sexo

Placer sexual y cristianismo.

Existe la creencia equivocada de que lo cristiano condena todo lo relacionado con el placer sexual. Objetos sexuales, juegos preliminares, caricias, etc… Todo lo “divertido” se piensa que está prohibido.

El pecado no está en la satisfacción y el placer. Está en cómo la tratamos. En el momento en que el placer y no el amor se sitúan como lo más importante es cuando aparece el pecado.

El Evangelio dice que no hay nada fuera del hombre que por entrar en él le pueda contaminar. Pero lo que sale del hombre es lo que contamina al hombre. En nuestro corazón está la clave.

La sociedad se ríe y nos tacha de reprimidos porque, al igual que con cualquier otra cosa, el camino del cristiano exige esforzarse en armonizar su sexualidad a la voluntad de Dios. La experiencia cristiana nos propone una sexualidad “de altura”. Mientras nuestra sociedad nos propone un modelo en el que lo que me gusta y apetece es la meta máxima a la que podemos aspirar en una relación sexual, el cristianismo nos ofrece un modelo en el que la relación sexual es la fiesta en la que el matrimonio celebra una vida de entrega total y renuncia a nuestros propios apetitos para que nuestra pareja tenga vida. Pone a la persona por encima del placer, y pone al placer como algo al servicio de la comunión profunda de la pareja.

Lo importante no es si me da gustito, sino lo que hay en nuestra relación. El gustito es la guinda del pastel. Es un placer que descansa sobre una vida de pareja plena en cualquier otro ámbito y no sólo en el sexual.

Al contrario que otras corrientes espirituales, el cristiano considera el cuerpo como algo bueno. En el cuerpo vive Dios y es templo del Espíritu. El placer (da igual si es viene de la relación sexual o de una buena comilona), es un elemento con el que hay que tener mucho cuidado porque al ser tan agradable, es fácilmente convertible en el centro de nuestros pensamientos y deseos. Incluso el acto sexual dentro del matrimonio puede ser egoísta.

La experiencia sexual para ser plenamente humana y estar de acuerdo con lo que Dios quiere no puede estar desbocada a lo que nos apetece, ni tampoco reprimida a un catálogo de normas en las que se diga lo que no y lo que sí.

Como decía San Agustín, ama y haz lo que quieras. Todo lo que sirva para que haya más amor en la pareja es bienvenido. Todo lo que nos vuelva egoístas y nos aleje de dominar nuestras pasiones para que la otra persona sea feliz, debemos evitarlo. Pero ¡cuidado!, porque autoengañarse en estas cosas es muy sencillo porque como se dice “tiran más dos… que dos carretas”.

Y nunca hay que olvidar una cosa: La Iglesia (aunque algunos parecen olvidarlo) propone, aconseja. No condena. Y siempre acoge. Te propone un modo de vida en el que serás plenamente feliz. Cuanto mejor lo lleves, más feliz serás (y lo comprobarás). Y da igual el punto en el que estés ahora. Dios tiene una propuesta de felicidad para las prostitutas, los adictos a la pornografía, los divorciados, las parejas de hecho, los sacerdotes y religiosas, los novios, los matrimonios y los viudos. Para todos.

La cosa es comenzar, y cualquier día es bueno para eso. ¿Te animas?

Sexo y cristianismo

sexo y cristianismo

¿Cómo es el sexo cristiano? ¿Cómo se trata el sexo en el cristianismo?

El siguiente post, aunque largo, intenta ser una explicación con un lenguaje asequible de la postura de la Iglesia sobre las relaciones sexuales. Borra tu mente de prejuicios, de justificaciones, de complejos y de autoengaños para captar la verdadera esencia sin caer en los tópicos. Estamos hablando de cómo ve la doctrina cristiana las relaciones sexuales. Es la forma de pensar y vivir de millones de personas, y aunque no pienses igual, merecen respeto en sus ideas, porque es una posición coherente con sus creencias que vienen de experiencias muy profundas.

Para empezar a comprender la postura de un cristiano respecto al sexo, debes conocer primero lo que promueve el Dios con el que tratan (para ellos está vivo, puedes hablar con él) y al que siguen los cristianos.

¿La religión cristiana reprime el sexo?

La religión cristiana es la religión de la libertad. Es una lucha constante por liberarnos de las esclavitudes exteriores, pero de manera aún más importante, de las interiores. “Todo está permitido, pero no todo es conveniente” es palabra de Dios, y “Ama y haz lo que quieras”, es un resumen de San Agustín (que tiene el honor de ser uno de los pocos doctores de la Iglesia).

¿Es el sexo algo sucio o pecaminoso?

El sexo como creación de Dios, es algo bueno para el ser humano. El sexo es algo muy grande, y los cristianos deben darle la importancia y el respeto que merece. El sexo no es negativo. De hecho, el sexo, como cosa externa no ensucia moralmente al ser humano. Es el corazón del ser humano, sus pasiones e intenciones respecto al sexo las que puede ensuciarle moralmente. Date cuenta de que el cristianismo es un camino espiritual, una religión, que una vez se quiere avanzar en él, cambia la forma de vivir y de ver la vida. No es un simple catálogo de normas.

¿Qué pasa con las ganas que tengo de sexo?

El objetivo último de esta religión es el Amor. Y para llegar al Amor más grande por el prójimo o por tu pareja (El Dios de esta religión sacrifica su propia vida por la humanidad), hay que negarse a sí mismo, a los propios deseos y a la propias apetencias. En las apetencias sexuales, hay que ejercer la castidad, que no significa no hacer sexo y punto sino la virtud que gobierna y modera el deseo del placer sexual, supeditándolo al Amor más desinteresado y puro por la pareja o por el prójimo (en el caso de los célibes o no casados). Igual que esta religión te dice que perdones a tu enemigo setenta veces siete aunque no te apetezca, te dice que te aguantes las ganas de sexo si no es por Amor a tu pareja.

¿Y si estoy muy enamorado/a?

Dentro de esta concepción del Amor, el amor de pareja se proyecta para toda la vida. En los tiempos de Jesús, había dos palabras para hablar de amor, y la palabra que utiliza Jesús, es la acepción “familiar” o “fraternal”, no tanto la acepción utilizada para el enamoramiento. Si el Amor está por encima de cualquier sufrimiento o sacrificio, no hay ninguna razón relacionada con lo que me apetece, me gusta o mis sentimientos para dejar a la pareja. Los subidones o bajones eróticos o románticos son ingredientes de la vida en pareja, pero no son justificantes para realizar ningún tipo de acción. Las acciones han de ir encaminadas no al subidón, sino siempre al Amor (ese que me hace amarte el resto de mi vida tanto si tienes un cuerpo supersexy como si por un accidente o enfermedad no voy a poder tener sexo contigo en la vida).

¿Puedo seguir siendo cristiano si ya no soy virgen?

No es un examen. No hay notas. Cada Cristiano inicia un camino sabiéndose amado por Dios, y lo hace lo mejor que puede con las cartas que le ha tocado jugar. Sin comparaciones. Simplemente creciendo cada vez más en fidelidad y en ser coherentes con lo que Dios nos muestra. No se trata de perder o no la virginidad, sino de seguir a Dios coherentemente. Cada persona es un mundo. Los fallos, se revisan con Dios en el sacramento de la confesión. Está prohibido juzgar a nadie, ni a su sexualidad. Sólo comprenderlo, amarlo (lo que implica muchas veces corregirlo) y ayudarle.

Una vez entendidos los matices del universo en el que se mueve un cristiano, entramos a la relación sexual propiamente dicha, que para un cristiano sólo construye cuando es plena.

¿Que significa una relación sexual plena?

La relación sexual, para que sea plena, debe ser una entrega total del hombre y la mujer. Cada uno se entrega en su totalidad al otro.
Es una entrega. El sexo es tan importante porque a través de la relación sexual yo entregan a mi pareja mi “yo” físico, mi “yo” sentimental y mi “yo” espiritual. No es un objeto que regalo o presto sin que me afecte.
Es una entrega TOTAL. Una entrega total de mi vida, de toda mi vida. Esto supone que no puede hacerse con reservas o condiciones. Tampoco me entrego totalmente si la relación tiene fecha de caducidad.

¿Puedo tener una relación sexual plena durante el noviazgo?

El noviazgo para el cristiano es una etapa incompleta. Una etapa llena de reservas porque sencillamente puede romperse en cualquier momento. Se comienza a conocer a la otra persona, se analizan los sentimientos, se estudia la conveniencia o no de esa persona para mí. Es una relación condicionada. Si algo que descubro en la pareja o algo que me hace no me gusta y es lo suficientemente importante, la relación se rompe. Incluso se condiciona tener una relación sexual al hecho de que la otra persona se entregue eliminando de esa entrega (que debía ser total), su capacidad para ser padre o madre. Además, en el noviazgo cristiano no se comparte todo. No se comparte el dinero, el tiempo, los proyectos.

¿Y por qué sí son plenas dentro del matrimonio?

El matrimonio para un cristiano si es una etapa plena. Es para toda la vida. De hecho, está formalizado en presencia de Dios y según las creencias de esta religión lo bendice haciéndose presente en el sacramento del matrimonio. Dar la vida por una persona durante el resto de la misma, supone una proeza que ninguno de la pareja puede llevar a cabo con sus propias fuerzas, sino con la ayuda de Dios. En el matrimonio si se comparte todo. Se comparte el dinero, el tiempo, los proyectos. Cada cónyuge cristiano debe intentar entregarse al otro durante las 24 horas del día, no sólo durante la relación sexual.

Por eso la Iglesia (que son todos los que siguen esta religión, no un grupo de obispos) considera el sexo dentro del matrimonio como el lugar dónde las relaciones sexuales son plenas. Hay una entrega total.

…porque únicamente en él se verifica la conexión inseparable, querida por Dios, entre el significado unitivo y el procreativo de tales relaciones, dirigidas a mantener, confirmar y manifestar una definitiva comunión de vida -“una sola carne”- mediante la realización de un amor “humano”, “total”, “fiel y exclusivo” y “fecundo”, cual el amor conyugal. Por esto las relaciones sexuales fuera del contexto matrimonial, constituyen un desorden grave, porque son expresiones de una realidad que no existe todavía; son un lenguaje que no encuentra correspondencia objetiva en la vida de las dos personas, aun no constituidas en comunidad definitiva…

Pontificio Consejo para la Educación Católica: Orientaciones educativas sobre el amor humano (1/11/1983)

Los ingredientes del amor

by Horia Varlan

Son tres en la pareja. Es como un juego de química. Sólo hay una fórmula que funciona.

Y esto es una teoría psicológica, no me lo invento.

Intimidad.

Los momentos que pasáis juntos, que habláis, e incluso los que compartís haciendo algo que os gusta a los dos.

Pasión.

El deseo, la sensibilidad, el sexo. Esos momentos de placer y de búsqueda del otro para disfrutar sensiblemente de su compañía.

Compromiso.

Nos hacemos novios, nos casamos, tenemos hijos, un hipoteca. Establecemos algo más serio juntos.

Estos ingredientes se han de mezclar por dosis iguales. No tiene sentido tener una hipoteca y un hijo con alguien con quien estoy empezando a mantener conversaciones.

Casos hay miles:

Se puede empezar por la intimidad, llegar la pasión, y luego el compromiso.

Son muchas las parejas que comienzan por la pasión, se trabajan la intimidad, y llegan al compromiso.

Cuando maduramos, muchas parejas caen en la tentación de apoyar su relación en el compromiso, y descuidan la intimidad y la pasión.

Cuando sólo hay pasión, no se llega a nada.

Cuando sólo hay intimidad, tampoco.

Cuando sólo hay compromiso, es un envoltorio vacío.

¿Y Dios no es un ingrediente?

Dios nos mira sonriendo para que disfrutemos con el juego de química que nos ha prestado.

Carta de un cristiano a su futura novia.

by Ann Douglas

by Ann Douglas

(O de una cristiana a su futuro novio. Simplemente cambia el género de la carta).

Querida.

Lo he pensado seriamente, y tras escuchar mi corazón se que quiero pasar el resto de mi vida contigo.

Pero esto no funcionará si antes no me conoces lo suficientemente bien. Por eso te he escrito esta carta. Simplemente para facilitarte la tarea antes de que decidas finalmente formar algo serio conmigo.

El problema principal, es que ya estoy liado con alguien. Es Jesús. Nuestro lío viene de lejos, y no tengo intención de romper con él en mucho tiempo. Tendrás que aceptar una relación de a tres. No te tiene que resultar tan extraño, mucha gente las tiene con su suegra, con su perro o con su hermano. No te pido que le adores como yo, cosa que me haría una tremenda ilusión, sino simplemente que no permitas que nuestra historia de amor rompa esa que traigo desde que nací.

Entiendo que esto de tener un matrimonio de a tres puede parecer un rollo, pero hazme caso, con él las cosas son más sencillas. Además, si discutimos somos uno contra el otro… ¿Quién mejor que Jesús para deshacer las discusiones por mayoría?. Es genial tener a alguien a quien contarle nuestros problemas, que su principal interés es en que nos hagamos bien, y que luego no vaya por ahí de chismoso.

Si sigues adelante conmigo, tendrás un marido que desea ser austero, humilde o incluso pobre. Que lo mismo utiliza parte de la paga o de su talento para regalarlos a los más necesitados. No es la mejor carta de presentación, pero este Dios que tanto me ocupa, también aportará una providencia y una Iglesia que me apoya y me respalda, y que no nos dejará en la estacada cuando las cosas nos vayan mal.

Por otro lado, como cualquier relación, lo mío con Jesús necesitará sus tiempos. Lo único es que en vez de ir al fútbol, o con los colegas de fiesta una vez cada tanto, necesito ir a misa los domingos y rezar mucho. Compréndelo, también con él tengo que mantener la chispa. Además reunirme con mi familia en la fe de vez en cuando. Te prometo que yo también respetaré tus necesidades, y buscaré momentos de encuentro y calidad para los dos, así que no te preocupes.

He hablado con Jesús, y le has caído de maravilla, así que descuida que cuando meta la pata contigo, será el primero que me obligue a volver a pedirte perdón.

Por otro lado, quiero que conozcas otras virtudes. Creo en el amor para siempre. Cuando engordes, o envejezcas. Si tuvieras un accidente o enfermedad, descuida que yo estaré siempre ahí. No te he escogido por tu físico, ni por tu sueldo, ni por los sentimientos que me despiertas en este momento. Mi principal misión en esta vida será hacerte feliz, y te pondré por encima del trabajo, de mi familia, de mis egoísmos, de mis apetencias… Separaré todo lo que sea necesario de mi pasado, para construir un futuro en el que los dos seamos uno. Y si en esto tengo que dejar lo que he sido hasta ahora, descuida que lo haré.

Te ofrezco el don del perdón. Ya la puedes hacer gorda, que sabrás que te perdonaré. No digo que no tenga consecuencias porque a veces enfrentarte será lo más amoroso que pueda hacer por tí, sino que pondré todas mis fuerzas en que nunca encuentres un resto de odio en mí.

Respecto al sexo, será maravilloso. Jugaremos y disfrutaremos con libertad y sin complejos, tu siendo tu y yo siendo yo, porque te quiero a ti, no a la supermodelo que podrías ser o al placer que me puedas proporcionar. No será nunca la prioridad de lo que siento por ti. Aguantaré lo que haya que aguantar cuando vengan temporadas de abstinencia, porque tus ritmos y nuestro amor, estarán por encima de mis apetitos (¿recuerdas que mi nuevo objetivo será hacerte feliz?) Además, intentaré que no sea una evasión, sino que sea la culminación de nuestras luchas, discusiones, esfuerzos y momentos cotidianos. Toda una celebración del amor que tendremos en nuestro hogar.

Eso sí, te ruego me perdones y me ayudes cuando esté incumpliendo con algo de lo que te he contado. Mi lío con Jesús también es complicado.

Los nuevos eunucos.

by Carmen Laviña

by Carmen Laviña

¿Es el celibato algo antinatural?

Sin duda a los ojos del mundo. Hoy en día no se concibe que alguien renuncie a un buen polvo, a la compañía de alguien de sexo opuesto, a tener una familia o a renunciar a la descendencia. ¿Seguro?

El problema es bien diferente. Hoy en día no se concibe nada de esto…por Dios.

Es perfectamente válido renunciar a una pareja, a tener hijos o incluso a tener un buen polvo (¿Saben que con el estrés la cosa no funciona igual?) por nuestra carrera profesional o por dinero.

De hecho, en mi trabajo conozco varios casos de auténticos eunucos por el éxito. No creo que sean vírgenes, pero han renunciado a toda relación con el sexo opuesto que conlleve dar pasos de estabilidad que, a su vez, puedan poner en peligro su carrera profesional. También en algunos casos es al revés. Han dado tantos pasos en pos de su carrera profesional, que se olvidaron de saltar y brincar al ritmo de alguien que no fuera su superior directo. Algunos no empezaron así, pero tras una vida centrada en lo “mio” (y su consiguiente divorcio) han acabado igual.

La vida son opciones, y toda opción implica una renuncia (incluso no optar también la implica).

No te creas que puedes ir por la vida sin tener que optar. Si alguna vez has tenido esa sensación, era porque alguien estaba optando por tí.

Puede que el celibato cristiano que practican muchos religiosos no esté de moda. Pero hay algo que es seguro: no engaña. Es duro, difícil, una opción seria, y una llamada que a su vez produce paz, espiritualidad, y todo aquello que a Dios se le antoje conceder.

Muchísimo mejor que esos miles de celibatos (físicos o espirituales) que nos están vendiendo como éxitos o triunfos, que aunque te permitan echar algún polvete de vez en cuando, ni te aportan la felicidad, ni te llenan, ni te sirven para ir construyendo una vida plena.

Y lo que es peor… la mayoría de los que los practican nunca tomaron la opción consciente de hacerlo.

Amores cojos

by jef maion

by jef maion

Sexo y amor van juntos. Por lo menos para un creyente.

Si sólo te quiero para el sexo, no te quiero a ti, quiero tu sexo, y el día que no me lo des, ya no me interesarás (a fin de cuentas, de tí sólo me interesa el sexo). Puede ser recíproco, es decir, los dos queremos el sexo del otro, y cuando alguno no lo de, se rompe esta interesada alianza. Como contrato es perfecto, pero obviamente es contrario a la idea cristiana de amar al otro de manera completa, no a pedazos.

De manera errónea hoy en día se cree que el amor es una explosión incontrolada, que la pasión es un caballo desbocado al que hay que dejar correr libremente, y que no tenemos dominio alguno sobre nuestros actos si estamos “hechizados” por el amor.

El Amor (al menos el que va con mayúculas), es ante todo una decisión. Decido estar contigo. Decido escogerte a tí de los cientos con los que puedo compartir caricias, abrazos y besos (y muchas más cosas). Eso supone que igualmente decido lo que hago, y con quién lo hago, con independencia de lo que me apetezca en cada momento (si no, no es decisión, es capricho pasajero).

¿Y por qué escoger a alguien? ¿Acaso en la variedad no está el gusto? ¿Por qué conformarnos con un cuerpo pudiendo tener a tantos?. Sencillamente para llegar más alto, para crecer juntos.

Toda relación tiene dos piernas. Una parte instintiva (sexo o afectividad) y una parte consciente (amor). Si una relación se sostiene solamente en una de esas patas, anda coja.

¿Saben lo que le pasa a aquellos que tienen una pierna más larga que la otra? Que a la larga, se acaban estropeando las dos piernas. Con la afectividad y el conocimiento ocurre lo mismo.

Igual que en la afectividad se comienza por una una mirada y luego vienen los besos, las caricias, el sexo, etc, el amor también es progresivo. Primero me gusta tu cuerpo, luego tu forma de ser, luego empiezan a interesarme tus inquietudes, luego el futuro contigo, comienzo a conocerte, a saber tus manías, a saber lo que más me enamora y lo que más me disgusta de tí, etc.

Si en una relación se autoriza a “amar” todo el cuerpo sin que haya un Amor a toda la persona (con lo bueno, con lo malo, con la historia y el futuro juntos, etc) el amor es cojo. Igual que al revés. Si tenemos la pierna del sexo superdesarrollada, y apenas hemos trabajado la de la persona el intento acabará en un amor discapacitado.

El desarrollar las dos piernas poco a poco y al mismo ritmo te permitirá desarrollarlas de la manera más sana, hasta el máximo, y podrás afrontar esos futuros (que seguro que vendrán), en los que, por las razones que sean, una de las piernas deja de funcionar.

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