Dios

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yo no lo sabía

Una de cal y otra de arena.

Si el otro día encontraba una canción estupenda para ponerle letra al desierto de Dios, es justo también poner otra que nos permita cantarle lo enamorados que estamos de Él y lo felices que nos hace

Que yo no lo sabia, quien me lo iba a decir
que solo con tu sonreír
inundarías todo mi ser de alegría
y yo no lo sabia que me podia encontrar
algo tan dulce como tú.

Eres lo más bonito que he visto en mi vida.
Y yo no lo sabia, y si me vuelvo loco es al sentir
que hay tantas cosas que vivir,
y yo sin ti no lo sabía.

Por la calle no hago más que sonreir.
Y es que todo el tiempo estoy pensando en ti,
Que le voy a hacer?
Es curioso como hay dias en los que,
Todo es magia todo es arte y ya lo ves,
no puedo callar ,ni dejar de ser
el loco que está rendido aquí a tus pies.

Y yo no lo sabía…
quien me lo iba a decir
que solo con tu sonreír
inundarías todo mi ser de alegría
y yo no lo sabia que me podia encontrar
algo tan dulce como tú.
Eres lo más bonito que he visto en mi vida.
Y yo no lo sabia, y si me vuelvo loco es al sentir
que hay tantas cosas que vivir,
y yo sin ti no lo sabía.

Aunque hable la gente solo oigo tu voz.
Completamente borracho por tu amor.
¡Que pesado estoy!
Pero es que tampoco me quiero callar.
Mas bien al contrario, yo quiero gritar
que soy muy feiz si estás junto a mi.
Te quiero a morir. Estoy loco por ti.

Y yo no lo sabía…

Y yo no lo sabía! Y yo no lo sabía!

Te odio, Dios

Las canciones son unas fantásticas canalizadoras de sentimientos.

Le dan sonido y palabras a algo que tenemos dentro y que no podemos expresar con la razón.

Encontré mi canción perfecta para la angustia del desierto de Dios. El dolor y el rechazo que nos causa el silencio de Dios en nuestras vidas, esta tarde lo que cantado con una profana canción de Ismael Serrano: “te odio”. Ese tiempo en el que ni lo sientes, ni entiendes, pero lo bueno vivido con El es lo que te mantiene con vida, se lo he podido cantar. Esa rabia de no entender lo que te ocurre, ni qué sentido tiene, tiene notas musicales.

Si algún día te sientes así, aquí te dejo mi regalo para que tal como he podido hacer yo hoy, le cantes a tu Dios una preciosa canción de amor.

Te odio.
Odio las canciones de amor
que traen tu recuerdo a mi casa.
Las ganas de verte.
Y odio
el cielo en tu rostro y las dudas
de echarte al olvido o llamarte
para contarte,
qué sé yo,
que sigo existiendo,
que te odio por fin,
que no sé
si el mundo resiste sin ti.
Tanto, tanto, tanto, tanto te odio.

Te odio.
Odio la mañana, el café
sin planes, sin ti y en ayunas
perdura tu aroma y lo odio.
Envuelto en papel de colores
te envío bengalas, rencores.
Quizá recuerdes así
que te odio. También tu sonrisa
y la brisa arañando tu piel,
y mi corazón ya de paso.
Tanto, tanto, tanto, tanto lo odio.

Este viejo odio
que hiela los jazmines,
ama tu figura aborrecible.
Y así, si te marchas,
quedan los rencores
para recordarme las razones
de por qué me eres imprescindible,
de por qué te extraño aunque me olvides.

Te odio.
Odio tu belleza y a mí
me odio al saberme tan lejos
del viejo camino andado
rastreando hadas y cometas,
la estrella prendida en tu pelo.
Maldito lucero. Lo odio.
Odio odiarte tanto,
saber que te encuentras perdida
y la vida me impide encontrarte.
Tanto, tanto, tanto, tanto te odio.

Yo odio
perseguir tu rastro,
cansado en este laberinto.
Cual hilo de Ariadna tus huellas
me llevan hasta el dulce tiempo
de besos, promesas. Lo odio.
Soy tan feliz
a tu lado que odio
que ya no estés cerca
y empieza a cansarme este odio.
Quizá si tuviera tus manos
Pero te odio tanto, tanto, tanto, tanto.

Este viejo odio
que hiela los jazmines,
ama tu figura aborrecible.
Y así, si te marchas,
quedan los rencores
para recordarme las razones
de por qué me eres imprescindible,
de por qué te extraño aunque me olvides.

 

Dios mujer.

Porque al principio los creó, a su imagen y semejanza, también Dios es mujer.

Y eso es liberador. Porque hay conversaciones, declaraciones de amor, que salen más naturales si van dirigidas a una Señora.

No se trata de quitar a la Virgen María, que ella ya tiene su propio puesto de oro en el campo de nuestros ruegos y rezos.

Se trata de la libertad de tratar a Dios como madre, como esposa.

Los padres de ahora no son los de antes. Las madres tampoco. Los maridos tampoco. Las esposas tampoco.

Las imágenes bíblicas utilizadas, pueden distorsionar nuestra relación con Dios si proyectamos la figura actual de varón.

¡Qué libertad tratar a Dios como padre y madre! ¡Qué maravillosa sensación para un célibe decir que está casado con Dios, que Dios es su mujer! (al igual que pueden hacer las religiosas). Qué forma más sencilla de comprender la teología del Dios que sufre a nuestro lado y que se desvive por nosotros.

Cada uno pude usar este recurso como quiera. A mí me sirve para poder cantar a viva voz canciones de amor que escucho en la radio y dedicárselas a él, como amor de mi vida con el que estoy viviendo la gran aventura.

Y que maravillosa sensación de cuidado terminar el día diciendo “Buenas noches, mamá”

 

Enriquecer siendo pobre

Cuando uno dice sí a Dios para echarle una mano construyendo el reino, siempre se imagina ayudando a todo el que nos rodea. Dando la vida por ayudar a los necesitados y salvarlos de su situación de dolor, pobreza o angustia.

Pero resulta que Dios es un bromista, y en no pocas ocasiones te quiere a tí como pobre. Y en esas ocasiones, para ayudarle a construir el reino es necesario que seas tu el pobre, el necesitado. Que seas tu mismo el que sufra la injusticia, la marginalidad. Que tu pobreza te duela, o te angustie.

Y esto lo hace porque ya tiene la experiencia. Y por eso mandó al nuestro salvador pobre, necesitado. Porque la gente sólo se deja salvar por un pobre. Sólo un pobre puede generar tanto amor a su alrededor. Sólo un necesitado de amor puede enseñar a amar.

Y esto es otra de las letras pequeñas del contrato que nadie nos explica cuando nos metemos en este lío. Afortunadamente, quien a Dios tiene nada le falta, así que esa pobreza la asumimos con un corazón multimillonario.

¿Por qué María?

Llega el mes de mayo, que por estos lugares es el mes de la Virgen María, y quería compartir una reflexión que me hizo el otro día mi hermano.

María. ¿Por qué María?

Le preguntó un adolescente en catequesis. ¿Por qué a esta mujer en concreto?  ¿Y por qué le hizo semejante faena?

Porque ser la Madre de Dios, puede ser todo lo fantástico que se quiera, pero doler dolió un rato. ¿Puede un Dios bueno hacerle eso a una madre?

Y en la elección de María se juntan dos alabanzas que cierran este círculo de dudas perfectamente y que nos hace adorar más aún si cabe al Padre y a la Virgen.

La primera alabanza es a Dios. Porque sabiendo todo lo que sabía, eligió a la única persona capaz de convertir tanto dolor en tanta vida. Porque ningun otro ser humano habría sido capaz de tanto y ningún otro habría sido capaz de vivir lo que vivió María firmándolo con un magníficat. Nadie acogería ese experiencia de Dios y una vez acabada pronunciaría un gracias. Dios nos ama tanto, que no elige a cualquiera, sencillamente porque lo hundiría.

Dios, como siempre, elige para la misión a aquel que sabe que va a poder con ella. Y para esta, sólo había una persona capaz.

Y la segunda es a María. Porque fue todo fe. Y la fe es una virtud, por lo tanto tiene dos lados, uno que nos la regalan, y otro que la trabajamos. Y María puso todo lo que tenía que poner en su lado para convertirse en la única capaz de acoger al hijo de Dios. Es sí de María no fue a acoger a Jesús, sino a acoger el Plan de Dios. Y no fue en un momento, sino que tuvo que haber sido un “sí” constante durante toda su vida para poder llegar en plena forma al momento crucial. Una campeona olímpica de la fe, tras años de duro entrenamiento.

Por eso, Dios es bueno, María estupenda y los cristianos ya hemos comprobado con ellos como la muerte con bien acaba en resurrección.

 

 

Llora, pero solo una hora

Toda pérdida conlleva su luto.

Perder un trabajo, una aspiración, un sueño, una persona  querida. Todo trae sufrimiento.

Pero ese sufrimiento no puede ni debe ser eterno. Te puedes lesionar, pero un día hay que levantarse e ir a rehabilitación.

¿Has perdido un sueño? llora una hora. ¿Un trabajo? Llora un mes. ¿Un ser querido? Llora un año.

Pero acábalo con un ¿Y ahora qué voy a hacer?

Porque en tu mano está cambiar las cosas. Descubrir nuevos mundos, nuevas personas, nuevas aspiraciones.

Y ten en cuenta que las ganas vienen después. Lo que apetece es no moverse, autocomplaciéndonos en lo desgraciados que somos. Pero eso nos va empequeñeciendo y dejándonos solos. Lo que nos hace grande es levantarnos tras la caída. ¿Y ahora que voy a hacer?

Siempre la pregunta, que marca el nuevo rumbo. ¿Y ahora que toca hacer?. Porque no apetece, pero toca.

Siempre podemos quejarnos de las cartas que nos han tocado o plantearnos qué vamos a hacer. Lo primero nos convierte en inútiles. Nadie contará con nosotros, nadie disfrutará de nuestra compañía, y ni siquiera nosotros gozaremos de nuestro tiempo. Lo segundo nos transforma en soñadores. En líderes. En profetas. En seguidores de Cristo que cultivan la virtud de la esperanza sabiendo que nada es el final y que cualquier cosa puede servirnos de trampolín.

Porque Dios te ha dado una vida y un sentido.

Divide y vencerás

Si sufres por Cristo, aplícate este principio y soportarás mejor la situación.

No sufrimos todo el tiempo. Cualquier situación dolorosa es susceptible de dividirla entre días buenos y días malos. Entre horas buenas y horas malas. Entre minutos buenos y minutos malos. Entre segundos buenos y segundos malos.

No se sufre durante todos los segundos del día la muerte de un ser querido, un matrimonio infeliz, una situación de abuso, una lucha contra la enfermedad o los problemas laborales.

Seguramente hay momentos terribles, pero estos tienen a expandirse en nuestra mente y a ocupar horas, días, semanas o años. Algunos dicen de un acontecimiento  doloroso “fueron unos meses horribles” cuando fueron diez o quince días, repartidos a intervalos de dos o tres días sin que ocurriera nada. Y dentro de esos días, cuando se dormía no se sufría, y cuando se estaba despierto no todo el tiempo. Al final, unas pocas horas repartidas durante unos meses.

Hay que ser consciente que el sufrimiento viene por momentos. Y que soportarlo sólo supone aguantar un momento más. Que el sufrimiento previo y después del momento clave lo creamos nosotros en nuestra cabeza con nuestros miedos o con nuestras desesperaciones.

Disfruta de los momentos de paz y soporta la prueba sabiendo que sólo consiste en unos instantes. Duros, pero breves. Concentra tus fuerzas para un embiste breve, porque sabes que antes de que venga otro tendrás descanso.

Y que Dios te acompañe.

¿Crees en mamá?

Visto en facebook. No es original mío, pero me limito a difundirlo porque es buenísimo.

En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés. Uno pregunta al otro:
– ¿Tú crees en la vida después del parto?
– Claro que sí. Algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que seremos más tarde.

– ¡Tonterías! No hay vida después del parto. ¿Cómo sería esa vida?
– No lo sé pero seguramente… habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca.
– ¡Eso es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por donde nos alimentamos. Yo te digo una cosa: la vida después del parto está excluida. El cordón umbilical es demasiado corto.
– Pues yo creo que debe haber algo. Y tal vez sea distinto a lo que estamos acostumbrados a tener aquí.
– Pero nadie ha vuelto nunca del más allá, después del parto. El parto es el final de la vida. Y a fin de cuentas, la vida no es más que una angustiosa existencia en la oscuridad que no lleva a nada.
– Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del parto, pero seguro que veremos a mamá y ella nos cuidará.
– ¿Mamá? ¿Tú crees en mamá? ¿Y dónde crees tú que está ella ahora?
– ¿Dónde? ¡En todo nuestro alrededor! En ella y a través de ella es como vivimos. Sin ella todo este mundo no existiría.
– ¡Pues yo no me lo creo! Nunca he visto a mamá, por lo tanto, es lógico que no exista.
– Bueno, pero a veces, cuando estamos en silencio, tú puedes oírla cantando o sentir cómo acaricia nuestro mundo. ¿Sabes?… Yo pienso que hay una vida real que nos espera y que ahora solamente estamos preparándonos para ella…”

Lo bueno se hace esperar

Los cristianos tenemos esperanza. Esperamos con confianza.

La esperanza cristiana no está basada ni en sentimientos, ni en ningún libro de autoayuda, ni en ninguna frase bonita del facebook. Está basada en la fe. Creemos que más pronto o más tarde se cumplirá el plan de Dios.

Aunque ahora estemos pasando una etapa en la que estamos perdiendo el tiempo, inutilizados, subyugados por las circunstancias, los sistemas o las personas, sabemos que esta etapa de dolor o de incertidumbre no es en vano.

Da igual que estés encerrado en una vida de sacrificios, disgustos o en la pobreza. No es en vano si te dedicas a cumplir el plan de Dios que, por cierto, suele pasar por la cruz para llegar a la gloria.

Porque Dios no está de brazos cruzados y tiene un plan.

Puedes ser el peón o la reina, pero con tu vida al servicio del reino y en las circunstancias que se te han dado, estás participando en una partida de ajedrez contra el mal que al final ganaremos.

A veces esta etapa tan desértica es para hacerte un mejor jugador, fortalecerte y llevar tu alma a extremos que no habrías podido alcanzar en la comodidad o la riqueza, una etapa de echar raices en vez de flores.

Otras veces Dios te estará educando para que comprendas que tiene voluntad propia y que es diferente a la tuya, por muy incómoda que sea.

En ocasiones, negándote lo que deseas, te estará librando de peligros que eres incapaz de ver desde tu posición.

O quizás, simplemente, te estará usando para que, con tu ejemplo, edifiques la fe de los demás.

Pero siempre tiene un plan. Un plan en el que sales vencedor.

Un plan que necesita de tu fe en que Dios hará lo mejor para tí y para el mundo, que necesita de tu humildad para cumplir con algo que no comprendes, que necesita de tu paciencia para esperar las buenas noticias y que necesita de tu valor para vivir en un mundo en el que la posición que ocupas es considerada como locura o estupidez.

“…no estamos solos, porque Dios existe, y me ha llamado a la existencia, y me mantiene en ella, y me da fortaleza. Además, me ha elegido con predilección y, si tengo confianza, me concederá la constancia y la ñrmeza en mi camino, porque, cuando El comienza una obra, la acaba: El hace siempre las cosas perfectas.”
San Josemaría Escrivá, 29-IX-1957

Dios cree en tí

Da igual que no lo veas.

Que en el día a día desaparezca entre el ruido, las prisas, lo cotidiano.

Que no responda  a tus oraciones presurosas.

Da igual que no creas en Él.

Que estés enfadada por cómo hace las cosas.

Que hubieras imaginado que todo sería de otra manera.

Da igual que no lo conozcas.

Que se escape a tus conceptos, a tus ideas, a tus teologías.

Que te exija un esfuerzo continuo para saber con quién te mides.

Da igual que te hayas rendido.

Que hayas roto los lazos que algún día te dieron la vida.

Que buscando una falsa libertad te engancharas a otros ídolos.

Porque Dios cree en ti.

Te lo digo dos veces y mil si hicera falta.

Dios cree en ti.

Y en el momento que te enteres, todo volverá a ser como antes.

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