familia

Contumaz

contumaz

adj. Obstinado, tenaz en mantener un error:

En la Bíblia hay un versículo en el que Jesús les dice a los discípulos que la posibilidad de repudiar a la mujer y separarse se la dio Moisés al pueblo de Israel por lo contumaces que eran (en algunas traducciones pone terquedad o testarudez), pero que la ley de Dios determina que el hombre y la mujer casados no deben separarse (lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre).

La traducción correcta a este versículo es contumaz. Es decir, aquella actitud de vivir empeñado en un error.

El mundo es contumaz.

Algunas parejas primero se acuestan y luego se conocen. Otros pretenden tener una familia dedicándole catorce horas diarias al trabajo. Otros pretenden vivir como adolescentes hasta los cincuenta. Otros creen que manteniendo una competición destructiva entre los miembros de un equipo se logran mejores resultados. Otros deciden posponer tener hijos hasta casi los cuarenta. Y así muchos más.

Todos estos casos se ofrecen como modelos de vida, pero son un error. Sin entrar a explicar el error de cada caso, aunque muchos se explican por puro sentido común, estas actitudes contumaces acabarán en una profunda tristeza o simplemente en el fracaso de la búsqueda de algo más profundo. Quizás simplemente se perderán la alegría y la paz que conlleva hacerlo “como Dios manda”.

Y nosotros, al contrario de lo que dicta el mundo, tenemos la obligación moral de intervenir y de advertir de las consecuencias. Lo lógico parece ser no hacerlo, porque “cada uno hace con su vida lo que quiere” y hay que respetar las opciones de cada uno. Pero la realidad no es que la sociedad respete tus opciones, sino que a la sociedad le importas bien poco y le es más cómodo mantenerse al margen de tu vida.

Y nosotros, tenemos la obligación de analizar en qué somos contumaces, porque dónde dejamos que reine el error de nuestro ego, no puede nacer Cristo.

Llegada la hora de quemar las naves

by photojenni

by photojenni

En el año 335 AC, al llegar a las costas de Fenicia, Alejandro Magno debió enfrentar una batalla en la que los soldados enemigos eran el triple que su gran ejército.

Cuando Alejandro Magno hubo desembarcado a todos sus hombres en la costa enemiga, dio la orden de que fueran quemadas todas sus naves. Mientras los barcos se consumían en llamas y se hundían en el mar, reunió a sus hombres y les dijo: “Observen como se queman los barcos. Debemos salir victoriosos en esta batalla ya que solo hay un camino y es por mar. Sólo podemos regresar en los barcos de nuestros enemigos”.

Finalmente, el ejército de Alejandro Magno venció en aquella batalla regresando a su tierra a bordo de los barcos conquistados.

En las relaciones de pareja, llega un momento en el que hay que quemar las naves.

Llega un momento en el que se debe renunciar de por vida a la pregunta de si esto me conviene, o por el contrario me marcho de aquí. Es cuando pasamos de un “¿me conviene esta relación?” a “tenemos un problema que arreglar”.

Y una vez dado ese paso no hay marcha atrás. O se triunfa, o se fracasa.

Tener siempre abiertas las puertas de salida, hace que cuando vengan duras estas se vuelvan insoportablemente tentadoras. El matrimonio y cualquier relación de pareja, se ven enfrentadas hoy en día a dificultades tan abismales en las que es impensable la victoria si hay marcha atrás o posibilidad de huida.

Y esto, lejos de lo que podría parecer a simple vista no es limitarse. Es sacrificar voluntariamente la vida por un proyecto de amor. Un proyecto que trasciende de lo que me apetece o lo que temo para colaborar en el plan de Dios, y para aprender a amar con madurez. Es avanzar. Quien no se compromete no avanza. Quien no apuesta duro no gana.

No es riesgo, es valor. Lo contrario nos lleva a relaciones de guardería, dónde la pelea por mis juguetes (mi tiempo, mis cosas, mi trabajo, mi desarrollo personal) es el objetivo a corto, medio y largo plazo. Es luchar contra lo que venga en equipo, y no tener como rival al compañero.

Conozco gente que nunca pasó de esta fase. En sus manos tuvieron muchas relaciones, pero acababan vacías, porque llegado el momento no se daba este salto al vacío. Se buscaba compañía a bajo coste.

Quemar las naves implica un vacío dónde no vale plantearse si acertaste o no al elegir tu pareja, porque la pregunta ya no procede. Simplemente se abandona ese territorio cómodo y necesario para la pareja en el que nos vamos conociendo para pasar al terreno dónde nos dejaremos la vida por construir un hogar. Y aquí las únicas preguntas que proceden son las que buscan soluciones, no huidas.

Teoría conspiranoica (una de tantas)

Imaginemos que soy quien “mueve los hilos” a gran nivel en la tierra. El poderoso entre los poderosos. Les voy a contar mi plan.

Mi objetivo principal es tener a todo el mundo esclavizado. A mis órdenes. Os voy a contar como conseguirlo.

Primero necesito que no piensen demasiado.

Para ello voy a quitar de su educación todo aquello que tenga que ver con el pensamiento crítico. Los voy a llenar de pensamientos científicos, y les denigraré todo tipo de conocimiento que no genere riqueza material. La filosofía, la historia, la antropología, la filología, la literatura a partir de ahora serán hobbies. Apenas unos pocos tendrán conocimientos sobre ellas.

Tampoco quiero que tengan demasiadas inspiraciones.

Ridiculizaré todo tipo de creencia religiosa o espiritual, aislaré a los visionarios, convertiré el arte en producto para comerciar, y crearé un pensamiento único del buenrollismo en el que no se tolere lo diferente sino que la tónica sea que todos seamos fotocopias de un modelo superguay. Haré leyes sobre cualquier cosa, para que nadie pueda hacer nada que no se salga de lo que yo consideraré la normalidad.

Controlaré todo tipo de actividades e iniciativas desde los gobiernos e instituciones y limitaré aquellas que no vayan acordes a mi pensamiento. Cogeré el dominio público y lo tomaré en propiedad sólo cediéndolo para el uso de amigos y amiguetes que colaboren con mi proyecto. Cobraré por visitar espacios naturales, por disfrutar de playas, por hacer actividades deportivas, y por lo que se me vaya ocurriendo con el tiempo.

Después necesito que no tengan felicidad más allá de la que les de en su trabajo, ni que gasten más energías que las que les  consume su puesto.

Para ello los dejaré solos. Cambiaré el modelo de familia ridiculizando religiones y tradiciones, y reduciendo las relaciones de pareja a uniones temporales de conveniencia económica, sexual o sentimental. Reduciré todos los contactos con sus amigos a mensajes de ciento cuarenta caracteres o a videoconferencias. El lugar de encuentro será la noche, cuando estén cansados y apenas puedan tener experiencias satisfactorias. Entre ruidos para evitar la comunicación. A los que tengan ansias de amistad, les daré miles de amigos en facebook. Lo importante es ir reduciendo el contacto físico. Un abrazo nunca será igual a un “me gusta”, pero esto debe ir olvidándose.

También necesito que no se escandalicen. Que no puedan comparar con otros tiempos.

Para ello denigraré a sus ancianos. Todo lo que puedan aportar carecerá de valor o estima y no tendrán criterio alguno, porque no pertenecen a esta nueva ola de cambios maravillosos. En las empresas prejubilaré a aquellos que trabajaban de otra manera y que cobraban más.

Les quitaré el tiempo libre. Una vez caída la religión, los domingos y el descanso dejarán de ser sagrados. Una vez les quite el dominio público, preferirán ir a un centro comercial a consumir que ir a un bosque a pasear. Una vez les quite el contacto físico, ya no podrán darse cuenta de que ya no son tan felices.

Luego quiero que trabajen mucho, muchísimo.

Para ello, estableceré unas tasas de paro que siempre les haga temer la posibilidad de perder su empleo. Incluso los haré temporales, para que cuando tenga que usarlos los pueda exprimir a gusto, porque no sabrán cuándo volverán a tener oportunidad de volver a trabajar.

Igualmente, intentaré que la mujer se meta en esta vorágine incorporándose al mercado laboral. Haré creer a todos que esto no ha sido así antes por culpa de los hombres y comenzaré una guerra de sexos para evitar que se den cuenta que antes vivía decentemente una familia de seis hijos con el sueldo de uno y ahora apenas se mantiene a dos con el sueldo de ambos progenitores (independientemente de quién trabaje).

Premiaré con éxitos aparentes a aquellos a los que sólo les queda el trabajo. Y luego inculcaré a los demás que la felicidad está en esos éxitos aparentes o materiales. Un coche, una casa o unos trajes y sobretodo una posición, pasarán a ser la obsesión de los más débiles. Y se los concederé, por supuesto.

Luego, aunque haya un importante grupo que no sienta especial interés por vivir a todo tren, ya no les quedará elección, porque los que dirigirán sus lugares de trabajo, serán los anteriores, que encontrarán justificable casi cualquier cosa para mantener lo conseguido. Los abducidos por el trabajo marcarán el ritmo.

Y finalmente necesito que consuman mucho, muchísimo.

Crearé modas, que una vez vacíos de referentes (sus mayores, sus pensamientos propios, sus ideologías, sus religiones) se adoptarán como dogmas sin mayor espíritu crítico.

Les inflaré a créditos para que gasten incluso lo que no tienen en productos fabricados por paises pobres. Luego, convenceré a esos países pobres para que empiecen a entrar en la misma vorágine consumista que sus antecesores, que estarán trabajando de sol a sol para pagar la burbuja financiera en las que les metí.

Bueno, ya os he contado mi plan… Por ahora va saliendo.

Esperemos que Dios no venga como siempre y acabe salvando de nuevo a la humanidad de mi tiranía.

El amor vence a las ideas

by Esparta

by Esparta

Independencia, autorealización, tiempo personal, proyectos, descanso, cuidado corporal, currículum, etc…

Preciosas y magníficas ideas que como tal, son vencidas continuamente por el ser humano.

Me preguntaba una amiga por el matrimonio y por la paternidad. Le aterraban porque colisionan de frente con todas estas ideas (y con razón).

Ciertamente el matrimonio te quita parte de todo eso. Tener hijos parte del resto. Una familia como Dios manda, probablemente no deje resto alguno.

La matemática es muy simple. Dar la vida por tu mujer, por tus hijos, o simplemente por la humanidad es dar la vida. DAR LA VIDA. Dar la vida implica que no haya demasiado tiempo para cuidar de uno mismo. Si te cuidas mucho… acabas no dando la vida. Es simple.

Pero resulta que cuando llega la hora de la verdad, no es la maternidad o el matrimonio los que luchan con estos conceptos.

La lucha está entre elegir entre la independencia, o los problemas de Pablo. La autorrealización o que Lucía se ha puesto malita. El tiempo personal, o jugar a ese nuevo juego con Javier. Tus proyectos o ayudar a Marta a salir del paro. El descanso o la sonrisa de Sara. El cuidado corporal o llevar a comer fuera a Jaime y a Pablo. El currículum o ver la tele en la cama con David.

Y cuando hay personas de por medio, las ideas pasan a un segundo plano.

30 años se notan

El papa visita Barcelona. Casi todos los medios se centran en hablar de los matrimonios gays, de las críticas a la política laicista del gobierno, y mucha más porquería que lo único que hace es contaminar y desenfocar un mensaje de amor. El mensaje de Jesús.

Hace 28 años el papa vino y dijo lo mismo. Viendo el vídeo…casi 30 años se notan. Lamentablemente.

¿Qué echas de menos?

Un buen punto de partida para reorientar tu vida y tus actividades.

Piensa en bastante tiempo atrás. Más de cuatro o cinco años. Piensa en personas y momentos que por lo que sea ya no volverán.

¿Qué echas de menos?

Pocos echarán de menos el trabajo. Entre ellos, un gran grupo se dará cuenta de que perseguían un éxito que, en el mejor de los casos si lo alcanzó, no era ni la mitad de satisfactorio de lo que imaginaba, y que se disfruta en soledad. Es lo que pasa con los que viven la vida como una escalera, que nunca echan de menos los peldaños anteriores.

Pocos echarán de menos las cosas. Una vez conseguidas, pierden toda la gracia, y lo interesante es volver a ponerse otra meta para incrementar el patrimonio. El gustirrinín está en conseguirla, no en disfrutarla.

Me juego a que muchos, salvo situaciones especialmente críticas, no echarán de menos sus comodidades, sus seguridades, sus despreocupaciones. El ser humano tiene en este aspecto una memoria a muy corto plazo. Se adapta rápido a lo malo, y aún más rápido a lo bueno.

Pero muchos echarán de menos a la gente, a las personas, a las caricias. Añorarán momentos, conversaciones, puestas de sol. La vida no es lo mismo sin las risas, las cervezas, los abrazos, los consuelos. Los ratos de juego, las sonrisas, los desvelos. Los gestos, las palabras.

Muchos echarán de menos lo que no hicieron, mientras intentaban conseguir otras cosas.

Resulta paradójico que lo que ponemos en último lugar en nuestra agenda, sea lo que más echaremos de menos en el futuro.

Los espejismos de la vida.

by eperales

by eperales

Los espejismos son ilusiones ópticas, que según el diccionario, se dan principalmente en las llanuras del desierto.

En nuestra vida pasaremos por varios desiertos, y como desiertos que son, traen aparejados sus propios espejismos.

Da igual el desierto que estemos atravesando. Ya puede ser un desierto laboral, un desierto matrimonial o de pareja, un desierto creativo, un desierto económico, un desierto familiar, un desierto emocional. Todos tienen sus propios espejismos. Agua fresca inacabable y cristalina que acaba siendo arena.

La arena bien puede representar lo duro, lo áspero, lo real o lo mundano (una de cal y otra de arena). Los espejismos son precisamente oasis, dónde parece que todas nuestras necesidades se verán satisfechas, y que en el fondo acabarán siendo arena, más arena del desierto.

Ser empresario parece atractivo y bien remunerado, pero conlleva estar en el trabajo 24 horas al día, arriesgar parte de tu patrimonio familiar, la inseguridad y el riesgo del futuro.

La mujer o el hombre de tus sueños tienen sus propios problemas, defectos, mediocridades. Compartir la vida con alguien es complejo y laborioso, y si no lo parece, es porque no se ha profundizado lo suficiente. Como dice un amigo mío, el roce hace el cariño, pero también la llaga. Tiene más de aprender a dar la vida que de que encontrar a alguien que te la arregle.

Al final siempre arena. Cojas el camino que cojas, en el desierto de la vida tarde o temprano acabará apareciendo más arena. No se puede esquivar, sólo estar bien pertrechado para sobrevivir al viaje hasta el próximo oasis y reponer fuerzas.

Cuidate de los espejismos. Ese trabajo, esa chica, ese camino que va a resolver todos tus problemas y en el que serás eternamente feliz y descansado probablemente sea uno. Haz lo que te haga feliz, mejor si lo haces con el “mapa” de la vocación que encontrarás en Dios, pero estate siempre preparado para el desierto y la arena.

Diversifica el riesgo

Entre los jugadores de bolsa, entre los empresarios, entre todos los que manejan dinero, hay un principio básico: Diversifica el riesgo.

Esto viene a decir que no pongas todos los huevos en la misma cesta. Aunque tengas una ganancia rápida y segura, intenta evitar quedarte sin nada.

Apliquemos este principio a todas las facetas de nuestra vida y seremos bastante felices.

Si nos centramos en una sola de las facetas de nuestra vida (familia, amigos, estudios, profesión, pareja, estabilidad emocional, etc…) lograremos éxitos admirables a corto plazo. Si nos centramos durante mucho tiempo, entraremos fácilmente entre los triunfadores de ese campo. Pero cuando venga la crisis, que vendrá, lo perderemos todo. Incluso me atrevería a decir que centrar nuestra vida en la religiosidad también es un error (ojo, he dicho en la religiosidad no en Dios. Dios está en todas las facetas que he nombrado anteriormente y en ellas se le puede dar gloria.).

Al final, la vida consiste en irte apoyando en una cuando las demás fallen. Pero para ello hay que dedicar tiempo a todas, porque si están atrofiadas, poco soporte nos va a dar.

En una vida equilibrada, cuidando todas las facetas de nuestro ser, es muy difícil que todas fallen a la vez, o por lo menos no durante el mismo tiempo. Dios nos ha regalado mil facetas para disfrutar todos los sabores de la vida. Las personas, las artes, la ciencia, la naturaleza, las relaciones y muchas más están ahí para que las disfrutemos.

Así evitamos el riesgo porque… ¿Que haces cuando descubres que esa faceta única por la que apostastes no te aporta finalmente todo lo que necesitas?

No es lo mismo tener que disfrutar

by Lily Martin Spencer

by Lily Martin Spencer

¿Qué es lo que deseas? ¿Títulos, coches, casas, mujeres, dinero?

Una gran parte de la humanidad pasa la vida buscando tener cada vez más cosas. El ser humano es así: una vez se consigue algo, el cuerpo ya está pidiendo lo siguiente.

Hoy un compañero me hizo una reflexión: “Antes, si no eras feliz te quedaba consumir. Ahora, con la crisis, no nos va a quedar otra que intentar ser felices”. ¡Fantástica!.

Y el caso es que muchas veces nos olvidamos que no necesitamos nada para ser felices. Que la felicidad no radica en la cantidad de cosas que se tienen, sino en lo que se disfruta de ellas.

Estas palabras, aunque suenan bonitas, suponen un gran esfuerzo. Muchas renuncias y mucha soledad. A fin de cuentas, el mundo no te va a dar una palmada en la espalda si te sales de sus normas. Si te sales de la carrera, te quedas en la cuneta.

No es lo mismo tener un hijo que difrutar de él. No es lo mismo tener música que disfrutar de la música. No es lo mismo tener mujer que disfrutar de tu mujer. No es lo mismo tener marido que disfrutarlo. No es lo mismo tener una profesión que disfrutar de ella. No es lo mismo tener un trabajo que disfrutar de él. No es lo mismo tener amigos que disfrutar de ellos. No es lo mismo tener un hobbie que disfrutar de el. No es lo mismo tener una religión que disfrutar de ella.

¿Eres de los que tiene o de los que disfruta? Si quieres la clave para ser sincero/a contigo mismo, piensa en el tiempo.

Nada se disfruta si no se le dedica tiempo a fondo perdido. Sin más intención que conseguir nada más que estar haciendo lo que se está haciendo, ya que todo lo que hagas buscando una finalidad concreta, no lo disfrutas. Disfrutas con la imagende verte logrando el objetivo.

Analiza los aspectos más importantes de tu vida y mira cuánto tiempo pierdes en ellas. Quizás encuentres una de las razones de tu infelicidad… o de tu felicidad

Consejos a la hora de elegir novio / a (2)

Vigila la relación que tiene con su familia.

Una relación de pareja, cuando se estira en el tiempo, comienza a ser una relación familiar. Piensa que desde el mismo momento en que te casas, ya estás formando una familia.

La familia no deja de ser una escuela de amor, y las notas que saque el candidato/a en esta escuela, pueden ser bastante orientativas respecto a si es o no un buen partido. Aunque hay familias a las que hay que darles de comer aparte, en este campo nos solemos mostrar tal y como somos.

Con su familia…¿es rencoroso/a?, ¿es egoísta?, ¿es cariñoso/a?, ¿es dedicado/a?, ¿le dedica tiempo?, ¿perdona con facilidad?. ¿resuelve de manera dialogada los conflictos?, ¿la culpa siempre la tienen otros?, ¿es objetivo/a?, ¿es calmado/a?, ¿es dependiente?, ¿es sincero/a?, etc.

Las respuestas a estas y a otras muchas preguntas que puedas hacer respecto a la relación de tu futura pareja con su familia, pueden ser un vaticinio del trato que te profesará en el futuro.

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