oración

Pedid y recibiréis… o no

Una discusión recurrente es la que se produce entre Cristianos con la duda de si es conveniente o no pedir a Dios aquello que queremos.

Si Dios es bueno, y sabe lo que me conviene… ¿Cómo voy yo a osar pedirle algo que podría ir en contra de lo que él sabe que es mejor para mí?. Y si tengo que pedirlo… ¿Cómo puede ser tan malo que no me lo conceda si no se lo pido?. En resumen, si se lo pido malo porque Dios ya sabe lo que me conviene, y si no se lo pido, malo, porque Dios puede que no me lo conceda.

El tema es harto complejo y se puede analizar desde muchos puntos de vista. Hoy estaba el debate hablando de la salud. Si Dios quiere que me cure, pues me curaré y no hará falta que lo pida. Y si lo pido y no me lo concede y sigo enfermo… ¡Qué asco de Dios!

Primera cuestión: ¿Tienes fe en que Dios puede concederte lo que pides? ¿Cualquier cosa? ¿Incluso milagros?

Porque muchas veces detrás de estas dudas filosóficas se esconden grandes racionalistas que, en el fondo, tienen miedo de pedirle algo a Dios, porque esperan que no va a producir ningún efecto y que luego tendrían que justificarse a sí mismos creer en algo que, de manera fehaciente, no les ha hecho el menor caso. Prefieren tener una imagen de un Dios nadapoderoso (que no es capaz de cambiar el futuro) o déspota (que ya lo tiene previsto haga lo que haga) que la de un Dios imprevisible. Porque lo que hay de fondo en esta gente no es un problema filosófico, es un problema de humildad. Se niegan a adorar un Dios que no esté domesticado y encerrado entre sus conceptos, y reniegan de un Dios sorprendente e inabarcable.

Segunda cuestión: Cuando pides ¿A qué tienes miedo?

Porque en este hilo de pensamientos te niegas a pedir algo (serio o insustancial, da igual) porque quizás Dios tiene otros planes. Debe ser muy duro seguir a un Dios que se indigna contigo si le pides tonterías. Tu manejas lo que quieres que se te conceda, pero también temes que los planes de Dios sean distintos (¿a qué tienes miedo?) y los enfrentas. Manejas la variable humana y la divina. Tu lo manejas todo.

Cuando era más joven, si yo quería una bicicleta se la pedía a mi padre. Luego, él sabía lo que me convenía o no, pero yo quería la bicicleta y la pedía. A veces había bicicleta, y a veces resignación. Ninguna de las dos me hizo dudar en ningún momento del amor de mi padre, ni cuestionarme volver a pedir otra cosa que me apeteciera, no fuera a ocurrir como con aquella bicicleta que al final no me regalaron.

Deja a Dios ser Dios y permítete a tí ser humano. Disfruta de su amor y pide cualquier cosa por insignificante que parezca, porque según la Biblia la recibirás… o no.

 

 

Actividades para no pensar

Necesitamos pensar menos.

Millones de jóvenes salen cada fin de semana a hacer un botellón. Entre la marea humana, la compañía y las copas, ralentizan la consciencia hasta el punto en el que el peso de la cotidianidad, de los exámenes, de las tareas, de las dificultades intrínsecas a la adolescencia parecen desvanecerse o simplemente pasar a un segundo plano. Cualquier chiste fácil, cualquier juego espontáneo o simplemente concentrarse en mantenerse de pie con semejante intoxicación etílica es el ejercicio en el que focalizan toda su actividad mental durante un rato.

Un gurú oriental teosófico, Jiddu Krishnamurti, sostenía que el principal problema que tenía el hombre occidental con la sexualidad era que la utilizaba como una vía de escape. En medio del sexo no se piensa. No hay jefes, oficinas, estrés, exámenes… no hay pensamiento. La energía sexual es algo tan potente que cuando entra en escena, eclipsa cualquier otra cosa en nuestra mente.

La televisión, los videojuegos, los deportes de riesgo, viajar… Actividades que no existían hace apenas un siglo y que ahora ocupan gran parte del tiempo y la economía del primer mundo. Diversiones que me evitan el contacto profundo con mi yo, mi vida y mis circunstancias. ¡Que triste considerar lo que conforma mi vida real como elementos apestados de los que hay que huir cuando se presenta la menor ocasión!. Actividades que anulan toda posibilidad de pensar. Actividades que nos hacen sentir vivos, pero a condición de estar fuera de nuestra vida. Pequeños oasis del pensamiento en los que “recargamos las pilas” para volver a soportar una vida cargada de pensamientos.

El cristianismo tiene una oferta mucho mas constructiva para canalizar el no pensamiento y crecer interiormente: La mística cristiana.

Hay bastantes métodos de contemplación en los que simplemente no pensamos, y nos dedicamos a saborear la compañía de Dios y de nuestra vida. Todos válidos, todos fantásticos. Métodos que al contrario que los anteriores, hacen que al regresar de estas vacaciones del pensamiento, la realidad se haya transformado y la vivas con más paz.

Necesitamos pensar menos, necesitamos contemplar más.

El silencio

by rubyblossom

by rubyblossom

El silencio no es ausencia de ruido, es presencia de Dios.

Dios también está en el ruido. Está en todas partes. Pero el ruido no nos deja escucharle. En el silencio es dónde sólo El cobra protagonismo.

Porque el ruido no es Dios.

El ruido de nuestro trabajo no es Dios

El ruido de nuestros pensamientos no es Dios

El ruido de nuestros miedos no es Dios

El ruido de nuestras evasiones no es Dios.

El ruido de la violencia, del odio, del vértigo, de la velocidad, de los quehaceres tampoco es Dios.

Y si quitas todos los ruidos que el hombre (en su infinito afán de demostrarse a sí mismo que no es insignificante) ha creado, entonces la presencia de Dios aparece.

El ruido es un canto de sirena que nos urge a perseguirlo, pero que nunca tiene fin. Que por mucho que lo intentemos alcanzar, cada vez se aleja más. Cada vez más frustrante porque seguimos vacíos, pero nos desgastamos persiguiéndolo.

Dios, al contrario que el ruido, se hace accesible al menor intento. Parece más difícil, pero es alcanzable, y cumple con su promesa de felicidad.

Con este post, rompo el silencio con palabras y con conceptos, pero espero que te sirva para motivarte a probar a bajarte un rato del mundo para probar el silencio de Dios.

Bienvenidos a la tercera dimensión

by lomo-cam

by lomo-cam

Quizás no puedas verla. Pero en esta vida hay una tercera dimensión.

La mayoría de la humanidad vive en dos dimensiones, pero si te lo trabajas un poquito, puedes disfrutar de la tercera. ¡Y cómo cambia la película!.

La primera dimensión es la intelectual. Percibimos las cosas y las pensamos, sabemos cómo funcionan las cosas y adquirimos conocimiento. Conocemos aquello que nos daña a nivel mental (no dormir, ingesta de determinadas sustancias, pensamientos tóxicos, etc) y desde pequeños la vamos cultivando en el colegio. Hay gente que se quedó en esta dimensión y que no ve más que el negro sobre blanco de normas, leyes y reglamentos. De libros de texto y de anotaciones científicas.

La segunda dimensión, es la sentimental o afectiva. El amor, el respeto, el cariño. También el odio o la envidia. El dolor y la alegría. Seres extraños que vienen y van cuando quieren. Con los sentimientos no hay reglas, no hay horarios. Se puede convivir con ellos de una manera provechosa, pero nunca se les domina. Algunos sabios avanzados dedican parte de su vida a cultivar esta dimensión y logran altas cotas de felicidad.

La tercera dimensión es la espiritual. Afecta al alma.

Es tan real como las otras dos e incluso se puede percibir ligeramente con ambas (con la razón y los sentimientos), pero es independiente ya que puede hacernos felices incluso contraviniendo la lógica o los sentimientos. Muy pocos conocen de su existencia, pero al igual que las otras dos, afecta seriamente a nuestras vidas cuando la descuidamos.

Esta dimensión se hace presente a través de nuestra conciencia, de nuestra angustia existencial, de la plenitud, de la vocación. Dice “aquí estoy yo” en momentos trascendentes de nacimiento o muerte de seres humanos. Es una dimensión que hay que cuidar evitando exponernos a todo lo que pueda mancharnos. Evitar conversaciones, momentos, intenciones, acciones. Cultivar la poesía, la meditación, la oración, el sentido trascendente de las cosas. Esta dimensión también tiene su ciencia, la mística. Un “algo más” presente en todas las religiones y que trasciende a la propia religiosidad. Una dimensión que no puedes trabajar ni pensando ni haciendo, porque no trata de pensar ni de hacer. Lo que hagas o pienses estorba cuando te metes en estos terrenos.

En la religión Cristiana, esta dimensión se hace fuerte en las órdenes contemplativas. Esas que “no hacen nada más que rezar” (¡y nada menos!).

Búscate un buen maestro contemplativo y disfruta de la tercera dimensión.

El que es fiel en lo pronto

¡Qué bueno tener un Dios para cada momento de nuestra vida!

Porque está con nosotros cuando somos niños, cuando somos adolescentes, cuando somos adultos y cuando llegamos a ancianos.

Pero claro, las relaciones deben ser acordes a nuestro tiempo. Con Dios tendremos una relación infantil cuando seamos niños, adolescente cuando seamos adolescentes, adulta en nuestra vida madura, y serena y pausada cuando seamos ancianos.

Existe el peligro de haberte perdido por el camino. Y entonces tenemos a personas adultas que quieren tratar con Dios como si fueran niños o adolescentes. Y claro, la cosa no funciona. Las relaciones íntimas de este tipo no se pueden aparcar hasta que tenga algo más de tiempo.

Conseguir cosas con Dios supone que poco a poco se nos vayan dando y vayamos siendo fieles. Si no somos fieles ahora, tampoco lo seremos en el futuro. Si no has vivido tu juventud al lado de Dios… ¿Cómo esperas dedicarle tiempo cuando estés trabajando, con hijos, con deudas, con problemas?.

La relación con Dios no es lineal. Es creciente. Y si aflojas en una etapa, la siguiente te cuesta el doble.

La aprobación de un padre

¿Alguna vez habéis sentido que haceis lo correcto, y que por ello os cae un marrón?

Denunciar una injusticia, quedar atrás por seguir las reglas, parar en la carrera para ayudar al que se queda rezagado, compartir lo logrado y al final quedarte con menos… Todos cosas muy correctas, pero que al final te provocan un marrón.

Y no puedes evitar sentirte idiota, abandonado, solo. Aunque solo sea un poquito.

Pero en esas ocasiones, si aparece tu padre o tu madre y te dice “bien hecho, hijo”, se te hincha el pecho y te da igual el resultado. Tus padres te apoyan. El resto del mundo se equivoca.

Nos guste o no tenemos la herencia de mirar a nuestros padres después de hacer algo, para recibir su aprobación. Con la edad se va curando, pero está grabado a fuego en nuestro ADN. Nos sirvió durante la evolución para sobrevivir y no podemos quitárnoslo de encima tan fácilmente.

Pero ocurriendo lo mismo con Dios, apenas vamos a buscarlo ¿Paradójico verdad?

Tienes al alcance de tu mano (concretamente de tu oración) recibir la aprobación de tu padre justo cuando más lo necesitas por defender los valores del reino. Te servirá para hinchar el pecho, salir adelante, restarle importancia a las consecuencias, valorarte y mejorar tu autoestima.

Si va a resultar que la oración es un buen invento….

Una oración por Japón.

by boston.com

by boston.com

No hay palabras. Simplemente desde este blog queremos orar y pedir oraciones varias por el pueblo de Japón.

En medio del ruido de todos los debates estériles y comentarios absurdos que se oirán en todos los medios de comunicación, pidamos al Dios del silencio y del amor, por las personas. Son millones de hermanos los que han visto cambiar su vida de la noche a la mañana.

Oremos y ayudemos en lo que podamos. Ahora, y dentro de diez años, cuando esta tragedia la hayan olvidado todos. Todos menos esos millones de hermanos.

¿Qué te habrías dicho hace diez años?

by ralphogaboom

Imagina que eres un protagonista de una película de Hollywood.

Vas a retroceder en el tiempo diez años, y puede darse la tan temida paradoja espacio-temporal de encontrate contigo mismo.

Y así resulta. Os miráis y os reconocéis.

Tu yo antiguo siente cierta preocupación por lo deteriorado que se verá dentro de 10 años, y tu recibes la impresión de que estás muy viejo. Es lo que tiene comparar con un modelo en vez de con un recuerdo, que las diferencias saltan a simple vista.

Pero ahora viene lo importante. Tu yo antiguo quiere conocer su futuro. Qué le va a pasar y que no. Quiere jugar con las cartas marcadas sus próximos diez años y te pide, por favor, tomar un café tranquilos para hablar.

Piensa que todo aquello que calles ocurrirá más o menos como ha ocurrido. Pero cualquier cosa que digas, puede interferir gravemente el curso de los acontecimientos, y cambiar completamente tu historia.

¿Qué le dirías?. ¿Que parte de tu historia reciente merece la pena intervenir, sea cual sea el resultado?.

Termina la conversación. Tu otro yo se va. Te quedas leyendo un periódico sorprendido por cómo se trataban las noticias hace diez años y cómo se han ido reduciendo hasta desaparecer de la memoria colectiva todos aquellos grandes titulares.

Se acerca un anciano con pinta de vagabundo pero arreglado y se sienta en tu mesa.

Se presenta:

Hola, soy Dios. He estado escuchando la conversación que te has traído contigo, y me gustaría preguntarte…¿En qué dices que me he equivocado?

El alimento del alma

by jlastras

by jlastras

Tienes hambre. Párate a pensarlo aunque sea por un momento. Tu alma tiene hambre.

Te levantas por la mañana para tener que enfrentarte a un nuevo día, y muchas veces hay un ansia que no se calma con el desayuno. Sientes un vacío por encima del estómago, pero terminas de comer y ahí sigue.

Haces miles de cosas, pero sabes que no te sacian. Alguna vez hiciste algo que te dejó una sensación de plenitud increíble, y desde entonces, la echas de menos de vez en cuando. Y sabes que lo que hay ahora no termina de ser eso.

Pues esto, que no se arregla con pastillas, es sencillamente que tu alma tiene hambre. No te suenan las tripas, pero hay un hueco y tu alma quiere que la llenes.

¿Y como se hace para llenar el alma?.

La oración es como el pan, el alimento básico. Si tienes hambre de trascencencia, esto es lo que te da alivio inmediato. Hazla como quieras, hablando, con meditaciones, contemplando, con el rosario, etc. Al igual que el pan, hay de muchos tipos, y a cada uno le gusta el suyo.

Pero te invito a que seas un poco más gourmet.

Lee un buen libro. Disfruta de una puesta de sol. Contempla las estrellas. Escucha tu disco favorito a oscuras. Da un fuerte y duradero abrazo a alguien. Dile a alguien honradamente que lo admiras. Perdona. Da un regalo desinteresado. Ayuda al que nunca te va a poder devolver el favor. Visita un museo. Compón una canción, aunque nadie la vaya a escuchar. Pinta un cuadro. Sal con tu cámara a hacer fotos por las calles.

Deja a un lado el dinero, el vértigo, la velocidad y la utilidad. Haz algo gratuito, sosegado, sin prisa, que no te aporte nada más que una profunda satisfación.

Verás como desaparece el hambre… hasta que toque volver a comer, claro.

¿Estás haciendo lo que Dios te pide ahora?

by sprungli

No te pregunto si estás haciendo cosas buenas.

No te pregunto si tienes tiempo para hacerlo.

No te pregunto si estás siguiendo las directrices marcadas por tu guía espiritual,comunidad,orden,movimiento, etc.

No te pregunto si te estás esforzando, sufriendo, amargando, luchando, etc.

No te pregunto si has pagado el “impuesto religioso” por el que tu conciencia se queda tranquila si le das a Dios algo de tu tiempo, dinero, esfuerzo, etc

No te pregunto por lo complicada que se te ha vuelto la vida

No te pregunto por cómo te admiran en tu parroquia, grupo, colegio, etc  por todo lo que haces

No te pregunto si las monjas, curas, familia, responsables, etc están orgullosos de ti.

No te pregunto si eres un buen padre, madre, hijo, hija, sacerdote, religiosa, laica, marido, mujer, trabajador, amigo, compañero, etc.

No te pregunto si estás haciendo lo que Dios te pidió hace tiempo.

Simplemente te pregunto si estás haciendo lo que Dios te pide ahora.

Y te lo pregunto porque, hay veces en la vida, en las que la respuesta no es la misma, y ahora podría ser una de ellas.

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