providencia

La divina providencia y la riqueza

No son compatibles.

Sencillamente no se puede experimentar la providencia sin necesidades.

La providencia indica que Dios baja a socorrernos. Pero ¿cómo darte cuenta que Dios baja a ayudarte si no crees que necesites ayuda?.

Por eso la pobreza evangélica es bienaventurada. Porque los pobres de espíritu ven día a día cómo tienen un Dios que auxilia en sus éxitos y fracasos.

Los que tienen cubiertas sus necesidades no lo ven, porque todo lo que consiguen parece, engañosamente, alcanzado gracias a su esfuerzo o sus méritos.

Para los ricos, la providencia de Dios es el plan B.

 

¿Qué te habrías dicho hace diez años?

by ralphogaboom

Imagina que eres un protagonista de una película de Hollywood.

Vas a retroceder en el tiempo diez años, y puede darse la tan temida paradoja espacio-temporal de encontrate contigo mismo.

Y así resulta. Os miráis y os reconocéis.

Tu yo antiguo siente cierta preocupación por lo deteriorado que se verá dentro de 10 años, y tu recibes la impresión de que estás muy viejo. Es lo que tiene comparar con un modelo en vez de con un recuerdo, que las diferencias saltan a simple vista.

Pero ahora viene lo importante. Tu yo antiguo quiere conocer su futuro. Qué le va a pasar y que no. Quiere jugar con las cartas marcadas sus próximos diez años y te pide, por favor, tomar un café tranquilos para hablar.

Piensa que todo aquello que calles ocurrirá más o menos como ha ocurrido. Pero cualquier cosa que digas, puede interferir gravemente el curso de los acontecimientos, y cambiar completamente tu historia.

¿Qué le dirías?. ¿Que parte de tu historia reciente merece la pena intervenir, sea cual sea el resultado?.

Termina la conversación. Tu otro yo se va. Te quedas leyendo un periódico sorprendido por cómo se trataban las noticias hace diez años y cómo se han ido reduciendo hasta desaparecer de la memoria colectiva todos aquellos grandes titulares.

Se acerca un anciano con pinta de vagabundo pero arreglado y se sienta en tu mesa.

Se presenta:

Hola, soy Dios. He estado escuchando la conversación que te has traído contigo, y me gustaría preguntarte…¿En qué dices que me he equivocado?

Los años perdidos.

by G. Rivas Valderrama

by G. Rivas Valderrama

En el fondo todavía tengo 16 años.

Eso me decía una amiga el otro día y me dió que pensar seriamente. ¿Por qué?. ¿Qué han tenido de malo los otros veinte?. ¿Dónde están esos años perdidos?.

La vida a medida que crecemos se complica enormemente, pero eso no es motivo para desertar.

Fueron divertidas las primeras copas con los amigos, el primer beso, la entrada en la universidad. Mil cosas que se agolpan en nuestra cabeza y nos hacen pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y salvo raras excepciones no fue así.

El cerebro humano tiene la fantástica habilidad de olvidarse pronto de lo malo y de recordar con más facilidad lo bueno. Las experiencias negativas (por supuesto no las traumáticas) pasan al olvido con más rapidez que las experiencias agradables. Esto es por pura supervivencia. Si el cerebro no actuara así,  no tendríamos fuerzas para salir adelante cada vez que recibiéramos un golpe en esta vida.

Dios lo hizo perfecto. No sólo nos dijo claramente que nos preocupáramos de cada día, que el pasado no condicionaba nuestro futuro, sino que además nos dotó con un cerebro que se resiste a sufrir por las cosas del pasado.

Ahora es el momento de vivir tus veintipico, o tus ciento y pico. Da igual la edad. Es ahora. Justo ahora.

Y sólo tienes para aprovecharlo el tiempo que estás malgastando pensando en lo a gusto que vivías en otras épocas. Estás viviendo en el pasado, y no estás dejando que el presente guarde nuevos buenos recuerdos en tu cerebro.

Dedícate a vivir cada día como el día único que es. Tendrás más recuerdos positivos a los que agarrarte para decir que esta vida merece la pena vivirse.

La providencia de Dios es inseguridad

by Foto Pamp

by Foto Pamp

La verdad es que hasta ahora he sido un poco tonto.

Cuando en la Biblia leía que no hay que preocuparse por el futuro porque Dios ya se ocupaba de ello, pensaba que, si me dedicaba a esto del reino, Dios se encargaría de darme lo que necesitara. Hasta ahí no iba desencaminado.

El problema es que entendía mal la cita. Yo lo que en mi interior pensaba es que si me despreocupaba por conseguir seguridades (de cualquier tipo) en pro del reino, ya Dios me las daría. Aquí es cuando pervertí toda la cita, porque el reino de Dios implica siempre inseguridad. No se puede fortalecer la fe (creer en lo que no se ve) dando saltos (de fe obviamente) si se ve claramente la red que nos protegerá de la caida.

Pues resulta que no. Que Dios nos promete comida, no restaurantes. Nos promete ropa, no un “fondo de armario”.

Los cristianos somos mucho de creernos que no tenemos que preocuparnos por el futuro porque todo saldrá bien. A fin de cuentas, Dios nos lo debe, porque somos de los buenos ¿no?. Pues no. A veces saldrá bien, a veces mal. A veces nos irá de perlas, a veces nos irá de culo. Dios es así de cachondo. Estés en su bando o no, te toca pasar por lo mismo.

No hay más que ver cómo ha tratado históricamente a sus amigos para hacernos una idea de por qué el cristianismo está perdiendo fieles en los lugares más hedonistas: sin un contacto personal con Cristo, esta opción es siempre un mal negocio.

Soy muy feliz con mi cristianismo. Continuamente. Pero cuando me paro a pensar, en las épocas más felices la inseguridad siempre ha estado presente. El caso es que no la veía. La tapaba el Amor, que ocupaba todo el espacio que tenía disponible.

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