pecado

Pecar es conformarse con poco

Pecar es coger lo poco bueno que tienes a tu alcance, sacrificando lo buenísimo que se podría conseguir.

Es como un concurso de la televisión. ¿Desea seguir jugando para el premio gordo o se conforma con el poco dinero conseguido hasta ahora?

Un pequeño placer momentáneo, una falta de perspectiva total absolutizando el corto plazo.

¿Te conformas con la vida como la llevas, o quieres aspirar a más?. Si te conformas, eres carne de pecador, porque estás llamado a mucho más. A muchísimo más.

Y es que es el mismo diablo el que se encarga de sembrar en ti la semilla de la idea de que es imposible. De que conseguir el cielo es solo para los héroes. Que tu no vas a pasar de la primera fase del concurso. Aprovecha esto que tienes a mano, porque no vas a conseguir nada mejor.

Ante las tentaciones que tienes en tu día a día ¿Qué te parece si seguimos jugando?.

El fin justifica los medios

Pues no.

El fin nunca justifica los medios. Pero además, hoy lo voy a demostrar estadísticamente para los incrédulos.

Cuando decimos que el fin justifica los medios estamos diciendo que ahora voy a hacer un medio malo, para conseguir en un futuro un fin bueno.

Pero resulta que yo sólo tengo dominio sobre lo que hago ahora (lo malo). La única seguridad es que lo malo que voy a hacer ahora se va a producir.

Respecto a lo que sucederá en el futuro, hay miles de acontecimientos que pueden torcer el resultado y que no están de mi mano. Yo tengo control sobre mi acción, pero nunca sobre los finales. Cualquier cosa puede cambiar el curso de los acontecimientos y el mal que yo he hecho, puede no acabar en el bien que lo justifica. Estadísticamente es bastante menos probable que ocurra el bien que espero que el mal que voy a cometer.

Para ser más exactos, deberíamos decir “el fin que espero pero que no estoy seguro de que ocurra, justifica el mal que voy a hacer ahora mismo”. Vamos, es jugar a una especie de lotería de la maldad. Pones la boleta, y esperas que toque el premio.

Hacer parecer los fines reales y ponerlos en el mismo nivel de probabilidad que los medios, es una de las técnicas favoritas del diablo para hacernos caer en esta especie de lotería.

Yo por si acaso, hago todo el bien posible. Del probable, que se ocupe Dios.

 

Las tres tentaciones de la vida.

La tentación es como algo a lo que estamos atados con una goma elástica. Si aparece una tentación, es porque lo estás haciendo bien. Cuando no aparecen es porque estamos cayendo en todas y no nos enteramos.

Cuando uno opta por ser como tiene que ser un cristiano, no le queda otra que afrontar tres tentaciones que le van a acompañar el resto de su vida. Todas las tentaciones se resumen en una: no merece la pena tanto esfuerzo para algo que no sabes si existe.

Jesús igualmente fue tentado de estas tres. Tal y como recoge la escritura, el diablo le tienta con:

Transformar las piedras en pan. Cuando uno lleva a rajatabla el Evangelio, difícilmente estará rodeado de seguridades. Normalmente, si seguimos a Dios no hay paracaídas, ni plan b. Dios, en su pedagogía, cuanto más avanzamos, más desnudos nos quiere. Tener garantizado el pan es la gran preocupación de un mundo que basa su existencia en no pasar necesidad. Es la gran tentación de alguien que vive la locura de un Evangelio que nos pide confianza ciega. Como hemos comprobado en numerosas ocasiones, no es la falta de necesidad lo que nos da la felicidad. Tener a Dios es lo que colma. Los que vivimos en entornos religiosos, tenemos que tener cuidado no sea que en estos estemos encontrando la garantía a nuestro futuro. Porque si seguir a Dios nos garantiza un puesto de trabajo… ¿Qué mérito tendría?

Que se tire de lo alto y Dios lo salve. ¿Para qué? Para que le quede claro a todo el mundo que El es superJesús, y que tiene power. Es la tentación de ser bueno pero con autoridad, con admiración. La realidad cristiana es una realidad mucho menos ostentosa. Normalmente hacemos el bien sin focos y sin palmadas en la espalda. No hay aplausos, ni portadas en revistas. Ni siquiera los beneficiarios de nuestras buenas obras suelen acordarse de ellas cuando pasa algún tiempo. Hacemos el bien, pero la galería no lo nota, porque si no… ¿Qué mérito tendría?

Que se convierta en el dueño de todo si lo adora. Todos los días comprobamos en nuestro trabajo, en nuestro entorno, en los periódicos, cómo los que rindieron sus principios al príncipe de las tinieblas disfrutan de los bienes de este mundo. Los cristianos de pura cepa pasamos por el mundo como atolondrados que no aprovechan la oportunidad de llevarse el premio cediendo un poco en nuestros principios. Aunque para algunos seamos dignos de admiración, para los más embrutecidos somos simplemente idiotas utópicos que por no espabilarse, están como están. Porque si hacer las cosas al estilo de Dios no supusiera perder ventaja ante los tramposos… ¿Qué mérito tendría?

Y estas tres tentaciones nos acompañarán clavándose como aguijones en nuestra inteligencia hasta el mismo día de nuestra muerte. Porque no queremos sufrir, y todavía somos tan débiles que nos duele la renuncia porque no nos hemos enamorado del premio final.

Porque hay un premio. Durante el camino y al final, hay un premio. Que siendo el más grande del mundo, ni nos garantiza seguridades, ni nos ofrece garantías terrenales, ni nos facilitará lo más mínimo el paso por esta tierra. Porque si no… ¿qué mérito tendría?

 

Placer sexual y cristianismo.

Existe la creencia equivocada de que lo cristiano condena todo lo relacionado con el placer sexual. Objetos sexuales, juegos preliminares, caricias, etc… Todo lo “divertido” se piensa que está prohibido.

El pecado no está en la satisfacción y el placer. Está en cómo la tratamos. En el momento en que el placer y no el amor se sitúan como lo más importante es cuando aparece el pecado.

El Evangelio dice que no hay nada fuera del hombre que por entrar en él le pueda contaminar. Pero lo que sale del hombre es lo que contamina al hombre. En nuestro corazón está la clave.

La sociedad se ríe y nos tacha de reprimidos porque, al igual que con cualquier otra cosa, el camino del cristiano exige esforzarse en armonizar su sexualidad a la voluntad de Dios. La experiencia cristiana nos propone una sexualidad “de altura”. Mientras nuestra sociedad nos propone un modelo en el que lo que me gusta y apetece es la meta máxima a la que podemos aspirar en una relación sexual, el cristianismo nos ofrece un modelo en el que la relación sexual es la fiesta en la que el matrimonio celebra una vida de entrega total y renuncia a nuestros propios apetitos para que nuestra pareja tenga vida. Pone a la persona por encima del placer, y pone al placer como algo al servicio de la comunión profunda de la pareja.

Lo importante no es si me da gustito, sino lo que hay en nuestra relación. El gustito es la guinda del pastel. Es un placer que descansa sobre una vida de pareja plena en cualquier otro ámbito y no sólo en el sexual.

Al contrario que otras corrientes espirituales, el cristiano considera el cuerpo como algo bueno. En el cuerpo vive Dios y es templo del Espíritu. El placer (da igual si es viene de la relación sexual o de una buena comilona), es un elemento con el que hay que tener mucho cuidado porque al ser tan agradable, es fácilmente convertible en el centro de nuestros pensamientos y deseos. Incluso el acto sexual dentro del matrimonio puede ser egoísta.

La experiencia sexual para ser plenamente humana y estar de acuerdo con lo que Dios quiere no puede estar desbocada a lo que nos apetece, ni tampoco reprimida a un catálogo de normas en las que se diga lo que no y lo que sí.

Como decía San Agustín, ama y haz lo que quieras. Todo lo que sirva para que haya más amor en la pareja es bienvenido. Todo lo que nos vuelva egoístas y nos aleje de dominar nuestras pasiones para que la otra persona sea feliz, debemos evitarlo. Pero ¡cuidado!, porque autoengañarse en estas cosas es muy sencillo porque como se dice “tiran más dos… que dos carretas”.

Y nunca hay que olvidar una cosa: La Iglesia (aunque algunos parecen olvidarlo) propone, aconseja. No condena. Y siempre acoge. Te propone un modo de vida en el que serás plenamente feliz. Cuanto mejor lo lleves, más feliz serás (y lo comprobarás). Y da igual el punto en el que estés ahora. Dios tiene una propuesta de felicidad para las prostitutas, los adictos a la pornografía, los divorciados, las parejas de hecho, los sacerdotes y religiosas, los novios, los matrimonios y los viudos. Para todos.

La cosa es comenzar, y cualquier día es bueno para eso. ¿Te animas?

Crear el hábito.

Hay algunos autores que sostienen que se necesitan 48 días para adquirir un hábito. Un reciente estudio británico sostiene que 66.

Está demostrado que para determinadas costumbres relacionadas con el ejercicio físico se tarda más que para, por ejemplo, coger el hábito de tomar una pieza de fruta al día.

El caso es que los hábitos son la gran ayuda para vencer nuestros apetitos y alcanzar nuestras metas.

Los cristianos pasamos mucho tiempo de nuestras vidas intentando enmendar las torcidas tendencias de alguno de nuestros apetitos. Queremos hacer oración todos los días, mejorar nuestra agresividad, no decir mentiras… todo un programa de perfeccionamiento en Cristo de por vida.

Según Leo Babauta (creador de títulos como “zen habits”), la clave para triunfar no es la de marcarse muchas metas, sino focalizar nuestra energía en aquello que querramos mejorar.

Tenemos mil defectos, y probáblemente Dios nos pida cambiarlos todos, pero conviene hacerlo inteligentemente para no fracasar.

Toma uno, el más importante. Y céntrate en él los próximos 48 días (o 66). Si logras triunfar, habrás creado el hábito, por lo que hacerlo bien en ese campo te supondrá un esfuerzo mil veces menor en adelante. Entonces ya es el momento de emprender otro cambio.

Poco a poco irás eliminando tus hábitos negativos. Y serás libre.

Mucho más libre para hacer el bien y cumplir la voluntad de Dios en tí.

Evita la situación, no la tentación.

Desde siempre nos hablan de lo bueno que es evitar la tentación.

Pero esto es muy duro. Exige unas grandes dosis de fuerza.

A veces, cuando nos vemos en la situación y hay que elegir es difícil luchar contra nuestro débil cuerpo, contra nuestra débil mente o contra nuestros tempestuosos sentimientos.

Pero no es tan difícil tomar rumbo antes de que suceda la situación dónde nos vamos a ver tentados.

Evitar la tentación es de héroes, evitar la situación de sabios.

El pecado original

by Kamoteus

by Kamoteus

Vivimos una época en la que determinadas palabras están pasadas de moda.

Pecado es una de ellas. Se ha usado tanto y de manera tan deformada, que ya casi nadie que no sea cristiano sabe con exactitud qué significa esa palabra, y más específicamente el pecado original.

El pecado original apenas ha logrado salir del libro del génesis, del cuentecito de Adán y Eva, para muchos creyentes. Es una de esas palabras que oímos desde pequeños, y que a nuestra vida espiritual aportan lo mismo que la palabra Clembuterol, Presbicia o Velociraptor: nada.

En la Biblia no hay palabras gratuitas. Desde la primera a la última todas aportan algo a nuestra vida espiritual. Todas nos enseñan a conocernos más o a conocer más a Dios. Todas aportan algo a comprender el mundo en el que nos movemos. Y el pecado original tiene tres consecuencias que marcan para toda la vida nuestra búsqueda de felicidad.

 

Las consecuencias el pecado original son, según la teología tradicional, tres: ilusión, concupiscencia y debilidad de la voluntad. La ilusión significa que, aún cuando estamos irresistiblemente programados para una felicidad sin límites de una forma inherente a la naturaleza humana, no sabemos dónde se encuentra la verdadera felicidad. La concupiscencia significa que buscamos la felicidad en lugares equivocados o que buscamos excesiva felicidad en los lugares correctos. Y, finalmente, si es que llegamos al punto de descubrir dónde se encuentra la verdadera felicidad, nuestra voluntad es demasiado débil para conseguirla.

Thomas Keating Intimidad con Dios

Ilusión: Nos pasamos toda la vida dejándonos la piel, tras la felicidad que nos muestran los espejismos que se nos aparecen por el camino (dinero, amor, placer, poder, etc…).Pero a cada uno se le aparecen de forma diferente, en momentos diferentes de su vida. Somos esclavos de las modas y las tendencias, somos muy manipulables precisamente porque nos pueden vender la moto de que comprando una cosa, realizando un viaje, adquiriendo un estatus seremos felices. La realidad es dura: No sabemos dónde se encuentra la verdadera felicidad

Concupiscencia: Millones de personas destrozan a otras millones de personas en la persecución frenética de cualquier cosa que parece aportarles un poco de felicidad. Como no sabemos dónde está, la buscamos dónde sea, haciendo lo que sea. Y además, la queremos toda. No nos saciamos. Una vez alcanzada cualquiera de nuestras metas (matrimonio, carrera, dinero, jefatura, etc…) la felicidad lograda sigue siendo insuficiente, parcial, poco plena. Hay tanta gente que lo quiere todo, porque no encuentramos la felicidad en nada.

Debilidad: Y cuando por fin encontramos un poco de felicidad, quizás por que dudamos o por la inercia de tantos años en búsqueda, la descuidamos o abandonamos. Infidelidades, adicciones, nuevas ambiciones. Llevamos tanto tiempo buscando, que cuando la encontramos no nos lo creemos del todo. Probablemente porque la felicidad no era como nos imaginábamos. El caso es que no nos dura.

Afortunadamente los cristianos con Jesucristo y con el Bautismo ya tenemos la medicina para quitarnos esta enfermedad. Otra cosa es que sigamos el tratamiento cada día ¿no?

La inmaculada concepción en la empresa

by luisperezbus.rm

by luisperezbus.rm

Se puede.

Se puede luchar contra sistemas inhumanos que explotan niños en el tercer mundo.

Es posible superar a altos directivos cabalgando a lomos de la montaña rusa de su ego y jugando a ser dioses con los destinos de miles de trabajadores.

Debemos pedir salarios más justos, mejores condiciones laborales.

La mujer acabará teniendo los mismos derechos laborales que el hombre y podrá ser femenina en su forma de dirigir la empresa, sin renunciar a su maternidad o a su matrimonio.

Habrá empresas dónde el talento sea la clave de la productividad. Dónde se busque triunfar a costa de buenas ideas y de buenos equipos por encima de recortes de gastos indiscriminados.

Se podrá llegar a casa a tiempo para acostar a tus hijos, para cenar con tu esposa. Tendremos tiempo para disfrutar del resto del día que nos queda fuera del trabajo.

Trabajarás con pasión, con ilusión, sintiéndote parte de un proyecto. Te realizarás con tu trabajo y disfrutarás también de tu trabajo.

Se acabará la angustia por el futuro.

Porque celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción, y esto supone que hubo una MUJER, que abrió el camino para que el mal y el pecado que nos toca y que no hemos hecho sea vencido. Para que las estructuras de opresión e injusticia que gobiernan este mundo no tengan la última palabra.

Porque ella es la que trajo la Palabra a este mundo, y esa palabra es AMOR.

 

 

¿Estás contaminado?

by james

by james

Ya podrías indignarte por las persecuciones que hacen a los cristianos. Por las veces que alguien es condenado a muerte por sus creencias o simplemente discriminado y apartado de la sociedad. Si no eres capaz de alegrarte por la existencia de tu hermano que te persigue, estás contaminado.

Ya podrías ofenderte por tantos y tantos Cristianos que aunque dicen que profesan la religión del amor, fomentan el odio, abusan y comenten inmoralidades sin pestañear. Si no eres capaz de sentirlos familia, estás contaminado.

Ya podrías preocuparte por la evasión que buscan muchos en las drogas, el alcohol, los juegos y demás. Si no puedes presentarles una vida que merezca la pena vivirse, estás contaminado.

Ya podrías avergonzarte de una sociedad que margina a sus mayores. A la que la vejez le resulta no productiva y por ello la arrincona dónde no le molesta. Si no tienes un buen amigo anciano, estás contaminado.

Ya podrías entristecerte por las guerras, por el hambre. Por tantas y tantas víctimas de la violencia. Por tantos y tantos muertos que llenan los bolsillos de asesinos a distancia. Si no erradicas el miedo de esta tierra, de tu tierra, de la que pisas a diario, estás contaminado.

Ya podrías asquearte de la prostitución, de la pedofília, del uso y abuso del sexo desalmado. Si escondes al amor para poder hablar de sexo, estás contaminado.

Ya podrías crear riqueza en la sociedad. Hacer el bien desde posiciones poderosas, y proteger lo de los más débiles. Si perder lo conseguido condiciona tu comportamiento, estás contaminado.

Ya podrías detestar a los hipócritas, a los mentirosos. Denunciar públicamente los engaños o avergonzar al estafador. Si te engañas a tí mismo, estás contaminado.

Ya podrías alegrar a los tristes, tranquilizar a los nerviosos, animar a los hundidos. Si no eres capaz de admirar todos los días la obra de Dios en tí, estás contaminado.

Ya podrías alegrarte por los éxitos ajenos. Por el triunfo del hermano, por la prosperidad del vecino. Si no agradeces lo que te está tocando en el reparto, estás contaminado.

Y es un virus muy peligroso porque siempre tiende a empeorar.

Las fases del cambio

by lasdrogas.info

by lasdrogas.info

Ya está bien. Sabemos que llevas demasiado tiempo con esa miseria que no te deja vivir en paz.

Quizás no la reconoces, o quizás has intentado atacarla muchas veces sin éxito.

Hoy, te propongo algo mejor que andar perdiendo fuerzas en intentar eliminarla.: ¡Cambia!

Si, cambia. Cámbiate a ti. Es más sencillo que eliminar una parte de ti.

Y para ayudarte, te voy a mostrar las fases del cambio. Así sabrás cual será la próxima etapa que vendrá y que tendrás que afrontar. Esto te valdrá para cualquier cambio que quieras hacer en tu vida (adicción, miseria, costumbre, empleo, etc).

FASE 1: PRECONTEMPLACIÓN

No tienes ni idea de que tengas un problema. Quizás lo intuyes porque algunos temas parecen extraños, alocados, problemáticos, pero ni idea de lo que puede estar pasando.

FASE 2: CONTEMPLACIÓN

Sabes que tienes un problema, pero no terminas de meterle mano. Está ahí, tu estás aquí, y bueno, vais por la vida juntos.

FASE 3: DETERMINACIÓN

¡Ya está bien!. Decides hacer algo porque esto no puede seguir así, aunque esta decisión no has sido capaz de concretarla. Pero lo importante es que sabes que tienes que hacer algo. No puedes quedarte quieto.

FASE 4: ACCIÓN

Ya has dado el paso. ¡Lo hiciste! Felicidades. Aunque sabes que el camino no ha hecho más que empezar ¿verdad?

FASE 5: MANTENIMIENTO

El camino parece más duro que nunca. Hay momentos en que sabes que no se trata tanto de avanzar, como de no caer. No cojas vuelo, sigue en tensión. Lo importante es vencer la tentación, no ser superman.

FASE 6: RECAÍDA

Esta no tiene por que darse, pero si caíste de nuevo no pasa nada. Simplemente levántate y como en el juego del parchís, te va a tocar hacer todo el recorrido de nuevo. ¡Ánimo! con un poco de esfuerzo estarás otra vez dónde te caíste y podrás llegar a superar tus marcas.

Por cierto, no olvides pedir ayuda al de arriba, que tanto tu como yo sabemos que tus fuerzas son limitadas, y toda ayuda es poca. Además, las penas con amor son menos.

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