las medallitas y los focos glamourosos tienen fecha de caducidad. Que no te deslumbren, porque son espejismos. Lo mejor de ti se forjó en tiempos duros, no en el estrellato.

¿Y cuál es el premio? ¿El anonimato? ¿El trabajo desagradecido? ¿La falta de vértigo, de éxitos, de sensación de velocidad?

La paz, si logras aceptar que Dios te hizo ingeniero para que fueras un buen mecánico.

No estaba en el contrato

Hace tiempo quise ser más alto, menos despistado, más bueno jugando al fútbol. He querido mil veces que me tocara la lotería. También he querido recibir consuelo en determinados momentos difíciles, o salir de fiesta alguna noche con muchos amigos. De todo lo que quería, sólo conseguía que se cumplieran muy pocas cosas. Y las cosas que quería, con el tiempo cambiaban. Y tampoco las conseguía.

Y me hice cristiano. Comencé a seguir a Jesús.

Y seguí siendo bajo, despistado, etc… Y seguía sin conseguir casi nada de lo que quería

Lo que quieres no importa. No está en el contrato. No aporta nada al mismo.

Hoy en día, especialmente al buscar un empleo o al buscar la vocación aparece siempre “lo que quiero”.

No te engañes. La mentira de que sólo te vas a realizar si logras hacer o tener lo que quieres (una profesión, un trabajo, una pareja) es el idioma del mundo, no de Dios. “Lo que quiero” puede destrozar familias, carreras, personas, almas, nervios, parejas, economías.

Es mentira que conseguir hacer o tener lo que quieres te realice o te de la felicidad. Además, aunque ahora lo veas como una necesidad absoluta, recuerda que lo que quieres ahora es algo que comenzó a inquietarte justo cuando conseguistes la última meta que te pusistes. No dudes que cuando consigas esto comenzarás a querer algo más.

Dios sabe lo que necesitas, y eso es lo que te da. Justo en su momento. Justo en su tiempo. Incomprensible a tus ojos. Siempre fuera de tus planes.

El asunto trascendente que hay en el fondo de tu felicidad es una transformación profunda de tu corazón por parte de Dios, y para ello puede servirse de CUALQUIER trabajo, CUALQUIER situación, CUALQUIER estado, CUALQUIER acontecimiento. El médico es Él, aunque tu sepas cuál es la medicina que quieres.

Lo que quieres no estaba en el contrato.

Teoría conspiranoica (una de tantas)

Imaginemos que soy quien “mueve los hilos” a gran nivel en la tierra. El poderoso entre los poderosos. Les voy a contar mi plan.

Mi objetivo principal es tener a todo el mundo esclavizado. A mis órdenes. Os voy a contar como conseguirlo.

Primero necesito que no piensen demasiado.

Para ello voy a quitar de su educación todo aquello que tenga que ver con el pensamiento crítico. Los voy a llenar de pensamientos científicos, y les denigraré todo tipo de conocimiento que no genere riqueza material. La filosofía, la historia, la antropología, la filología, la literatura a partir de ahora serán hobbies. Apenas unos pocos tendrán conocimientos sobre ellas.

Tampoco quiero que tengan demasiadas inspiraciones.

Ridiculizaré todo tipo de creencia religiosa o espiritual, aislaré a los visionarios, convertiré el arte en producto para comerciar, y crearé un pensamiento único del buenrollismo en el que no se tolere lo diferente sino que la tónica sea que todos seamos fotocopias de un modelo superguay. Haré leyes sobre cualquier cosa, para que nadie pueda hacer nada que no se salga de lo que yo consideraré la normalidad.

Controlaré todo tipo de actividades e iniciativas desde los gobiernos e instituciones y limitaré aquellas que no vayan acordes a mi pensamiento. Cogeré el dominio público y lo tomaré en propiedad sólo cediéndolo para el uso de amigos y amiguetes que colaboren con mi proyecto. Cobraré por visitar espacios naturales, por disfrutar de playas, por hacer actividades deportivas, y por lo que se me vaya ocurriendo con el tiempo.

Después necesito que no tengan felicidad más allá de la que les de en su trabajo, ni que gasten más energías que las que les  consume su puesto.

Para ello los dejaré solos. Cambiaré el modelo de familia ridiculizando religiones y tradiciones, y reduciendo las relaciones de pareja a uniones temporales de conveniencia económica, sexual o sentimental. Reduciré todos los contactos con sus amigos a mensajes de ciento cuarenta caracteres o a videoconferencias. El lugar de encuentro será la noche, cuando estén cansados y apenas puedan tener experiencias satisfactorias. Entre ruidos para evitar la comunicación. A los que tengan ansias de amistad, les daré miles de amigos en facebook. Lo importante es ir reduciendo el contacto físico. Un abrazo nunca será igual a un “me gusta”, pero esto debe ir olvidándose.

También necesito que no se escandalicen. Que no puedan comparar con otros tiempos.

Para ello denigraré a sus ancianos. Todo lo que puedan aportar carecerá de valor o estima y no tendrán criterio alguno, porque no pertenecen a esta nueva ola de cambios maravillosos. En las empresas prejubilaré a aquellos que trabajaban de otra manera y que cobraban más.

Les quitaré el tiempo libre. Una vez caída la religión, los domingos y el descanso dejarán de ser sagrados. Una vez les quite el dominio público, preferirán ir a un centro comercial a consumir que ir a un bosque a pasear. Una vez les quite el contacto físico, ya no podrán darse cuenta de que ya no son tan felices.

Luego quiero que trabajen mucho, muchísimo.

Para ello, estableceré unas tasas de paro que siempre les haga temer la posibilidad de perder su empleo. Incluso los haré temporales, para que cuando tenga que usarlos los pueda exprimir a gusto, porque no sabrán cuándo volverán a tener oportunidad de volver a trabajar.

Igualmente, intentaré que la mujer se meta en esta vorágine incorporándose al mercado laboral. Haré creer a todos que esto no ha sido así antes por culpa de los hombres y comenzaré una guerra de sexos para evitar que se den cuenta que antes vivía decentemente una familia de seis hijos con el sueldo de uno y ahora apenas se mantiene a dos con el sueldo de ambos progenitores (independientemente de quién trabaje).

Premiaré con éxitos aparentes a aquellos a los que sólo les queda el trabajo. Y luego inculcaré a los demás que la felicidad está en esos éxitos aparentes o materiales. Un coche, una casa o unos trajes y sobretodo una posición, pasarán a ser la obsesión de los más débiles. Y se los concederé, por supuesto.

Luego, aunque haya un importante grupo que no sienta especial interés por vivir a todo tren, ya no les quedará elección, porque los que dirigirán sus lugares de trabajo, serán los anteriores, que encontrarán justificable casi cualquier cosa para mantener lo conseguido. Los abducidos por el trabajo marcarán el ritmo.

Y finalmente necesito que consuman mucho, muchísimo.

Crearé modas, que una vez vacíos de referentes (sus mayores, sus pensamientos propios, sus ideologías, sus religiones) se adoptarán como dogmas sin mayor espíritu crítico.

Les inflaré a créditos para que gasten incluso lo que no tienen en productos fabricados por paises pobres. Luego, convenceré a esos países pobres para que empiecen a entrar en la misma vorágine consumista que sus antecesores, que estarán trabajando de sol a sol para pagar la burbuja financiera en las que les metí.

Bueno, ya os he contado mi plan… Por ahora va saliendo.

Esperemos que Dios no venga como siempre y acabe salvando de nuevo a la humanidad de mi tiranía.

Ten cuidado con lo que deseas, porque puede cumplirse

by mondi

by mondi

Salvo los muy muy torpes, no conozco a nadie que haya dedicado, consciente o inconscientemente, su vida en ser un hombre de negocios, y no lo haya conseguido (o al menos se haya acercado). No conozco a nadie que haya dedicado cada minuto de su vida a ser exitoso y no lo haya conseguido. No conozco a nadie que haya dedicado todo su tiempo, esfuerzo y dedicación a sus hijos, y no haya sido un buen padre.

Parece que Dios se empeñara en concederte aquello a lo que le das más importancia. Sólo una o dos cosas, pero las más importantes. No se trata de algo material como conseguir una casa o tener buena voz. Me refiero al tu ser, a lo que eres realmente, no a la imagen que tienes de ti mismo.

Es lógico. Acabas siendo aquello que más trabajas, y trabajas más aquello que consideras más importante. Por lo tanto, acabas siendo aquello que tiene para tí el lugar numero uno ¿y cómo se distingue?, pues aquello a lo que le dedicas más tiempo y dinero.

No sólo acabas siendo, sino acabas estando. Si buscas dinero, acabarás en un lugar dónde haya dinero. Si buscas ternura, acabarás en un lugar dónde haya ternura. Si buscas una familia, acabarás en el mejor ambiente para tenerla.

Y aquí es donde el cuento no tiene un final feliz para todos, porque en esos lugares, acabarás rodeado de gente como tú. Siempre acabarás con gente como tú. Y te tratarán como tu tratas a los demás.

Si buscas dinero, te verás en un lugar dónde haya dinero, rodeado de gente que quiere dinero como tú, y que hará lo mismo que tú o más por conseguirlo. Lo mismo con la fama, la comodidad, la ternura, el éxito, la familia, la espiritualidad, la seguridad, el poder, etc.

El corazón tarda mucho en cambiar de valores y no hay tiempo que perder. Por eso conviene elegir bien lo que se quiere ser y dedicar todo tu esfuerzo, tiempo y dinero en conseguirlo.

Porque acabarás rodeado de gente como tú.

¿Qué tal dejar de existir?

by A Journey Round My Skull

by A Journey Round My Skull

¿Te has dado cuenta de la guerra que se está librando en tu interior?

En cualquier entorno, en cualquier lugar, en cualquier circunstancia, el conflicto está presente.

Sabes lo que hay que hacer, pero te apetece lo contrario. Sólo queda esperar, pero es superior a tus fuerzas. Simplemente hay que abstenerse de actuar, pero te resulta imposible.

Son miles las ocasiones en que, aunque eres consciente de lo que toca, una maldita voz comienza a hablarte diciéndote que te bajes de esta cruz que te ha tocado. Y entre lisonjas y adulaciones, te empieza a engordar como a un cerdo.

No es justo que esto me pase a MI, con lo que YO valgo, se van a enterar de lo que SOY, Si se hiciera a MI manera, etc… La vocecita te engorda, te engorda, te engorda. Y llega un momento en que TU eres el centro. Lo abarcas todo. Todo gira en torno a tí, porque TU eres lo más importante.

Si consigue engañarte, entonces intentarás coger por ti mismo los mandos de la vida. Y la vida es muy compleja. Y entonces la vocecita se aprovechará de tus miedos para ocupar tu tiempo.

Hay que estar preparado, cualquier día puede pasar, conviene tener un plan B, hay que ahorrar, más arriba estaré más seguro, hay que caer bien a la gente, conviene ir haciendo buenos contactos porque nunca se sabe, etc… Si elegiste ser tú el que condujera tu vida, necesitarás convertirte en supermán, porque la mayoría de las cosas suceden sin que podamos evitarlo, y sólo un superheroe puede tenerlo todo controlado.

Además, te amenaza con desinflarte el ego y así consigue que te vuelques más en la paranoia. A ver si no voy a ser tan bueno, quizás no valgo para esto, estoy poco preparado, etc…

Y tras este subidón de ego, viene la bajada. Porque esta dinámica de estar intentando retener arena en las manos a base de ser el mejor, simplemente es agotadora. Has conseguido mantener una vida, pero reconoce que no la estás disfrutando. Dios no quiere que seas el mejor, quiere que seas el más santo.

Por eso te propongo dejar de existir. Olvida la vocecita. Haz lo que debes, lo que toca, pero déjale a Dios que cargue con todo el peso. Cuando la cosa se ponga dura, simplemente repítete a ti mismo: Da igual, no existo. Dios sabrá lo que hace.

Que te toca sufrir por el reino, da igual, no existes, así que nadie está sufriendo. Que te toca trabajar duro, da igual, no existes, así que nadie pasa un mal rato. Que te toca soportar injurias, persecución, dolores por Dios, da igual, no existes. Matando tu yo, eliminas la indignación de ¿Cómo puede estarme pasando esto a MI? ¿Es qué Dios se ha vuelto loco CONMIGO? ¿Qué he hecho YO para merecer esto?

Fíate, trabaja, haz lo que toca, busca hacer las cosas cada vez mejor, mira a ver cuál es su voluntad. Lo que ocurra a partir de ahora depende de Él, y al final será sin duda lo mejor, porque te ama. Es paradójico, pero queriendo a su único hijo, mira lo que le tocó pasar. ¿Qué esperabas?

Plántate delante de Dios y dile:

Ok, ya no puedo más. A partir de ahora lleva tu los mandos. Yo me limito a hacer lo que me digas y que la cosa acabe bién es cosa tuya.

Descansa en el Señor. Te lo has ganado.

No eres impermeable

by रोकावट के लिया खेद

by रोकावट के लिया खेद

¿Sabías que el ser humano no es impermeable?

La piel absorbe aquellas sustancias con las que la ponemos en contacto. Tanto si son aceites saludables como si son sustancias tóxicas. Absorbe y distribuye por todo el organismo.

El alma tampoco es impermeable.

Todas las personas con las que conversas, hablas, intercambias impresiones o sentimientos. Todas transmiten sustancias que son absorbidas por el alma. Todas dejan huella, porque para lo bueno o lo malo, son únicas. Su sustancia es única. Y la absorbes y la extiendes por todo tu organismo. A más tiempo, más absorbes. A más fuerte la sustancia, más influye.

“Dime con quién andas y te diré quién eres” dice el refrán. Habría que ajustarlo a “Dime con quién andas y te diré en quién te vas a convertir”.

Es inevitable estar todo el día rodeado de hombres de negocios y no acabar pensando en negocios. De pobres y no acabar loco por cambiar este mundo. De orantes y no acabar sereno. De acabados y no acabar mal.

Si tanto te preocupa lo que comes, lo que haces, y cómo afecta esto a tu salud, deberías empezar a preocuparte cómo afectan las compañías a tu alma.

Busca gente que sea aquello que luchas por ser. Y vive todos los momentos posibles con ellos. Cúrate con su compañía. Si pasas toda la vida en el lado del mundo, debes plantearte seriamente buscar momentos con gente que te vuelva a traer de vuelta al reino.

Y preocúpate un poco por la calidad de la sustancia que vas esparciendo a todas las almas con las que te encuentras por el camino.

¿Qué echas de menos?

Un buen punto de partida para reorientar tu vida y tus actividades.

Piensa en bastante tiempo atrás. Más de cuatro o cinco años. Piensa en personas y momentos que por lo que sea ya no volverán.

¿Qué echas de menos?

Pocos echarán de menos el trabajo. Entre ellos, un gran grupo se dará cuenta de que perseguían un éxito que, en el mejor de los casos si lo alcanzó, no era ni la mitad de satisfactorio de lo que imaginaba, y que se disfruta en soledad. Es lo que pasa con los que viven la vida como una escalera, que nunca echan de menos los peldaños anteriores.

Pocos echarán de menos las cosas. Una vez conseguidas, pierden toda la gracia, y lo interesante es volver a ponerse otra meta para incrementar el patrimonio. El gustirrinín está en conseguirla, no en disfrutarla.

Me juego a que muchos, salvo situaciones especialmente críticas, no echarán de menos sus comodidades, sus seguridades, sus despreocupaciones. El ser humano tiene en este aspecto una memoria a muy corto plazo. Se adapta rápido a lo malo, y aún más rápido a lo bueno.

Pero muchos echarán de menos a la gente, a las personas, a las caricias. Añorarán momentos, conversaciones, puestas de sol. La vida no es lo mismo sin las risas, las cervezas, los abrazos, los consuelos. Los ratos de juego, las sonrisas, los desvelos. Los gestos, las palabras.

Muchos echarán de menos lo que no hicieron, mientras intentaban conseguir otras cosas.

Resulta paradójico que lo que ponemos en último lugar en nuestra agenda, sea lo que más echaremos de menos en el futuro.

No hay caminos, hay desierto.

by Luke Robinson

by Luke Robinson

Somos únicos e irrepetibles. Cuando nos  hicieron se rompió el molde. Y no sólo es algo biológico, nuestra historia con Dios es también única.

Dios, en su pedagogía maravillosa y perfecta, nos conoce a fondo. Por eso nos habla a cada uno en nuestro idioma, eligiendo delicadamente los momentos para hacerse ver entre sombras, pidiendo permiso, anteponiendo siempre tu libertad a las ganas de abrazarte. Creó un mundo de seres humanos totalmente distintos.

Y no deja de ser curioso cómo pretendemos hablar a todo el mundo con el mismo idioma, y pretender las mismas reacciones ante las mismas experiencias. Adoramos la palabra libertad, pero queremos que todos hagan primero el uno, luego el dos y más tarde el tres. Ponemos etiquetas, agrupamos, seguimos a la manada. Queremos la ruta marcada, los pensamientos homogéneos, y nos enfrentamos a aquel que los descoloque ligeramente mostrándonos que todo ese mundo que nos hemos montado no es real. Que no somos los reyes de nada y que nuestra vida es tan inmensamente frágil que hay mil cosas que no controlamos que la pueden romper en cualquier momento.

Vernos necesitados nos acojona, y mientras vivamos en nuestro mundo de cartón piedra, nos manejamos bien.

Pero llega un momento en que la vida real, no la que diseñamos, vuelve a aparecer haciéndonos temblar y de repente te das cuenta de que no existe un camino marcado y que vuelves a estar en medio del desierto sin saber muy bien por dónde tirar.

Ocurre con la educación (Ya titulé…¿Y Ahora?),  con el matrimonio (Ya me casé…¿Y ahora?), con el trabajo (Ya me coloqué…¿Y ahora?), con la familia (Ya tengo un hijo…¿Y ahora?), con las posesiones (Ya tengo casa…¿Y ahora?, y nos entra el pánico. La mayoría simplemente dedica el resto de su vida a mantener a toda costa lo conseguido. Acabó el camino, y nos damos codazos por seguir en el mismo porque entrar al desierto da mucho miedo.

Olvida ese miedo estéril. En esos momentos asoma la esencia de la libertad divina, y son perfectos para darnos de bruces con la realidad de un Dios que nos ama y acompaña, a través de un mundo sin categorías, normas o reglas para el éxito.

Profundizando en que no hay caminos marcados y en cómo Dios nos acompaña y alimenta a través del desierto podremos ser capaces de amar como Dios ama. Sin forzar los tiempos, los ritmos, los acontecimientos. Dando alas a los aspectos originales de cada uno que nos rodea, y convirtiendo a los enemigos en compañeros durante este viaje errático.

Los espejismos de la vida.

by eperales

by eperales

Los espejismos son ilusiones ópticas, que según el diccionario, se dan principalmente en las llanuras del desierto.

En nuestra vida pasaremos por varios desiertos, y como desiertos que son, traen aparejados sus propios espejismos.

Da igual el desierto que estemos atravesando. Ya puede ser un desierto laboral, un desierto matrimonial o de pareja, un desierto creativo, un desierto económico, un desierto familiar, un desierto emocional. Todos tienen sus propios espejismos. Agua fresca inacabable y cristalina que acaba siendo arena.

La arena bien puede representar lo duro, lo áspero, lo real o lo mundano (una de cal y otra de arena). Los espejismos son precisamente oasis, dónde parece que todas nuestras necesidades se verán satisfechas, y que en el fondo acabarán siendo arena, más arena del desierto.

Ser empresario parece atractivo y bien remunerado, pero conlleva estar en el trabajo 24 horas al día, arriesgar parte de tu patrimonio familiar, la inseguridad y el riesgo del futuro.

La mujer o el hombre de tus sueños tienen sus propios problemas, defectos, mediocridades. Compartir la vida con alguien es complejo y laborioso, y si no lo parece, es porque no se ha profundizado lo suficiente. Como dice un amigo mío, el roce hace el cariño, pero también la llaga. Tiene más de aprender a dar la vida que de que encontrar a alguien que te la arregle.

Al final siempre arena. Cojas el camino que cojas, en el desierto de la vida tarde o temprano acabará apareciendo más arena. No se puede esquivar, sólo estar bien pertrechado para sobrevivir al viaje hasta el próximo oasis y reponer fuerzas.

Cuidate de los espejismos. Ese trabajo, esa chica, ese camino que va a resolver todos tus problemas y en el que serás eternamente feliz y descansado probablemente sea uno. Haz lo que te haga feliz, mejor si lo haces con el “mapa” de la vocación que encontrarás en Dios, pero estate siempre preparado para el desierto y la arena.

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