desierto

Te odio, Dios

Las canciones son unas fantásticas canalizadoras de sentimientos.

Le dan sonido y palabras a algo que tenemos dentro y que no podemos expresar con la razón.

Encontré mi canción perfecta para la angustia del desierto de Dios. El dolor y el rechazo que nos causa el silencio de Dios en nuestras vidas, esta tarde lo que cantado con una profana canción de Ismael Serrano: “te odio”. Ese tiempo en el que ni lo sientes, ni entiendes, pero lo bueno vivido con El es lo que te mantiene con vida, se lo he podido cantar. Esa rabia de no entender lo que te ocurre, ni qué sentido tiene, tiene notas musicales.

Si algún día te sientes así, aquí te dejo mi regalo para que tal como he podido hacer yo hoy, le cantes a tu Dios una preciosa canción de amor.

Te odio.
Odio las canciones de amor
que traen tu recuerdo a mi casa.
Las ganas de verte.
Y odio
el cielo en tu rostro y las dudas
de echarte al olvido o llamarte
para contarte,
qué sé yo,
que sigo existiendo,
que te odio por fin,
que no sé
si el mundo resiste sin ti.
Tanto, tanto, tanto, tanto te odio.

Te odio.
Odio la mañana, el café
sin planes, sin ti y en ayunas
perdura tu aroma y lo odio.
Envuelto en papel de colores
te envío bengalas, rencores.
Quizá recuerdes así
que te odio. También tu sonrisa
y la brisa arañando tu piel,
y mi corazón ya de paso.
Tanto, tanto, tanto, tanto lo odio.

Este viejo odio
que hiela los jazmines,
ama tu figura aborrecible.
Y así, si te marchas,
quedan los rencores
para recordarme las razones
de por qué me eres imprescindible,
de por qué te extraño aunque me olvides.

Te odio.
Odio tu belleza y a mí
me odio al saberme tan lejos
del viejo camino andado
rastreando hadas y cometas,
la estrella prendida en tu pelo.
Maldito lucero. Lo odio.
Odio odiarte tanto,
saber que te encuentras perdida
y la vida me impide encontrarte.
Tanto, tanto, tanto, tanto te odio.

Yo odio
perseguir tu rastro,
cansado en este laberinto.
Cual hilo de Ariadna tus huellas
me llevan hasta el dulce tiempo
de besos, promesas. Lo odio.
Soy tan feliz
a tu lado que odio
que ya no estés cerca
y empieza a cansarme este odio.
Quizá si tuviera tus manos
Pero te odio tanto, tanto, tanto, tanto.

Este viejo odio
que hiela los jazmines,
ama tu figura aborrecible.
Y así, si te marchas,
quedan los rencores
para recordarme las razones
de por qué me eres imprescindible,
de por qué te extraño aunque me olvides.

 

Prepárate para el desierto

by Ankher

by Ankher

Porque tarde o temprano llegará. Siempre llega.

Desiertos profesionales, personales, afectivos, espirituales llegan para bendecirnos y hacernos crecer hasta límites insospechados.

Nos bendicen porque nos recuerdan que realmente somos muy poca cosa. Nos hacen crecer, porque nos descubren que nuestra vida, finalmente, sólo está en manos de Dios. Quizás supongan fracasos a los ojos del mundo, pero son auténticas escuelas de sabiduría (¿Quién es el ser humano capaz de mantener el éxito constante?).

Quizás prefirieras una vida de éxito, en la que tu ego fuera la única directriz a seguir y en la que la autosuficiencia fuera tu compañera de viaje. Pero eso es una vida virtual. No es real. No existe.

Naciste muy poquita cosa. En las cosas en las que te juegas la vida te encontrarás igual, y te irás de aquí de la misma manera. Todo lo que te haga poner los pies en esta realidad, es una bendición.

Todo el dolor que te causa el desierto, es en realidad, el ajuste por todo lo falso creíste que era la vida.  Todo lo que te engañaste, es lo que duele cuando te dan un bofetón de realidad. Y el dolor no te deja ver lo hermoso de la misma.

Porque la realidad es hermosa. Eres poca cosa, pero todo un Dios se vuelve loco por tí. Toda tu vida está en manos de Dios, pero nada ni nadie en este mundo la cuidarán con más amor.

Relájate y disfruta del desierto.

No hay caminos, hay desierto.

by Luke Robinson

by Luke Robinson

Somos únicos e irrepetibles. Cuando nos  hicieron se rompió el molde. Y no sólo es algo biológico, nuestra historia con Dios es también única.

Dios, en su pedagogía maravillosa y perfecta, nos conoce a fondo. Por eso nos habla a cada uno en nuestro idioma, eligiendo delicadamente los momentos para hacerse ver entre sombras, pidiendo permiso, anteponiendo siempre tu libertad a las ganas de abrazarte. Creó un mundo de seres humanos totalmente distintos.

Y no deja de ser curioso cómo pretendemos hablar a todo el mundo con el mismo idioma, y pretender las mismas reacciones ante las mismas experiencias. Adoramos la palabra libertad, pero queremos que todos hagan primero el uno, luego el dos y más tarde el tres. Ponemos etiquetas, agrupamos, seguimos a la manada. Queremos la ruta marcada, los pensamientos homogéneos, y nos enfrentamos a aquel que los descoloque ligeramente mostrándonos que todo ese mundo que nos hemos montado no es real. Que no somos los reyes de nada y que nuestra vida es tan inmensamente frágil que hay mil cosas que no controlamos que la pueden romper en cualquier momento.

Vernos necesitados nos acojona, y mientras vivamos en nuestro mundo de cartón piedra, nos manejamos bien.

Pero llega un momento en que la vida real, no la que diseñamos, vuelve a aparecer haciéndonos temblar y de repente te das cuenta de que no existe un camino marcado y que vuelves a estar en medio del desierto sin saber muy bien por dónde tirar.

Ocurre con la educación (Ya titulé…¿Y Ahora?),  con el matrimonio (Ya me casé…¿Y ahora?), con el trabajo (Ya me coloqué…¿Y ahora?), con la familia (Ya tengo un hijo…¿Y ahora?), con las posesiones (Ya tengo casa…¿Y ahora?, y nos entra el pánico. La mayoría simplemente dedica el resto de su vida a mantener a toda costa lo conseguido. Acabó el camino, y nos damos codazos por seguir en el mismo porque entrar al desierto da mucho miedo.

Olvida ese miedo estéril. En esos momentos asoma la esencia de la libertad divina, y son perfectos para darnos de bruces con la realidad de un Dios que nos ama y acompaña, a través de un mundo sin categorías, normas o reglas para el éxito.

Profundizando en que no hay caminos marcados y en cómo Dios nos acompaña y alimenta a través del desierto podremos ser capaces de amar como Dios ama. Sin forzar los tiempos, los ritmos, los acontecimientos. Dando alas a los aspectos originales de cada uno que nos rodea, y convirtiendo a los enemigos en compañeros durante este viaje errático.

Los espejismos de la vida.

by eperales

by eperales

Los espejismos son ilusiones ópticas, que según el diccionario, se dan principalmente en las llanuras del desierto.

En nuestra vida pasaremos por varios desiertos, y como desiertos que son, traen aparejados sus propios espejismos.

Da igual el desierto que estemos atravesando. Ya puede ser un desierto laboral, un desierto matrimonial o de pareja, un desierto creativo, un desierto económico, un desierto familiar, un desierto emocional. Todos tienen sus propios espejismos. Agua fresca inacabable y cristalina que acaba siendo arena.

La arena bien puede representar lo duro, lo áspero, lo real o lo mundano (una de cal y otra de arena). Los espejismos son precisamente oasis, dónde parece que todas nuestras necesidades se verán satisfechas, y que en el fondo acabarán siendo arena, más arena del desierto.

Ser empresario parece atractivo y bien remunerado, pero conlleva estar en el trabajo 24 horas al día, arriesgar parte de tu patrimonio familiar, la inseguridad y el riesgo del futuro.

La mujer o el hombre de tus sueños tienen sus propios problemas, defectos, mediocridades. Compartir la vida con alguien es complejo y laborioso, y si no lo parece, es porque no se ha profundizado lo suficiente. Como dice un amigo mío, el roce hace el cariño, pero también la llaga. Tiene más de aprender a dar la vida que de que encontrar a alguien que te la arregle.

Al final siempre arena. Cojas el camino que cojas, en el desierto de la vida tarde o temprano acabará apareciendo más arena. No se puede esquivar, sólo estar bien pertrechado para sobrevivir al viaje hasta el próximo oasis y reponer fuerzas.

Cuidate de los espejismos. Ese trabajo, esa chica, ese camino que va a resolver todos tus problemas y en el que serás eternamente feliz y descansado probablemente sea uno. Haz lo que te haga feliz, mejor si lo haces con el “mapa” de la vocación que encontrarás en Dios, pero estate siempre preparado para el desierto y la arena.

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