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Olvídense de todos los conceptos. Amigo con derecho, amigo especial, novio, prometido, pareja de hecho, matrimonio. Hoy en día todo está difuminado. Matrimonios que duran dos días, parejas que viven juntas durante años. Hoy en día, en la calle, son palabras vacías de significado.

Por eso son polémicas, porque son polisémicas. Cuando digo que el matrimonio es para toda la vida, aparece alguien que le duró un día, y cuando digo que es único, aparece alguien que ya va por el tercero. Y lógicamente no podemos entendernos.

Vamos a clasificar la relación en base a cuánto te amo. No son categorías cerradas, sin darnos cuenta podemos pasar de una a la otra. Es mucho más esclarecedor.

  1. No te amo. Me gusta tu cuerpo y quiero usarlo de vez en cuando ¿Me lo prestas?
  2. Me caes bien. Paso ratos agradables contigo y disfruto de las sensaciones de tu cuerpo. No pidas más.
  3. Siento algo especial por ti. Me estoy enamorando, pero no quiero compromisos por si me enamoro de otro/a. Salimos y nos enrollamos de vez en cuando
  4. Me gustaría salir contigo y formalizar una relación de cara a la gente. Pero la romperé o la compartiré con otra si me apetece.
  5. Somos pareja formal. Soy tu novio/a mientras me resultes agradable y me hagas la vida estupenda. No entres en ella
  6. Somos pareja formal. Estoy dispuesto a compartir contigo alguna de mis cosas e incluso hacer renuncias. Pero sólo hasta que duela.
  7. Somos novios. Hagamos un proyecto en común. Renunciamos a cosas y proyectamos futuro. Pero hasta que la cosa se tuerza.
  8. ¿Nos vamos a vivir juntos? Me gusta compartir la vida contigo. Mientras todo vaya bien.
  9. Nos casamos o hacemos una pareja de hecho. Estoy dispuesto a que económicamente esta aventura pueda afectar a mi patrimonio. Compartimos casi todo. E incluso estoy dispuesto a trabajar en serio si viene alguna crisis.
  10. Somos matrimonio o pareja a lo clásico. Hijos, trabajo, hipoteca. Quiero pasar el resto de mi vida contigo. No me pidas heroicidades.
  11. Somos matrimonio cristiano. Para toda la vida, sin excusas. Dando la vida por el otro y teniendo como meta la felicidad del cónyuge incluso antes que la propia. Somos uno ante Dios y ante nuestros conocidos. No tenemos cosas propias y todo lo compartimos. Si viene una enfermedad física, psiquiátrica o simplemente te vuelves idiota estaré ahí. Comprometerme a elevar al más alto misticismo los cafés de la mañana. A cargar con la cruz de limpiar la loza o recoger cuartos. Porque Dios me ha encargado que te cuide. Tus problemas y mis problemas sean de la gravedad que sean, serán nuestros problemas. Sé que no voy a ser capaz de conseguirlo, pero simplemente me fío que quien me llamó me dará la fuerza. Y en este abandono absoluto a lo que Dios venga a decirnos, dejamos que cada vez que nos unamos en una sola carne pueda hacer aparecer el milagro de la vida. No es fundamentalismo. Simplemente es el proyecto de otro en nuestras vidas.

Este último punto es lo a lo que nos referimos los cristianos con la palabra matrimonio. Llámenlo como lo quieran llamar, se debería explicar muy bien a las parejas que van al altar a realizar ese compromiso.

El matrimonio es público

Vivimos en una sociedad que ha relegado al matrimonio, y por extensión a las relaciones de pareja, al ámbito de lo privado. Es algo entre dos personas en lo que nadie puede entrar, ni opinar.

Y esto, que es algo reciente en la historia, no debería ser así para los cristianos. No pensemos en la prototípica suegra metiendo las narices en el puchero o en la ropa de los nietos. Veámoslo en clave de Iglesia. No estamos sólos siguiendo a Cristo. Somos un pueblo, el pueblo elegido.

Un cristiano no hace las cosas en soledad. El cristiano nace, crece, se desarrolla y muere rodeado de una comunidad eclesial que le ayuda a santificarse. Por muy atractivo que resulte la idea de emprender un camino en soledad y autosuficiencia, una vida con amor es una vida llena de otros. Otros que integras en tu vida y que haces parte de la misma. Sólo con otros se crece, se sufre, se echan raices, se aprende, se pide perdón y se perdona. Sólo otros son capaces de hacernos ver aquellas cosas que no queremos ver. Si Dios nos elige como pueblo, lo cristiano será vivir como pueblo.

Y el matrimonio necesita ese pueblo tanto como la intimidad. Debe aprender el arte de armonizar y equilibrar lo privado y lo público dejando que ambas esferas crezcan alimentadas de la otra.

Si el cristiano tiene por objetivo en esta vida alcanzar la santidad, eso es imposible en soledad, porque en la perfección cristiana el otro es el protagonista de nuestras vidas.

Cuando una pareja se casa, no lo hace en soledad. Lo hace ante testigos, en la asamblea. En una boda cristiana no asistimos como voyeurs a un acto privado entre dos personas. Somos un pueblo celebrando el amor.

Cuando hay maltrato, incomprensión, conflicto, dolor, lo público debe entrar a sanar lo que se está desviando. Una corrección fraterna, una llamada de teléfono consoladora o simplemente un hombro para llorar las penas sólo pueden llegar a través de las puertas que el matrimonio haya dejado abiertas al exterior.

Cuando llegan las enfermedades, las tragedias personales o los problemas laborales que corroen la convivencia matrimonial, el oxígeno sólo viene de fuera. De ese hermano que te ayuda llevando a los niños al colegio, de alguien que te dice que lo que hiciste ayer en la cena estuvo muy feo, del religioso que te pregunta qué está ocurriendo con tu opción de tener o no hijos. En nuestro camino a la santidad como matrimonio (ya desde novios), los hermanos tienen algo que decir.

Y lo mismo ocurre al contrario. Cualquier opción de amar al hermano, cuando se hace desde la comunión íntima del matrimonio no se multiplica por dos, sino por mil. Un matrimonio que hace, hace mil veces más que lo que harían marido y mujer por separado. Cuestiona, da ejemplo, instruye, crea hogar en todo lo que emprende.

Los cristianos debemos hacer propio el matrimonio de nuestros hermanos, intervenir prudentemente cuando sea necesario y dejarlo entrar en nuestra vida. No es lo normal, pero la vida ya es bastante pesada como para llevarla sólo uno a cuestas. O dos.

El mundo está loco.

Anteayer en el periódico de mayor tirada nacional aparecía un artículo comentando que ayudar a tus hijos a hacer sus deberes es malo, ya que pierden autonomía y no es igualitario (porque hay niños a los que sus padres no pueden ayudar).

Vivimos una época en la que, para el resto de la humanidad, no existe la verdad. Sólo existen millones de pequeñas verdades individuales en lucha por imponerse a las demás. Para ello se asocian, se constituyen en lobbies, organizan partidos políticos o asociaciones y tratan de convencer y ganar masa para, por el número, acreditar la validez de sus propuestas.

Son verdades fragmentadas. No son holísticas. Ninguna tiene una verdad que abarque temas como la familia, la economía, el éxito, el fracaso, el hambre, el sufrimiento, la enfermedad, el sentido de la vida…. Son verdades parceladas en las que los nuevos creyentes pululan cambiando de bando según el tema del que se trate. Se puede buscar el máximo beneficio económico en la empresa, seguir los sentimientos a la hora de tomar decisiones en familia y tratar de dedicar todo el tiempo libre a la salud aunque sean tres verdades con raíces diametralmente opuestas.

Se puede reivindicar el derecho a la huelga aplastando los de otros a transportarse o a trabajar. Se pueden pedir subvenciones y exigir al estado mientras se evaden impuestos y se hacen trampas en facturas y salarios. Se puede pedir cambios en la justicia y tener trabajadores sin contrato. Se puede pedir el derecho a la dignidad del colectivo gay, ofendiendo las creencias más profundas de otras personas.

Se puede creer en una cosa y cambiar a la contraria. No pasa nada. No existe una verdad.

Para los cristianos, que conocemos esa verdad revelada que nos trae Jesús, nos puede parecer que el mundo está loco.

Pero debemos estar tranquilos. Porque precisamente en estos tiempos es dónde brillan más fuertemente los frutos de seguir una verdad coherente. Familias estructuradas, vidas serenas, profesiones dignas, y sobre todo paz, mucha paz. Aún a costa de tener que sufrir las iras de aquellos para los que somos un obstáculo.

Placer sexual y cristianismo.

Existe la creencia equivocada de que lo cristiano condena todo lo relacionado con el placer sexual. Objetos sexuales, juegos preliminares, caricias, etc… Todo lo “divertido” se piensa que está prohibido.

El pecado no está en la satisfacción y el placer. Está en cómo la tratamos. En el momento en que el placer y no el amor se sitúan como lo más importante es cuando aparece el pecado.

El Evangelio dice que no hay nada fuera del hombre que por entrar en él le pueda contaminar. Pero lo que sale del hombre es lo que contamina al hombre. En nuestro corazón está la clave.

La sociedad se ríe y nos tacha de reprimidos porque, al igual que con cualquier otra cosa, el camino del cristiano exige esforzarse en armonizar su sexualidad a la voluntad de Dios. La experiencia cristiana nos propone una sexualidad “de altura”. Mientras nuestra sociedad nos propone un modelo en el que lo que me gusta y apetece es la meta máxima a la que podemos aspirar en una relación sexual, el cristianismo nos ofrece un modelo en el que la relación sexual es la fiesta en la que el matrimonio celebra una vida de entrega total y renuncia a nuestros propios apetitos para que nuestra pareja tenga vida. Pone a la persona por encima del placer, y pone al placer como algo al servicio de la comunión profunda de la pareja.

Lo importante no es si me da gustito, sino lo que hay en nuestra relación. El gustito es la guinda del pastel. Es un placer que descansa sobre una vida de pareja plena en cualquier otro ámbito y no sólo en el sexual.

Al contrario que otras corrientes espirituales, el cristiano considera el cuerpo como algo bueno. En el cuerpo vive Dios y es templo del Espíritu. El placer (da igual si es viene de la relación sexual o de una buena comilona), es un elemento con el que hay que tener mucho cuidado porque al ser tan agradable, es fácilmente convertible en el centro de nuestros pensamientos y deseos. Incluso el acto sexual dentro del matrimonio puede ser egoísta.

La experiencia sexual para ser plenamente humana y estar de acuerdo con lo que Dios quiere no puede estar desbocada a lo que nos apetece, ni tampoco reprimida a un catálogo de normas en las que se diga lo que no y lo que sí.

Como decía San Agustín, ama y haz lo que quieras. Todo lo que sirva para que haya más amor en la pareja es bienvenido. Todo lo que nos vuelva egoístas y nos aleje de dominar nuestras pasiones para que la otra persona sea feliz, debemos evitarlo. Pero ¡cuidado!, porque autoengañarse en estas cosas es muy sencillo porque como se dice “tiran más dos… que dos carretas”.

Y nunca hay que olvidar una cosa: La Iglesia (aunque algunos parecen olvidarlo) propone, aconseja. No condena. Y siempre acoge. Te propone un modo de vida en el que serás plenamente feliz. Cuanto mejor lo lleves, más feliz serás (y lo comprobarás). Y da igual el punto en el que estés ahora. Dios tiene una propuesta de felicidad para las prostitutas, los adictos a la pornografía, los divorciados, las parejas de hecho, los sacerdotes y religiosas, los novios, los matrimonios y los viudos. Para todos.

La cosa es comenzar, y cualquier día es bueno para eso. ¿Te animas?

Perdedores, manipuladores, controladores y abusadores.

El 15% de las personas tienen desordenes de la personalidad y esto es un dato importante a la hora de elegir pareja o a la hora de decidir compartir el resto de una vida con alguien.

Son personas antisociales, histriónicas, límite o narcisistas que suelen destruir la relación (y a la persona con la que se relacionan). Frecuentemente maltratan psicológicamente a su pareja, pero también a maridos o esposas, parientes, amigos, compañeros de trabajo y a cualquiera que se les pone por delante.

El doctor Joseph M Carver, psicólogo, ha realizado un profundo estudio sobre este tipo de personalidades y en su página web ofrece varios artículos (también en español) para ampliar conocimientos sobre este tema.

Además, nos regala una serie de señales de alarma para poder identificar a tiempo a este tipo de hombres y mujeres:

¿Fue el “amor de tu vida”, tu “alma gemela” o nuevo mejor amigo/a en cuestión de semanas?

¿Fue encantador/a al principio, diciendo todas las cosas correctas, “reflejo” de tus esperanzas, deseos y sentimientos?

¿Es celoso/a y posesivo/a?

¿Tiene pocos amigos, relaciones a largo plazo o varias relaciones fallidas?

¿Habla mal de su ex o amigos? ¿Dice mentiras?

¿La relación pasa radicalmente de caliente a frío? ¿Es como “Jekyll y Hyde”?

¿Tiene un historial laboral inestable, de desempleo frecuente o cambios en el trabajo?

¿Te encuentras encubriéndole, haciendo que parezca mejor de lo que realmente es?

¿Tiene constantes problemas financieros? ¿No cumple con sus deudas?

¿Tiene metas poco realistas? ¿Una historia para justificar la vida de los demás?

¿Se siente cómodo pidiéndote dinero? ¿Alguna vez ha utilizado tus tarjetas de crédito sin tu conocimiento?

¿Te hacen sentir culpable por tus hobbies e intereses o por el tiempo pasado con tus amigos o familiares?

¿Te hacen sentir que no eres lo suficientemente bueno/a, que tienes suerte de tenerle o tenerla?

¿Alguna vez te han humillado en público?

¿Retira el amor, la amistad o la aprobación como castigo?

¿Presenta mal humor por algo aparentemente insignificante? ¿A menudo ni siquiera sabes lo que le enfadó?

¿Siempre te echa la culpa? ¿Lo que pasa es culpa tuya siempre?

¿Después de una gran crisis momentánea, actúa como si nada en absoluto ha pasado?

¿Alguna vez te sientes “asfixiado/a” por ellos?

¿Alguna vez amenaza, golpea o te empuja, perfora paredes, romper sus cosas o te insulta?

¿Siempre está disgustado/a con alguien?

¿Te presiona para dejar de fumar o cambiar de trabajo / amigos / relaciones / casas?

¿Tiene problemas con las figuras de autoridad?

¿Rechaza a cualquier persona por cualquier motivo?

¿Ha tenido órdenes de alejamiento?

¿Notas que tu autoestima se está erosionando?

¿A veces te sientes como un loco/ loca?

¿La relación está afectando otros aspectos de tu vida?

¿Tienes una sensación de que las cosas no están del todo bien?

¿A veces desearías que todo desapareciera?

Por supuesto son sólo señales de alarma y muchas de ellas pueden ser problemas puntuales, pero más vale prevenir que curar.

El matrimonio es para siempre

Al menos en la concepción cristiana del mismo.

No se trata de entrar en si el matrimonio civil o el religioso. Se trata de si tu matrimonio es o no para siempre. Se trata de si hay un listón de “hasta aquí llegaría” o no lo hay (refieriéndome siempre a opciones personales, no a casos traumáticos de fuerza mayor).

Y es una concepción bastante inteligente, porque si vas a comenzar un camino sin retorno, tomar la decisión es diferente.

Comprendo que es mucho más atractiva la idea de que toda decisión en la vida es reversible, cambiable o que puede corregirse. La realidad, a poco que abramos los ojos, nos demuestra lo contrario. No me refiero a no poder rehacer la vida con nuevas opciones. Me refiero a lo imborrable del error cometido, que acompañará el resto de la vida y marcará las futuras decisiones igual que lo hacen aquellas que fueron un éxito.

Nadas por el océano. Tu brazada es diferente si puedes volver a la orilla cuando quieras o si no.

Corres por un camino. Tu ritmo es diferente si existe la opción de regresar al punto de partida o por el contrario sólo puedes avanzar.

Toda la fuerza, toda la energía, toda la concentración, sólo se ejercita cuando la opción de volver al inicio se ha descartado desde el convencimiento más profundo. Cuando no hay un plan B. Cuando las dificultades no amenazan con cambiarnos el rumbo, sino con quitarnos la vida.

¿Cuánto ha cambiado tu vida en estos últimos veinte años? Pues imagina si quieres llegar a las bodas de oro (50 años) cuanto más va a cambiar. Cuanto más vais a cambiar. En cinco años apenas quedará nada de las personas que se comprometieron. Son seres casi nuevos, con nuevos problemas, con nuevos talentos, con nuevas inquietudes, con nuevas energías. Y en ese momento en que te descubras compartiendo momentos con ese ser desconocido que apenas es un borrón del que te enamorastes profundamente… ¿Volverás hacia atrás?

Puedes hacerlo. Salirte del guión y buscar alguien más para enamorarte como al principio. Pero el ciclo volverá a repetirse y sólo estarás avanzando (por segunda vez) los primeros cinco años de relación.

Los cristianos, creemos desde la fe que lo que nos une no es todo lo humano que nos atrajo en su día, sino lo divino que permanece día tras día. Si es fantástico enamorarse varias veces de distintas personas… Imagina las profundidades a las que se puede llegar concentrando todo el descubrimiento en la misma persona. Enamorarte del joven, del trabajador, del padre, del abuelo. Muchos amantes y a cada cual con más profundidad que el anterior.

En un cómic del Jueves, de la parejita, ella le preguntaba a él si la quería más o menos que cuando se conocieron. El responde que cuando eran adolescentes la quería para presumir de novia, de jóvenes para meterle mano, más adelante para tener a alguien con quien ir al cine, luego la quería para compartir el piso y tener sexo a menudo, luego la quería para contarle sus penas y que lo consolara, etc… El cómic acababa con él diciéndole ante la mirada de hastío de ella por una respuesta tan mundana: “Emilia, no se si te quiero más o menos, pero con todos estos años, sin duda te quiero mejor”.

Sexo y cristianismo

sexo y cristianismo

¿Cómo es el sexo cristiano? ¿Cómo se trata el sexo en el cristianismo?

El siguiente post, aunque largo, intenta ser una explicación con un lenguaje asequible de la postura de la Iglesia sobre las relaciones sexuales. Borra tu mente de prejuicios, de justificaciones, de complejos y de autoengaños para captar la verdadera esencia sin caer en los tópicos. Estamos hablando de cómo ve la doctrina cristiana las relaciones sexuales. Es la forma de pensar y vivir de millones de personas, y aunque no pienses igual, merecen respeto en sus ideas, porque es una posición coherente con sus creencias que vienen de experiencias muy profundas.

Para empezar a comprender la postura de un cristiano respecto al sexo, debes conocer primero lo que promueve el Dios con el que tratan (para ellos está vivo, puedes hablar con él) y al que siguen los cristianos.

¿La religión cristiana reprime el sexo?

La religión cristiana es la religión de la libertad. Es una lucha constante por liberarnos de las esclavitudes exteriores, pero de manera aún más importante, de las interiores. “Todo está permitido, pero no todo es conveniente” es palabra de Dios, y “Ama y haz lo que quieras”, es un resumen de San Agustín (que tiene el honor de ser uno de los pocos doctores de la Iglesia).

¿Es el sexo algo sucio o pecaminoso?

El sexo como creación de Dios, es algo bueno para el ser humano. El sexo es algo muy grande, y los cristianos deben darle la importancia y el respeto que merece. El sexo no es negativo. De hecho, el sexo, como cosa externa no ensucia moralmente al ser humano. Es el corazón del ser humano, sus pasiones e intenciones respecto al sexo las que puede ensuciarle moralmente. Date cuenta de que el cristianismo es un camino espiritual, una religión, que una vez se quiere avanzar en él, cambia la forma de vivir y de ver la vida. No es un simple catálogo de normas.

¿Qué pasa con las ganas que tengo de sexo?

El objetivo último de esta religión es el Amor. Y para llegar al Amor más grande por el prójimo o por tu pareja (El Dios de esta religión sacrifica su propia vida por la humanidad), hay que negarse a sí mismo, a los propios deseos y a la propias apetencias. En las apetencias sexuales, hay que ejercer la castidad, que no significa no hacer sexo y punto sino la virtud que gobierna y modera el deseo del placer sexual, supeditándolo al Amor más desinteresado y puro por la pareja o por el prójimo (en el caso de los célibes o no casados). Igual que esta religión te dice que perdones a tu enemigo setenta veces siete aunque no te apetezca, te dice que te aguantes las ganas de sexo si no es por Amor a tu pareja.

¿Y si estoy muy enamorado/a?

Dentro de esta concepción del Amor, el amor de pareja se proyecta para toda la vida. En los tiempos de Jesús, había dos palabras para hablar de amor, y la palabra que utiliza Jesús, es la acepción “familiar” o “fraternal”, no tanto la acepción utilizada para el enamoramiento. Si el Amor está por encima de cualquier sufrimiento o sacrificio, no hay ninguna razón relacionada con lo que me apetece, me gusta o mis sentimientos para dejar a la pareja. Los subidones o bajones eróticos o románticos son ingredientes de la vida en pareja, pero no son justificantes para realizar ningún tipo de acción. Las acciones han de ir encaminadas no al subidón, sino siempre al Amor (ese que me hace amarte el resto de mi vida tanto si tienes un cuerpo supersexy como si por un accidente o enfermedad no voy a poder tener sexo contigo en la vida).

¿Puedo seguir siendo cristiano si ya no soy virgen?

No es un examen. No hay notas. Cada Cristiano inicia un camino sabiéndose amado por Dios, y lo hace lo mejor que puede con las cartas que le ha tocado jugar. Sin comparaciones. Simplemente creciendo cada vez más en fidelidad y en ser coherentes con lo que Dios nos muestra. No se trata de perder o no la virginidad, sino de seguir a Dios coherentemente. Cada persona es un mundo. Los fallos, se revisan con Dios en el sacramento de la confesión. Está prohibido juzgar a nadie, ni a su sexualidad. Sólo comprenderlo, amarlo (lo que implica muchas veces corregirlo) y ayudarle.

Una vez entendidos los matices del universo en el que se mueve un cristiano, entramos a la relación sexual propiamente dicha, que para un cristiano sólo construye cuando es plena.

¿Que significa una relación sexual plena?

La relación sexual, para que sea plena, debe ser una entrega total del hombre y la mujer. Cada uno se entrega en su totalidad al otro.
Es una entrega. El sexo es tan importante porque a través de la relación sexual yo entregan a mi pareja mi “yo” físico, mi “yo” sentimental y mi “yo” espiritual. No es un objeto que regalo o presto sin que me afecte.
Es una entrega TOTAL. Una entrega total de mi vida, de toda mi vida. Esto supone que no puede hacerse con reservas o condiciones. Tampoco me entrego totalmente si la relación tiene fecha de caducidad.

¿Puedo tener una relación sexual plena durante el noviazgo?

El noviazgo para el cristiano es una etapa incompleta. Una etapa llena de reservas porque sencillamente puede romperse en cualquier momento. Se comienza a conocer a la otra persona, se analizan los sentimientos, se estudia la conveniencia o no de esa persona para mí. Es una relación condicionada. Si algo que descubro en la pareja o algo que me hace no me gusta y es lo suficientemente importante, la relación se rompe. Incluso se condiciona tener una relación sexual al hecho de que la otra persona se entregue eliminando de esa entrega (que debía ser total), su capacidad para ser padre o madre. Además, en el noviazgo cristiano no se comparte todo. No se comparte el dinero, el tiempo, los proyectos.

¿Y por qué sí son plenas dentro del matrimonio?

El matrimonio para un cristiano si es una etapa plena. Es para toda la vida. De hecho, está formalizado en presencia de Dios y según las creencias de esta religión lo bendice haciéndose presente en el sacramento del matrimonio. Dar la vida por una persona durante el resto de la misma, supone una proeza que ninguno de la pareja puede llevar a cabo con sus propias fuerzas, sino con la ayuda de Dios. En el matrimonio si se comparte todo. Se comparte el dinero, el tiempo, los proyectos. Cada cónyuge cristiano debe intentar entregarse al otro durante las 24 horas del día, no sólo durante la relación sexual.

Por eso la Iglesia (que son todos los que siguen esta religión, no un grupo de obispos) considera el sexo dentro del matrimonio como el lugar dónde las relaciones sexuales son plenas. Hay una entrega total.

…porque únicamente en él se verifica la conexión inseparable, querida por Dios, entre el significado unitivo y el procreativo de tales relaciones, dirigidas a mantener, confirmar y manifestar una definitiva comunión de vida -“una sola carne”- mediante la realización de un amor “humano”, “total”, “fiel y exclusivo” y “fecundo”, cual el amor conyugal. Por esto las relaciones sexuales fuera del contexto matrimonial, constituyen un desorden grave, porque son expresiones de una realidad que no existe todavía; son un lenguaje que no encuentra correspondencia objetiva en la vida de las dos personas, aun no constituidas en comunidad definitiva…

Pontificio Consejo para la Educación Católica: Orientaciones educativas sobre el amor humano (1/11/1983)

Externaliza tus distracciones, no tu vida.

by withassociates

by withassociates

Una sana práctica que tienen las empresas, es la externalización.

Esta consiste en coger aquellas tareas que no tienen nada que ver con tu objetivo principal, y se las encargas a otra empresa.

En algunas empresas, las nóminas las lleva una gestoría, el sistema informático una empresa de informática, la parte de publicidad se la encargan a una agencia. Son empresas diferentes que se dedican prioritariamente a una tarea que te distrae de tu cometido principal, y que por un precio, puedes hacer que otro la haga por tí.

¿Qué ha de hacer una empresa antes de externalizar? Delimitar claramente cual es el núcleo de su negocio. Aquello que es para lo que existe, lo que le reporta mayores beneficios, y en lo que debe triunfar a toda costa. Eso permite saber qué es lo que no se debe externalizar.

Los seres humanos también externalizamos. Por dinero podemos conseguir que alguien cocine por nosotros llamando a una pizza a domicilio. Un canguro nos cuida a nuestros hijos si tenemos amistad, parentesco o le damos una propina. Hay compañeros que nos hacen los deberes, y en el trabajo sabemos que hay gente muy habilidosa consiguiendo que otros hagan su trabajo. A veces no es dinero sino simplemente favores, simpatías o porque es mi padre. Pero el caso es que hay muchas cosas que no queremos hacer y conseguimos que otros las hagan por nosotros. Eso es bueno.

Lo malo viene cuando no hacemos la reflexión que debe hacer toda empresa que quiera externalizar:

¿Que es lo esencial de tí? ¿Cómo te gustaría ser en esta vida? ¿Cómo lo vas a conseguir? ¿Qué es aquello que te reporta más felicidad?

Una vez contestado esto, al igual que las empresas, ya sabes lo que no debes externalizar. Y entonces es todo más sencillo. Porque no le prestas la menor atención a aquello superficial, e intentarás que, con cierto intercambio, otros lo  hagan por tí. Y al contrario, sabrás qué hay cosas que sólo las puedes hacer tú para llegar a dónde quieres llegar en esta vida, y pondrás en ellas todas tus energías sin distracciones.

Este ejercicio es importante, porque el caso es que vivimos en un mundo de aspirantes a padres que externalizan la educación de sus hijos, aspirantes a maridos que externalizan la diversión con sus mujeres, de aspirantes a profesionales que externalizan la formación y el trabajo duro, de aspirantes a cristianos que externalizan su oración en su grupo o en fiestas de guardar, de aspirantes a seres humanos que externalizan la ternura y la trascendencia, etc…

Externaliza aquellas cosas que te separan de tu vida, no aquellas que son tu vida. Aún más…¿Las tienes ya diferenciadas?

Los ingredientes del amor

by Horia Varlan

Son tres en la pareja. Es como un juego de química. Sólo hay una fórmula que funciona.

Y esto es una teoría psicológica, no me lo invento.

Intimidad.

Los momentos que pasáis juntos, que habláis, e incluso los que compartís haciendo algo que os gusta a los dos.

Pasión.

El deseo, la sensibilidad, el sexo. Esos momentos de placer y de búsqueda del otro para disfrutar sensiblemente de su compañía.

Compromiso.

Nos hacemos novios, nos casamos, tenemos hijos, un hipoteca. Establecemos algo más serio juntos.

Estos ingredientes se han de mezclar por dosis iguales. No tiene sentido tener una hipoteca y un hijo con alguien con quien estoy empezando a mantener conversaciones.

Casos hay miles:

Se puede empezar por la intimidad, llegar la pasión, y luego el compromiso.

Son muchas las parejas que comienzan por la pasión, se trabajan la intimidad, y llegan al compromiso.

Cuando maduramos, muchas parejas caen en la tentación de apoyar su relación en el compromiso, y descuidan la intimidad y la pasión.

Cuando sólo hay pasión, no se llega a nada.

Cuando sólo hay intimidad, tampoco.

Cuando sólo hay compromiso, es un envoltorio vacío.

¿Y Dios no es un ingrediente?

Dios nos mira sonriendo para que disfrutemos con el juego de química que nos ha prestado.

Ventajas del matrimonio.

Según las conclusiones científicas del Dr Bradford Wilcox sobre el matrimonio, son múltiples las ventajas del matrimonio. A continuación enumeramos las veintiseis extraidas de su estudio “El matrimonio importa. Veintiséis conclusiones de las ciencias sociales”.

Ventajas del matrimonio:

1. El matrimonio facilita las relaciones de padre y madre con sus hijos.
2. Cohabitación no es igual a matrimonio.
3. Los hijos educados fuera del matrimonio son más proclives a divorciarse o convertirse en padres solteros.
4. El matrimonio es una institución prácticamente universal.
5. El compromiso matrimonial mejora la calidad de las relaciones de la pareja y de ésta con los hijos.
6. El matrimonio tiene importantes consecuencias biológicas para niños y adultos.
7. El divorcio y los nacimientos fuera del matrimonio incrementan el riesgo de pobreza tanto para los hijos como para sus madres.
8. Las parejas casadas son más solventes que las parejas de hecho o las familias monoparentales.
9. El matrimonio reduce la pobreza y las carencias materiales de las mujeres menos privilegiadas y de sus hijos.
10. Las minorías étnicas también se benefician del matrimonio.
11. Los hombres casados ganan más dinero que los solteros con formación y perfiles profesionales semejantes.
12. El divorcio (o el no llegar a casarse) incrementa el riesgo de fracaso escolar en los hijos.
13. El divorcio reduce la probabilidad de los hijos de conseguir un título universitario y trabajos de alto reconocimiento.
14. Los niños que viven con sus propios padres gozan de mejor salud física y de una mayor esperanza de vida que los que viven en otros entornos.
15. Los hijos de matrimonios tienen un riesgo de mortalidad infantil mucho menor.
16. Adultos y adolescentes abusan menos del alcohol y de otras drogas dentro del marco matrimonial.
17. Las personas casadas, especialmente los hombres, tienen una mayor esperanza de vida.
18. El matrimonio supone una mejor salud, y menos lesiones y discapacidades, tanto para hombres como para mujeres.
19. El matrimonio conlleva una mejor salud entre minorías y grupos sociales desfavorecidos.
20. Los hijos de padres divorciados sufren más ansiedad psicológica y más enfermedades psíquicas.
21. El divorcio parece incrementar el riesgo de suicidio.
22. Las madres casadas sufren menos depresiones que las solteras o las que forman parejas de hecho.
23. Los varones educados en familias monoparentales tienen más tendencia a caer en comportamientos delictivos.
24. El matrimonio reduce el riesgo de que los adultos se conviertan en agentes o víctimas del delito.
25. Las mujeres casadas son menos víctimas de la violencia doméstica que las solteras con pareja.
26. Los niños que no viven con sus dos padres biológicos tienen mayor riesgo de sufrir malos tratos.

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