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si no, no es un proyecto

Proyecto de pastoral, proyecto de vida, proyecto de parroquias, proyecto de colegios, proyectos, proyectos, proyectos.

Hoy aporto a todos una frase, una idea, y una verdad de cajón:

Frase muy ingeniosa que escuche hoy; “los proyectos no se hacen porque la gente no sepa qué es lo que tiene que hacer, sino porque el que impulsa el proyecto no se fía de lo que está haciendo la gente que cree que sabe lo que tiene que hacer”. Da para reflexionar, especialmente cuando analizamos de dónde surgen algunos de los proyectos y sus principales valedores.

Idea: La evaluación de un proyecto no la pueden hacer los mismos que lo diseñaron y lo realizaron. Es como si llegara a trabajar y me dijeran “mira a ver que crees que debes hacer en la empresa, hazlo como creas, y luego te evalúas como estimes conveniente”.

Verdad de Cajón: Da igual que el proyecto sea sobre una parroquia, o sobre tu vida. Ha de tener Objetivos. Si no, no es un proyecto. Y lo más importante, estos han de ser MEDIBLES. ¿Cuánto quieres mejorar, cinco? Pues uno es un fracaso y siete un éxito. En todo proyecto ha de estar cuantificada la meta, y cómo se va a medir.

Todavía no he conocido ningún proyecto fuera de ámbitos profesionales, en los que se marcaran objetivos medibles. Todo es fomentar, mejorar, optimizar, difundir, revitalizar, implantar, corregir, coordinar, impulsar, fortalecer… ¿Pero cuánto?.

¡Que diferente es decir que el proyecto consiste en crear un grupo con quince catecúmenos antes de un año, que se reunan, al menos la mitad, una vez a la semana!.

Si no lo miden, no se quejen si luego, la revisión del proyecto siempre esta basada en opiniones.

Tampoco pasa nada. Es la consecuencia directa de no saber a dónde se quiere ir: que se va por cualquier lado.

¿Qué echas de menos?

Un buen punto de partida para reorientar tu vida y tus actividades.

Piensa en bastante tiempo atrás. Más de cuatro o cinco años. Piensa en personas y momentos que por lo que sea ya no volverán.

¿Qué echas de menos?

Pocos echarán de menos el trabajo. Entre ellos, un gran grupo se dará cuenta de que perseguían un éxito que, en el mejor de los casos si lo alcanzó, no era ni la mitad de satisfactorio de lo que imaginaba, y que se disfruta en soledad. Es lo que pasa con los que viven la vida como una escalera, que nunca echan de menos los peldaños anteriores.

Pocos echarán de menos las cosas. Una vez conseguidas, pierden toda la gracia, y lo interesante es volver a ponerse otra meta para incrementar el patrimonio. El gustirrinín está en conseguirla, no en disfrutarla.

Me juego a que muchos, salvo situaciones especialmente críticas, no echarán de menos sus comodidades, sus seguridades, sus despreocupaciones. El ser humano tiene en este aspecto una memoria a muy corto plazo. Se adapta rápido a lo malo, y aún más rápido a lo bueno.

Pero muchos echarán de menos a la gente, a las personas, a las caricias. Añorarán momentos, conversaciones, puestas de sol. La vida no es lo mismo sin las risas, las cervezas, los abrazos, los consuelos. Los ratos de juego, las sonrisas, los desvelos. Los gestos, las palabras.

Muchos echarán de menos lo que no hicieron, mientras intentaban conseguir otras cosas.

Resulta paradójico que lo que ponemos en último lugar en nuestra agenda, sea lo que más echaremos de menos en el futuro.

El amor se alimenta de tiempo.

Es inutil disfrazarlo. El amor se alimenta de tiempo.

La gente normalmente se engaña mucho con esto.

Familias que se dividen a kilómetros de distancia por intereses profesionales, padres o madres que no están con sus hijos por idénticos motivos, amigos que no se ven porque la vida se ha complicado mucho.

El amor implica siempre una renuncia. Si dedico tiempo a alguien, es tiempo que me quito a mi mismo, a mis proyectos, etc. Al final, se ama a aquella persona con la que se comparte (tiempo, ocio, dinero, diversión, etc…). Casi siempre que le quitamos tiempo a la relación tenemos el caso de una ausencia de renuncia por parte de uno o de ambos. No renuncias a tu carrera profesional, no renuncias a tu tiempo de ocio, no renuncias al cuidado de tu físico, no renuncias al tiempo con tus amistades, no renuncias a tu…¡A cualquier cosa tuya!.

Ten claro antes de embarcarte en una relación, en un matrimonio o en una amistad que, sea como sea, va a consumir tiempo, y este sólo puede salir del que dedicas a tus cosas.

No son de extrañar, por tanto, los casos de infidelidad matrimonial con secretarias, amigos, monitores de gimnasio, guardaespaldas. Con ellos hay tiempo, y el tiempo alimenta el amor.

Da igual lo que creas, las excusas que pongas, las razones que hayan para quitarle tiempo al estar juntos. El amor se alimenta de tiempo, y si no lo alimentas puedes llegar a matarlo.

La ley del embudo.

by Funk15

by Funk15

Cualquier cuestión de atraer a personas a determinado movimiento, pensamiento o simplemente cualquier actividad, funciona igual que un embudo.

En un extremo, tenemos la parte más estrecha que es la que más interés nos despierta a los promotores de la actividad. Es el meollo de la cuestión. En una empresa sería conseguir que compre o que compre mucho. En una ONG, la incorporación a la misma como voluntario o una donación. En la Iglesia, la adhesión plena a Cristo.

En el otro extremo, la parte más amplia del embudo, se encuentran aquellos temas en los que la adhesión es superficial, es decir, son actividades que a los promotores no nos interesan directamente, pero que si que despiertan interés a un público generalizado. En la Iglesia serían esas actividades que quizás no son especialmente espirituales, pero que gustan a gran cantidad de gente.

Es como cuando una marca de coches patrocina un partido de tenis. Obviamente no gana nada con esto, pero llama la atención sobre sí mismo a posibles clientes.

En la Iglesia, deberíamos cuidar mucho la parte ancha del embudo por dos razones principales.

  • La primera, es sencilla. Todos hemos pasado por ahí, y todos los que quieran seguir a Dios pasarán igualmente. Imagino que a Dios le será más sencillo contactar con la persona implicada en una actividad de Iglesia con gente de Iglesia que en una Discoteca (aunque como es todopoderoso, hará lo que le da la gana, claro).
  • La segunda, es porque si en esta parte no hay nadie, al final del embudo que es la parte que nos interesa, tampoco habrá nadie.

En estos tiempos, cuando el mundo parece que nos da un portazo en las narices, muchos dentro de la Iglesia tienen la reacción de cerrar el embudo. Algo así como si, ofendidos, abandonaran la comunicación con aquellos que no están especialmente interesados en lo que ofrecemos, para centrarse en los que ya tienen dentro.

Esto, además de antievangélico (¿se acuerdan de la oveja perdida?) es una idiotez. No es lo mismo ser pescador de hombres que cuidar la pecera.

Planificación vs gestión adaptativa (el futuro de los proyectos personales).

by aguirregabiria

by aguirregabiria

Hace muchos años, una empresa podía pasar toda su vida haciendo lo mismo, de la misma forma.

Era el momento en el que para mejorar bastaba con hacer las cosas más y mejor. Si fabricaba coches, bastaba con que intentara que cada vez fueran más y mejores.

Después, se avanzó realizando proyecciones. A corto plazo, a medio plazo, a largo plazo. Era una gran ventaja saber a dónde queríamos ir, y cómo teníamos que ir cambiando para llegar al objetivo.

Si fabricaba coches, ya no se trataba de hacer más y mejores, sino de hacer aquellos que me vendrían bien para mis planes, y avanzar en aquellos aspectos claves para poder triunfar en el futuro (a lo mejor no en las ruedas, sino en el motor o en el tipo de carburante).

En esta segunda fase, asistimos a cómo el mundo se complica y dado que se pueden hacer miles de cosas, hay que seleccionar aquellas cosas que sean las más útiles para nuestros objetivos.

Y por último asistimos a la última moda en gestión empresarial… ¡La gestión adaptativa!.

En esta fase, ya no sólo tenemos que contar con planes, sino que tenemos que organizar la empresa de manera que cambie completamente (planes, procesos, incluso lo que fabricamos) según vaya cambiando el entorno. Si fabrico coches, a lo mejor dentro de un año estoy fabricando camiones.

Los dinosaurios se extinguieron no por ser flojos, sino por no poder adaptarse al medio. A algunas cosas de la vivencia de nuestra fe les está pasando como a los dinosaurios.

Con los proyectos personales, es decir, con el exámen a nuestra realidad cristiana y moral, y las propuestas de mejora, ocurre más o menos lo mismo.

Casi la totalidad no ha pasado de la primera fase. Hacer más y mejor. Con mi familia, con mis amigos, con mi oración. Más y mejor, más y mejor. El caso es que esto es frustrante, porque el tiempo es escaso, somos limitados y al final la vida da para lo que da. Llega un momento en que te encuentras desvistiendo un santo para vestir a otro, y encima sales suspenso en algunas asignaturas vitales.

Habría estado bien diseñar un proyecto personal atendiendo a objetivos. Primero fijar cómo quiero ser (en este caso cómo quiere Dios que sea), para luego pasar a recoger las cosas que tengo que cambiar. Quizás algunos aspectos no supongan un gran adelanto en ese proyecto de Dios y no merezcan comerle tiempo o esfuerzo a lo verdaderamente esencial de nuestra vocación.

Pero el caso es que ya estamos inmersos en un mundo que se encuentra en la tercera fase. Da igual lo que tengas planeado o cual es la vocación que Dios ha pensado para tí. El cambio será un ingrediente sustancial. El proyecto personal del cristiano del siglo XXI será un proyecto en el que más que recoger grandes objetivos, se centrará en cultivar las habilidades necesarias para adaptar su cristianismo a todo tipo de situaciones.

Por ello, ya no vale programar la oración con un horario, en un lugar, todos los días. Será mucho más útil programar estrategias para que, atendiendo al día como viene, con todas las sorpresas que puedan ocurrir, acabe por la noche con la oración hecha. Dando igual cómo, dando igual dónde, dando igual la forma. El caso es que, independientemente de las circunstancias que vinieron, logré mi objetivo.

No se trata de diseñar el plan de ataque, la hora y la forma. Se trata de diseñar cómo neutralizar los riesgos que puedan irse sucediendo a lo largo del día.

Lo mismo para mi familia, para mis amigos, para mis estudios,  para mi trabajo, para mi moral, etc. Para todos los aspectos susceptibles de un examen de conciencia.

Y esta nueva filosofía da mucho más de sí, porque quizás comencemos a relativizar muchísimas formas y modos de hacer las cosas, para centrarnos de lleno en el objetivo principal y en las estrategias que nos llevarán a él, sorteando todos los problemas que (dalo por hecho) serán incontables.

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