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¡Qué bueno es el fracaso!

by Nic 5702
Cuando alguien va a buscar dinero para sacar adelante una empresa en EEUU, una de las preguntas que suelen aparecer es la siguiente ¿cuántas veces has fracasado?.
El fracaso, bien llevado, tiene un aprendizaje que no lo da ninguna escuela, y por ello, una persona que ha fracasado en los negocios, tiene ya lecciones aprendidas que otros no tienen.
En las empresas, como en todo lo que conlleva alguna dependencia de los impredecibles seres humanos, la mejor fórmula de aprendizaje es el ensayo-error. Fracasar, es el paso previo del éxito. Dicen que el 80% de las personas que fracasan en un negocio, suelen triunfar en el siguiente.
Sólo basta con ver la Biblia. Díganme si San Pedro no es un discípulo fracasado. ¡Nada menos que tres fracasos en una noche, justo antes de que el gallo cantara!. Luego este fracasado se convierte en la piedra angular de nuestra Iglesia, y uno de los mayores evangelizadores que haya podido contemplar la humanidad. San Pablo… ¡Otro fracasado!. La mitad de su vida dedicada a eliminar aquello que finalmente la salvó.
Dos posibles ideas para mejorar nuestro seguimiento:
La primera es que a Dios nunca le importó cuantas veces caíste o cuánto de profunda fue la caída. Lo importante siempre ha sido la capacidad de levantarse. Y si lo hiciste bien, ya tienes conocimientos únicos e inigualables para construir el reino.
La segunda es que para fracasar hay que arriesgar. San Pedro y San Pablo fracasaron porque se jugaban la vida en lo que apostaron. Hay mucho cristianismo plastificado que no cae, pero no por virtud, sino porque tampoco arriesga su vida en el tema.
La providencia de Dios es inseguridad

by Foto Pamp
La verdad es que hasta ahora he sido un poco tonto.
Cuando en la Biblia leía que no hay que preocuparse por el futuro porque Dios ya se ocupaba de ello, pensaba que, si me dedicaba a esto del reino, Dios se encargaría de darme lo que necesitara. Hasta ahí no iba desencaminado.
El problema es que entendía mal la cita. Yo lo que en mi interior pensaba es que si me despreocupaba por conseguir seguridades (de cualquier tipo) en pro del reino, ya Dios me las daría. Aquí es cuando pervertí toda la cita, porque el reino de Dios implica siempre inseguridad. No se puede fortalecer la fe (creer en lo que no se ve) dando saltos (de fe obviamente) si se ve claramente la red que nos protegerá de la caida.
Pues resulta que no. Que Dios nos promete comida, no restaurantes. Nos promete ropa, no un “fondo de armario”.
Los cristianos somos mucho de creernos que no tenemos que preocuparnos por el futuro porque todo saldrá bien. A fin de cuentas, Dios nos lo debe, porque somos de los buenos ¿no?. Pues no. A veces saldrá bien, a veces mal. A veces nos irá de perlas, a veces nos irá de culo. Dios es así de cachondo. Estés en su bando o no, te toca pasar por lo mismo.
No hay más que ver cómo ha tratado históricamente a sus amigos para hacernos una idea de por qué el cristianismo está perdiendo fieles en los lugares más hedonistas: sin un contacto personal con Cristo, esta opción es siempre un mal negocio.
Soy muy feliz con mi cristianismo. Continuamente. Pero cuando me paro a pensar, en las épocas más felices la inseguridad siempre ha estado presente. El caso es que no la veía. La tapaba el Amor, que ocupaba todo el espacio que tenía disponible.
Diversifica el riesgo
Entre los jugadores de bolsa, entre los empresarios, entre todos los que manejan dinero, hay un principio básico: Diversifica el riesgo.
Esto viene a decir que no pongas todos los huevos en la misma cesta. Aunque tengas una ganancia rápida y segura, intenta evitar quedarte sin nada.
Apliquemos este principio a todas las facetas de nuestra vida y seremos bastante felices.
Si nos centramos en una sola de las facetas de nuestra vida (familia, amigos, estudios, profesión, pareja, estabilidad emocional, etc…) lograremos éxitos admirables a corto plazo. Si nos centramos durante mucho tiempo, entraremos fácilmente entre los triunfadores de ese campo. Pero cuando venga la crisis, que vendrá, lo perderemos todo. Incluso me atrevería a decir que centrar nuestra vida en la religiosidad también es un error (ojo, he dicho en la religiosidad no en Dios. Dios está en todas las facetas que he nombrado anteriormente y en ellas se le puede dar gloria.).
Al final, la vida consiste en irte apoyando en una cuando las demás fallen. Pero para ello hay que dedicar tiempo a todas, porque si están atrofiadas, poco soporte nos va a dar.
En una vida equilibrada, cuidando todas las facetas de nuestro ser, es muy difícil que todas fallen a la vez, o por lo menos no durante el mismo tiempo. Dios nos ha regalado mil facetas para disfrutar todos los sabores de la vida. Las personas, las artes, la ciencia, la naturaleza, las relaciones y muchas más están ahí para que las disfrutemos.
Así evitamos el riesgo porque… ¿Que haces cuando descubres que esa faceta única por la que apostastes no te aporta finalmente todo lo que necesitas?
La vida es riesgo.

by Tomás Fano
El ser humano pasa toda su vida gestionando el riesgo.
¿Qué es gestionar el riesgo? Controlar las posibilidades de que algo ocurra, y en el caso de que tenga repercusiones negativas, tener preparadas las formas de neutralizarlo o mitigarlo.
Cuando se concede un crédito, gestionar el riesgo es hacer un análisis minucioso del cliente para ver las posibilidades que hay de que no nos lo devuelva, y cómo haremos para recuperarlo. Cuando se dirige un proyecto, las posibilidades de que ocurran acontecimientos que afecten de manera positiva o negativa al resultado final.
Pero con el riesgo ocurre una cosa curiosa, que es que siempre hay algo. Por muy minúsculo que sea, el riesgo de que algo no salga según lo previsto siempre existe.
Piensa si eres uno de esos seres humanos que han pasado toda su vida reduciendo riesgos. Esos que estudiaron porque así habría menos riesgo de fracasar o verse en el paro. Buscaron novia porque habría menos riesgo de quedar soltero el resto de sus vida. Trabajan o buscan activamente un empleo estable, porque reducen el riesgo de ver mermados tus ingresos.
Pero un Cristiano tiene otra opción: vivir el riesgo del Evangelio.
Cuando se vive libremente, disfrutando cada momento y sin expectativas de cómo va a ser el siguiente, no hay riesgo. Para que haya riesgo, ha de haber un final deseado. El Cristiano no piensa en finales ni en metas, sino en el camino. Todos los pasajes del Evangelio apuntan a vivir una vida despreocupada de los riesgos, y ocupada en vivir en el amor de Dios y amando a los que esta vida de seguridades ha dejado en la estacada.
Esa es la razón por la que todavía hay personas que viven el riesgo de la persecución, de la lucha, de la pobreza, de la marginación con felicidad y con paz. Estaban muy ocupadas buscando la justicia y el amor como para observar los riesgos que corrían. Y los riesgos, si no los vigilas, se acaban cumpliendo.
Son personas que descubrieron que el mayor riesgo en esta vida es el de no vivirla por el riesgo de perderla.
¿Por qué buscáis entre los muertos?
Es inútil. Por más que lo he intentado, nunca he encontrado en mis estudios o en mi profesión a Dios.
Lo he encontrado en mis ratos de estudio, en detalles aquí y allá, en relaciones con compañeros. Pero en la substancia no. Jamás encontré a Dios en un libro o en un sobresaliente.
Detras de todos mis esfuerzos por destacar académica o profesionalmente nunca he logrado encontrar a Dios allí. Lo que si encontré fueron toneladas y toneladas de miedos y egos.
Uno piensa que si es el mejor en algo, o por lo menos alguien respetado, respetarán mucho más el mensaje. Y vuelve a caer en la gran tentación de pensar que para que Dios te elija tienes que merecerlo. También hay algo de soberbia, porque igualmente si uno es respetado o admirado en realidad se está creando un parapeto social dónde la persecución y la soledad del cristiano apenas causan dolor.
No quiero decir que haya que fracasar para poder cumplir la voluntad de Dios. Digo que este mundo tiene unas reglas, y que un fiel seguidor de Cristo, no debería dedicar muchos esfuerzos a cumplirlas, porque a la fuerza descuidará su vocación. Nos movemos entre San Escrivá de Balaguer con su apuesta por la formación y la santidad en el mundo, y San Francisco de Asís, que les prohibía a sus monjes que estudiaran porque el conocimiento engreía (ambos santos y con razones para sus argumentos).
El caso es que miles de veces nos vemos intentando meter a Dios con calzador en sitios en los que ni se le respeta, ni se le tiene alguna consideración. Nos vemos bailando al son de incrédulos para entrar en círculos sociales dónde Dios no pinta nada. Hablamos de Dios tímidamente, no sea que un rechazo frontal rompa toda la evangelización que queremos realizar.
Muchas veces creemos que haciéndonos fotocopias del mundo, podremos meter a Dios desde dentro, y el mundo acaba siendo más fuerte que nosotros y nos acaba por corromper. Muchas veces transigimos con injusticias a fin de no vernos apartados y de dejar de realizar nuestra obra.
Muchas veces, buscamos a Dios entre los muertos.


