Iglesia

El matrimonio es público

Vivimos en una sociedad que ha relegado al matrimonio, y por extensión a las relaciones de pareja, al ámbito de lo privado. Es algo entre dos personas en lo que nadie puede entrar, ni opinar.

Y esto, que es algo reciente en la historia, no debería ser así para los cristianos. No pensemos en la prototípica suegra metiendo las narices en el puchero o en la ropa de los nietos. Veámoslo en clave de Iglesia. No estamos sólos siguiendo a Cristo. Somos un pueblo, el pueblo elegido.

Un cristiano no hace las cosas en soledad. El cristiano nace, crece, se desarrolla y muere rodeado de una comunidad eclesial que le ayuda a santificarse. Por muy atractivo que resulte la idea de emprender un camino en soledad y autosuficiencia, una vida con amor es una vida llena de otros. Otros que integras en tu vida y que haces parte de la misma. Sólo con otros se crece, se sufre, se echan raices, se aprende, se pide perdón y se perdona. Sólo otros son capaces de hacernos ver aquellas cosas que no queremos ver. Si Dios nos elige como pueblo, lo cristiano será vivir como pueblo.

Y el matrimonio necesita ese pueblo tanto como la intimidad. Debe aprender el arte de armonizar y equilibrar lo privado y lo público dejando que ambas esferas crezcan alimentadas de la otra.

Si el cristiano tiene por objetivo en esta vida alcanzar la santidad, eso es imposible en soledad, porque en la perfección cristiana el otro es el protagonista de nuestras vidas.

Cuando una pareja se casa, no lo hace en soledad. Lo hace ante testigos, en la asamblea. En una boda cristiana no asistimos como voyeurs a un acto privado entre dos personas. Somos un pueblo celebrando el amor.

Cuando hay maltrato, incomprensión, conflicto, dolor, lo público debe entrar a sanar lo que se está desviando. Una corrección fraterna, una llamada de teléfono consoladora o simplemente un hombro para llorar las penas sólo pueden llegar a través de las puertas que el matrimonio haya dejado abiertas al exterior.

Cuando llegan las enfermedades, las tragedias personales o los problemas laborales que corroen la convivencia matrimonial, el oxígeno sólo viene de fuera. De ese hermano que te ayuda llevando a los niños al colegio, de alguien que te dice que lo que hiciste ayer en la cena estuvo muy feo, del religioso que te pregunta qué está ocurriendo con tu opción de tener o no hijos. En nuestro camino a la santidad como matrimonio (ya desde novios), los hermanos tienen algo que decir.

Y lo mismo ocurre al contrario. Cualquier opción de amar al hermano, cuando se hace desde la comunión íntima del matrimonio no se multiplica por dos, sino por mil. Un matrimonio que hace, hace mil veces más que lo que harían marido y mujer por separado. Cuestiona, da ejemplo, instruye, crea hogar en todo lo que emprende.

Los cristianos debemos hacer propio el matrimonio de nuestros hermanos, intervenir prudentemente cuando sea necesario y dejarlo entrar en nuestra vida. No es lo normal, pero la vida ya es bastante pesada como para llevarla sólo uno a cuestas. O dos.

Curas en paro

Muchas veces nos quejamos de lo poco cristianas que son las empresas con sus empleados cuando cumplen años o por circunstancias como el matrimonio o los hijos, dejan de funcionar a pleno rendimiento.

Pero en la Iglesia deberíamos hacer autocrítica porque podemos ser iguales o peores con los nuestros.

Respecto a los laicos, en muchos lugares solo son capaces de trabajar con estudiantes o jubilados. Son incapaces de encontrar ocupaciones pastorales comprometidas a matrimonios o personas que deban compatibilizar un trabajo con la misión.

En muchos casos se resuelve de una manera totalmente machista, en la que la mujer cuida los crios mientras el marido sigue con el ritmo y las actividades que antes hacían juntos.

Es cierto que mayormente son ellos los que se ven desbordados y se alejan un poco del ritmo que lleva el centro pastoral, pero no es menos cierto que otros muchos se van, porque ya no hay tareas para ellos o las que les ofrecen, son las que nadie quiere.

Respecto a estos laicos comprometidísimos que acaban desapareciendo cuando la vida se les complica ¿Qué fue primero el huevo o la gallina? ¿Se alejaron de la misión, o la misión los dejó en la cuneta porque no podían seguir el mismo ritmo?

Respecto a los religiosos se viven algunas crisis personales dolorosísimas cuando las capacidades se empiezan a ver mermadas. Donde antes podían pastorear o servir hasta la muerte viviendo su carisma, hoy, la legalidad del mundo y la adaptación de estos centros a las distintas normativas, les excluyen. Se ven prohibidos y alejados de los centros educativos, los hospitales, y otros lugares para recluirlos en las casas comunitarias a ver la tele, leer el periódico, rezar un ratito y hacer los ejercicios de turno para conservarse un poquito más.

A veces pienso que no somos sinceros del todo con los seminaristas y novicias cuando les “vendemos” cómo será su vocación, pero solo les contamos la versión de la misma durante los primeros treinta años. Con los treinta finales no sabemos muy bien qué hacer.

Todo esto desde un punto de vista organizativo es un auténtico despilfarro. Pasas años formando, invirtiendo recursos y dando experiencia a gente a la que luego despides o desocupas cuando más sabiduría y experiencia tienen. No amortizas la inversión. No recuperas nada de lo invertido cuando ya no pueden estar en la cresta de la ola. Pero el santoral está lleno de santos que vencieron las limitaciones de la enfermedad, la edad o la familia para emprender grandes obras y construir el reino.

Dos ideas al respecto:

Todo carisma, toda misión, tiene un fundamento último. Ese fundamento último no son los colegios, ni los hospitales, ni las misiones. Es el otro. Es el encuentro con el otro. Separarlo de las ovejas o del resto de los pastores, privar a nuestros religiosos, sacerdotes, monjas, catequistas, monitores o voluntarios del motivo por el que se enamoraron y se embarcaron en esta aventura, y relegarlos a la única labor de sacar fotocopias, a decorar altares o a rezar laudes, es similar a despedirlos o jubilaros (y provoca crisis similares).

Si estás en paro, emprende. Se creativo porque el Evangelio todo lo hace nuevo. Si nadie te da el trabajo que te llena, búscatelo por tu cuenta. Con los vecinos, con los compañeros de trabajo, con el grupo que se reune en la parroquia, con el personal de limpieza del hospital, con los niños que se quedan jugando en el colegio. No hay una única forma de construir el Reino y la Iglesia necesita de tus manos y tus ideas aunque no conozca el lugar dónde hacen falta. Búscate la vida. Porque Dios te llamó para que tuvieras vida, y la tuvieras en abundancia.

La iglesia es Ignorante

La Iglesia reconoce no saber si alguien se ha condenado. Tampoco si se ha salvado. Hay excepciones en las que si cree saber cuando alguien ha alcanzado la santidad de manera manifiesta. Se supone que salvo unos pocos, habrá millones de santos no reconocidos porque la Iglesia sencillamente no lo sabe y no sabemos el número de condenados porque en esto si que no se “moja”.

Es ignorante en el caso de musulmanes, budistas, hindúes o miembros de otras religiones, que no han podido conocer a Jesús en plenitud. La Iglesia no lo sabe, pero deja abierta la posibilidad a que esta gente, en su búsqueda de la verdad y del Dios verdadero, hayan obrado en consecuencia y hayan podido alcanzar la salvación. La iglesia reconoce no saber si Dios quiere o no mujeres sacerdotes. La iglesia no es capaz de quitarle el bautismo ni al mismísimo Hitler, porque se muestra ignorante de si Dios en su misericordia finalmente lo salvó. Tampocose ve capaz de reconocer, aunque haya pruebas científicas aplastantes, a la Sábana Santa como auténtica.

Es curioso como una de las instituciones con más doctrina (siglos de estudio, de publicaciones, de teólogos) puede llegar a manifestarse ignorante.

En lo único que lo que la Iglesia reconoce saber es en la propuesta de Dios. La Iglesia desde el minuto uno, predica el mismo mensaje de amor, el mismo mensaje de fe, y el mismo mensaje de esperanza. A partir de ahí, construye toda su sabiduría. Todo lo que se sale de ahí, se convierte en un “puede ser… o no”.

Y esto, lejos de ser escandaloso, es una garantía. Una gran garantía. Sería precupante pertenecer a una Iglesia que pendulea en sus propuestas según los tiempos, y que no predica lo mismo en tiempos de los romanos, en la edad media, en la revolución industrial o en el siglo XXI.

Porque la ignorancia de esta Iglesia, viene precisamente de intentar transmitir el mensaje de Dios lo más fielmente. Sin preocupar si suena bien o mal a los tiempos actuales, sino atendiendo solamente a la cuestión de si es fiel o no al emisor del mensaje. Ese es único criterio de la verdad.

Los cambios que sean necesarios vendrán tarde o temprano, y es de justicia trabajar para que se produzcan. Es necesario escuchar la voz del Espíritu para adaptarnos a los tiempos. Pero nunca dejando de lado la tarea de garantizar que lo que transmitimos tiene la misma autenticidad que lo que hemos recibido

Yo me quedo antes con una Iglesia sabia que se reconoce ignorante, que con los ignorantes que creen saberlo todo.

Soy la Iglesia, porque soy imperfecto

Ante mi vi dos puertas.

Una de ellas estaba semicerrada. Sólo permitía la entrada a un grupo de personas.

Personas de agradable físico. De una talla intelectual notable, con numerosas medallas y éxitos a sus espaldas. Unos padres y madres perfectos. Con amistades perfectas. Con profesiones perfectas y psicologías fuertes y resistentes. Vocaciones perfectas siempre fieles. Propiedades numerosas y bien cuidadas. Personas que no sufrían, sin dolor.

Y vi que era tanta la lucha por entrar, que una vez dentro del grupo había que hacer notables esfuerzos por mantenerse. Una eterna y agotadora lucha por no fallar, por no caer. El precio era alto, porque había que dejar fuera todo lo imperfecto con tal de seguir siendo perfecto. Cabían tan pocos elegidos en este recinto, que la competencia era feroz. El otro era una resta para mi perfección.

Y vi la otra puerta.

Abierta de par en par. Dónde aunque cabían todos, sólo entraban aquellos que dejaban de luchar por entrar en la primera.

Un recinto donde todos eran imperfectos. Conocían sus fallos y entraban en ella buscando soluciones.Una habitación llena de personas dolidas. Rasgadas por su propia imperfección, o por la de los que le rodeaban.

En esa búsqueda, los demás no eran un estorbo ni la competencia, sino la solución. Sólo se rozaba la perfección (nunca se alcanzaba) al dedicársela al prójimo. El otro dividía y fraccionaba la imperfección y la hacía mucho más llevadera porque juntos repartían el peso.

Y renuncié a todo lo grande que podía llegar a ser, y reconocí que soy imperfecto.

Y entré en la segunda puerta.

Y encontré la felicidad… y la paz.

Los trabajadores no abandonan la empresa, sino a sus jefes.

“Nadie influye más sobre la calidad del compromiso de un empleado que su jefe inmediato. Las personas ingresan a las empresas pero abandonan a los jefes”, sentencia Ángela Ossa, presidenta de la consultora internacional Target DDI, para referirse al principal motivo que impacta en un mal clima laboral al interior de las organizaciones.

Esta reflexión debería darnos que pensar a todos los cristianos de Iglesias dónde a menudo la gente simplemente se va.

Los jefes de estas empresas normalmente tiran balones fuera diciendo “es que el trabajador era muy malo”, o “no estaba lo suficientemente comprometido”. Excusas como esa oímos a diario en nuestras parroquias, colegios y centros pastorales. El que se va, pues básicamente es que no era lo suficientemente bueno. Una excusa bastante pobre para quienes seguimos a alguien que dejó las noventa y nueve ovejas por la perdida.

Nadie influye más sobre la calidad del compromiso de un cristiano, que sus relaciones dentro de la Iglesia. Sus hermanos, su asesor espiritual (si logra tener alguno), sus superiores… No hay nadie en este mundo con más poder para hacerle sentir que este es su sitio.

Seguro que tu como yo tenemos miles de razones por las que no podemos atender como merece cualquier persona que tengamos alrededor.

Pero luego no nos quejemos de que tenemos la “empresa” cada vez más vacía.

Tu mismo

Capilla de Reliquias del Convento Recoleta Franciscano de la Cruz - ala sur-oeste

Seguir a Jesús es una elección libre. Nadie obliga.

Seguir las reglas de una La Iglesia o una comunidad de creyentes es igual. Nadie obliga.

Existe un número significativo de creyentes que tienen acogida la fe cristiana según los capítulos. Estoy de acuerdo con el perdón, pero no con la moral sexual. Estoy de acuerdo con la pobreza, pero no con tener que casarme con la Iglesia. Según el tema, soy cristiano o no.

“¿Por qué tengo que hacer eso?. Eso no lo dijo Jesús, lo inventó la Iglesia”. También están los que dicen que “La Iglesia está anticuada, no se adapta a los tiempos”

En este momento de la conversación, parece que la Iglesia son cuatro curas antipáticos (siendo suaves) que se han reunido en una habitación a inventar cómo fastidiar al personal.

Llegado a este punto, este tipo de creyentes han logrado desactivar todo esfuerzo en su camino de fe, y hacerse un traje a medida con su fe y sus prácticas religiosas.

Son libres, nadie los obliga.

Pero Dios es el que es, y lo que Dios da, sólo lo da Dios.

Esos Dioses inventados, esas religiones inventadas, esa fe de buffete libre, sólo dan frutos huecos. Sólo provocan la frustración de aquel que intenta salir de unas arenas movedizas tirando de sí mismo.

Una actitud a todas luces errónea. Algunas ideas:

– Si me meto en algo, es para triunfar. Tantos años de sacrificio para quedar el último son una pérdida de tiempo. ¿Cómo se triunfa? Imitando a los triunfadores: Francisco de Asís, Teresa de Calcuta, Juan de la Cruz, Escrivá de Balaguer, Ignacio de Loyola y mucho más (perdón si no abarco todo el espectro de estrellas en la constelación eclesial, pero comprendan que resulta imposible). Gente que apostó duro. Sin excusas. Cuestionando aquello que no iba con el mensaje de Jesús, pero desde dentro, en comunión con la Iglesia y sus preceptos. Viviendo en plenitud sus mandatos. Puede que encontremos muchas excusas en los miserables que hay dentro de la Iglesia que manchan los preceptos, los ritos, la moral, el mensaje. Pero si miramos a los grandes, no hay selección de capítulos posibles. Todo, al máximo y hasta el final.

– El traje a medida, es una mortaja. Afortunadamente tenemos miles de pasos que dar para crecer y desarrollarnos como personas y como creyentes. Hacer una fe a nuestra medida hace que nunca midamos más de lo que medimos ahora.

– Lo que “inventa” la Iglesia, tiene dos milenios de prueba-error. Dos milenios son muchas generaciones, muchos millones de personas de todo tipo de altura espiritual practicando esas “invenciones”. Muchos casos de personas que cambian su vida y la ofrecen por cada una de esas “invenciones”. Resulta estadísticamente complicado que alguien de repente descubra que algo es absurdo. Algo que en dos mil años nadie notó, y que salvó la vida a tantas generaciones. Una postura que no supone una revelación general, que no implica una evolución de las comunidades y carismas. Una postura que no es más que un capricho.

– Respecto a que la Iglesia no es moderna… no, no lo es. Algo que tiene más de dos mil años no puede ser moderno ni antiguo. Es atemporal. Unas normas que valen para vivir en santidad en el Imperio Romano, entre los Visigodos, en la Edad Media, en el descubrimiento del Nuevo Mundo, en la Revolución Francesa, en las Guerras Mundiales, en las Dictaduras y en la Posmodernidad. Algo que permite vivir en santidad en Nueva York, en China, en Zimbabwe, en España, en México, en la India y en Arabia Saudí, no es moderno ni antiguo, es atemporal. Ya ha ido perdiendo con el tiempo todas aquellas cosas que eran culturales o modas pasajeras para quedar con la esencia. Una esencia que le permite afrontar cualquier lugar o tiempo con la Verdad desnuda sobre Dios y el ser humano. Mirando con perspectiva, si la historia del hombre fuera un día, estos últimos dos o tres segundos no pueden desacreditar algo que nos ha acompañado durante toda la jornada.

 

La unidad sindical

by world can´t wait

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Es curioso observar como la unidad de determinados colectivos humanos (sindicatos, empresas en competencia, regiones, pueblos, equipos deportivos, etc…) es directamente proporcional a lo negro que se vea el panorama. Se unen cuando hay una amenaza común, fuerte y poderosa, y se pelean cuando hay tiempo de bonanza.

Por primera vez en la historia, va a haber una manifestación a nivel europeo de todos los sindicatos unidos. Hace apenas algunos años, lo único que se oía a los sindicatos era echar pestes del otro. El ser humano es curioso. Cuando le van bien las cosas, se empeña en caminar en solitario. Cuando le van mal, reclama y presta ayuda.

La Iglesia, como colectivo que participa de lo humano, ha estado históricamente más unida en la persecución y en los tiempos difíciles que en la bonanza económica, política y social. En estos tiempos tan raros en los que en occidente las iglesias se vacían, no nos estamos fijando, ni celebrando lo suficiente, en el nacimiento de una unidad especial entre las congregaciones y cristianos situadas en estos parajes desérticos en la fe. Es difícil poner en duda la mayor autenticidad, fidelidad, fortaleza y madurez de las vocaciones, comunidades, congregaciones y cristianos en general, que en otras épocas de mayor bulto.

A los ojos de Dios, la comodidad, el poder, el prestigio, el éxito no tienen valor alguno. La unidad en cambio es una parte fundamental de su proyecto. Por ello, no es descabellado pensar a nivel personal y como colectivo que los momentos de dificultad, si nos llevan a la unidad, son realmente una bendición. Una bendición dolorosa, pero a fin de cuentas una bendición.

Sexo y cristianismo

sexo y cristianismo

¿Cómo es el sexo cristiano? ¿Cómo se trata el sexo en el cristianismo?

El siguiente post, aunque largo, intenta ser una explicación con un lenguaje asequible de la postura de la Iglesia sobre las relaciones sexuales. Borra tu mente de prejuicios, de justificaciones, de complejos y de autoengaños para captar la verdadera esencia sin caer en los tópicos. Estamos hablando de cómo ve la doctrina cristiana las relaciones sexuales. Es la forma de pensar y vivir de millones de personas, y aunque no pienses igual, merecen respeto en sus ideas, porque es una posición coherente con sus creencias que vienen de experiencias muy profundas.

Para empezar a comprender la postura de un cristiano respecto al sexo, debes conocer primero lo que promueve el Dios con el que tratan (para ellos está vivo, puedes hablar con él) y al que siguen los cristianos.

¿La religión cristiana reprime el sexo?

La religión cristiana es la religión de la libertad. Es una lucha constante por liberarnos de las esclavitudes exteriores, pero de manera aún más importante, de las interiores. “Todo está permitido, pero no todo es conveniente” es palabra de Dios, y “Ama y haz lo que quieras”, es un resumen de San Agustín (que tiene el honor de ser uno de los pocos doctores de la Iglesia).

¿Es el sexo algo sucio o pecaminoso?

El sexo como creación de Dios, es algo bueno para el ser humano. El sexo es algo muy grande, y los cristianos deben darle la importancia y el respeto que merece. El sexo no es negativo. De hecho, el sexo, como cosa externa no ensucia moralmente al ser humano. Es el corazón del ser humano, sus pasiones e intenciones respecto al sexo las que puede ensuciarle moralmente. Date cuenta de que el cristianismo es un camino espiritual, una religión, que una vez se quiere avanzar en él, cambia la forma de vivir y de ver la vida. No es un simple catálogo de normas.

¿Qué pasa con las ganas que tengo de sexo?

El objetivo último de esta religión es el Amor. Y para llegar al Amor más grande por el prójimo o por tu pareja (El Dios de esta religión sacrifica su propia vida por la humanidad), hay que negarse a sí mismo, a los propios deseos y a la propias apetencias. En las apetencias sexuales, hay que ejercer la castidad, que no significa no hacer sexo y punto sino la virtud que gobierna y modera el deseo del placer sexual, supeditándolo al Amor más desinteresado y puro por la pareja o por el prójimo (en el caso de los célibes o no casados). Igual que esta religión te dice que perdones a tu enemigo setenta veces siete aunque no te apetezca, te dice que te aguantes las ganas de sexo si no es por Amor a tu pareja.

¿Y si estoy muy enamorado/a?

Dentro de esta concepción del Amor, el amor de pareja se proyecta para toda la vida. En los tiempos de Jesús, había dos palabras para hablar de amor, y la palabra que utiliza Jesús, es la acepción “familiar” o “fraternal”, no tanto la acepción utilizada para el enamoramiento. Si el Amor está por encima de cualquier sufrimiento o sacrificio, no hay ninguna razón relacionada con lo que me apetece, me gusta o mis sentimientos para dejar a la pareja. Los subidones o bajones eróticos o románticos son ingredientes de la vida en pareja, pero no son justificantes para realizar ningún tipo de acción. Las acciones han de ir encaminadas no al subidón, sino siempre al Amor (ese que me hace amarte el resto de mi vida tanto si tienes un cuerpo supersexy como si por un accidente o enfermedad no voy a poder tener sexo contigo en la vida).

¿Puedo seguir siendo cristiano si ya no soy virgen?

No es un examen. No hay notas. Cada Cristiano inicia un camino sabiéndose amado por Dios, y lo hace lo mejor que puede con las cartas que le ha tocado jugar. Sin comparaciones. Simplemente creciendo cada vez más en fidelidad y en ser coherentes con lo que Dios nos muestra. No se trata de perder o no la virginidad, sino de seguir a Dios coherentemente. Cada persona es un mundo. Los fallos, se revisan con Dios en el sacramento de la confesión. Está prohibido juzgar a nadie, ni a su sexualidad. Sólo comprenderlo, amarlo (lo que implica muchas veces corregirlo) y ayudarle.

Una vez entendidos los matices del universo en el que se mueve un cristiano, entramos a la relación sexual propiamente dicha, que para un cristiano sólo construye cuando es plena.

¿Que significa una relación sexual plena?

La relación sexual, para que sea plena, debe ser una entrega total del hombre y la mujer. Cada uno se entrega en su totalidad al otro.
Es una entrega. El sexo es tan importante porque a través de la relación sexual yo entregan a mi pareja mi “yo” físico, mi “yo” sentimental y mi “yo” espiritual. No es un objeto que regalo o presto sin que me afecte.
Es una entrega TOTAL. Una entrega total de mi vida, de toda mi vida. Esto supone que no puede hacerse con reservas o condiciones. Tampoco me entrego totalmente si la relación tiene fecha de caducidad.

¿Puedo tener una relación sexual plena durante el noviazgo?

El noviazgo para el cristiano es una etapa incompleta. Una etapa llena de reservas porque sencillamente puede romperse en cualquier momento. Se comienza a conocer a la otra persona, se analizan los sentimientos, se estudia la conveniencia o no de esa persona para mí. Es una relación condicionada. Si algo que descubro en la pareja o algo que me hace no me gusta y es lo suficientemente importante, la relación se rompe. Incluso se condiciona tener una relación sexual al hecho de que la otra persona se entregue eliminando de esa entrega (que debía ser total), su capacidad para ser padre o madre. Además, en el noviazgo cristiano no se comparte todo. No se comparte el dinero, el tiempo, los proyectos.

¿Y por qué sí son plenas dentro del matrimonio?

El matrimonio para un cristiano si es una etapa plena. Es para toda la vida. De hecho, está formalizado en presencia de Dios y según las creencias de esta religión lo bendice haciéndose presente en el sacramento del matrimonio. Dar la vida por una persona durante el resto de la misma, supone una proeza que ninguno de la pareja puede llevar a cabo con sus propias fuerzas, sino con la ayuda de Dios. En el matrimonio si se comparte todo. Se comparte el dinero, el tiempo, los proyectos. Cada cónyuge cristiano debe intentar entregarse al otro durante las 24 horas del día, no sólo durante la relación sexual.

Por eso la Iglesia (que son todos los que siguen esta religión, no un grupo de obispos) considera el sexo dentro del matrimonio como el lugar dónde las relaciones sexuales son plenas. Hay una entrega total.

…porque únicamente en él se verifica la conexión inseparable, querida por Dios, entre el significado unitivo y el procreativo de tales relaciones, dirigidas a mantener, confirmar y manifestar una definitiva comunión de vida -“una sola carne”- mediante la realización de un amor “humano”, “total”, “fiel y exclusivo” y “fecundo”, cual el amor conyugal. Por esto las relaciones sexuales fuera del contexto matrimonial, constituyen un desorden grave, porque son expresiones de una realidad que no existe todavía; son un lenguaje que no encuentra correspondencia objetiva en la vida de las dos personas, aun no constituidas en comunidad definitiva…

Pontificio Consejo para la Educación Católica: Orientaciones educativas sobre el amor humano (1/11/1983)

si no, no es un proyecto

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Hoy aporto a todos una frase, una idea, y una verdad de cajón:

Frase muy ingeniosa que escuche hoy; “los proyectos no se hacen porque la gente no sepa qué es lo que tiene que hacer, sino porque el que impulsa el proyecto no se fía de lo que está haciendo la gente que cree que sabe lo que tiene que hacer”. Da para reflexionar, especialmente cuando analizamos de dónde surgen algunos de los proyectos y sus principales valedores.

Idea: La evaluación de un proyecto no la pueden hacer los mismos que lo diseñaron y lo realizaron. Es como si llegara a trabajar y me dijeran “mira a ver que crees que debes hacer en la empresa, hazlo como creas, y luego te evalúas como estimes conveniente”.

Verdad de Cajón: Da igual que el proyecto sea sobre una parroquia, o sobre tu vida. Ha de tener Objetivos. Si no, no es un proyecto. Y lo más importante, estos han de ser MEDIBLES. ¿Cuánto quieres mejorar, cinco? Pues uno es un fracaso y siete un éxito. En todo proyecto ha de estar cuantificada la meta, y cómo se va a medir.

Todavía no he conocido ningún proyecto fuera de ámbitos profesionales, en los que se marcaran objetivos medibles. Todo es fomentar, mejorar, optimizar, difundir, revitalizar, implantar, corregir, coordinar, impulsar, fortalecer… ¿Pero cuánto?.

¡Que diferente es decir que el proyecto consiste en crear un grupo con quince catecúmenos antes de un año, que se reunan, al menos la mitad, una vez a la semana!.

Si no lo miden, no se quejen si luego, la revisión del proyecto siempre esta basada en opiniones.

Tampoco pasa nada. Es la consecuencia directa de no saber a dónde se quiere ir: que se va por cualquier lado.

Trabajando en equipo

by michaelcardus

by michaelcardus

El formar parte de la Iglesia, nos obliga a saber trabajar en equipo.

Son muchas las ocasiones en las que no se logran los objetivos simplemente porque quien está al frente carece totalmente del conocimiento de técnicas de trabajo en equipo o sufre una ausencia total de empatía. No llegamos a un buen destino simplemente porque no sabemos conducir. Y esto vale lo mismo para una delegación como para un grupito de catequesis.

A veces atribuimos a Dios que no haya frutos, o buscamos maldades detrás de actos que simplemente implican un desconocimiento grande de la gestión de personas.

Un equipo, desde que se forma, pasa por distintas etapas. Reconocerlas es importante ya que  en cada una se debe hacer y esperar cosas diferentes.

Fase 1. Inicio.

En esta fase el equipo está recién formado. los miembros dependen mucho de lo que se les diga, están ilusionados pero al mismo tiempo tienen miedo. Desorientados, piensan que están pasando un examen continuamente. La labor del líder en este caso es la de dar unas instrucciones claras y bien definidas (lo que supone una cierta disponibilidad para aclarar dudas y malentendidos), aprovechar el entusiasmo como motor de avance y ir reduciendo los temores y recelos que pongan en peligro la marcha del proyecto. Pr0hibido despertar grandes expectativas (motivar si, pero nunca mentir o exagerar), esperar grandes resultados a corto plazo, pretender que todos los miembros estén unidos.

Fase 2. Crisis.

Si esta etapa no ocurre, probablemente el equipo no madure nunca. No se trabaja a pleno rendimiento y los miembros ven que sus expectativas no se están viendo satisfechas. Comienzan a aprender a hacer las cosas, y les molesta la autoridad. Se sienten frustrados con métodos, tareas, procedimientos. Empieza a parecer que el equipo se rompe, e incluso surgen discrepancias entre los miembros. La labor del líder en esta fase es la de cuidar los resultados para que sean positivos y generen una mayor seguridad en que el equipo tal y como está funciona. Debe fomentar que el propio equipo desarrolle normas para autoregularse, y apagar los fuegos de las posibles diferencias internas. Prohibido asustarse, mostrar ningún tipo de desesperanza, hacer excesivo caso a las reclamaciones particulares de cada uno y estar alejado o inaccesible para los miembros.

Fase 3. Crecimiento.

Aparecen normas y roles, cada uno empieza a ocupar un puesto y mejora la confianza y la estabilidad. Los miembros ya saben lo que se puede esperar y lo que no, con lo que ajustan sus expectativas. Se desarrolla la autoestima y los miembros comienzan a abrirse más a los demás. Se cumplen los primeros objetivos y eso redunda en el buen ambiente del grupo. En este momento, el líder debe seguir controlando el resultado (aunque intentando intervenir menos en el mismo), fomentar la afectividad y el buen ambiente dentro del equipo. También controlar las posibles interferencias externas que puedan recaer sobre la marcha del equpo. Cuidado con forzar sentimientos de unidad falsos, hay que conducirlos no fabricarlos. Que el grupo empiece a ir bien, no quiere decir que todos sus miembros deban de ir al mismo ritmo. Hay que respetar los ritmos de los miembros en lo que se refiere a la pertenencia y afinidad con el equipo.

Fase 4. Madurez.

El equipo ya funciona casi a la perfección, hay entusiasmo, colaboración y los miembros del equipo se sienten orgullosos de pertenecer al mismo.  El liderazgo se comparte y los propios miembros ejercen a veces de líderes. En esta fase el líder debe de ir desapareciendo paulatinamente, delegando sin dejar de supervisar los resultados. Ponerse a disposición de cada uno de los miembros del equipo para facilitar la tarea que de manera cada vez más autónoma van realizando. Prohibido apuntarse medallas, lucir equipo o resultados y llevar a cabo actitudes que quiten protagonismo a los miembros del equipo. Aquí el ego del lider debe de bajar unos cuantos puntos.

Fase 5. Equipo de alto rendimiento.

En esta fase, todo va rodado. El equipo trabaja sin necesidad de grandes órdenes o instrucciones. Apenas es necesario supervisarlo y son los propios miembros los que corrigen las desviaciones, resuelven los problemas y mantienen el ritmo. En este momento, es cuando el líder debe de comenzar a gestionar riesgos e ir haciendo un repositorio de soluciones para los problemas que probablemente surjan. También es el momento de ir buscando sustitutos para las posibles bajas en el equipo y cuidar la integración de nuevos componentes si los hubiera.

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