esperanza

Llora, pero solo una hora

Toda pérdida conlleva su luto.

Perder un trabajo, una aspiración, un sueño, una persona  querida. Todo trae sufrimiento.

Pero ese sufrimiento no puede ni debe ser eterno. Te puedes lesionar, pero un día hay que levantarse e ir a rehabilitación.

¿Has perdido un sueño? llora una hora. ¿Un trabajo? Llora un mes. ¿Un ser querido? Llora un año.

Pero acábalo con un ¿Y ahora qué voy a hacer?

Porque en tu mano está cambiar las cosas. Descubrir nuevos mundos, nuevas personas, nuevas aspiraciones.

Y ten en cuenta que las ganas vienen después. Lo que apetece es no moverse, autocomplaciéndonos en lo desgraciados que somos. Pero eso nos va empequeñeciendo y dejándonos solos. Lo que nos hace grande es levantarnos tras la caída. ¿Y ahora que voy a hacer?

Siempre la pregunta, que marca el nuevo rumbo. ¿Y ahora que toca hacer?. Porque no apetece, pero toca.

Siempre podemos quejarnos de las cartas que nos han tocado o plantearnos qué vamos a hacer. Lo primero nos convierte en inútiles. Nadie contará con nosotros, nadie disfrutará de nuestra compañía, y ni siquiera nosotros gozaremos de nuestro tiempo. Lo segundo nos transforma en soñadores. En líderes. En profetas. En seguidores de Cristo que cultivan la virtud de la esperanza sabiendo que nada es el final y que cualquier cosa puede servirnos de trampolín.

Porque Dios te ha dado una vida y un sentido.

¡Feliz fin de la crisis!

¡Feliz fin de la crisis!

Aunque estamos desbordados de noticias que dicen que este año ha sido malo y comienzan a aflorar otras que dicen que el próximo será aún peor, nosotros los cristianos tenemos otras noticias bien diferentes.

Hoy Dios nos envía a su hijo. Y nos lo envía pobre, débil y en pañales, para que por enésima vez nos salve como hizo con nuestros padres, abuelos y demás ancestros. Comenzó con el primer hombre y nada ha detenido su obra.

Y por esa misma fidelidad divina de la que tenemos experiencia, eclesial y personal, debemos convertirnos en profetas de la esperanza en una tierra que ha olvidado alzar la mirada del suelo. Anunciando que Dios ordena las cosas, también las dolorosas, para bien de los que le aman, y que nada hay en esas noticias aciagas que nos pueda separar de su amor.

Porque hoy celebramos algo más que cualquier lotería. Algo más grande que tener garantizada la comida y la ropa para el resto de nuestros días. Hoy celebramos que ha llegado la salvación de los oprimidos, que los que sufren son sus favoritos. Que de felicidad plena y verdadera no hay crisis. Que hay para todos y en abundancia. Que lo que sale en los periódicos, ni llena, ni sacia, ni salva. Que sólo el que se sabe pobre, débil y sin nada, como este niño que nace, conocerá de ese amor que siempre ha sido más que suficiente para tener un futuro con sentido. Y que los ricos se irán con las manos vacías.

Y ahora, salvados, no podemos más que adorarlo. Arrodillarnos humildes con nuestras vidas limitadas y arroparlo con ternura y cariño. Lo único que necesita todo un niño Dios. Porque el amor ha triunfado y triunfará sobre todos los poderes de la tierra. Así nos enseña esta noche un Dios que se ha hecho hombre porque El si cree en la humanidad.

¡Feliz Navidad!

¿Crees en mamá?

Visto en facebook. No es original mío, pero me limito a difundirlo porque es buenísimo.

En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés. Uno pregunta al otro:
– ¿Tú crees en la vida después del parto?
– Claro que sí. Algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que seremos más tarde.

– ¡Tonterías! No hay vida después del parto. ¿Cómo sería esa vida?
– No lo sé pero seguramente… habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca.
– ¡Eso es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por donde nos alimentamos. Yo te digo una cosa: la vida después del parto está excluida. El cordón umbilical es demasiado corto.
– Pues yo creo que debe haber algo. Y tal vez sea distinto a lo que estamos acostumbrados a tener aquí.
– Pero nadie ha vuelto nunca del más allá, después del parto. El parto es el final de la vida. Y a fin de cuentas, la vida no es más que una angustiosa existencia en la oscuridad que no lleva a nada.
– Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del parto, pero seguro que veremos a mamá y ella nos cuidará.
– ¿Mamá? ¿Tú crees en mamá? ¿Y dónde crees tú que está ella ahora?
– ¿Dónde? ¡En todo nuestro alrededor! En ella y a través de ella es como vivimos. Sin ella todo este mundo no existiría.
– ¡Pues yo no me lo creo! Nunca he visto a mamá, por lo tanto, es lógico que no exista.
– Bueno, pero a veces, cuando estamos en silencio, tú puedes oírla cantando o sentir cómo acaricia nuestro mundo. ¿Sabes?… Yo pienso que hay una vida real que nos espera y que ahora solamente estamos preparándonos para ella…”

Lo bueno se hace esperar

Los cristianos tenemos esperanza. Esperamos con confianza.

La esperanza cristiana no está basada ni en sentimientos, ni en ningún libro de autoayuda, ni en ninguna frase bonita del facebook. Está basada en la fe. Creemos que más pronto o más tarde se cumplirá el plan de Dios.

Aunque ahora estemos pasando una etapa en la que estamos perdiendo el tiempo, inutilizados, subyugados por las circunstancias, los sistemas o las personas, sabemos que esta etapa de dolor o de incertidumbre no es en vano.

Da igual que estés encerrado en una vida de sacrificios, disgustos o en la pobreza. No es en vano si te dedicas a cumplir el plan de Dios que, por cierto, suele pasar por la cruz para llegar a la gloria.

Porque Dios no está de brazos cruzados y tiene un plan.

Puedes ser el peón o la reina, pero con tu vida al servicio del reino y en las circunstancias que se te han dado, estás participando en una partida de ajedrez contra el mal que al final ganaremos.

A veces esta etapa tan desértica es para hacerte un mejor jugador, fortalecerte y llevar tu alma a extremos que no habrías podido alcanzar en la comodidad o la riqueza, una etapa de echar raices en vez de flores.

Otras veces Dios te estará educando para que comprendas que tiene voluntad propia y que es diferente a la tuya, por muy incómoda que sea.

En ocasiones, negándote lo que deseas, te estará librando de peligros que eres incapaz de ver desde tu posición.

O quizás, simplemente, te estará usando para que, con tu ejemplo, edifiques la fe de los demás.

Pero siempre tiene un plan. Un plan en el que sales vencedor.

Un plan que necesita de tu fe en que Dios hará lo mejor para tí y para el mundo, que necesita de tu humildad para cumplir con algo que no comprendes, que necesita de tu paciencia para esperar las buenas noticias y que necesita de tu valor para vivir en un mundo en el que la posición que ocupas es considerada como locura o estupidez.

“…no estamos solos, porque Dios existe, y me ha llamado a la existencia, y me mantiene en ella, y me da fortaleza. Además, me ha elegido con predilección y, si tengo confianza, me concederá la constancia y la ñrmeza en mi camino, porque, cuando El comienza una obra, la acaba: El hace siempre las cosas perfectas.”
San Josemaría Escrivá, 29-IX-1957

Afloja y confía

¿Puede Dios pedirte que estés quieto, que aflojes, que pares?

Muchos cristianos tenemos la imagen de un Dios que pide, que exige. Ante tanta hambre, ante tanta miseria, ante tantos problemas ¿Cómo no iba a pedirnos Dios convertirnos en supermanes salvadores de este valle de lágrimas?. Además luego están nuestras responsabilidades: familia, amigos y otros necesitados.

Con toda la buena intención, nos columpiamos hacia el otro extremo, y a nuestro padre que nos quiere no le queda más remedio que decirnos NO, ASÍ NO.

Mírate. Estás agobiado, cansado, infeliz. Metido en una lucha constante y buscando el éxito en el que crees que por fin encontrarás la paz que necesitas.

Y quiero que estés quieto. No con las manos caídas, sino con la actitud espiritual necesaria para descubrir que soy yo el que está detrás de todo.

Quiero que seas débil. Porque llevas mucho tiempo siendo fuerte y piensas que lo has logrado gracias a tus esfuerzos. Has tenido grandes éxitos, pero tu ego se ha apropiado de todos, arrinconándome.

Tu iniciativa personal se ha convertido en tu ídolo, en el que has depositado todas tus esperanzas de salvación. Eres bueno, muy bueno y lo sabes.

Pero párate a ver que no puedes con este mundo tu solo. Que cada vez tienes más frentes abiertos, más piedras con las que tropezar, y todas tus cualidades como mucho te permitirán sobrevivir. Nada de lo que has acumulado con tu esfuerzo te proporcionará la paz.

Yo soy el Dios de tu pasado, que garantiza tu futuro. Relájate y disfruta. Si te he dado a mi hijo… ¿Cómo no te voy a dar el resto?. No te angusties. De esas cosas se preocupan la gente del mundo. Tu preocúpate de la felicidad que sabes que tienes en mi reino. Lo demás, te lo daré.

Ahora afloja, confía y mírame.

Tu has nacido chef

Cuando hay miedo se tiende a la uniformidad.

Ante la inseguridad de un futuro incierto, se recurre a fórmulas magistrales que siempre han funcionado. Se abandona la experimentación y se recurre a lo obvio.

Nos olvidamos de la cocina creativa y recurrimos al bocadillo de patatas, bueno y barato con éxito asegurado. A la hamburguesa si vamos por lo moderno.

El problema es que muchos miles de empresas que recurren a lo obvio saturan el mercado de obviedades. Sabes que lo que ofrece el mercado está muy bien, pero que tu tienes hambre de algo mucho más especial.

Y tu sabes que no has nacido para alimentarte de lo obvio. En tus manos de cocinero hay arte desde el mismo día en que naciste.

Un arte que sólo el miedo puede apagar. Una receta maestra que acabará oculta, si la posibilidad de un fracaso se interpone en su camino.

Porque tu eres la sal del mundo. De este mundo soso que necesita de un chef para que pueda conocer otros horizontes, otras posibilidades, otras recetas.

Porque tu has nacido chef.

Feliz resurrección

Y resucitó. Por fin resucitó.

Porque ni el paro, ni la corrupción, ni los problemas familiares, ni las enfermedades, ni los países en crisis, ni los países eternamente en crisis, ni los políticos corruptos, ni los jefes y déspotas mundiales, ni los jefes y déspotas de andar por casa, ni el miedo, ni el futuro incierto, ni el tiempo perdido, ni las palabras hirientes, ni la falta de dinero, ni la abundancia de dinero, ni los errores, ni las tristezas, ni las agendas, ni los horarios, ni los objetivos, ni los fracasos, ni el éxito, ni la ignorancia, ni la hipocresía, ni el egoísmo, ni ningún sistema (esté o no en quiebra), ni ningún partido político, ni ninguna persona, ni ningún descreído, ni ninguna carga, ni ninguna teoría, ni ninguna ideología, ni ningún empresario, ni ningún presidente, ni ningún sindicato, ni ninguna autoridad religiosa, ni ninguna lágrima, ni ningún prejuicio, ni ningún juicio, ni ninguna condena, ni ninguna absolución…

Nada ni nadie tienen la última palabra.

Ni siquiera la muerte.

Porque el hijo de Dios ha resucitado. Todos los años lo hace, por si alguno te lo pierdes. Y hoy en concreto también, porque sabe que lo necesitas.

Porque aquí y ahora, participas de su resurrección. Y esa es una noticia que merece la pena contarla.

En el cielo

¿Por qué está Dios en el cielo?

Porque a Dios se le mira hacia arriba. Con la cabeza erguida.

Los seguidores de otros ídolos como el dinero, el poder o el placer, acaban sus días encorvados. Han tenido que rebuscar y atesorar sus tesoros entre la escoria, entre la suciedad, entre el polvo del camino. Acaban mirando al suelo porque el peso de sus culpas y de todo el rastro de malas acciones que encadenan, les cargan los hombros. Miran hacia abajo, porque son tan prácticos, tan eficientes, tan productivos que ya han olvidado cómo se volaba.

Y para volar, es necesario mirar hacia arriba.

A Dios se le busca por lo alto. Sus seguidores caminan mirando hacia arriba sabedores de una victoria segura. Caminan erguidos, porque tropezar no es su mayor miedo, sino perder el rumbo. Porque todo lo necesario caerá de arriba de mano de la divina providencia. Miran hacia lo alto para sentir en su cara el calor del sol. Para cerrar los ojos, respirar hondo y sentir que están vivos. Porque tienen vida.

Cuando te encuentres perdido, simplemente mira hacia arriba.

Nunca es tarde

by svintus2010

by svintus2010

En el mundo las cosas tiene valor según su utilidad. El resultado es lo importante, las personas no tanto.

Al contrario de cómo se piensa ahí fuera, un cristiano piensa que nunca es tarde. Dios es el único proveedor de un ingrediente fundamental en nuestras vidas, la esperanza (si andas bajo de esto, basta hacer un pedido en tu próxima oración).

Por eso para un cristiano…

… nunca es tarde para comenzar un nuevo proyecto.

… nunca es tarde para arrepentirse.

… nunca es tarde para perdonar.

… nunca es tarde para olvidar.

… nunca es tarde para conocer.

… nunca es tarde para comenzar a disfrutar.

… nunca es tarde para sonreír.

… nunca es tarde para ser un héroe.

… nunca es tarde para dar la vida.

… nunca es tarde para afrontar un problema.

… nunca es tarde para buscar un sentido a esta vida.

… nunca es tarde para amar a alguien.

Y en estos días… nunca es tarde para vivir la cuaresma.

Creadores de magia

by ItzaFineDay

by ItzaFineDay

Hay un género de personas que crean magia.

Luchan contra las situaciones, por más dolorosas que sean, para crear un clima de auténtica paz y alegría.

Quizás un padre, quizás una abuela. Es probable que en tu familia hubiera alguno. Ese tipo de persona que tanto te hizo disfrutar de la vida de pequeño y que llenó tu mente de recuerdos imborrables que te empujan día a día a luchar por un mundo mejor y a no tirar la toalla.

Y ahora te encuentras recordando los viejos tiempos como si fuera una lástima lo pasado. Como si el futuro sombrío hubiera arrasado con todas las posibilidades de volver a recuperar esa espontaneidad, esa alegría, ese gozo por vivir la humanidad en primera fila.

Pasan por tu mente los momentos cómplices, los descubrimientos, los juegos, las risas. Y lees los periódicos y parece que ya no tienen cabida en el mundo que hoy poblamos.

Y hoy, justo hoy que comienza un nuevo año, te digo que los creadores de magia que te precedieron no son una especie de suerte histórica que te tocó.

Que perteneces a un linaje que generación tras generación ha contado entre sus filas a alguien capaz de sacar flores del estiércol. Y que ese alguien, al igual que tu ahora, nunca lo tuvo fácil.

Tuvo que sacar una sonrisa en el velatorio de las muertes de la vida. Tuvo que inventar el chiste oportuno para contar en la tragedia. Tuvo que convertir en aventura el destierro, en juego las dificultades, en anécdotas los percances, en historietas las tragedias, en querida compañera la incetidumbre.

Y te toca coger el relevo.

Ten en cuenta que lo difícil de hacer magia no es el truco, es el auditorio al que te enfrentas. Precisamente es magia porque no se espera. Porque no es posible ni probable. Porque nadie pierde el tiempo en perfeccionar ilusionismos ilusionantes. Porque no hay maestros y nadie cree que hacer magia sea posible. Porque te toca desarmar lo evidente.

Tienes que ponerte a crear. Inventa, practica, descubre los secretos de la magia. Descubre cómo sacar un conejo blanco del sombrero vacío de la cotidianidad.

Porque es tu destino. Dios te hizo Mago y debes crear magia para que el mundo crea.

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