Espiritualidad

Afloja y confía

¿Puede Dios pedirte que estés quieto, que aflojes, que pares?

Muchos cristianos tenemos la imagen de un Dios que pide, que exige. Ante tanta hambre, ante tanta miseria, ante tantos problemas ¿Cómo no iba a pedirnos Dios convertirnos en supermanes salvadores de este valle de lágrimas?. Además luego están nuestras responsabilidades: familia, amigos y otros necesitados.

Con toda la buena intención, nos columpiamos hacia el otro extremo, y a nuestro padre que nos quiere no le queda más remedio que decirnos NO, ASÍ NO.

Mírate. Estás agobiado, cansado, infeliz. Metido en una lucha constante y buscando el éxito en el que crees que por fin encontrarás la paz que necesitas.

Y quiero que estés quieto. No con las manos caídas, sino con la actitud espiritual necesaria para descubrir que soy yo el que está detrás de todo.

Quiero que seas débil. Porque llevas mucho tiempo siendo fuerte y piensas que lo has logrado gracias a tus esfuerzos. Has tenido grandes éxitos, pero tu ego se ha apropiado de todos, arrinconándome.

Tu iniciativa personal se ha convertido en tu ídolo, en el que has depositado todas tus esperanzas de salvación. Eres bueno, muy bueno y lo sabes.

Pero párate a ver que no puedes con este mundo tu solo. Que cada vez tienes más frentes abiertos, más piedras con las que tropezar, y todas tus cualidades como mucho te permitirán sobrevivir. Nada de lo que has acumulado con tu esfuerzo te proporcionará la paz.

Yo soy el Dios de tu pasado, que garantiza tu futuro. Relájate y disfruta. Si te he dado a mi hijo… ¿Cómo no te voy a dar el resto?. No te angusties. De esas cosas se preocupan la gente del mundo. Tu preocúpate de la felicidad que sabes que tienes en mi reino. Lo demás, te lo daré.

Ahora afloja, confía y mírame.

Paren este mundo que me bajo

Si Dios te concede la gracia, llegará un momento en que el mundo irá más lento.

Ya no correrás, porque no hay metas. Ya no brillarás, porque no importará lo que piensen de tí. Probáblemente pasen de tí tanto dentro de la Iglesia como en cualquier otra organización, porque ya no serás útil para los proyectos ajenos. Desaparecerás para dejar sitio a Dios.

Serás un contemplativo. Esa gente que existe en todos lados, pero que nadie los tiene en especial consideración. Aquellos que se encasillan en tareas insignificantes, porque no valoraron el ocupar primeros puestos. Aquellos que, con una sonrisa permanente en la boca te transmiten paz sólo con hablar. Gente que paró el mundo y se bajó a estar con los de abajo. Gente que dejó de correr detrás de la zanahoria. Gente cuya mayor tarea evangelizadora es mantenerse disfrutando de Dios. Cristianos que enseñan a Dios con sus vidas desapercibidas, no con sus palabras o sus grandes obras. Gente a la que no le falta nada para cumplir plenamente con su vocación aquí y ahora.

Si Dios te concede la gracia, en el viaje de la vida te pararás a disfrutar del paisaje.

Se acabará el ir persiguiendo conquistas sucesivas en lo laboral, personal, espiritual. Se acabará el subidón de lograrlas y la energía egocéntrica de su búsqueda. Se acabará la competición. Se acabará el identificarte con tus logros, con tus metas. Te sentirás poca cosa, pero ahí comprenderás todo tu valor. Cuándo no hay nada que perseguir, cuándo sólo hay que disfrutar, todas las personas valen. Nadie sobra, ni estorba al proyecto de Dios cuando absolutamente todo está en sus manos.

Te darás cuenta que todo puesto importante en este mundo está ocupado por un suplente. Que siempre hubo previamente  un contemplativo que renunció al mismo.

Que no hay que esforzarse en amar. Que el amor aparece cuando ya no queda nada que lo estorbe.

Si Dios te concede la gracia contemplarás su rostro, descansarás y serás feliz.

Level 2. Are you ready?

by Daniel Rincón

by Daniel Rincón

El Cristianismo consiste en ser bueno, en no ser malo.

En cumplir con los mandamientos, en ir a misa, en obedecer a tu padre y a tu madre… pero en mucho más. Es una épica lucha espiritual por la conquista de la propia libertad, una infatigable persecución en búsqueda del Dios más grande de todos los tiempos que se hizo el más pequeño, participar en misterios que desde el principio sabes que no vas a lograr desvelar, hacer desaparecer todo lo que valoras de tu vida para que su lugar lo ocupe algo desconocido que dará sentido a la misma.

¿No robas? ¿No matas? ¿No dices palabrotas? ok, superado el nivel 1. Pero el juego no ha acabado. Acaba de empezar. No hagas caso a lo que se dice por ahí de ser cristiano. Igual que en los videojuegos, el mundo está llenos de fracasados que no pasaron de la primera fase y por ello ponen a parir el juego.

Ahora viene el nivel 2. Los contrincantes son más serios. Dejaste atrás a rivales como el odio y la violencia, pero ahora comienza lo bueno.

Dios se las tendrá que ver con tu éxito profesional, tu necesidad de afecto, tus miedos, tus egoísmos, tus inseguridades. En algunos casos el enemigo a batir estará hábilmente camuflado en tu familia, en tu carrera profesional, en tu matrimonio, incluso en tu religiosidad. Habrá que combatir o dejar cosas objetivamente fantásticas para poder llegar a buen puerto, simplemente porque esta fase así lo requiere para tu caso concreto.

¿Los curas? ¿Los catequistas? ¿Las religiosas? ¿La Palabra? ¿La oración? Para un simple juego de “se buen chico” según te haces adulto quizás te sobran, pierden su lógica. Pero si quieres seguir avanzando en el juego, necesitas una guía. Este es un juego de equipo, y necesitas mapas de claves para todas las fases.

Y agárrate, porque el juego tiene muchísimas.

El que es fiel en lo pronto

¡Qué bueno tener un Dios para cada momento de nuestra vida!

Porque está con nosotros cuando somos niños, cuando somos adolescentes, cuando somos adultos y cuando llegamos a ancianos.

Pero claro, las relaciones deben ser acordes a nuestro tiempo. Con Dios tendremos una relación infantil cuando seamos niños, adolescente cuando seamos adolescentes, adulta en nuestra vida madura, y serena y pausada cuando seamos ancianos.

Existe el peligro de haberte perdido por el camino. Y entonces tenemos a personas adultas que quieren tratar con Dios como si fueran niños o adolescentes. Y claro, la cosa no funciona. Las relaciones íntimas de este tipo no se pueden aparcar hasta que tenga algo más de tiempo.

Conseguir cosas con Dios supone que poco a poco se nos vayan dando y vayamos siendo fieles. Si no somos fieles ahora, tampoco lo seremos en el futuro. Si no has vivido tu juventud al lado de Dios… ¿Cómo esperas dedicarle tiempo cuando estés trabajando, con hijos, con deudas, con problemas?.

La relación con Dios no es lineal. Es creciente. Y si aflojas en una etapa, la siguiente te cuesta el doble.

No me preocupa mi dragón verde

by miheco

by miheco

Porque no tengo ninguno.

A veces tenemos la tentación de juzgar a los políticos, jefes, y a los ricos por las decisiones que toman con su dinero, con su poder o con sus influencias.
A veces pensamos que nosotros lo haríamos mil veces mejor que ellos. Lo creemos firmemente.

Porque nosotros somos superbuenos con nuestros subordinados.
Porque somos superaltruistas con nuestras decisiones.
Porque somos supersolidarios con nuestro dinero.

Gran estrategia del diablo para que te confíes y digas:
No me preocupa el poder… se que lo manejo con altruismo y responsabilidad.
No me preocupa el dinero… se que lo utilizo en ayudar al prójimo.

Pero la verdad es que no tenemos ni tanto poder, ni tanta influencia, ni tanto dinero.

Te despreocupas del dragón verde que realmente no tienes, y cuando llega te pilla despistado.

¿Cómo pensabas que sería tu etapa en la universidad antes de entrar? ¿Cómo pensabas que serías como trabajador antes de trabajar? ¿Cómo pensabas que serías con tu familia antes de formar una? ¿Cómo pensabas que serías con tus compromisos antes de contraerlos? ¿En que pensabas que emplearías tu dinero antes de tenerlo?

Espiritualmente, sólo por ser hombres somos muy muy débiles. Si desde un punto de vista moral no te preocupa el uso que estás haciendo del poder, de la influencia o del dinero… sencillamente es porque todavía no lo tienes (el dinero, el poder o el punto de vista moral).

Ten cuidado con lo que deseas, porque puede cumplirse

by mondi

by mondi

Salvo los muy muy torpes, no conozco a nadie que haya dedicado, consciente o inconscientemente, su vida en ser un hombre de negocios, y no lo haya conseguido (o al menos se haya acercado). No conozco a nadie que haya dedicado cada minuto de su vida a ser exitoso y no lo haya conseguido. No conozco a nadie que haya dedicado todo su tiempo, esfuerzo y dedicación a sus hijos, y no haya sido un buen padre.

Parece que Dios se empeñara en concederte aquello a lo que le das más importancia. Sólo una o dos cosas, pero las más importantes. No se trata de algo material como conseguir una casa o tener buena voz. Me refiero al tu ser, a lo que eres realmente, no a la imagen que tienes de ti mismo.

Es lógico. Acabas siendo aquello que más trabajas, y trabajas más aquello que consideras más importante. Por lo tanto, acabas siendo aquello que tiene para tí el lugar numero uno ¿y cómo se distingue?, pues aquello a lo que le dedicas más tiempo y dinero.

No sólo acabas siendo, sino acabas estando. Si buscas dinero, acabarás en un lugar dónde haya dinero. Si buscas ternura, acabarás en un lugar dónde haya ternura. Si buscas una familia, acabarás en el mejor ambiente para tenerla.

Y aquí es donde el cuento no tiene un final feliz para todos, porque en esos lugares, acabarás rodeado de gente como tú. Siempre acabarás con gente como tú. Y te tratarán como tu tratas a los demás.

Si buscas dinero, te verás en un lugar dónde haya dinero, rodeado de gente que quiere dinero como tú, y que hará lo mismo que tú o más por conseguirlo. Lo mismo con la fama, la comodidad, la ternura, el éxito, la familia, la espiritualidad, la seguridad, el poder, etc.

El corazón tarda mucho en cambiar de valores y no hay tiempo que perder. Por eso conviene elegir bien lo que se quiere ser y dedicar todo tu esfuerzo, tiempo y dinero en conseguirlo.

Porque acabarás rodeado de gente como tú.

Externaliza tus distracciones, no tu vida.

by withassociates

by withassociates

Una sana práctica que tienen las empresas, es la externalización.

Esta consiste en coger aquellas tareas que no tienen nada que ver con tu objetivo principal, y se las encargas a otra empresa.

En algunas empresas, las nóminas las lleva una gestoría, el sistema informático una empresa de informática, la parte de publicidad se la encargan a una agencia. Son empresas diferentes que se dedican prioritariamente a una tarea que te distrae de tu cometido principal, y que por un precio, puedes hacer que otro la haga por tí.

¿Qué ha de hacer una empresa antes de externalizar? Delimitar claramente cual es el núcleo de su negocio. Aquello que es para lo que existe, lo que le reporta mayores beneficios, y en lo que debe triunfar a toda costa. Eso permite saber qué es lo que no se debe externalizar.

Los seres humanos también externalizamos. Por dinero podemos conseguir que alguien cocine por nosotros llamando a una pizza a domicilio. Un canguro nos cuida a nuestros hijos si tenemos amistad, parentesco o le damos una propina. Hay compañeros que nos hacen los deberes, y en el trabajo sabemos que hay gente muy habilidosa consiguiendo que otros hagan su trabajo. A veces no es dinero sino simplemente favores, simpatías o porque es mi padre. Pero el caso es que hay muchas cosas que no queremos hacer y conseguimos que otros las hagan por nosotros. Eso es bueno.

Lo malo viene cuando no hacemos la reflexión que debe hacer toda empresa que quiera externalizar:

¿Que es lo esencial de tí? ¿Cómo te gustaría ser en esta vida? ¿Cómo lo vas a conseguir? ¿Qué es aquello que te reporta más felicidad?

Una vez contestado esto, al igual que las empresas, ya sabes lo que no debes externalizar. Y entonces es todo más sencillo. Porque no le prestas la menor atención a aquello superficial, e intentarás que, con cierto intercambio, otros lo  hagan por tí. Y al contrario, sabrás qué hay cosas que sólo las puedes hacer tú para llegar a dónde quieres llegar en esta vida, y pondrás en ellas todas tus energías sin distracciones.

Este ejercicio es importante, porque el caso es que vivimos en un mundo de aspirantes a padres que externalizan la educación de sus hijos, aspirantes a maridos que externalizan la diversión con sus mujeres, de aspirantes a profesionales que externalizan la formación y el trabajo duro, de aspirantes a cristianos que externalizan su oración en su grupo o en fiestas de guardar, de aspirantes a seres humanos que externalizan la ternura y la trascendencia, etc…

Externaliza aquellas cosas que te separan de tu vida, no aquellas que son tu vida. Aún más…¿Las tienes ya diferenciadas?

El deseo

by pizzodisevo

by pizzodisevo

¿Tienes algún problema con el viento?

Cuando sales a la calle, en una dirección, el viento siempre está ahí. A veces lo tienes a favor, otras en contra. A veces es una suave brisa, otras casi nos tambalea el paso.

No cuestionamos nuestro rumbo por que haya viento o no. En todo caso nos preparamos de diferente manera para la travesía, nos abrigamos, evitamos las corrientes, los desfiladeros, pero no cambiamos el rumbo.

Tradicionalmente, la espiritualidad más inhumana ha convertido el deseo en algo a anular. Algo malo, a aniquilar. Algo que entorpece nuestra verdadera realización.

Y es absurdo, porque el deseo no es algo que te puedas quitar. No es algo que puedas eliminar, combatir. Forma parte de tí, como tu mano o tus pies. Cuanto más lo combates más grande se hace. Cuanto más lo golpees, más te dolerá.

Al deseo, hay que comprenderlo, amarlo. Dios te lo ha regalado para que vueles cuando te empuja a los fines más nobles, y para que te fortalezcas cuando te empuja hacia el desfiladero.

Es como el viento. El secreto está en saber manejar las velas, no en intentar eliminarlo.

la fe en un vaso

by Bekkchen

by Bekkchen

Una magnífica metáfora de la fe, la oración y la vida espiritual en general:

Primero cogemos un vaso muy pequeño. Lo llenamos de agua y preguntamos a nuestro alrededor ¿Está lleno el vaso? Obviamente sí.

Después, pasamos el contenido del vaso a un vaso mucho mayor. El agua apenas sobrepasa la mitad del vaso. ¿Está lleno el vaso? Pues casi.

Posteriormente cogemos el vaso y lo vertemos en una jarra. ¿Está llena la jarra? Pues más bien está vacía. A continuación, procedemos a volcar el contenido de la jarra en un barril. Obviamente, este está vacío.

Si el agua fuera la fe, la oración o cualquier otro aspecto espiritual de nuestra vida, podemos decir que siempre ha sido la misma. Pero el continente de dicha sustancia no es el mismo.

De tal manera, crecemos. La vida tarde o temprano nos hace crecer. Ahora ventilamos con destreza esfuerzos que hace apenas unos años nos resultarían hazañas titánicas.

En esta vida pasamos de vaso a jarra, y de jarra a barril con una velocidad realmente asombrosa.

Y con la fe ocurre precisamente lo que al agua de esta historia. Si no te esfuerzas en seguir llenandola, al final acabas vacío.

Espiritualidad de guardia

by Tommy Ironic

by Tommy Ironic

¿Se imaginan un hospital que sólo atendiera urgencias durante una hora al día?

¿Se imaginan una tienda que abriera de 10 a 11:30 y de 17 a 18:30?

¿Se imaginan un psicólogo que, como no tiene tiempo, nos atendiera diez minutos y de pie?

Seguramente no le auguraríamos mucho futuro a ninguno de los tres. ¿Y a nuestras parroquias?

Permanecen la mayor parte del tiempo cerradas. Los sacerdotes aparecen un par de horas al día y muchas veces, por las prisas, apenas atienden a aquellos que se supone  que son su principal tarea. ¿De qué sirve tener miles de tiendas abiertas si apenas las abrimos un par de horas al día?

Los tiempos han cambiado. La gente trabaja en horario partido, en turnos, o incluso desde sus casas. Internet, entre otras cosas, ha traí­do la inmediatez. El hombre del siglo XXI está acostumbrado a nadar en un mar de ofertas, todas ellas inmediatas, de aquí y ahora. Nos comunicamos allá dónde estemos, sin presencia física, por móvil, chat. Incluso con el facebook o los foros ya no necesitamos estar en el mismo momento de la conversación, podemos ir hablando por capítulos, según nuestra disponibilidad.

Todos los expertos coinciden en que la tendencia durante los próximos diez años es clara: Más facilidad para comunicarnos, es decir, poder interactuar estemos dónde estemos y a la hora que estemos. Acceder a cualquier servicio o información las 24 horas del día a través de cualquier canal (móvil, televisión, ordenador, etc). Y con esa forma de hacer las cosas se configura el hombre de esta generación.

Hablar con Cristo, en cambio, pasa a tener una disponibilidad de un par de horas si queremos hacerlo en un oratorio. Tener un Asesor Espiritual en condiciones (que te dedique el suficiente tiempo y atención) es más difícil que conseguir un premio en la lotería. La Eucaristía se realiza en un lugar físico concreto, a una hora concreta, y con una duración-promedio de más de media hora en la que una pluralidad de individuos miran hacia el mismo lado y escuchan, escuchan, escuchan (díganle al hombre del siglo XXI que recitar una serie de fórmulas canonizadas es “participar” en algo). Conseguir hacer unos ejercicios espirituales de cierta consistencia supone sacrificar casi la mitad de las vacaciones anuales de cualquier laico que trabaje.

Es más sencillo culpabilizar a la gente de que no tienen ganas de comprar “espiritualidad” que reconocer que tenemos la tienda cerrada.

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