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Feliz resurrección
Y resucitó. Por fin resucitó.
Porque ni el paro, ni la corrupción, ni los problemas familiares, ni las enfermedades, ni los países en crisis, ni los países eternamente en crisis, ni los políticos corruptos, ni los jefes y déspotas mundiales, ni los jefes y déspotas de andar por casa, ni el miedo, ni el futuro incierto, ni el tiempo perdido, ni las palabras hirientes, ni la falta de dinero, ni la abundancia de dinero, ni los errores, ni las tristezas, ni las agendas, ni los horarios, ni los objetivos, ni los fracasos, ni el éxito, ni la ignorancia, ni la hipocresía, ni el egoísmo, ni ningún sistema (esté o no en quiebra), ni ningún partido político, ni ninguna persona, ni ningún descreído, ni ninguna carga, ni ninguna teoría, ni ninguna ideología, ni ningún empresario, ni ningún presidente, ni ningún sindicato, ni ninguna autoridad religiosa, ni ninguna lágrima, ni ningún prejuicio, ni ningún juicio, ni ninguna condena, ni ninguna absolución…
Nada ni nadie tienen la última palabra.
Ni siquiera la muerte.
Porque el hijo de Dios ha resucitado. Todos los años lo hace, por si alguno te lo pierdes. Y hoy en concreto también, porque sabe que lo necesitas.
Porque aquí y ahora, participas de su resurrección. Y esa es una noticia que merece la pena contarla.
Una sociedad de hijos únicos

by bengrey
Para muchos, hoy los hijos suponen una carga. Una carga económica, de tiempo, de atención, de esfuerzo físico. Una carga incómoda. Agradable pero incómoda.
Si miráramos la historia de la humanidad como si hubiera durado un día, esta tendencia está durando menos del último segundo del día. Antes, los hijos siempre fueron una bendición, ya no tanto por su existencia, sino porque en ellos estaba la viabilidad económica de la familia, entre ellos se repartía el esfuerzo, hacían la vida más cómoda. Paradójicamente antes había que tener hijos para ganar lo que hoy nos “roban”.
El caso es que, por primera vez en la historia de la humanidad, nos enfrentamos en occidente (y en oriente con las políticas dictatoriales de hijo único) a un mundo lleno de hijos únicos. Un mundo en el que sus futuros líderes pensarán como hijos únicos y darán soluciones de hijos únicos a los problemas de una humanidad formada por hijos únicos.
Según los estudios de psicología, si no se educa bien a estos hijos se puede caer en las siguientes “patologías”:
- Si se les presta demasiada atención, pueden acabar siendo miedosos, con temor a vivir experiencias nuevas, y excesivamente preocupados por su salud y por su seguridad.
- Si le ponemos por las nubes continuamente, puede acabar siendo engreído, egocéntrico o consentido.
- Si no prestamos especial atención, puede pasar demasiado rápido a la edad adulta, sin haber compartido tiempo ni juegos con otros niños. Le costará pensar en equipo, en los intereses colectivos.
- Si no tiene peleas y discusiones con sus hermanos o con otros niños sin la sobreprotección de sus padres, pueden tener más dificultad para madurar emocionalmente.
También tiene sus puntos positivos. Pueden resultar más creativos, generosos, con mayor desarrollo lingüístico y con mayor autoestima.
Ahora, jugando a profeta, vaticino en breve una sociedad miedosa y creativa, egocéntrica (que no egoísta) pero generosa, individualista pero con muchas competencias y habilidades. Con gran autoestima, pero inmadura.
¿Cómo lo ven?
Nota estadística Los porcentajes de mujeres que poseen un solo hijo se han duplicado en los últimos veinte años, alcanzando en muchos países industrializados a una de cada cuatro familias. Este crecimiento es acelerado y se prevé que dentro de pocos años igualará al número de familias con dos o más hijos. Las Naciones Unidas predicen que existirán unos 10.000 millones de personas en el año 2050. Para mantener estable la población de un país se necesita que cada mujer tenga, al menos, una media de 2,1 hijos. En Norteamérica el índice es de 1,99 mientras que España resulta ser el país industrializado con menor proporción: tan sólo 1,15. Paradójicamente otros países con muchos menos recursos como Yemen se encuentran con una relación de 7,60 hijos por cada mujer.
Sólo existe el presente
¿Ya sabes cómo vas a hacer lo que tienes que hacer los próximos 5 minutos?
¿Ya sabes cómo vas a hacer lo que tienes que hacer durante todo el día de mañana?
¿Ya sabes cómo vas a hacer lo que tienes que hacer el próximo año?
¿Ya sabes cómo vas a hacer lo que tienes que hacer el resto de tu vida.
No. Para hacer lo correcto no hace falta.
Si eres de estas personas que están agobiadas, estresadas, angustiadas, que sienten que deben afrontar una pesada carga y que no ven luz más allá del tunel te invito a que reflexiones en lo siguiente.
No sabes lo que pasará, sólo lo que pasa. No sabes lo que vendrá, sólo lo que hay. Para este mismo momento hay una respuesta apropiada. Mejor que el resto o simplemente menos mala. Puedes hacer lo correcto ahora y reconocer que no tienes ni idea del futuro.
Dios podría habernos dado un mapa de nuestra vida a nacer. Una lista de la compra de cosas por hacer hasta el día de nuestra muerte. Pero nos ama.
Dios sólo nos da el presente para no abrumarnos con el futuro.
Teoría conspiranoica (una de tantas)
Imaginemos que soy quien “mueve los hilos” a gran nivel en la tierra. El poderoso entre los poderosos. Les voy a contar mi plan.
Mi objetivo principal es tener a todo el mundo esclavizado. A mis órdenes. Os voy a contar como conseguirlo.
Primero necesito que no piensen demasiado.
Para ello voy a quitar de su educación todo aquello que tenga que ver con el pensamiento crítico. Los voy a llenar de pensamientos científicos, y les denigraré todo tipo de conocimiento que no genere riqueza material. La filosofía, la historia, la antropología, la filología, la literatura a partir de ahora serán hobbies. Apenas unos pocos tendrán conocimientos sobre ellas.
Tampoco quiero que tengan demasiadas inspiraciones.
Ridiculizaré todo tipo de creencia religiosa o espiritual, aislaré a los visionarios, convertiré el arte en producto para comerciar, y crearé un pensamiento único del buenrollismo en el que no se tolere lo diferente sino que la tónica sea que todos seamos fotocopias de un modelo superguay. Haré leyes sobre cualquier cosa, para que nadie pueda hacer nada que no se salga de lo que yo consideraré la normalidad.
Controlaré todo tipo de actividades e iniciativas desde los gobiernos e instituciones y limitaré aquellas que no vayan acordes a mi pensamiento. Cogeré el dominio público y lo tomaré en propiedad sólo cediéndolo para el uso de amigos y amiguetes que colaboren con mi proyecto. Cobraré por visitar espacios naturales, por disfrutar de playas, por hacer actividades deportivas, y por lo que se me vaya ocurriendo con el tiempo.
Después necesito que no tengan felicidad más allá de la que les de en su trabajo, ni que gasten más energías que las que les consume su puesto.
Para ello los dejaré solos. Cambiaré el modelo de familia ridiculizando religiones y tradiciones, y reduciendo las relaciones de pareja a uniones temporales de conveniencia económica, sexual o sentimental. Reduciré todos los contactos con sus amigos a mensajes de ciento cuarenta caracteres o a videoconferencias. El lugar de encuentro será la noche, cuando estén cansados y apenas puedan tener experiencias satisfactorias. Entre ruidos para evitar la comunicación. A los que tengan ansias de amistad, les daré miles de amigos en facebook. Lo importante es ir reduciendo el contacto físico. Un abrazo nunca será igual a un “me gusta”, pero esto debe ir olvidándose.
También necesito que no se escandalicen. Que no puedan comparar con otros tiempos.
Para ello denigraré a sus ancianos. Todo lo que puedan aportar carecerá de valor o estima y no tendrán criterio alguno, porque no pertenecen a esta nueva ola de cambios maravillosos. En las empresas prejubilaré a aquellos que trabajaban de otra manera y que cobraban más.
Les quitaré el tiempo libre. Una vez caída la religión, los domingos y el descanso dejarán de ser sagrados. Una vez les quite el dominio público, preferirán ir a un centro comercial a consumir que ir a un bosque a pasear. Una vez les quite el contacto físico, ya no podrán darse cuenta de que ya no son tan felices.
Luego quiero que trabajen mucho, muchísimo.
Para ello, estableceré unas tasas de paro que siempre les haga temer la posibilidad de perder su empleo. Incluso los haré temporales, para que cuando tenga que usarlos los pueda exprimir a gusto, porque no sabrán cuándo volverán a tener oportunidad de volver a trabajar.
Igualmente, intentaré que la mujer se meta en esta vorágine incorporándose al mercado laboral. Haré creer a todos que esto no ha sido así antes por culpa de los hombres y comenzaré una guerra de sexos para evitar que se den cuenta que antes vivía decentemente una familia de seis hijos con el sueldo de uno y ahora apenas se mantiene a dos con el sueldo de ambos progenitores (independientemente de quién trabaje).
Premiaré con éxitos aparentes a aquellos a los que sólo les queda el trabajo. Y luego inculcaré a los demás que la felicidad está en esos éxitos aparentes o materiales. Un coche, una casa o unos trajes y sobretodo una posición, pasarán a ser la obsesión de los más débiles. Y se los concederé, por supuesto.
Luego, aunque haya un importante grupo que no sienta especial interés por vivir a todo tren, ya no les quedará elección, porque los que dirigirán sus lugares de trabajo, serán los anteriores, que encontrarán justificable casi cualquier cosa para mantener lo conseguido. Los abducidos por el trabajo marcarán el ritmo.
Y finalmente necesito que consuman mucho, muchísimo.
Crearé modas, que una vez vacíos de referentes (sus mayores, sus pensamientos propios, sus ideologías, sus religiones) se adoptarán como dogmas sin mayor espíritu crítico.
Les inflaré a créditos para que gasten incluso lo que no tienen en productos fabricados por paises pobres. Luego, convenceré a esos países pobres para que empiecen a entrar en la misma vorágine consumista que sus antecesores, que estarán trabajando de sol a sol para pagar la burbuja financiera en las que les metí.
Bueno, ya os he contado mi plan… Por ahora va saliendo.
Esperemos que Dios no venga como siempre y acabe salvando de nuevo a la humanidad de mi tiranía.
Ten cuidado con lo que deseas, porque puede cumplirse

by mondi
Salvo los muy muy torpes, no conozco a nadie que haya dedicado, consciente o inconscientemente, su vida en ser un hombre de negocios, y no lo haya conseguido (o al menos se haya acercado). No conozco a nadie que haya dedicado cada minuto de su vida a ser exitoso y no lo haya conseguido. No conozco a nadie que haya dedicado todo su tiempo, esfuerzo y dedicación a sus hijos, y no haya sido un buen padre.
Parece que Dios se empeñara en concederte aquello a lo que le das más importancia. Sólo una o dos cosas, pero las más importantes. No se trata de algo material como conseguir una casa o tener buena voz. Me refiero al tu ser, a lo que eres realmente, no a la imagen que tienes de ti mismo.
Es lógico. Acabas siendo aquello que más trabajas, y trabajas más aquello que consideras más importante. Por lo tanto, acabas siendo aquello que tiene para tí el lugar numero uno ¿y cómo se distingue?, pues aquello a lo que le dedicas más tiempo y dinero.
No sólo acabas siendo, sino acabas estando. Si buscas dinero, acabarás en un lugar dónde haya dinero. Si buscas ternura, acabarás en un lugar dónde haya ternura. Si buscas una familia, acabarás en el mejor ambiente para tenerla.
Y aquí es donde el cuento no tiene un final feliz para todos, porque en esos lugares, acabarás rodeado de gente como tú. Siempre acabarás con gente como tú. Y te tratarán como tu tratas a los demás.
Si buscas dinero, te verás en un lugar dónde haya dinero, rodeado de gente que quiere dinero como tú, y que hará lo mismo que tú o más por conseguirlo. Lo mismo con la fama, la comodidad, la ternura, el éxito, la familia, la espiritualidad, la seguridad, el poder, etc.
El corazón tarda mucho en cambiar de valores y no hay tiempo que perder. Por eso conviene elegir bien lo que se quiere ser y dedicar todo tu esfuerzo, tiempo y dinero en conseguirlo.
Porque acabarás rodeado de gente como tú.
¿Qué te habrías dicho hace diez años?

by ralphogaboom
Imagina que eres un protagonista de una película de Hollywood.
Vas a retroceder en el tiempo diez años, y puede darse la tan temida paradoja espacio-temporal de encontrate contigo mismo.
Y así resulta. Os miráis y os reconocéis.
Tu yo antiguo siente cierta preocupación por lo deteriorado que se verá dentro de 10 años, y tu recibes la impresión de que estás muy viejo. Es lo que tiene comparar con un modelo en vez de con un recuerdo, que las diferencias saltan a simple vista.
Pero ahora viene lo importante. Tu yo antiguo quiere conocer su futuro. Qué le va a pasar y que no. Quiere jugar con las cartas marcadas sus próximos diez años y te pide, por favor, tomar un café tranquilos para hablar.
Piensa que todo aquello que calles ocurrirá más o menos como ha ocurrido. Pero cualquier cosa que digas, puede interferir gravemente el curso de los acontecimientos, y cambiar completamente tu historia.
¿Qué le dirías?. ¿Que parte de tu historia reciente merece la pena intervenir, sea cual sea el resultado?.
Termina la conversación. Tu otro yo se va. Te quedas leyendo un periódico sorprendido por cómo se trataban las noticias hace diez años y cómo se han ido reduciendo hasta desaparecer de la memoria colectiva todos aquellos grandes titulares.
Se acerca un anciano con pinta de vagabundo pero arreglado y se sienta en tu mesa.
Se presenta:
Hola, soy Dios. He estado escuchando la conversación que te has traído contigo, y me gustaría preguntarte…¿En qué dices que me he equivocado?
¿Sabías?
¿Sabías todo lo que muestra este vídeo? ¿Qué respuesta cristiana estamos preparando para este mundo que ya está aquí?
Quizás los cantos con guitarritas a tres por hora, las reuniones de catequesis delante de un libro, los sermones magistrales, no sean suficientes para afrontar esta auténtica revolución histórica en la que estamos inmersos. Es obvio que nuestras estructuras, cargos, funciones tienen más que ver con el medievo que con la era de las redes sociales. ¿Qué sentido tiene controlar lo que se dice de Dios a través del nihil obstat o el secuestro de un libro polémico sobre teología en plena época del pdf, de los blogs y de los foros?
Dios es eterno y es el señor de la historia, lo cual tranquiliza, pero la clave es… ¿Cómo le vamos a ayudar a hacerse presente en esta nueva era? ¿Cómo nos estamos preparando para el pasado mañana?
PD. Dos días después, me escribe un amigo que no termina de entender este post. Mi intención era hacer pensar sobre las herramientas que estamos usando para evangelizar, y denunciar que, básicamente, y salvo honrosas excepciones seguimos con las mismas herramientas que hace 50 años (o incluso más) para afrontar una época que ya ha llegado, y que va a mil por hora.
Gestión del cambio

by williamhartz
El cambio es aquello gracias a lo que el futuro se hace presente.
Las organizaciones, al igual que las personas tienen miedo al cambio. Los motivos son variados, y me gustaría compartir unas reflexiones para que cada uno analice cómo está de preparado él y su entorno cristiano para afrontar el futuro. Simplemente porque en nuestra Iglesia muchas veces atribuimos a la espiritualidad asuntos que son puramente humanos y que encuentran plena explicación y cauce a través de teorías organizacionales:
1. Predisposición negativa del individuo para el cambio: esta predisposición es algo personal y profundamente arraigada. Es una consecuencia de la manera en que cada persona ha aprendido desde su infancia a manejar el cambio, que se ve reflejada en su vida adulta. ¿Cómo estamos educando en nuestros seminarios, en nuestras familias, en nuestras catequesis a los sacerdotes
2. Sorpresa y temor a lo desconocido: al introducirse cambios innovadores o radicalmente innovadores, aquellos que se ven afectados se llenan de temor ante las posibles repercusiones del cambio. ¿Cómo está afectando a nuestra vida de fe y a nuestras costumbres los cambios actuales? ¿De verdad no han notado cambios en los últimos años en su parroquia? Los jóvenes seguro que sí.
3. Clima de desconfianza: los que están al frente, que no tienen plena confianza en la base hacen que los procesos de cambio sean asuntos cerrados, poco sincero y nada participativo. Los de la base que no confían en los que están al frente, no se muestran nada dispuestos a realizar esfuerzos extraordinarios para ayudar al cambio. ¿Encuentran algún escalón entre los que están al frente de las distintas estructuras eclesiales y su base? ¿Notan desconfianza y ausencia de esfuerzos?
4. Temor al fracaso: algunos cambios pueden hacer que los que están involucrados en ellos, duden de sus propias capacidades. Esas dudas derrumban la autoconfianza y el desarrollo profesional. ¿Encuentran dificultades en reciclar a gente en sus puestos dentro de su entorno eclesial?
5. Pérdida del estatus y/o de seguridad: los cambios administrativos y tecnológicos que amenazan con alterar las bases del poder o con eliminar trabajos tradicionales suelen generar una fuerte resistencia. ¿Los cambios que estamos viviendo alteran las relaciones tradicionales dentro de la Iglesia? ¿Implican una reducción de determinados ámbitos de poder o generan inseguridad?
6. Presión de iguales: en ocasiones, trabajadores que no se ven afectados directamente por un cambio se oponen al él para proteger los intereses de sus amigos y compañeros de trabajo. ¿Por qué parroquias llenas de gente que usa las nuevas tecnologías para su vida personal y laboral apenas tienen reflejo en Internet?
7. Ruptura con las tradiciones culturales y/o relaciones del grupo: siempre que haya transferencias, promociones o reasignaciones de personas se desequilibra la dinámica cultural y grupal. ¿Por qué tenemos a grandísimos profesionales de las nuevas tecnologías, de la comunicación, de la informática, de la sociología, de la psicología, del derecho, y de otras ramas del saber en nuestras parroquias destinados a colaboraciones tan poco cualificadas con la comunidad parroquial?
8. Conflictos de personalidad: la personalidad de las personas encargadas de dirigir el cambio puede provocar resistencia en los empleados. ¿Somos los abanderados del cambio en la Iglesia tolerantes, comprensivos, amorosos, obedientes y caritativos con los que deben ser los artífices del mismo?
9. Falta de tacto o inoportunidad: si se introducen cambios de manera insensible o en un momento poco oportuno se puede producir resistencia. ¿Te sientes escuchado por tu entorno eclesial?
10. Sistemas de compensación que no refuerzan: los individuos se resisten cuando no prevén compensaciones positivas por el cambio. ¿Cuantas horas de más me va a suponer la Evangelización si la realizo conforme a la situación real de hoy en día y no como la vengo haciendo desde hace años?
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La generación de la desilusión

by Mattieu A.
En la parroquia cada vez quedan menos Jóvenes.
Hoy hemos desarrollado unas actividades en la Universidad para los mismos y no ha asistido nadie.
La nueva generación de jóvenes que se enfrenta al mercado laboral, al menos en España, es la primera que tendrá menos formación y cultura que sus padres.
Se cifran en 800.000 los jóvenes de la generación nini, es decir, un segmento poblacional que ni estudian, ni trabajan.
No es su culpa, al menos no toda.
Viven rodeados de adultos que provienen de una filosofía posmodernista en la que pulverizaron todos los valores absolutos. Han tenido figuras de autoridad incapaces de desaparecer para que ellos brillaran. Tampoco se han preocupado de educarlos para que afronten las dificultades con humildad. Muchas familias han tratado a sus jóvenes con la máxima de darles lo que piden a cambio de tranquilidad en casa. Tras estropearles la educación, ahora los políticos adultos en mi país, quieren reducir la estabilidad de los primeros contratos de trabajo, sabiendo que los jóvenes no se quejarán, porque al menos será su primer trabajo.
Apenas les quedan resquicios de diversión gratuita. Son la primera generación que ya no pudo jugar a la pelota en las plazas, ni correr por el campo, ni tener animales. Son la generación de la diversión solitaria. Apenas quedan pandillas de más de diez, ahora son parejas, trios o como mucho cuartetos de jóvenes los que se acompañan en el día a día. Salen a pasear por las calles y la única diversión que les llama es sacarse fotos posando, como necesitando demostrar gráficamente que se están divirtiendo.
Los adoctrinaron en los conflictos de los adultos sobre moral, religión, sexualidad, diversión y dinero sin preocuparse de ayudarles a construir unos cimientos donde apoyar esa carga.
Tras haberles destrozado el futuro, ahora a los adultos nos queda la parte más dura.
¿Cómo les convencemos de que el esfuerzo por sacar adelante la vida que les hemos dejado merece la pena?
El año que más ruedas de carreta se vendieron

- by jota-punto
Mil ochocientos diecinueve.
¿Y esto a cuenta de qué?. Este post viene a cuenta de una muy buena conferencia del publicista Pablo Alzugaray.
Pues resulta que en mil ochocientos diecinueve parece ser que fue el año que más ruedas de carreta se vendieron en la historia. Los fabricantes de ruedas de carreta podían pensar que a la vista de los acontecimientos su imperio iba viento en popa. De hecho lo pensaron, y fue tal el despiste y la autocomplacencia que les produjo su éxito, que no les dejó ver que por esas mismas fechas estaba terminando de construirse el ferrocarril.
Mil ocicientos diecinueve. El año del mayor éxito para los vendedores de ruedas de carreta… ¡Y el último!.
El error que cometieron fue no darse cuenta de que su negocio no era construir ruedas de carreta, sino el transporte de viajeros y mercancías.
Este error lo cometen muchas organizaciones. Centrémonos en la parte cristiana, en concreto, en tu pequeña Iglesia, grupo, comunidad, misión, etc.
¿Cuál es tu negocio? ¿Crees que existen actualmente cambios sociales, tecnológicos, culturales que estén convirtiendo en desfasado aquello a lo que te llevas dedicando tanto tiempo? ¿Estás tan preocupado de fabricar ruedas de carreta que has descuidado el transporte?
Los misioneros, sean laicos o religiosos, deben tener un gran cuidado en no perderse demasiado en burocracias, tareas, reuniones, programaciones, organizaciones, cargos, grupos de trabajo, estamentos, etc. Esto no es su negocio.
¡En los tiempos que corren, les puede pasar un tren por encima!




