prohibición

Deberían prohibirlo. La libertad guiando al pueblo

la libertad guiando al pueblo

La libertad guiándo al pueblo. Eugene Delacroix

Según la CEOE cada año en España se llenan un millón de páginas con nuevas normas. Una diarrea normativa enferma por igual a lo largo y ancho de occidente.

Moisés tuvo diez mandamientos. Y Jesús, cuando vio que empezaban a hacerse un lío entre leyes, reglamentos y disposiciones no le quedó otra que resumírselas en dos.

Dios, entre un mundo perfecto sin pecado y un mundo libre, eligió el segundo. El sabrá por qué, que para algo es omnisciente, pero debería merecer la pena seguir su camino.

La realidad es que al ser humano le aterra la incertidumbre. El ser humano es un ser vivo diseñado para la supervivencia, y todas esas estructuras neuronales que tenemos en la cabeza echan chispas en el momento en que nos sacan de nuestra zona de confort. Cuando es para hacer un deporte de riesgo es un subidón, pero cuando es para aguantar al compañero de trabajo que me deja en evidencia con el jefe la cosa ya no es tan agradable.

La libertad propia nos da miedo. El índice de jóvenes que quieren ser emprendedores es mucho menor que el de los que quieren ser funcionarios. En una época de bonanza como la que vivimos ¿Cómo va a ser la mejor opción para la supervivencia el arriesgarse?. Si nos garantizan (o simplemente prometen) seguridad, comodidad, confort y salud nuestras neuronas paleolíticas babean de gusto, y regalan a precio de saldo cualquier atisbo de libertad. Logran evitar esa libertad incómoda en la que nada está garantizado (pero todo es posible).

Y si nuestra libertad nos da miedo la libertad del otro nos aterra.

Y los analfabetos de la vida que hoy dirigen los destinos de los pueblos, obedecen esas millones de neuronas votantes que les suplican que, por favor, tomen de ellos lo que quieran, pero que le quiten todo el riesgo a su vida.

¿Se han fijado que cuando un tonto hace un disparate (uno que nunca había ocurrido), al día siguiente ya hay una norma prohibiendo algo para que no vuelva a pasar?. ¿Y que el resto de los no tontos de repente ya no pueden hacer algo que antes podían hacer simplemente porque lo hacían con sentido común? Es impensable que algún líder occidental diga: son cosas que pasan. Intentaremos vigilar, pero no vamos a quitarle libertades o complicarles la vida a todos los que nunca lo han hecho mal, porque la gente es libre.

Y esto es verdadero o falso según los grados. Si hablamos de matar, es obvio que prohibir es necesario. Pero empezamos a prohibir lo que nos mata, luego lo que nos daña, y acabamos con lo que nos molesta. Y ya los niños no pueden jugar a la pelota en las plazas, no se puede pescar sin licencia, tener un perro sin chip, escribir un twit ofensivo, un libro, una canción, un artículo.

Lo que nos mata es muy limitado. Lo que nos daña es bastante amplio. Pero lo que nos molesta es infinito. Y molestan, y mucho, las ideas, los colores, los sentimientos, los pensamientos….

Paradójicamente, cuanto más cómodos estamos, más cantidad de cosas y menos importantes nos molestan. Y siempre las del otro, por supuesto.

Los cristianos sabemos que al otro hay que amarlo, no prohibirlo. Y en estos tiempos, nos toca hacer apostolado de la libertad.

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