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lo tuyo, lo mio, lo nuestro
Cuando dos personas deciden formar una pareja, es como cuando hacemos un puchero. Todo se mezcla.
¿Qué es tuyo? ¿Qué es mío? ¿Qué es nuestro?
Muchas parejas piensan que si lo comparten todo están apostando más en serio por la relación. Otras, escarmentadas de anteriores fracasos, recelan y apenas comparten nada por si acaso la cosa falle de nuevo.
Lo mejor es ir por partes.
Hay que dividir lo que es de cada uno para poder atacar los problemas.
Hay una esfera personal, que es de cada uno de los que forman la pareja, y que no puede ser decidida ni compartida, a lo sumo comunicada. Es la esfera de los sentimientos, de las sensaciones, de los miedos, de las angustias y deseos. Cada miembro de la pareja tiene los suyos. No es culpable por tenerlos y nadie puede entrar a tocarlos si no es el mismo. Por mucho que una pareja se empeñe en tratar de trabajar juntos la falta de deseo de uno de ellos, o intenten arreglar algún miedo o desconfianza, la clave siempre radica en el dueño o la dueña de la esfera. Sólo se puede (y se debe) ayudar, auxiliar, escuchar. Pero el camino, se camina solo.
Y hay una esfera compartida, en la que se mete todo aquello que se construye de manera conjunta. Desde la hipoteca hasta los hijos, desde la casa hasta la diversión en común. En esta esfera ocurre todo lo contrario. Aquello en lo que no participen los dos, no será vivido plenamente, y acabará corrompido. Las cesiones o las entregas absolutas de estos ámbitos acaban siendo siempre fuentes de infelicidad.
Es bueno aclararlo porque en una relación de pareja, cuando está Jesús de por medio, a veces hay que dar la vida hasta morir por tu pareja, otras veces hay que plantarse y no tragar, y siempre requiere un discernimiento previo. Poner un piloto automático (ceder siempre, pelear siempre) en la forma de resolver problemas es camino seguro hacia el fracaso.
Llegada la hora de quemar las naves

by photojenni
En el año 335 AC, al llegar a las costas de Fenicia, Alejandro Magno debió enfrentar una batalla en la que los soldados enemigos eran el triple que su gran ejército.
Cuando Alejandro Magno hubo desembarcado a todos sus hombres en la costa enemiga, dio la orden de que fueran quemadas todas sus naves. Mientras los barcos se consumían en llamas y se hundían en el mar, reunió a sus hombres y les dijo: “Observen como se queman los barcos. Debemos salir victoriosos en esta batalla ya que solo hay un camino y es por mar. Sólo podemos regresar en los barcos de nuestros enemigos”.
Finalmente, el ejército de Alejandro Magno venció en aquella batalla regresando a su tierra a bordo de los barcos conquistados.
En las relaciones de pareja, llega un momento en el que hay que quemar las naves.
Llega un momento en el que se debe renunciar de por vida a la pregunta de si esto me conviene, o por el contrario me marcho de aquí. Es cuando pasamos de un “¿me conviene esta relación?” a “tenemos un problema que arreglar”.
Y una vez dado ese paso no hay marcha atrás. O se triunfa, o se fracasa.
Tener siempre abiertas las puertas de salida, hace que cuando vengan duras estas se vuelvan insoportablemente tentadoras. El matrimonio y cualquier relación de pareja, se ven enfrentadas hoy en día a dificultades tan abismales en las que es impensable la victoria si hay marcha atrás o posibilidad de huida.
Y esto, lejos de lo que podría parecer a simple vista no es limitarse. Es sacrificar voluntariamente la vida por un proyecto de amor. Un proyecto que trasciende de lo que me apetece o lo que temo para colaborar en el plan de Dios, y para aprender a amar con madurez. Es avanzar. Quien no se compromete no avanza. Quien no apuesta duro no gana.
No es riesgo, es valor. Lo contrario nos lleva a relaciones de guardería, dónde la pelea por mis juguetes (mi tiempo, mis cosas, mi trabajo, mi desarrollo personal) es el objetivo a corto, medio y largo plazo. Es luchar contra lo que venga en equipo, y no tener como rival al compañero.
Conozco gente que nunca pasó de esta fase. En sus manos tuvieron muchas relaciones, pero acababan vacías, porque llegado el momento no se daba este salto al vacío. Se buscaba compañía a bajo coste.
Quemar las naves implica un vacío dónde no vale plantearse si acertaste o no al elegir tu pareja, porque la pregunta ya no procede. Simplemente se abandona ese territorio cómodo y necesario para la pareja en el que nos vamos conociendo para pasar al terreno dónde nos dejaremos la vida por construir un hogar. Y aquí las únicas preguntas que proceden son las que buscan soluciones, no huidas.
Los ingredientes del amor

by Horia Varlan
Son tres en la pareja. Es como un juego de química. Sólo hay una fórmula que funciona.
Y esto es una teoría psicológica, no me lo invento.
Intimidad.
Los momentos que pasáis juntos, que habláis, e incluso los que compartís haciendo algo que os gusta a los dos.
Pasión.
El deseo, la sensibilidad, el sexo. Esos momentos de placer y de búsqueda del otro para disfrutar sensiblemente de su compañía.
Compromiso.
Nos hacemos novios, nos casamos, tenemos hijos, un hipoteca. Establecemos algo más serio juntos.
Estos ingredientes se han de mezclar por dosis iguales. No tiene sentido tener una hipoteca y un hijo con alguien con quien estoy empezando a mantener conversaciones.
Casos hay miles:
Se puede empezar por la intimidad, llegar la pasión, y luego el compromiso.
Son muchas las parejas que comienzan por la pasión, se trabajan la intimidad, y llegan al compromiso.
Cuando maduramos, muchas parejas caen en la tentación de apoyar su relación en el compromiso, y descuidan la intimidad y la pasión.
Cuando sólo hay pasión, no se llega a nada.
Cuando sólo hay intimidad, tampoco.
Cuando sólo hay compromiso, es un envoltorio vacío.
¿Y Dios no es un ingrediente?
Dios nos mira sonriendo para que disfrutemos con el juego de química que nos ha prestado.
Cuando la cocacola se junta al vino, sale calimocho.

by Risager
Tienes Coca Cola. Tienes vino. Los juntas, y sale calimocho.
El vino no sabe tanto a vino, ha cambiado.
La Coca Cola, no sabe tanto a Coca Cola. También ha cambiado al mezclarse.
Eso mismo pasa en una relación. Las personas nos influenciamos para bien o para mal cada vez que interactuamos. Y no hay mayor interactuación que una relación amorosa.
Es lo que pasa al comenzar un noviazgo. Los ermitaños comienzan a salir de fiesta y los juerguistas se encierran a jugar al parchís con sus suegros. Los amigos para siempre desaparecen, y los amigos de tu novio cada vez te caen mejor.
La buena relación, es la que hace que cambies para bien, que te esfuerces en crecer, en mejorar, en aprender cosas nuevas, en abrirte a nuevas mentalidades, experiencias, etc. La mala hace todo lo contrario.
Un truco para saber cómo va tu relación, y si te conviene, es preguntar a todos los que te quieren si han notado que hayas mejorado o empeorado como persona. Escucha sus razones, y te ahorrarás muchos problemas en el futuro.
Conoce a tu pareja.

by Chesi
Mírala fijamente en los momentos de tensión.
Cuando conduce el coche y se encuentra con alguien que se ha saltado una señal, o cuando se encuentra en medio de un atasco.
Cuando se le rompe su bien más preciado, o cuando no le funciona el ordenador.
Cuando tiene que afrontar unos exámenes o se enfrenta a una entrevista de trabajo.
Cuando tiene una discusión con su familia o cuando se enfrenta a un ambiente hostil.
Porque en los momentos de tranquilidad se puede fingir muy bien. Todos lo hacemos para agradar a quienes nos rodean, pero es en los momentos de tensión, en los que la vida nos pone a prueba, en los que no podemos permitirnos el lujo de complacer a nadie y nos sale la respuesta espontánea que llevamos dentro.
No se trata de analizar si esa respuesta espontánea es agradable o no (por lógica, en momentos de tensión se nos pone un carácter desagradable). Lo importante es conocer cómo lleva tu pareja esos momentos, el tiempo que tarda en pasársele el disgusto, cómo afronta la vida tras el éxito o el fracaso, cómo influye en la objetividad de sus decisiones, cómo es capaz de perdonar, etc.
Al final, se trata de conocer bien a tu pareja porque es imposible amar a quien no se conoce. Y cuanto antes abras los ojos ante el ser humano que tienes al lado y abandones esa idea romántica y mitológica del superser que has encontrado, antes podrás ponerte a construir una relación como Dios manda…(o a salir corriendo).
Las crisis, con Dios son menos
Puede que no me hagas caso a mí. Quizás la ganadora de siete grammys y varios records musicales te haga entrar en razón para que te des cuenta de que tener a Dios contigo, en contra de ese diablo que se empeña en hundirte, es lo mejor que puedes hacer para tener paz en tu mente.
El amor se alimenta de tiempo.
Es inutil disfrazarlo. El amor se alimenta de tiempo.
La gente normalmente se engaña mucho con esto.
Familias que se dividen a kilómetros de distancia por intereses profesionales, padres o madres que no están con sus hijos por idénticos motivos, amigos que no se ven porque la vida se ha complicado mucho.
El amor implica siempre una renuncia. Si dedico tiempo a alguien, es tiempo que me quito a mi mismo, a mis proyectos, etc. Al final, se ama a aquella persona con la que se comparte (tiempo, ocio, dinero, diversión, etc…). Casi siempre que le quitamos tiempo a la relación tenemos el caso de una ausencia de renuncia por parte de uno o de ambos. No renuncias a tu carrera profesional, no renuncias a tu tiempo de ocio, no renuncias al cuidado de tu físico, no renuncias al tiempo con tus amistades, no renuncias a tu…¡A cualquier cosa tuya!.
Ten claro antes de embarcarte en una relación, en un matrimonio o en una amistad que, sea como sea, va a consumir tiempo, y este sólo puede salir del que dedicas a tus cosas.
No son de extrañar, por tanto, los casos de infidelidad matrimonial con secretarias, amigos, monitores de gimnasio, guardaespaldas. Con ellos hay tiempo, y el tiempo alimenta el amor.
Da igual lo que creas, las excusas que pongas, las razones que hayan para quitarle tiempo al estar juntos. El amor se alimenta de tiempo, y si no lo alimentas puedes llegar a matarlo.
Los espejismos de la vida.

by eperales
Los espejismos son ilusiones ópticas, que según el diccionario, se dan principalmente en las llanuras del desierto.
En nuestra vida pasaremos por varios desiertos, y como desiertos que son, traen aparejados sus propios espejismos.
Da igual el desierto que estemos atravesando. Ya puede ser un desierto laboral, un desierto matrimonial o de pareja, un desierto creativo, un desierto económico, un desierto familiar, un desierto emocional. Todos tienen sus propios espejismos. Agua fresca inacabable y cristalina que acaba siendo arena.
La arena bien puede representar lo duro, lo áspero, lo real o lo mundano (una de cal y otra de arena). Los espejismos son precisamente oasis, dónde parece que todas nuestras necesidades se verán satisfechas, y que en el fondo acabarán siendo arena, más arena del desierto.
Ser empresario parece atractivo y bien remunerado, pero conlleva estar en el trabajo 24 horas al día, arriesgar parte de tu patrimonio familiar, la inseguridad y el riesgo del futuro.
La mujer o el hombre de tus sueños tienen sus propios problemas, defectos, mediocridades. Compartir la vida con alguien es complejo y laborioso, y si no lo parece, es porque no se ha profundizado lo suficiente. Como dice un amigo mío, el roce hace el cariño, pero también la llaga. Tiene más de aprender a dar la vida que de que encontrar a alguien que te la arregle.
Al final siempre arena. Cojas el camino que cojas, en el desierto de la vida tarde o temprano acabará apareciendo más arena. No se puede esquivar, sólo estar bien pertrechado para sobrevivir al viaje hasta el próximo oasis y reponer fuerzas.
Cuidate de los espejismos. Ese trabajo, esa chica, ese camino que va a resolver todos tus problemas y en el que serás eternamente feliz y descansado probablemente sea uno. Haz lo que te haga feliz, mejor si lo haces con el “mapa” de la vocación que encontrarás en Dios, pero estate siempre preparado para el desierto y la arena.
Carta de un cristiano a su futura novia.

by Ann Douglas
(O de una cristiana a su futuro novio. Simplemente cambia el género de la carta).
Querida.
Lo he pensado seriamente, y tras escuchar mi corazón se que quiero pasar el resto de mi vida contigo.
Pero esto no funcionará si antes no me conoces lo suficientemente bien. Por eso te he escrito esta carta. Simplemente para facilitarte la tarea antes de que decidas finalmente formar algo serio conmigo.
El problema principal, es que ya estoy liado con alguien. Es Jesús. Nuestro lío viene de lejos, y no tengo intención de romper con él en mucho tiempo. Tendrás que aceptar una relación de a tres. No te tiene que resultar tan extraño, mucha gente las tiene con su suegra, con su perro o con su hermano. No te pido que le adores como yo, cosa que me haría una tremenda ilusión, sino simplemente que no permitas que nuestra historia de amor rompa esa que traigo desde que nací.
Entiendo que esto de tener un matrimonio de a tres puede parecer un rollo, pero hazme caso, con él las cosas son más sencillas. Además, si discutimos somos uno contra el otro… ¿Quién mejor que Jesús para deshacer las discusiones por mayoría?. Es genial tener a alguien a quien contarle nuestros problemas, que su principal interés es en que nos hagamos bien, y que luego no vaya por ahí de chismoso.
Si sigues adelante conmigo, tendrás un marido que desea ser austero, humilde o incluso pobre. Que lo mismo utiliza parte de la paga o de su talento para regalarlos a los más necesitados. No es la mejor carta de presentación, pero este Dios que tanto me ocupa, también aportará una providencia y una Iglesia que me apoya y me respalda, y que no nos dejará en la estacada cuando las cosas nos vayan mal.
Por otro lado, como cualquier relación, lo mío con Jesús necesitará sus tiempos. Lo único es que en vez de ir al fútbol, o con los colegas de fiesta una vez cada tanto, necesito ir a misa los domingos y rezar mucho. Compréndelo, también con él tengo que mantener la chispa. Además reunirme con mi familia en la fe de vez en cuando. Te prometo que yo también respetaré tus necesidades, y buscaré momentos de encuentro y calidad para los dos, así que no te preocupes.
He hablado con Jesús, y le has caído de maravilla, así que descuida que cuando meta la pata contigo, será el primero que me obligue a volver a pedirte perdón.
Por otro lado, quiero que conozcas otras virtudes. Creo en el amor para siempre. Cuando engordes, o envejezcas. Si tuvieras un accidente o enfermedad, descuida que yo estaré siempre ahí. No te he escogido por tu físico, ni por tu sueldo, ni por los sentimientos que me despiertas en este momento. Mi principal misión en esta vida será hacerte feliz, y te pondré por encima del trabajo, de mi familia, de mis egoísmos, de mis apetencias… Separaré todo lo que sea necesario de mi pasado, para construir un futuro en el que los dos seamos uno. Y si en esto tengo que dejar lo que he sido hasta ahora, descuida que lo haré.
Te ofrezco el don del perdón. Ya la puedes hacer gorda, que sabrás que te perdonaré. No digo que no tenga consecuencias porque a veces enfrentarte será lo más amoroso que pueda hacer por tí, sino que pondré todas mis fuerzas en que nunca encuentres un resto de odio en mí.
Respecto al sexo, será maravilloso. Jugaremos y disfrutaremos con libertad y sin complejos, tu siendo tu y yo siendo yo, porque te quiero a ti, no a la supermodelo que podrías ser o al placer que me puedas proporcionar. No será nunca la prioridad de lo que siento por ti. Aguantaré lo que haya que aguantar cuando vengan temporadas de abstinencia, porque tus ritmos y nuestro amor, estarán por encima de mis apetitos (¿recuerdas que mi nuevo objetivo será hacerte feliz?) Además, intentaré que no sea una evasión, sino que sea la culminación de nuestras luchas, discusiones, esfuerzos y momentos cotidianos. Toda una celebración del amor que tendremos en nuestro hogar.
Eso sí, te ruego me perdones y me ayudes cuando esté incumpliendo con algo de lo que te he contado. Mi lío con Jesús también es complicado.
Consejos a la hora de elegir novio / a (3)

by romainguy
Que sea optmista.
¿Ya está? ¿Nada más?.
No lo minusvalores, es un gran consejo. Piensa que en la vida hay un 99% de cosas que te ocurren sobre las que no tienes dominio. La única forma de prosperar antes las mismas es simplemente seguir avanzando.
Y sólo avanzarás, si crees que al final del esfuerzo estará la recompensa.
Busca alguien optimista. Se optimista.
La diferencia entre los optimistas y los pesimistas no es quién tiene la razón. Ambos desconocen como acabará la historia. La diferencia está en que uno lo seguirá intentando y el otro no.
La vida en pareja es bastante difícil como todo lo que merece la pena. Hay que trabajarla mucho, y sufre muchos vaivenes. ¿Con quien quieres vivir semejante viaje? ¿Con alguien que se esté quejando siempre de si falta mucho por llegar, o con alguien que disfrute del paisaje?


