misión

Curas en paro

Muchas veces nos quejamos de lo poco cristianas que son las empresas con sus empleados cuando cumplen años o por circunstancias como el matrimonio o los hijos, dejan de funcionar a pleno rendimiento.

Pero en la Iglesia deberíamos hacer autocrítica porque podemos ser iguales o peores con los nuestros.

Respecto a los laicos, en muchos lugares solo son capaces de trabajar con estudiantes o jubilados. Son incapaces de encontrar ocupaciones pastorales comprometidas a matrimonios o personas que deban compatibilizar un trabajo con la misión.

En muchos casos se resuelve de una manera totalmente machista, en la que la mujer cuida los crios mientras el marido sigue con el ritmo y las actividades que antes hacían juntos.

Es cierto que mayormente son ellos los que se ven desbordados y se alejan un poco del ritmo que lleva el centro pastoral, pero no es menos cierto que otros muchos se van, porque ya no hay tareas para ellos o las que les ofrecen, son las que nadie quiere.

Respecto a estos laicos comprometidísimos que acaban desapareciendo cuando la vida se les complica ¿Qué fue primero el huevo o la gallina? ¿Se alejaron de la misión, o la misión los dejó en la cuneta porque no podían seguir el mismo ritmo?

Respecto a los religiosos se viven algunas crisis personales dolorosísimas cuando las capacidades se empiezan a ver mermadas. Donde antes podían pastorear o servir hasta la muerte viviendo su carisma, hoy, la legalidad del mundo y la adaptación de estos centros a las distintas normativas, les excluyen. Se ven prohibidos y alejados de los centros educativos, los hospitales, y otros lugares para recluirlos en las casas comunitarias a ver la tele, leer el periódico, rezar un ratito y hacer los ejercicios de turno para conservarse un poquito más.

A veces pienso que no somos sinceros del todo con los seminaristas y novicias cuando les “vendemos” cómo será su vocación, pero solo les contamos la versión de la misma durante los primeros treinta años. Con los treinta finales no sabemos muy bien qué hacer.

Todo esto desde un punto de vista organizativo es un auténtico despilfarro. Pasas años formando, invirtiendo recursos y dando experiencia a gente a la que luego despides o desocupas cuando más sabiduría y experiencia tienen. No amortizas la inversión. No recuperas nada de lo invertido cuando ya no pueden estar en la cresta de la ola. Pero el santoral está lleno de santos que vencieron las limitaciones de la enfermedad, la edad o la familia para emprender grandes obras y construir el reino.

Dos ideas al respecto:

Todo carisma, toda misión, tiene un fundamento último. Ese fundamento último no son los colegios, ni los hospitales, ni las misiones. Es el otro. Es el encuentro con el otro. Separarlo de las ovejas o del resto de los pastores, privar a nuestros religiosos, sacerdotes, monjas, catequistas, monitores o voluntarios del motivo por el que se enamoraron y se embarcaron en esta aventura, y relegarlos a la única labor de sacar fotocopias, a decorar altares o a rezar laudes, es similar a despedirlos o jubilaros (y provoca crisis similares).

Si estás en paro, emprende. Se creativo porque el Evangelio todo lo hace nuevo. Si nadie te da el trabajo que te llena, búscatelo por tu cuenta. Con los vecinos, con los compañeros de trabajo, con el grupo que se reune en la parroquia, con el personal de limpieza del hospital, con los niños que se quedan jugando en el colegio. No hay una única forma de construir el Reino y la Iglesia necesita de tus manos y tus ideas aunque no conozca el lugar dónde hacen falta. Búscate la vida. Porque Dios te llamó para que tuvieras vida, y la tuvieras en abundancia.

La indefensión aprendida

¿Conoces el término la indefensión aprendida?

La indefensión aprendida es cuando has fracasado tantas veces en algo (independientemente del esfuerzo), que te acabas creyendo que, hagas lo que hagas, tus intentos siempre fracasarán.

Llegado este punto, ya sólo queda rendirse, tomar una actitud pasiva, y entrar en una espiral de frustración, depresión, y otro montón de porquerías mentales. Porque lo que fuera (situación, personas, suerte, circunstancias, condicionantes…) lograron romper tus sueños.

Y a los cristianos nos pasa un poco de eso. Hemos intentado tantas veces tantas cosas en un mundo que no acepta ni quiere aceptar nuestro mensaje, que da igual la fuerza que pongamos y da igual cómo lo hagamos. Los resultados siempre serán un rotundo fracaso. Nos pasa con la evangelización, con transmitir a Cristo, con vencer situaciones a fuerza de bien, con la pastoral, con lograr meter un poco del Reino en distintos ambientes. Quizás nos enseñaron que no, que ahí no se puede.

Te invito a que veas el siguiente vídeo. Son cuatro minutos, pero te cambiará la vida. Una vez visto, simplemente intenta de nuevo tener éxito en todos tus fracasos crónicos. Porque los fracasos antes de los intentos sólo son culpa tuya. Y el Señor del Universo quiere activamente que logres muchas de tus metas.

¿Qué necesitas para ser feliz?

by Carlos Carvacho

by Carlos Carvacho

Hay gente que necesita una casa.

Hay gente que necesita comida.

Hay gente que necesita salud.

Hay gente que necesita una familia.

Hay gente que necesita un coche, un ordenador, una televisión, un teléfono móvil, una lavadora, una nevera, un trabajo, un buen sueldo, ropa, diversión, fiesta, y muchas más cosas.

Y hay gente que, cuando ha conseguido todo esto, cuando tiene sus necesidades básicas colmadas, necesita hacer felices a los demás para ser feliz. Gracias a ellos el mundo todavía camina.

Pero luego están los misioneros. Ellos necesitan también todo esto, pero invirtieron las prioridades. Pusieron como primer objetivo el hacer felices a los demás, y luego ya importaba menos si había casas, comida, salud, familia y otras cosas y seguridades materiales. Si lo había, mejor que mejor, pero la primera cosa que necesitaban para ser felices era hacer felices a los demás.

Cuando veo las fotos de las misiones y veo esas sonrisas en las caras de los misioneros, es cuando tengo la certeza de que, simplemente, acertaron a descubrir cual eran realmente sus necesidades básicas.

¡Que bueno que todos podemos ser misioneros en cualquier lugar y momento!

La ley del embudo.

by Funk15

by Funk15

Cualquier cuestión de atraer a personas a determinado movimiento, pensamiento o simplemente cualquier actividad, funciona igual que un embudo.

En un extremo, tenemos la parte más estrecha que es la que más interés nos despierta a los promotores de la actividad. Es el meollo de la cuestión. En una empresa sería conseguir que compre o que compre mucho. En una ONG, la incorporación a la misma como voluntario o una donación. En la Iglesia, la adhesión plena a Cristo.

En el otro extremo, la parte más amplia del embudo, se encuentran aquellos temas en los que la adhesión es superficial, es decir, son actividades que a los promotores no nos interesan directamente, pero que si que despiertan interés a un público generalizado. En la Iglesia serían esas actividades que quizás no son especialmente espirituales, pero que gustan a gran cantidad de gente.

Es como cuando una marca de coches patrocina un partido de tenis. Obviamente no gana nada con esto, pero llama la atención sobre sí mismo a posibles clientes.

En la Iglesia, deberíamos cuidar mucho la parte ancha del embudo por dos razones principales.

  • La primera, es sencilla. Todos hemos pasado por ahí, y todos los que quieran seguir a Dios pasarán igualmente. Imagino que a Dios le será más sencillo contactar con la persona implicada en una actividad de Iglesia con gente de Iglesia que en una Discoteca (aunque como es todopoderoso, hará lo que le da la gana, claro).
  • La segunda, es porque si en esta parte no hay nadie, al final del embudo que es la parte que nos interesa, tampoco habrá nadie.

En estos tiempos, cuando el mundo parece que nos da un portazo en las narices, muchos dentro de la Iglesia tienen la reacción de cerrar el embudo. Algo así como si, ofendidos, abandonaran la comunicación con aquellos que no están especialmente interesados en lo que ofrecemos, para centrarse en los que ya tienen dentro.

Esto, además de antievangélico (¿se acuerdan de la oveja perdida?) es una idiotez. No es lo mismo ser pescador de hombres que cuidar la pecera.

El Evangelizador Egocéntrico

Soy un egocéntrico. Lo se. Siempre lo he sido.

Esto es malo, pero me ha servido para algo: se reconocer a otros egocéntricos.

Y háganme caso, la Iglesia está llena de ellos. Afortunadamente menos que en mi oficina.

Millones de evangelizadores predican con la ilusión de deslumbrar. De hacer aún más grande su autoconcepto. Conozco algún padre “Yo y yo mismo” cuyas homilías sólo hablan de él. Parecen decir ¡Eh!¡Mirad que bueno soy!. A lo mejor hablan de Dios, inspiran, sirven al reino, pero por dentro están regocijándose en el éxito.

Pero quien vive la misión de esta forma acaba encontrándose con la misma angustia que la de los artistas. Cuando los vientos no son favorables ¿Cómo continuar con la misión sabiendo que, probablemente, tu mayor éxito pertenece al pasado? ¿De dónde sacar la motivación necesaria para tirar adelante cuando has disfrutado de la recogida de la cosecha tras la siembra?.

La clave está en darle a Dios la responsabilidad del éxito o del fracaso. Pero de verdad, no en bonitas dedicatorias. El dirige, tu simplemente dedícate a hacer lo que te toque. El éxito o el fracaso vendrán por añadidura.

A continuación muestro un vídeo sencillamente fantástico para reflexionar sobre este tema. Está dividido en dos partes y, aunque no habla explícitamente de la evangelización, cualquiera que haya pasado por lo que digo lo aplicará a su vida pastoral sin problemas.

Los trolls son parte de tu trabajo

¿conoces a Seth Godin? Es un gurú del marketing y de la innovación. Una mente realmente brillante. Pues resulta que tiene un blog igualmente brillante que leo con bastante frecuencia. Hace unos días publicó un post que me parece que es increiblemente acertado para todos los que nos dedicamos a la evangelización.

Intentaré traducirlo lo más fielmente posible aunque no puedo evitar añadir algo de mi cosecha.

Muchas de las cosas del trabajo son duras. Tratar con trolls es una de ellas. Los trolls son aquellos críticos que obtienen un perverso placer en echarte abajo, a ti y a tus ideas, despiadadamente.

Algunas reglas de oro para no amargarse:

1º) Los trolls siempre van a estar troleando (en resumen, no tienen solución, no te gastes).

2º) Los críticos rara vez son creativos (es más fácil ser crítico que creativo).

3º) Ellos viven en una pequeña cámara de eco. Sus acciones tienen un alcance bastante limitado. Son ignorados por todo el mundo excepto por ti y por los otros trolls.

4º) Los auténticos profesionales (evangelizadores) como tú, cobran por ignorarlos. Es parte de tu trabajo (misión).

“No se puede tener contentos a todos” no es sólo una frase. Es el secreto para llegar más lejos que el resto.

Tu misión es algo entre Dios y tu. Un contrato que has firmado y el que paga es el de arriba. Los trolls que te encuentres en el camino, no son problemas, simplemente forman parte del trabajo que te han encargado.

No te quemes. Ningún troll ha podido nunca con el poder de Dios. ¡Pero mira que joden! ¿verdad?.

La mejor terapia es sentarte a hablar con el Jefe, y tenerles mucha, pero muchísima compasión. Ellos nunca recibirán una paga como la que has recibido: participar de la creatividad del hombre nuevo.

Sigue, aunque estés solo.

by david trattnig

by david trattnig

Me pregunto por qué escribo un blog con temática cristiana.

Y pienso en la siguiente historia:

Un profeta iba por distintas ciudades y pueblos gritando a los cuatro vientos el mensaje de su Dios. Nadie le escuchaba. Y así permanecía día tras día sin éxito alguno.

En uno de los pueblos, un muchacho se le acercó y le preguntó: ¿Por qué pierdes el tiempo hablando de cosas que a nadie le interesan?.

El profeta le contestó:

Cuando empecé a anunciar el mensaje, lo hice porque un grupo de profetas pasó por mi pueblo y causó una gran impresión en mí. A partír de ahí, me incorporé al grupo e hice de la predicación mi misión en esta vida. La felicidad de los días vividos compartiendo esta tarea en grupo marcó para siempre mis pasos.

Con el tiempo fueron abandonando uno a uno todos aquellos que alguna vez me habían iluminado, y al final quedé sólo. En ese momento, mi angustia por que no desaparecieran todos los profetas de la faz de la tierra me dió fuerzas para seguir con la tarea.

Ha pasado mucho tiempo, y ahora simplemente predico para no olvidar quien soy… Y creo que mi Dios está más contento que nunca.

Sigue haciendo aquello para lo que fuiste llamado aunque estés sólo. No te desvanezcas en la multitud.

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