futuro

Lo bueno se hace esperar

Los cristianos tenemos esperanza. Esperamos con confianza.

La esperanza cristiana no está basada ni en sentimientos, ni en ningún libro de autoayuda, ni en ninguna frase bonita del facebook. Está basada en la fe. Creemos que más pronto o más tarde se cumplirá el plan de Dios.

Aunque ahora estemos pasando una etapa en la que estamos perdiendo el tiempo, inutilizados, subyugados por las circunstancias, los sistemas o las personas, sabemos que esta etapa de dolor o de incertidumbre no es en vano.

Da igual que estés encerrado en una vida de sacrificios, disgustos o en la pobreza. No es en vano si te dedicas a cumplir el plan de Dios que, por cierto, suele pasar por la cruz para llegar a la gloria.

Porque Dios no está de brazos cruzados y tiene un plan.

Puedes ser el peón o la reina, pero con tu vida al servicio del reino y en las circunstancias que se te han dado, estás participando en una partida de ajedrez contra el mal que al final ganaremos.

A veces esta etapa tan desértica es para hacerte un mejor jugador, fortalecerte y llevar tu alma a extremos que no habrías podido alcanzar en la comodidad o la riqueza, una etapa de echar raices en vez de flores.

Otras veces Dios te estará educando para que comprendas que tiene voluntad propia y que es diferente a la tuya, por muy incómoda que sea.

En ocasiones, negándote lo que deseas, te estará librando de peligros que eres incapaz de ver desde tu posición.

O quizás, simplemente, te estará usando para que, con tu ejemplo, edifiques la fe de los demás.

Pero siempre tiene un plan. Un plan en el que sales vencedor.

Un plan que necesita de tu fe en que Dios hará lo mejor para tí y para el mundo, que necesita de tu humildad para cumplir con algo que no comprendes, que necesita de tu paciencia para esperar las buenas noticias y que necesita de tu valor para vivir en un mundo en el que la posición que ocupas es considerada como locura o estupidez.

“…no estamos solos, porque Dios existe, y me ha llamado a la existencia, y me mantiene en ella, y me da fortaleza. Además, me ha elegido con predilección y, si tengo confianza, me concederá la constancia y la ñrmeza en mi camino, porque, cuando El comienza una obra, la acaba: El hace siempre las cosas perfectas.”
San Josemaría Escrivá, 29-IX-1957

Atrapado en el tiempo

¿Y si revivimos uno de los guiones más utilizados en hollywood, el del día de la marmota?

Nos levantamos una mañana de un día cualquiera y, de repente, nos damos cuenta que es el día de ayer y que lo estamos viviendo de nuevo. Al día siguiente igual, y quedamos atrapados en el mismo día de manera permanente. ¿Qué haríamos?

La primera tentación es la de dar rienda suelta a nuestros instintos. Caeríamos en los tópicos cinematográficos de decirle las verdades a todo el mundo, romper cosas y disfrutar de una libertad absoluta sin consecuencias. Esto, que sería enormemente divertido, nos duraría unos días. Quizás unos meses.

Intentaríamos hacernos ricos rápidamente con loterías o juegos de azar, pero no valdría para nada porque, aunque al finalizar el día fuéramos inmensamente adinerados, al día siguiente comenzaríamos de nuevo con las mismas riquezas que el día anterior. La actitud de buscar la riqueza desaparecería en los primeros días ya que tenemos todas las necesidades cubiertas y no podemos hacer nada por mejorar nuestro bolsillo.

Tras varios meses haciendo el golfo día tras día, con plena consciencia de nuestra situación, nos aburriríamos. No tengo la menor duda que, en la consciencia de estar viviendo una vida totalmente vacía, buscaríamos desesperadamente un sentido. Encaminaríamos nuestros actos en búsqueda de una profundidad mayor, intentando alcanzar cierta trascendencia en ese bucle infinito de situaciones.

Y acabaríamos en el amor. Quizás en la oración. Porque el amor es lo único que no cansa. Una maldad repetida varias veces puede ser un infierno, una sonrisa el paraíso. Buscaríamos pasar “el día” con los que queremos. Haciéndolos felices y disfrutando de su compañía. Si yo tuviera que vivir una eternidad, es la forma en la que me gustaría hacerlo. Con mis seres queridos y con mi ser más querido, Jesús.

Es curioso que tantas personas a las que se les diagnostica la muerte inminente opten también por lo mismo, por el amor. Pareciera que cuando uno se abstrae de lo mundano, el alma sale en busca y captura de otras almas a las que servir. Cuán libres para amar nos volvemos cuando desaparece el “futuro” y nos quedamos atrapados en nuestro sencillo presente.

Usemos este ejercicio para que la persecución de nuestros posibles futuros no condicione la atención, el tiempo y el esfuerzo que dedicamos, en nuestro día a día, a las cosas y personas de las que nos rodearíamos si quedásemos atrapados en el tiempo.

La generación de paja

Es complicado abordar un análisis de las generaciones que vienen sin resultar un poco “abuelo cebolleta”. Se intentará.

Nuestros hijos nacen y a los pocos meses son separados de sus padres durante ocho o más horas al día. Durante miles de años los niños crecieron envueltos en la falda de sus madres, pero en estos últimos segundos de la historia de la humanidad, son introducidos en máquinas de “educación en cadena” a las más tempranas edades.

Y cuando crecen un poco, se les mete en el conservatorio, en idiomas o deporte, todas ellas actividades orientadas a una nota o un resultado deportivo, muchas veces porque durante esas horas los padres trabajan (si tienen esa suerte).

En cualquiera de esos ambientes viven un mundo irreal, de laboratorio. Dónde el éxito está condicionado a la obediencia a ciegas a un profesor y a un excelente comportamiento académico.

Salvo algunos que gozan de profesores excepcionales y a pesar de las numerosas reformas educativas, la norma es que la formación en bloque y masiva que se vive en las aulas no permita la educación afectiva, la inteligencia emocional, la creatividad disruptiva (diferente a lo previamente establecido) o la experimentación más allá de lo que el alumno descubra por casualidad. Se enseña a “tragar” con dogmas que son así porque vienen en los libros y los dicta el profesor, y se premia a aquellos alumnos que los repiten con la mayor exactitud. En la mayoría de las ocasiones, la capacidad crítica en ciernes de un alumno (que se manifiesta en peros, preguntas o “no lo entiendo”) es reducida por los profesores a ignorancia o, en algunos casos a conflictividad.

Los alumnos “tragan” sin la compañía de unos padres que puedan ayudar a realizar la digestión y que aporten práctica a la teoría. Sin tiempo alguno de juego espontáneo para comprobar si eso que están memorizando (que no aprendiendo) se corresponde con una realidad de fuera de esos laboratorios. El conocimiento de una mariposa de un niño de ahora y de uno de hace doscientos años es absolutamente diferente. El de ahora sabe sus partes y su nombre en varios idiomas, su ancestro jugó con ella y la experimentó. Extiéndase el ejemplo a cualquier faceta importante de la vida.

Y así van naciendo generaciones de “paja”. Académicamente brillantes, han alcanzado alturas que ninguna generación anterior tuvo (idiomas, educación física, masters). Más altas, esbeltas que ninguna generación anterior.

Pero por dentro están huecas. Nadie se paró a enseñarles a realizar un razonamiento ético o moral, sino que los bombardearon a comerciales publicitarios. No conocieron de la filosofía o la religión que dieran un sentido a un crecimiento tan desorbitado. Pajas flexibles que asumen jornadas laborales y trabajos carentes de toda humanidad sin objeción. Pajas flexibles que se dejan llevar por los medios, las masas o los propios apetitos. Les enseñaron a ser pajas altas, brillantes, bellas. Nadie les ayudó a desarrollar un tronco o una corteza que les protegieran de los vientos del progreso.

Y tampoco tienen raices. Generaciones que apenas dominan sus sentimientos. Centrados en su único bienestar, son incapaces de entender un “nosotros”. Umbrales de frustración por debajo de cero en niños brillantes que no aceptan un revés profesional (o personal). Afectivamente inestables, no contaron con la estabilidad de un padre y una madre que se empeñaron en prolongar su adolescencia hasta después de los cuarenta.

Muchos de los actuales líderes en empresas y política ya son de esta generación de paja y proyectan en el mundo y en sus gestiones aquello que aprendieron. Llegaron a líderes a base de ser los que más agradaban al de arriba (desde el profesor al jefe de partido), no por sus logros individuales o extraordinarios. Obsesión por los resultados, por el corto plazo, por los números, por las gráficas, por la imagen y la prensa, y un desconocimiento total del sentido común, del respeto por lo ajeno o contrario y por lo “humano” e imperfecto. Brillantes por fuera, huecos por dentro.

Pero afortunadamente los niños empapan lo que viven en casa. Saber contrarrestar esa orientación al éxito, generar un entorno de cariño, exigencia y esfuerzo en nuestros hogares alzando un muro protector contra lo sufrido en nuestro trabajo y nuestro entorno más cercano, y pasar tiempo, mucho tiempo, compartiendo (que no enseñando) nuestras experiencias con nuestros hijos puede salvar a este mundo de un ejército de engendros desalmados de “usar y tirar”.

PD.

Afortunadamente, estas generaciones de paja son autodestructivas. La observación me ha mostrado que tampoco tienen especial interés en procrearse, teniendo a lo sumo un hijo, ya que son incapaces de sacrificar su tiempo y su vida en nada más que sus objetivos profesionales o personales.

Feliz resurrección

Y resucitó. Por fin resucitó.

Porque ni el paro, ni la corrupción, ni los problemas familiares, ni las enfermedades, ni los países en crisis, ni los países eternamente en crisis, ni los políticos corruptos, ni los jefes y déspotas mundiales, ni los jefes y déspotas de andar por casa, ni el miedo, ni el futuro incierto, ni el tiempo perdido, ni las palabras hirientes, ni la falta de dinero, ni la abundancia de dinero, ni los errores, ni las tristezas, ni las agendas, ni los horarios, ni los objetivos, ni los fracasos, ni el éxito, ni la ignorancia, ni la hipocresía, ni el egoísmo, ni ningún sistema (esté o no en quiebra), ni ningún partido político, ni ninguna persona, ni ningún descreído, ni ninguna carga, ni ninguna teoría, ni ninguna ideología, ni ningún empresario, ni ningún presidente, ni ningún sindicato, ni ninguna autoridad religiosa, ni ninguna lágrima, ni ningún prejuicio, ni ningún juicio, ni ninguna condena, ni ninguna absolución…

Nada ni nadie tienen la última palabra.

Ni siquiera la muerte.

Porque el hijo de Dios ha resucitado. Todos los años lo hace, por si alguno te lo pierdes. Y hoy en concreto también, porque sabe que lo necesitas.

Porque aquí y ahora, participas de su resurrección. Y esa es una noticia que merece la pena contarla.

Una sociedad de hijos únicos

by bengrey

by bengrey

Para muchos, hoy los hijos suponen una carga. Una carga económica, de tiempo, de atención, de esfuerzo físico. Una carga incómoda. Agradable pero incómoda.

Si miráramos la historia de la humanidad como si hubiera durado un día, esta tendencia está durando menos del último segundo del día. Antes, los hijos siempre fueron una bendición, ya no tanto por su existencia, sino porque en ellos estaba la viabilidad económica de la familia, entre ellos se repartía el esfuerzo, hacían la vida más cómoda. Paradójicamente antes había que tener hijos para ganar lo que hoy nos “roban”.

El caso es que, por primera vez en la historia de la humanidad, nos enfrentamos en occidente (y en oriente con las políticas dictatoriales de hijo único) a un mundo lleno de hijos únicos. Un mundo en el que sus futuros líderes pensarán como hijos únicos y darán soluciones de hijos únicos a los problemas de una humanidad formada por hijos únicos.

Según los estudios de psicología, si no se educa bien a estos hijos se puede caer en las siguientes “patologías”:

– Si se les presta demasiada atención, pueden acabar siendo miedosos, con temor a vivir experiencias nuevas, y excesivamente preocupados por su salud y por su seguridad.

– Si le ponemos por las nubes continuamente, puede acabar siendo engreído, egocéntrico o consentido.

– Si no prestamos especial atención, puede pasar demasiado rápido a la edad adulta, sin haber compartido tiempo ni juegos con otros niños. Le costará pensar en equipo, en los intereses colectivos.

– Si no tiene peleas y discusiones con sus hermanos o con otros niños sin la sobreprotección de sus padres, pueden tener más dificultad para madurar emocionalmente.

También tiene sus puntos positivos. Pueden resultar más creativos, generosos, con mayor desarrollo lingüístico y con mayor autoestima.

Ahora, jugando a profeta, vaticino en breve una sociedad miedosa y creativa, egocéntrica (que no egoísta) pero generosa, individualista pero con muchas competencias y habilidades. Con gran autoestima, pero inmadura.

¿Cómo lo ven?

 

Nota estadística
Los porcentajes de mujeres que poseen un solo hijo se han duplicado en los últimos veinte años, alcanzando en muchos países industrializados a una de cada cuatro familias. Este crecimiento es acelerado y se prevé que dentro de pocos años igualará al número de familias con dos o más hijos.
Las Naciones Unidas predicen que existirán unos 10.000 millones de personas en el año 2050. Para mantener estable la población de un país se necesita que cada mujer tenga, al menos, una media de 2,1 hijos. En Norteamérica el índice es de 1,99 mientras que España resulta ser el país industrializado con menor proporción: tan sólo 1,15. Paradójicamente otros países con muchos menos recursos como Yemen se encuentran con una relación de 7,60 hijos por cada mujer.

 

Sólo existe el presente

¿Ya sabes cómo vas a hacer lo que tienes que hacer los próximos 5 minutos?

¿Ya sabes cómo vas a hacer lo que tienes que hacer durante todo el día de mañana?

¿Ya sabes cómo vas a hacer lo que tienes que hacer el próximo año?

¿Ya sabes cómo vas a hacer lo que tienes que hacer el resto de tu vida.

No. Para hacer lo correcto no hace falta.

Si eres de estas personas que están agobiadas, estresadas, angustiadas, que sienten que deben afrontar una pesada carga y que no ven luz más allá del tunel te invito a que reflexiones en lo siguiente.

No sabes lo que pasará, sólo lo que pasa. No sabes lo que vendrá, sólo lo que hay. Para este mismo momento hay una respuesta apropiada. Mejor que el resto o simplemente menos mala. Puedes hacer lo correcto ahora y reconocer que no tienes ni idea del futuro.

Dios podría habernos dado un mapa de nuestra vida a nacer. Una lista de la compra de cosas por hacer hasta el día de nuestra muerte. Pero nos ama.

Dios sólo nos da el presente para no abrumarnos con el futuro.

Teoría conspiranoica (una de tantas)

Imaginemos que soy quien “mueve los hilos” a gran nivel en la tierra. El poderoso entre los poderosos. Les voy a contar mi plan.

Mi objetivo principal es tener a todo el mundo esclavizado. A mis órdenes. Os voy a contar como conseguirlo.

Primero necesito que no piensen demasiado.

Para ello voy a quitar de su educación todo aquello que tenga que ver con el pensamiento crítico. Los voy a llenar de pensamientos científicos, y les denigraré todo tipo de conocimiento que no genere riqueza material. La filosofía, la historia, la antropología, la filología, la literatura a partir de ahora serán hobbies. Apenas unos pocos tendrán conocimientos sobre ellas.

Tampoco quiero que tengan demasiadas inspiraciones.

Ridiculizaré todo tipo de creencia religiosa o espiritual, aislaré a los visionarios, convertiré el arte en producto para comerciar, y crearé un pensamiento único del buenrollismo en el que no se tolere lo diferente sino que la tónica sea que todos seamos fotocopias de un modelo superguay. Haré leyes sobre cualquier cosa, para que nadie pueda hacer nada que no se salga de lo que yo consideraré la normalidad.

Controlaré todo tipo de actividades e iniciativas desde los gobiernos e instituciones y limitaré aquellas que no vayan acordes a mi pensamiento. Cogeré el dominio público y lo tomaré en propiedad sólo cediéndolo para el uso de amigos y amiguetes que colaboren con mi proyecto. Cobraré por visitar espacios naturales, por disfrutar de playas, por hacer actividades deportivas, y por lo que se me vaya ocurriendo con el tiempo.

Después necesito que no tengan felicidad más allá de la que les de en su trabajo, ni que gasten más energías que las que les  consume su puesto.

Para ello los dejaré solos. Cambiaré el modelo de familia ridiculizando religiones y tradiciones, y reduciendo las relaciones de pareja a uniones temporales de conveniencia económica, sexual o sentimental. Reduciré todos los contactos con sus amigos a mensajes de ciento cuarenta caracteres o a videoconferencias. El lugar de encuentro será la noche, cuando estén cansados y apenas puedan tener experiencias satisfactorias. Entre ruidos para evitar la comunicación. A los que tengan ansias de amistad, les daré miles de amigos en facebook. Lo importante es ir reduciendo el contacto físico. Un abrazo nunca será igual a un “me gusta”, pero esto debe ir olvidándose.

También necesito que no se escandalicen. Que no puedan comparar con otros tiempos.

Para ello denigraré a sus ancianos. Todo lo que puedan aportar carecerá de valor o estima y no tendrán criterio alguno, porque no pertenecen a esta nueva ola de cambios maravillosos. En las empresas prejubilaré a aquellos que trabajaban de otra manera y que cobraban más.

Les quitaré el tiempo libre. Una vez caída la religión, los domingos y el descanso dejarán de ser sagrados. Una vez les quite el dominio público, preferirán ir a un centro comercial a consumir que ir a un bosque a pasear. Una vez les quite el contacto físico, ya no podrán darse cuenta de que ya no son tan felices.

Luego quiero que trabajen mucho, muchísimo.

Para ello, estableceré unas tasas de paro que siempre les haga temer la posibilidad de perder su empleo. Incluso los haré temporales, para que cuando tenga que usarlos los pueda exprimir a gusto, porque no sabrán cuándo volverán a tener oportunidad de volver a trabajar.

Igualmente, intentaré que la mujer se meta en esta vorágine incorporándose al mercado laboral. Haré creer a todos que esto no ha sido así antes por culpa de los hombres y comenzaré una guerra de sexos para evitar que se den cuenta que antes vivía decentemente una familia de seis hijos con el sueldo de uno y ahora apenas se mantiene a dos con el sueldo de ambos progenitores (independientemente de quién trabaje).

Premiaré con éxitos aparentes a aquellos a los que sólo les queda el trabajo. Y luego inculcaré a los demás que la felicidad está en esos éxitos aparentes o materiales. Un coche, una casa o unos trajes y sobretodo una posición, pasarán a ser la obsesión de los más débiles. Y se los concederé, por supuesto.

Luego, aunque haya un importante grupo que no sienta especial interés por vivir a todo tren, ya no les quedará elección, porque los que dirigirán sus lugares de trabajo, serán los anteriores, que encontrarán justificable casi cualquier cosa para mantener lo conseguido. Los abducidos por el trabajo marcarán el ritmo.

Y finalmente necesito que consuman mucho, muchísimo.

Crearé modas, que una vez vacíos de referentes (sus mayores, sus pensamientos propios, sus ideologías, sus religiones) se adoptarán como dogmas sin mayor espíritu crítico.

Les inflaré a créditos para que gasten incluso lo que no tienen en productos fabricados por paises pobres. Luego, convenceré a esos países pobres para que empiecen a entrar en la misma vorágine consumista que sus antecesores, que estarán trabajando de sol a sol para pagar la burbuja financiera en las que les metí.

Bueno, ya os he contado mi plan… Por ahora va saliendo.

Esperemos que Dios no venga como siempre y acabe salvando de nuevo a la humanidad de mi tiranía.

Ten cuidado con lo que deseas, porque puede cumplirse

by mondi

by mondi

Salvo los muy muy torpes, no conozco a nadie que haya dedicado, consciente o inconscientemente, su vida en ser un hombre de negocios, y no lo haya conseguido (o al menos se haya acercado). No conozco a nadie que haya dedicado cada minuto de su vida a ser exitoso y no lo haya conseguido. No conozco a nadie que haya dedicado todo su tiempo, esfuerzo y dedicación a sus hijos, y no haya sido un buen padre.

Parece que Dios se empeñara en concederte aquello a lo que le das más importancia. Sólo una o dos cosas, pero las más importantes. No se trata de algo material como conseguir una casa o tener buena voz. Me refiero al tu ser, a lo que eres realmente, no a la imagen que tienes de ti mismo.

Es lógico. Acabas siendo aquello que más trabajas, y trabajas más aquello que consideras más importante. Por lo tanto, acabas siendo aquello que tiene para tí el lugar numero uno ¿y cómo se distingue?, pues aquello a lo que le dedicas más tiempo y dinero.

No sólo acabas siendo, sino acabas estando. Si buscas dinero, acabarás en un lugar dónde haya dinero. Si buscas ternura, acabarás en un lugar dónde haya ternura. Si buscas una familia, acabarás en el mejor ambiente para tenerla.

Y aquí es donde el cuento no tiene un final feliz para todos, porque en esos lugares, acabarás rodeado de gente como tú. Siempre acabarás con gente como tú. Y te tratarán como tu tratas a los demás.

Si buscas dinero, te verás en un lugar dónde haya dinero, rodeado de gente que quiere dinero como tú, y que hará lo mismo que tú o más por conseguirlo. Lo mismo con la fama, la comodidad, la ternura, el éxito, la familia, la espiritualidad, la seguridad, el poder, etc.

El corazón tarda mucho en cambiar de valores y no hay tiempo que perder. Por eso conviene elegir bien lo que se quiere ser y dedicar todo tu esfuerzo, tiempo y dinero en conseguirlo.

Porque acabarás rodeado de gente como tú.

¿Qué te habrías dicho hace diez años?

by ralphogaboom

Imagina que eres un protagonista de una película de Hollywood.

Vas a retroceder en el tiempo diez años, y puede darse la tan temida paradoja espacio-temporal de encontrate contigo mismo.

Y así resulta. Os miráis y os reconocéis.

Tu yo antiguo siente cierta preocupación por lo deteriorado que se verá dentro de 10 años, y tu recibes la impresión de que estás muy viejo. Es lo que tiene comparar con un modelo en vez de con un recuerdo, que las diferencias saltan a simple vista.

Pero ahora viene lo importante. Tu yo antiguo quiere conocer su futuro. Qué le va a pasar y que no. Quiere jugar con las cartas marcadas sus próximos diez años y te pide, por favor, tomar un café tranquilos para hablar.

Piensa que todo aquello que calles ocurrirá más o menos como ha ocurrido. Pero cualquier cosa que digas, puede interferir gravemente el curso de los acontecimientos, y cambiar completamente tu historia.

¿Qué le dirías?. ¿Que parte de tu historia reciente merece la pena intervenir, sea cual sea el resultado?.

Termina la conversación. Tu otro yo se va. Te quedas leyendo un periódico sorprendido por cómo se trataban las noticias hace diez años y cómo se han ido reduciendo hasta desaparecer de la memoria colectiva todos aquellos grandes titulares.

Se acerca un anciano con pinta de vagabundo pero arreglado y se sienta en tu mesa.

Se presenta:

Hola, soy Dios. He estado escuchando la conversación que te has traído contigo, y me gustaría preguntarte…¿En qué dices que me he equivocado?

¿Sabías?

¿Sabías todo lo que muestra este vídeo? ¿Qué respuesta cristiana estamos preparando para este mundo que ya está aquí?

Quizás los cantos con guitarritas a tres por hora, las reuniones de catequesis delante de un libro, los sermones magistrales,  no sean suficientes para afrontar esta auténtica revolución histórica en la que estamos inmersos. Es obvio que nuestras estructuras, cargos, funciones tienen más que ver con el medievo que con la era de las redes sociales. ¿Qué sentido tiene controlar lo que se dice de Dios a través del nihil obstat o el secuestro de un libro polémico sobre teología en plena época del pdf, de los blogs y de los foros?

Dios es eterno y es el señor de la historia, lo cual tranquiliza, pero la clave es… ¿Cómo le vamos a ayudar a hacerse presente en esta nueva era? ¿Cómo nos estamos preparando para el pasado mañana?

PD. Dos días después, me escribe un amigo que no termina de entender este post. Mi intención era hacer pensar sobre las herramientas que estamos usando para evangelizar, y denunciar que, básicamente, y salvo honrosas excepciones seguimos con las mismas herramientas que hace 50 años (o incluso más) para afrontar una época que ya ha llegado, y que va a mil por hora.

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