pobreza

La divina providencia y la riqueza

No son compatibles.

Sencillamente no se puede experimentar la providencia sin necesidades.

La providencia indica que Dios baja a socorrernos. Pero ¿cómo darte cuenta que Dios baja a ayudarte si no crees que necesites ayuda?.

Por eso la pobreza evangélica es bienaventurada. Porque los pobres de espíritu ven día a día cómo tienen un Dios que auxilia en sus éxitos y fracasos.

Los que tienen cubiertas sus necesidades no lo ven, porque todo lo que consiguen parece, engañosamente, alcanzado gracias a su esfuerzo o sus méritos.

Para los ricos, la providencia de Dios es el plan B.

 

Enriquecer siendo pobre

Cuando uno dice sí a Dios para echarle una mano construyendo el reino, siempre se imagina ayudando a todo el que nos rodea. Dando la vida por ayudar a los necesitados y salvarlos de su situación de dolor, pobreza o angustia.

Pero resulta que Dios es un bromista, y en no pocas ocasiones te quiere a tí como pobre. Y en esas ocasiones, para ayudarle a construir el reino es necesario que seas tu el pobre, el necesitado. Que seas tu mismo el que sufra la injusticia, la marginalidad. Que tu pobreza te duela, o te angustie.

Y esto lo hace porque ya tiene la experiencia. Y por eso mandó al nuestro salvador pobre, necesitado. Porque la gente sólo se deja salvar por un pobre. Sólo un pobre puede generar tanto amor a su alrededor. Sólo un necesitado de amor puede enseñar a amar.

Y esto es otra de las letras pequeñas del contrato que nadie nos explica cuando nos metemos en este lío. Afortunadamente, quien a Dios tiene nada le falta, así que esa pobreza la asumimos con un corazón multimillonario.

Ahora quiero tener menos cosas

En una tienda hoy, una empleada le comentaba a un señor de edad avanzada:

“Si compra este producto, le regalamos un juego completo de bandejas. ¿No le interesa?

La respuesta del cliente fue la siguiente:

“No, gracias. Llevo toda la vida acumulando cosas, y ahora estoy intentando deshacerme de todo lo que he acumulado”.

El cliente no lo sabía, pero acababa de decir una gran verdad espiritual.

¿Este señor mayor ha dejado de cocinar?. No. Probablemente cocine más que antes, porque tiene más tiempo libre.

¿Acaso le hizo ascos al producto principal? No, la objeción no fue a la compra. El cliente no quería el regalo.

Me gusta imaginar que este señor, debido a su avanzada edad ha descubierto, aunque sea sólo por prueba – error, las verdades profundas de la vida. Verdades que no se encuentran en objetos, ni en tener.

Me gusta imaginar que ha probado el placer de irte desprendiendo de las cosas y notar que realmente no las necesitabas. Que ha fortalecido su corazón para que ningún cambio en sus comodidades, posesiones o rutinas le entorpezca su búsqueda frenética de una felicidad verdadera y desnuda.

Aunque casi seguro que, simplemente, no quería las bandejas ¿no?

¿Cuánto gana un cura en España? ¡Mejor, un obispo!.

Pues resulta que los obispos son mileuristas, fíjate tu.

Y uno de los 70 va y se reduce el sueldo a 900.

Cabe recordar a tantos que nos leen desde otros paises que el sueldo mínimo en españa es de casi 700 euros, para que se hagan una idea.

¿70? pues sí, mire usted. Toda la jerarquía eclesiástica en España se reduce a 70 obispos. La misma cantidad de mileuristas que en un sólo ayuntamiento medianito.

Y además, no sólo se baja el sueldo, sino que encima le da por dar consejos a todo el que se digna a escucharlo.

Transcribo literalmente la noticia del periódico el País, que no es un diario especialmente amable con los asuntos eclesiásticos.

El obispo de Solsona, Xavier Novell, el más joven de España, ha iniciado una particular cruzada para que en su diócesis “a nadie le falte un techo, luz, agua, alimentación y calefacción”. Lo ha hecho predicando con el ejemplo y se ha reducido un 25% su sueldo, que así pasa de 1.200 a 900 euros mensuales. Además la diócesis ha realizado una aportación extraordinaria de 300.000 euros, el 10% del presupuesto ordinario de 2012, a Cáritas.

Novell ha reclamado a los empresarios un mayor esfuerzo para la creación de empleo; a los trabajadores, la máxima flexibilidad y la mínima oposición ante hipotéticos ajustes y nuevas condiciones laborales, y a los pensionistas, un esfuerzo para dar cobertura a los que no tienen, porque ellos, los jubilados, pese a tener las peores condiciones económicas, parten en muchos casos de casa propia y de la cultura del ahorro.

El obispo invitará al esfuerzo a los fieles de sus parroquias a través de un extenso artículo que repartirá este fin de semana en las iglesias, en el que analiza la situación económica. Con una descripción simple, en este documento afirma que el origen de la situación actual está en que en Estados Unidos se concedió una gran cantidad de préstamos a personas “sin oficio ni beneficio”. El tsunami financiero llegó a Europa, donde “los países gastaban más de lo que tenían”, entre los que incluye España, de modo que se llegó a unas cifras de deuda pública “descontrolada”. Y en esta aproximación a la realidad más próxima, señala que en Cataluña “aún estamos peor”.

El obispo de Solsona reparte culpas entre los banqueros, los mercados y el sistema del capitalismo, pero reclama de todos un análisis para “admitir que la causa de la crisis es que todos hemos querido vivir por encima de nuestras posibilidades”, con una idea que durante años ha presidido nuestras vidas: “Es feliz quien consume, compra las últimas novedades tecnológicas, viaja, tiene casa propia, un vehículo de gama alta, un armario variado y dinero para una operación estética”. Acusa a las Administraciones de haber recurrido en exceso “al préstamo que ha hipotecado nuestro futuro” y asegura que ahora la realidad nos demuestra que “todo era un espejismo”.

Vivir como un cura.

foto por ©Adolfo Senabre - fito.com.es

foto por ©Adolfo Senabre - fito.com.es

En España, el salario mínimo interprofesional es de 641.40 euros.

Esta cifra es la mínima por la que se puede contratar a alguien para trabajar a tiempo completo en el país sin incurrir en ilegalidades (sancionables). Cualquiera que haya ido a comprar a un supermercado sabe que con esto apenas te da para llegar a fin de mes ya que el coste de la vida en España también es alto (aunque la necesidad agudiza el ingenio, claro).

Para hacernos una idea, un café normal en un bar normal suele rondar el precio de un euro y el pan suele estar ligeramente por encima del medio euro.

Muchos ajenos al día a día de la Iglesia, piensan que los curas viven muy bien (económicamente), con desahogo y con una cierta comodidad. No digo yo que no puedan existir, pero conozco a decenas de curas y ni un solo caso de esos se me pasa por la cabeza.

En cambio, si conozco casos de no poder comer carne más de dos veces en semana, de dar el 15% o el 20% del sueldo y más a los pobres de la parroquia y demás.

Y medio de una crisis tan atroz, en Canarias, una de las zonas más desfavorecidas de España, con un 33% de paro, los curas de la diócesis han renunciado a sus dos pagas extras. Ojo, HAN RENUNCIADO. Dos pagas extra de 630 euros cada una.

Si estas son sus pagas extra, imagínense como serán sus sueldos y compárenlos con el salario mínimo y piensen en un trabajo de veinticuatro horas al día siete días a la semana (las unciones de enfermo para alguien que se está muriendo no tienen horario). Sin día libre a la semana. Y el Domingo es el peor.

Y los feligreses… ¡Encantados!. Orgullosos de su Iglesia y de sus curas más que nunca.

A ver si va a resultar que, en la pobreza, nuestro mensaje es mucho más creíble.

Enlace de la Noticia: Fuente La Opinión de Tenerife:

Mientras la crisis sigue haciendo mella en las arcas de la Iglesia, los responsables económicos del Obispado cuentan al menos con los fondos que les deriva la Conferencia Episcopal Española. Este dinero parte de la recaudación tributaria a través del Impuesto de la Renta sobre las Personas Físicas (IRPF) y en el caso de Santa Cruz de Tenerife asciende a 2.700.000 euros.

Con estos fondos y los 300.000 euros que se ahorran de las nóminas sacerdotales, más las cantidades que se recauden en colectas puntuales y donativos, la Diócesis tinerfeña confía en mantener abiertos todos sus centros y programas sociales. “Hay que tener en cuenta que una parroquia no solo presta un servicio religioso sino que se convierten muchas veces en la atención más inmediata a las personas con mayores necesidades”, argumenta Víctor Oliva.

Precisamente por ello, tanto los sacerdotes como los feligreses han recibido de buen grado la propuesta del Obispado. “Los curas son los primeros en darse cuenta de como están las cosas en las comunidades de las que forman parte”, aclaró el responsable diocesano.

“Otros deberían tomar ejemplo”, es la reflexión principal de los fieles, en clara alusión a los responsables políticos. Para María del Carmen Pérez, habitual de la Iglesia de la Concepción en Santa Cruz de Tenerife, “los sacerdotes, que tienen un sueldo mísero, son los primeros en ayudar a los que lo necesitan”, a lo que Manuel González apunta: “No hay más que ver las colas en los comedores religiosos y en Cáritas”.

Matilde Álvarez, feligresa tinerfeña, considera que “con esa decisión están dando una lección de solidaridad a todo el pueblo”, una percepción con la que se muestra de acuerdo el párroco de la Iglesia de la Concepción, Mauricio González. “Intentamos ajustarnos con lo que tenemos”, explica González, quien añade que “los gastos fijos de una parroquia son muchos, entre luz, seguro, limpieza… y cada vez se recibe menos”. Según explica el párroco, “es muchísimo el bajón en las colectas, la gente no puede donar lo mismo que antes”.

Mi más fuerte abrazo para estos sacerdotes que han encontrado otra forma más para encarnar a Cristo (nacido en un establo o pesebre) en estas Navidades.

 

Paren este mundo que me bajo

Si Dios te concede la gracia, llegará un momento en que el mundo irá más lento.

Ya no correrás, porque no hay metas. Ya no brillarás, porque no importará lo que piensen de tí. Probáblemente pasen de tí tanto dentro de la Iglesia como en cualquier otra organización, porque ya no serás útil para los proyectos ajenos. Desaparecerás para dejar sitio a Dios.

Serás un contemplativo. Esa gente que existe en todos lados, pero que nadie los tiene en especial consideración. Aquellos que se encasillan en tareas insignificantes, porque no valoraron el ocupar primeros puestos. Aquellos que, con una sonrisa permanente en la boca te transmiten paz sólo con hablar. Gente que paró el mundo y se bajó a estar con los de abajo. Gente que dejó de correr detrás de la zanahoria. Gente cuya mayor tarea evangelizadora es mantenerse disfrutando de Dios. Cristianos que enseñan a Dios con sus vidas desapercibidas, no con sus palabras o sus grandes obras. Gente a la que no le falta nada para cumplir plenamente con su vocación aquí y ahora.

Si Dios te concede la gracia, en el viaje de la vida te pararás a disfrutar del paisaje.

Se acabará el ir persiguiendo conquistas sucesivas en lo laboral, personal, espiritual. Se acabará el subidón de lograrlas y la energía egocéntrica de su búsqueda. Se acabará la competición. Se acabará el identificarte con tus logros, con tus metas. Te sentirás poca cosa, pero ahí comprenderás todo tu valor. Cuándo no hay nada que perseguir, cuándo sólo hay que disfrutar, todas las personas valen. Nadie sobra, ni estorba al proyecto de Dios cuando absolutamente todo está en sus manos.

Te darás cuenta que todo puesto importante en este mundo está ocupado por un suplente. Que siempre hubo previamente  un contemplativo que renunció al mismo.

Que no hay que esforzarse en amar. Que el amor aparece cuando ya no queda nada que lo estorbe.

Si Dios te concede la gracia contemplarás su rostro, descansarás y serás feliz.

Para salir bien en la foto

by barcelonaschiringuito.com

Son miles los premios publicitarios que se llevan cada año las campañas para ONGS. Por un lado, está el tema solidario, pero está claro que hacer un anuncio sobre un tema tan sensible como el que manejan estas organizaciones, puede catapultar a un desconocido director de arte, o creativo publicitario y hacerle acreedor de varios premios.

Entonces, la intención de la ayuda no es tan limpia. Os adjunto una vieja imagen de una campaña que circuló en ambientes publicitarios cuyo eslogan dice así “Creativo, hay mucha gente que necesita más ayuda que tú. Se responsable cuando hagas tus anuncios”.

En el cartón, unos protagonistas de uno de tantos anuncios de ONGs, han escrito: Gracias a nosotros, un director de arte ha doblado su salario.

Los creativos publicitarios son humanos, y este post me sirve simplemente para que te des cuenta de las veces que no haces las cosas tan limpiamente como crees.

Muchos “profesionales” de Iglesia, buscan sus ámbitos de poder, sus prebendas, sus reconocimientos, etc. Afortunadamente, estamos rodeados de miles de manos anónimas, que desaparecen y no dejan rastro tras su inestimable ayuda.

¿Y tu? ¿Has usado algo del reino para tus intereses?

La pobreza apesta

by Juan Carlos Villafranco Cortes

by Juan Carlos Villafranco Cortez

A veces en ambientes cristianos solemos confundir la pobreza con la bondad.

Se dibuja una pobreza santa, sonriente, noble. Son muchas las imágenes utilizadas de niños pobres sonriendo, educados mendigos que parece que piden discupas por molestarte reclamando tu atención, tímidas mujeres a las que la vida les ha dado un revés y las ha colocado en un lugar injusto.

Pero la realidad normalmente dista mucho de este mundo de seres humanos nobles y fantásticos que están esperando una oportunidad para salir adelante.

La maldad que existe en nuestra sociedad, que es la suma de millones de pequeñas acciones y omisiones de maldad realizadas por millones de individuos en millones de lugares diferentes, provoca una pobreza lejana a esta idílica estampa.

La pobreza apesta. Muchos pobres son perezosos, groseros, desagradecidos. Va dentro del DNI del pobre. Un drogadicto pasará por encima de cualquiera con tal de conseguir su dosis. Una madre, engañará o estafará al primero que se le plante delante para conseguir alimentar a su hijo. No esperes que un vagabundo se ponga a estudiar si le pagas una carrera. Las situaciones de pobreza marcan, y lo hacen en todas las facetas de la persona.

Jesús los amó por igual. Indistintamente. Daba igual que fueran buenos o malos. Los amó sencillamente porque anunciaba un Dios tan bueno que no podía ver sufrir a nadie, ni a buenos, ni a malos.

Pero nosotros necesitamos que sean buenos para amarlos. Necesitamos dibujarles un halo de bondad, un halo de injusticia, un halo de gratuidad para brindarles la ayuda que necesitan. Pensamos en si utilizarán el dinero que les damos en drogas, y nos indignamos si no educan correctamente a sus hijos. Nos llevamos las manos a la cabeza si esa familia que está a punto de salir de la miseria se gasta el sueldo de un mes en un televisor de plasma, o si descubrimos falsedad en esa gratitud que muestran al recibir nuestras limosnas.

Los pobres de los que habla Jesús, igual que los de ahora, presentan el mismo elenco de maldad que los ricos. Y Jesús les anuncia que ya llega el reino, pero no porque lo merezcan, sino porque Dios se apiada de los que sufren. Barra libre de amor incluso para los más malvados, sólo por estar oprimidos.

En esta sociedad mercantilizada, en el que todo tiene un precio o una contraprestación, amar gratuitamente como lo hace Jesús, sin esperar nada a cambio, y prefiriendo a los que más lo necesitan (no a los que más lo merecen) si que supone un auténtico cambio.

Y a nosotros los humanos, nos asusta el cambio.

Navidad. Es tiempo de mirar hacia arriba.

Los cristianos comenzamos el año a la vez que el resto de las personas, pero mirando hacia arriba.

En unas fechas en las que la mayor alegría para muchos es conseguir el último cachivache tecnológico, disfrutar de unos días con sus seres queridos o simplemente descansar del trabajo, para los Cristianos estas son las fechas del Emmanuel, del Dios con nosotros.

En estas fechas, Dios ha escuchado a su pueblo, oprimido, entre el paro, la corrupción, la tiranía de los fuertes, el sinsentido de tantas vidas grises y de tantas horas vacías. Dios ha escuchado a su pueblo en pleno siglo XXI, afixiado por tanta información, por tanta política, por tantos intereses, por tanta debilidad.

Y Dios ha enviado un salvador.

Lo ha enviado para iluminar a su pueblo que vive en tinieblas y en sobra de muerte, un pueblo cegado por lo inmediato, por el aparentar, por el sobrevivir, por el acomodarse.

No se ha reservado a su propio hijo, sino que lo ha encarnado para que sea la luz y la guía de todo aquel que lo quiera acoger.

Al contrario de lo que cree todo el mundo, sólo puede nacer la navidad en los corazones pobres, humildes, afligidos. En esos corazones, tras la Navidad vienen la esperanza, la felicidad, la alegría y la paz.

Lamentablemente, en el corazón de los acomodados, de los avariciosos, de los ricos, tras la Navidad sólo vienen las rebajas.

Ganar dinero cuesta mucho esfuerzo

Todos los días laborales dedico unas cuantas horas a ganar dinero. En realidad hago que la empresa dónde trabajo gane dinero con mi dedicación, y ella me lo recompensa mensualmente en forma de salario.

Toda esa cantidad de horas, como supondrás, no son ociosas. Ganar dinero cuesta mucho esfuerzo y no es nada fácil (si lo fuera todo el mundo lo tendría a espuertas). Creo que Dios no quiere que dediquemos lo mejor de nosotros a esta tarea.

Todos los cristianos sabemos que tenemos que aspirar a ser cada vez más tolerantes, más amistosos, más comprensivos. Esas palabras suenan bien ¿Verdad?. ¿Sabemos que tenemos que aspirar a ser cada vez más pobres?

El Evangelio lo pone bastante claro. Del dinero, es casi de lo que más habla y de lo que más reniega, pero en nuestras reuniones apenas se toca el tema. Es un tabú. No tenemos problemas en contar en nuestra comunidad una crisis matrimonial pero ni se nos ocurre mentar nuestros ingresos mensuales ¿por qué?.

Quiero morir siendo más paciente, más amigable, más acogedor… pero la verdad nunca he pensado en morir siendo más pobre.

Pues pensando esta mañana, me pareció que casaba bien con el Evangelio dedicar esfuerzos a ir cada vez necesitando menos cosas para ser feliz. Y después (no vale hacer trampas), ir desprendiéndonos de aquello que hemos logrado que ya no nos haga falta y dándolo a los que lo necesitan.

A fin de cuentas, mis santos favoritos murieron pobres… Y muuuuuy felices.

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