Felicidad

La felicidad es comparativa

El ser humano es así de curioso.

No es capaz de valorar intangibles si no los compara.

El amor, el odio, la alegría, el valor… No hay diez o cinco. Hay más o menos comparándolo con otro momento o situación.

Con la felicidad ocurre lo mismo. ¿Eres feliz? Pues depende, porque habría que compararlo con otro momento o aspecto de nuestras vidas (laboral, económico, sentimental, etc.).

Así, si llevamos unos meses horribles volver a la normalidad nos parecerá un paraíso. Si hemos tenido la mejor temporada de nuestras vidas, lo que vendrá después será un asco aunque sea más de lo que teníamos antes.

Varias cosas interesantes que podemos sacar de este pensamiento:

– La mejor manera de oprimir al ser humano (y de oprimirnos, por tanto), es mediante ráfagas en la que se pueda oprimir al máximo para a continuación aflojar un poco. Ese poco nos sabrá a felicidad, nos permitirá olvidar el momento anterior y no notar el progresivo deterioro de nuestra calidad de vida. Igualmente, la mejor manera de ser feliz, es la de intercalar momentos de esfuerzo, duros o difíciles en medio del gozo. La mortificación de toda la vida. El ser humano funciona así: expiración-aspiración, sístole-diástole, esfuerzo-descanso, dormir-despertarse.

– Precisamente por eso y al contrario de la mayoría que se deja llevar por criterios pasajeros o modas, conviene tener nuestra vida fundamentada en algo sólido, inmutable. Un código externo a nuestros sentimientos o apetencias que no cambie con el entorno. Quizás nos haga más infelices, pero menos manipulables u oprimibles.

En este campo, es interesante como actúa el cristianismo:

– Nos aporta un catálogo de valores y comportamientos válidos para toda sociedad y cultura. Para los momentos de crisis y los de bonanza. Dos mil años son muchos momentos de utilidad para negarlo.

– Nos pide la austeridad, la generosidad, la mesura en los momentos de bonanza (de cualquier tipo: económica, sentimental, etc.) . Esto hace que voluntariamente nos acostumbremos a menos, lo que supone que en los momentos de carestía o crisis no notemos tanta diferencia y por lo tanto la infelicidad sea menor. También nos aporta una estabilidad. Vivir la vida como un camino y no como una montaña rusa.

– Según los psicólogos el cerebro humano, por supervivencia tiende a olvidar los peores momentos vividos. Esto hace que “cualquier tiempo pasado” parezca mejor que el actual en nuestro recuerdo. En esta inercia depresiva, seguir y esforzarse activamente en adoptar valores como la alegría, la sencillez, la humildad o confiar en la providencia divina lejos de actitudes de ilusos y utópicos nos asientan mucho más en la realidad que nuestros propios recuerdos.

 

 

El pecado original

by Kamoteus

by Kamoteus

Vivimos una época en la que determinadas palabras están pasadas de moda.

Pecado es una de ellas. Se ha usado tanto y de manera tan deformada, que ya casi nadie que no sea cristiano sabe con exactitud qué significa esa palabra, y más específicamente el pecado original.

El pecado original apenas ha logrado salir del libro del génesis, del cuentecito de Adán y Eva, para muchos creyentes. Es una de esas palabras que oímos desde pequeños, y que a nuestra vida espiritual aportan lo mismo que la palabra Clembuterol, Presbicia o Velociraptor: nada.

En la Biblia no hay palabras gratuitas. Desde la primera a la última todas aportan algo a nuestra vida espiritual. Todas nos enseñan a conocernos más o a conocer más a Dios. Todas aportan algo a comprender el mundo en el que nos movemos. Y el pecado original tiene tres consecuencias que marcan para toda la vida nuestra búsqueda de felicidad.

 

Las consecuencias el pecado original son, según la teología tradicional, tres: ilusión, concupiscencia y debilidad de la voluntad. La ilusión significa que, aún cuando estamos irresistiblemente programados para una felicidad sin límites de una forma inherente a la naturaleza humana, no sabemos dónde se encuentra la verdadera felicidad. La concupiscencia significa que buscamos la felicidad en lugares equivocados o que buscamos excesiva felicidad en los lugares correctos. Y, finalmente, si es que llegamos al punto de descubrir dónde se encuentra la verdadera felicidad, nuestra voluntad es demasiado débil para conseguirla.

Thomas Keating Intimidad con Dios

Ilusión: Nos pasamos toda la vida dejándonos la piel, tras la felicidad que nos muestran los espejismos que se nos aparecen por el camino (dinero, amor, placer, poder, etc…).Pero a cada uno se le aparecen de forma diferente, en momentos diferentes de su vida. Somos esclavos de las modas y las tendencias, somos muy manipulables precisamente porque nos pueden vender la moto de que comprando una cosa, realizando un viaje, adquiriendo un estatus seremos felices. La realidad es dura: No sabemos dónde se encuentra la verdadera felicidad

Concupiscencia: Millones de personas destrozan a otras millones de personas en la persecución frenética de cualquier cosa que parece aportarles un poco de felicidad. Como no sabemos dónde está, la buscamos dónde sea, haciendo lo que sea. Y además, la queremos toda. No nos saciamos. Una vez alcanzada cualquiera de nuestras metas (matrimonio, carrera, dinero, jefatura, etc…) la felicidad lograda sigue siendo insuficiente, parcial, poco plena. Hay tanta gente que lo quiere todo, porque no encuentramos la felicidad en nada.

Debilidad: Y cuando por fin encontramos un poco de felicidad, quizás por que dudamos o por la inercia de tantos años en búsqueda, la descuidamos o abandonamos. Infidelidades, adicciones, nuevas ambiciones. Llevamos tanto tiempo buscando, que cuando la encontramos no nos lo creemos del todo. Probablemente porque la felicidad no era como nos imaginábamos. El caso es que no nos dura.

Afortunadamente los cristianos con Jesucristo y con el Bautismo ya tenemos la medicina para quitarnos esta enfermedad. Otra cosa es que sigamos el tratamiento cada día ¿no?

Creadores de magia

by ItzaFineDay

by ItzaFineDay

Hay un género de personas que crean magia.

Luchan contra las situaciones, por más dolorosas que sean, para crear un clima de auténtica paz y alegría.

Quizás un padre, quizás una abuela. Es probable que en tu familia hubiera alguno. Ese tipo de persona que tanto te hizo disfrutar de la vida de pequeño y que llenó tu mente de recuerdos imborrables que te empujan día a día a luchar por un mundo mejor y a no tirar la toalla.

Y ahora te encuentras recordando los viejos tiempos como si fuera una lástima lo pasado. Como si el futuro sombrío hubiera arrasado con todas las posibilidades de volver a recuperar esa espontaneidad, esa alegría, ese gozo por vivir la humanidad en primera fila.

Pasan por tu mente los momentos cómplices, los descubrimientos, los juegos, las risas. Y lees los periódicos y parece que ya no tienen cabida en el mundo que hoy poblamos.

Y hoy, justo hoy que comienza un nuevo año, te digo que los creadores de magia que te precedieron no son una especie de suerte histórica que te tocó.

Que perteneces a un linaje que generación tras generación ha contado entre sus filas a alguien capaz de sacar flores del estiércol. Y que ese alguien, al igual que tu ahora, nunca lo tuvo fácil.

Tuvo que sacar una sonrisa en el velatorio de las muertes de la vida. Tuvo que inventar el chiste oportuno para contar en la tragedia. Tuvo que convertir en aventura el destierro, en juego las dificultades, en anécdotas los percances, en historietas las tragedias, en querida compañera la incetidumbre.

Y te toca coger el relevo.

Ten en cuenta que lo difícil de hacer magia no es el truco, es el auditorio al que te enfrentas. Precisamente es magia porque no se espera. Porque no es posible ni probable. Porque nadie pierde el tiempo en perfeccionar ilusionismos ilusionantes. Porque no hay maestros y nadie cree que hacer magia sea posible. Porque te toca desarmar lo evidente.

Tienes que ponerte a crear. Inventa, practica, descubre los secretos de la magia. Descubre cómo sacar un conejo blanco del sombrero vacío de la cotidianidad.

Porque es tu destino. Dios te hizo Mago y debes crear magia para que el mundo crea.

No estaba en el contrato

Hace tiempo quise ser más alto, menos despistado, más bueno jugando al fútbol. He querido mil veces que me tocara la lotería. También he querido recibir consuelo en determinados momentos difíciles, o salir de fiesta alguna noche con muchos amigos. De todo lo que quería, sólo conseguía que se cumplieran muy pocas cosas. Y las cosas que quería, con el tiempo cambiaban. Y tampoco las conseguía.

Y me hice cristiano. Comencé a seguir a Jesús.

Y seguí siendo bajo, despistado, etc… Y seguía sin conseguir casi nada de lo que quería

Lo que quieres no importa. No está en el contrato. No aporta nada al mismo.

Hoy en día, especialmente al buscar un empleo o al buscar la vocación aparece siempre “lo que quiero”.

No te engañes. La mentira de que sólo te vas a realizar si logras hacer o tener lo que quieres (una profesión, un trabajo, una pareja) es el idioma del mundo, no de Dios. “Lo que quiero” puede destrozar familias, carreras, personas, almas, nervios, parejas, economías.

Es mentira que conseguir hacer o tener lo que quieres te realice o te de la felicidad. Además, aunque ahora lo veas como una necesidad absoluta, recuerda que lo que quieres ahora es algo que comenzó a inquietarte justo cuando conseguistes la última meta que te pusistes. No dudes que cuando consigas esto comenzarás a querer algo más.

Dios sabe lo que necesitas, y eso es lo que te da. Justo en su momento. Justo en su tiempo. Incomprensible a tus ojos. Siempre fuera de tus planes.

El asunto trascendente que hay en el fondo de tu felicidad es una transformación profunda de tu corazón por parte de Dios, y para ello puede servirse de CUALQUIER trabajo, CUALQUIER situación, CUALQUIER estado, CUALQUIER acontecimiento. El médico es Él, aunque tu sepas cuál es la medicina que quieres.

Lo que quieres no estaba en el contrato.

Simplemente baila

by Neilsphotography

by Neilsphotography

Veía el otro día en televisión cómo un miembro de una tribu africana, al recibir una gran noticia alegre, se ponía a bailar.

Un día después, me sorprendía mi hijo bailando simplemente porque se encontraba contento.

No eran bailes muy técnicos. Simplemente saltaban, sonreían, daban palmas.

Y he pensado en los salmos. En cómo en la Biblia se nos dice que saltemos, que saltemos de gozo, que cantemos, que demos palmas… y eso la verdad no es habitual verlo en mi parroquia. También he pensado en las misas carismáticas o en los gitanos. El baile como culmen del sentimiento. Lo de dentro, saliendo fuera por los poros.

Y he probado. He estado un rato dando palmas y saltando con mi hijo (con el niño no parece tan ridículo).

Y a medida que lo hacía me iba encontrando mucho mejor. Hasta acabé sonriendo sin mayor motivo.

Los psicólogos ya tienen más que estudiado que cuando estás triste caminas alicaido, pero cuando caminas con energía, es imposible estar triste.

En una conferencia el otro día, el ponente decía que cuando le invadía el desánimo, apretaba el puño. Que es imposible estar bajo de energía con un puño apretado.

¡Qué remedio tan barato para tantos males modernos! Baila, danza, da palmas, salta. Y si estás contento más aún. Si quieres hazlo en la intimidad de tu casa, dónde nadie puede reírse. Y fuera, intenta reprimirte un poquito menos.

Tristemente vivimos en una sociedad que castiga a los felices y premia a los sufridos. Así nos va.

Cambio de estado.

by double m2

by double m2

Cambiamos de estado. Como el agua que se transforma en hielo o vapor, nuestras vidas cambian de estado.

Hay momentos y decisiones en nuestra vida que simplemente cambiamos de estado. Nuestra sustancia es la misma, nuestra composición también, pero ya nada será como antes.

Es un error no tenerlo en cuenta, porque genera mucha infelicidad.

La pareja que mide su relación de casados con los criterios del noviazgo se equivoca radicalmente, porque hay un cambio de estado. Las personas que evalúan su felicidad antes y después de tener un hijo fallan estrepitosamente. Medir nuestra riqueza antes y después de conocer a Dios, es simplemente absurdo.

Porque al igual que el agua se mide en litros y el hielo en kilos, un adolescente medirá su felicidad en el tiempo que pasa fuera de casa con los amigos, mientras que un octogenario probablemente le de mucha más importancia a su grado de salud.

Hay gente que no se casa porque perderá las noches con sus amigotes, o no tiene un hijo porque quiere viajar. No son conscientes del cambio de estado. Miden la felicidad en la nueva situación con los criterios de la situación actual.

La experiencia vivida siempre es pobre en comparación con la que viene. Sólo por la novedad, la futura es mucho más rica. Condicionarnos por lo vivido es tan ridículo como tener miedo a la muerte porque ya no podremos dormir más la siesta.

Cambio de estado. Nuevas situaciones, nuevas fuentes de felicidad. Lo importante pasa a secundario, y otras cosas cobran más relevancia.

Ir pasando de estado en estado, acogiendo la nueva porción de vida que se abre ante nosotros y aceptando serenamente la pérdida de la anterior (con sus placeres y sus sufrimientos) supone crecer.

Y quien se resiste a crecer, está condenado a la infelicidad.

¿Qué necesitas para ser feliz?

by Carlos Carvacho

by Carlos Carvacho

Hay gente que necesita una casa.

Hay gente que necesita comida.

Hay gente que necesita salud.

Hay gente que necesita una familia.

Hay gente que necesita un coche, un ordenador, una televisión, un teléfono móvil, una lavadora, una nevera, un trabajo, un buen sueldo, ropa, diversión, fiesta, y muchas más cosas.

Y hay gente que, cuando ha conseguido todo esto, cuando tiene sus necesidades básicas colmadas, necesita hacer felices a los demás para ser feliz. Gracias a ellos el mundo todavía camina.

Pero luego están los misioneros. Ellos necesitan también todo esto, pero invirtieron las prioridades. Pusieron como primer objetivo el hacer felices a los demás, y luego ya importaba menos si había casas, comida, salud, familia y otras cosas y seguridades materiales. Si lo había, mejor que mejor, pero la primera cosa que necesitaban para ser felices era hacer felices a los demás.

Cuando veo las fotos de las misiones y veo esas sonrisas en las caras de los misioneros, es cuando tengo la certeza de que, simplemente, acertaron a descubrir cual eran realmente sus necesidades básicas.

¡Que bueno que todos podemos ser misioneros en cualquier lugar y momento!

No es lo mismo tener que disfrutar

by Lily Martin Spencer

by Lily Martin Spencer

¿Qué es lo que deseas? ¿Títulos, coches, casas, mujeres, dinero?

Una gran parte de la humanidad pasa la vida buscando tener cada vez más cosas. El ser humano es así: una vez se consigue algo, el cuerpo ya está pidiendo lo siguiente.

Hoy un compañero me hizo una reflexión: “Antes, si no eras feliz te quedaba consumir. Ahora, con la crisis, no nos va a quedar otra que intentar ser felices”. ¡Fantástica!.

Y el caso es que muchas veces nos olvidamos que no necesitamos nada para ser felices. Que la felicidad no radica en la cantidad de cosas que se tienen, sino en lo que se disfruta de ellas.

Estas palabras, aunque suenan bonitas, suponen un gran esfuerzo. Muchas renuncias y mucha soledad. A fin de cuentas, el mundo no te va a dar una palmada en la espalda si te sales de sus normas. Si te sales de la carrera, te quedas en la cuneta.

No es lo mismo tener un hijo que difrutar de él. No es lo mismo tener música que disfrutar de la música. No es lo mismo tener mujer que disfrutar de tu mujer. No es lo mismo tener marido que disfrutarlo. No es lo mismo tener una profesión que disfrutar de ella. No es lo mismo tener un trabajo que disfrutar de él. No es lo mismo tener amigos que disfrutar de ellos. No es lo mismo tener un hobbie que disfrutar de el. No es lo mismo tener una religión que disfrutar de ella.

¿Eres de los que tiene o de los que disfruta? Si quieres la clave para ser sincero/a contigo mismo, piensa en el tiempo.

Nada se disfruta si no se le dedica tiempo a fondo perdido. Sin más intención que conseguir nada más que estar haciendo lo que se está haciendo, ya que todo lo que hagas buscando una finalidad concreta, no lo disfrutas. Disfrutas con la imagende verte logrando el objetivo.

Analiza los aspectos más importantes de tu vida y mira cuánto tiempo pierdes en ellas. Quizás encuentres una de las razones de tu infelicidad… o de tu felicidad

No te quejes. ¡Jamás!

by Brymo

by Brymo

No se trata de que la vida te vaya bien o mal. No se trata de que tengas razón o no. No se trata de lo que te falte o de lo que tengas. Simplemente no te quejes.

Ante algo que no nos gusta, podemos tomar varias actitudes. Una es la de mostrar nuestra disconformidad para que no siga adelante o incluso actuar para cambiar las cosas. Esta es muy positiva. Es lo que denominamos asertividad, inteligencia emocional.

Pero también podemos tomar otra actitud que es la de quejarnos. Sin que la queja suponga un cambio en nada, simplemente quejarnos.

Estas quejas toman muchas formas. Palabras dichas en un volumen que nadie más que nosotros escuchamos, protestas airadas mientras hacemos aquello que no nos apetece, incluso sarcasmos o ironías sobre temas en los que no estamos a gusto, pero que no nos queda otra que participar. Estas quejas no transforman la realidad, y no nos engañemos, tampoco nos alivian. Es un mito pensar que quejarse sirve para desahogarse.

Estudios psicológicos afirman que quejarse reafirma el sentimiento negativo. Una cosa que podía durar un instante, se prolonga durante nuestro quejido, e incluso se incrementa, porque el recuerdo del acontecimiento, ya no es un sentimiento fugaz, sino todo aquello que hemos volcado en verbalizarlo y las conversaciones, gestos o experiencias que hemos tenido como feedback de esa queja.

El caso es que algo que podía ser pasajero, se incrusta con nuestras palabras y además se incrementa. Al quejarnos nuestros sentimientos se incrementan. Es como si nos diéramos ánimo en una pelea interna que estamos viviendo en ese momento. Podemos pasar del disgusto a la ira y de la ira a la violencia sólo a través de la queja contínua. ¿Nunca han visto a nadie irse envenenando en una bronca con sus propias palabras e irse poniendo cada vez más agresivo? Esa son las consecuencias de las quejas.

Además, las quejas provocan malestar en nuestros compañeros. Lejos de vernos como cómplices en el sufrimiento, o como los más listos porque hemos detectado que eso no está bien, nos ven como auténticos pesados con los que emprender cualquier tarea es muy desagradable. Si tuvieras que hacer una tarea que no te agrada… ¿Preferirías alguien que te diera ánimo o alguien que se quejara continuamente a tu lado? Pues eso.

Ya sabes. Si algo no te gusta, quejarte no es la solución. Actúa.

Ser muchas cosas para al final no ser nada.

by herzoqbr

by herzoqbr

En el mundo empresarial, abundan las pequeñas empresas que viven de las subvenciones.

Esta tarea básicamente consiste en pasar gran parte de tu tiempo buscando subvenciones y adquiriendo todos los certificados necesarios para conseguirlas. Una vez tienes ambos, te presentas y dedicas un año, dos a lo sumo a cumplir con la tarea que estaba subvencionada hasta que el plazo de la misma finaliza. Entonces el ciclo comienza de nuevo y esta pequeña empresa intenta enganchar la siguiente subvención. Corren tiempos difíciles (¿cuándo no?), y la posibilidad de conseguir dinero cierto es tentadora.

Pero son empresas sin rumbo. Se decí­an a acudir en la dirección en la que hay dinero. Si ahora hay dinero en las nuevas tecnologías, pues montamos algo con ese tema. Si mañana hay dinero en la formación de desempleados, pues nos dedicamos a ello. Al final no llegan a ser excelentes en nada, porque tienen que ser buenos en muchas cosas.

El mercado laboral funciona de manera parecida últimamente. Es difí­cil imaginar acabar tu vida laboral en la misma empresa en la que empezaste. Tienes que ser muchas cosas para mejorar tu empleabilidad y, en caso de acabar en la calle, lograr colocarte en la empresa que en este momento esté contratando personal.

Este ritmo de vida, era impensable hace años. Un médico era un médico. Cuanto más médico mejor. Un Abogado, era un abogado. Cuanto más profundizara en el derecho, era mejor su “ser” abogado.

Ahora es muy bueno ser muchas cosas. Cuantas más mejor. Da igual la profundidad con la que seas cada una de ellas. Lo importante es simplemente serlas.

Así nos encontramos a diario con padres que, a pesar de serlo, apenas le ponen empeño al asunto. Empleados que, a pesar de serlo, andan preocupados de intentar evadir cualquier carga que les pueda caer en el trabajo. Esposas, que andan preocupadas más de su profesión que de su matrimonio. Maridos, que apenas prestan atención a su mujer porque tienen la cabeza llena de cosas. Amigos, que simplemente figuran en la agenda del móvil o en el perfil del facebook. Fans de grupos musicales que duran hasta el próximo disco. Amantes que aman hasta que el amor deja de ser placentero y comienza a ser doloroso. Estudiantes, que apenas se sientan delante de un libro.

Muchos títulos para tan poca sustancia. Pero es lo que hay. O eres muchos, o no eres nada a los ojos del mundo.

Pero la falta de profundidad, conlleva también falta de satisfacción. El que es mediopadre, estará medio satisfecho con su paternidad. El que apenas es estudiante, apenas será feliz con sus estudios. El que a duras penas es marido, a duras penas será feliz en su matrimonio.

En la Biblia, cuando le preguntan a Dios “¿Quien eres?”, contesta “Yo soy el que soy”. Prioridad absoluta para el ser. Sin adjetivos, sin medallas, sin conceptos.

Se acuerdan de la pregunta ¿Qué quieres ser de mayor? Pues ya eres mayor, y si eres muchas cosas, quizás no estés siendo nada.

Y no olvides que para Dios, tu eres el que eres (no todos los que te empeñas en ser).

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