crisis

¡Feliz fin de la crisis!

¡Feliz fin de la crisis!

Aunque estamos desbordados de noticias que dicen que este año ha sido malo y comienzan a aflorar otras que dicen que el próximo será aún peor, nosotros los cristianos tenemos otras noticias bien diferentes.

Hoy Dios nos envía a su hijo. Y nos lo envía pobre, débil y en pañales, para que por enésima vez nos salve como hizo con nuestros padres, abuelos y demás ancestros. Comenzó con el primer hombre y nada ha detenido su obra.

Y por esa misma fidelidad divina de la que tenemos experiencia, eclesial y personal, debemos convertirnos en profetas de la esperanza en una tierra que ha olvidado alzar la mirada del suelo. Anunciando que Dios ordena las cosas, también las dolorosas, para bien de los que le aman, y que nada hay en esas noticias aciagas que nos pueda separar de su amor.

Porque hoy celebramos algo más que cualquier lotería. Algo más grande que tener garantizada la comida y la ropa para el resto de nuestros días. Hoy celebramos que ha llegado la salvación de los oprimidos, que los que sufren son sus favoritos. Que de felicidad plena y verdadera no hay crisis. Que hay para todos y en abundancia. Que lo que sale en los periódicos, ni llena, ni sacia, ni salva. Que sólo el que se sabe pobre, débil y sin nada, como este niño que nace, conocerá de ese amor que siempre ha sido más que suficiente para tener un futuro con sentido. Y que los ricos se irán con las manos vacías.

Y ahora, salvados, no podemos más que adorarlo. Arrodillarnos humildes con nuestras vidas limitadas y arroparlo con ternura y cariño. Lo único que necesita todo un niño Dios. Porque el amor ha triunfado y triunfará sobre todos los poderes de la tierra. Así nos enseña esta noche un Dios que se ha hecho hombre porque El si cree en la humanidad.

¡Feliz Navidad!

Las circunstancias obligan

by Daquella manera

by Daquella manera

Normalmente nuestros límites morales los tenemos preparados para el ataque de “alguien”.

Por ejemplo: “¿Serías capaz de acostarte con alguien si te ofrecieran un millón de dólares?”. Preguntas como esta pueden haber surgido por nuestra mente en muchas ocasiones pero, en la mayoría, la lucha es contra alguien. Alguien que te ofrece, alguien que te manda, alguien que te hace. Alguien que en definitiva, pone a prueba nuestra moral.

Pero siendo bastante frecuente, tengo la sensación de que estamos poco preparados para el ataque de las circunstancias.

Viene una crisis, pues despido gente. La empresa no gana, pues hay que tratar mal a los clientes no rentables para que se vayan. No tengo seguridad económica, pues no tengo hijos. En el trabajo me piden más horas, pues no veo a mi familia. Hay una herencia de por medio, pues me peleo con mi hermano. Me violan, pues aborto. Me provocan, pues pego. Si me pueden despedir, pues aplasto a mis compañeros.

Todo situaciones horrorosas, que parecen menos horrorosas si atendemos a las circunstancias. Aún menos horrorosas si de por medio hay una organización como puede ser la empresa, la comunidad de vecinos, las instituciones médicas, el gobierno, el colegio profesional, etc.

Y lo triste es que hoy nos lo venden así. La frase favorita del diablo es “¿Y qué otra cosa puedo hacer?”.

Y la moral cristiana no atiende a las circunstancias. Lo bueno seguirá siendo bueno y lo malo, malo. Así ha sido durante veinte siglos, porque nuestra búsqueda no es encontrar algo en lo que estemos de acuerdo, algo que no cause polémica, sino la verdad. Y esta es independiente de las personas, los lugares, las culturas y los tiempos.

Lo que digan los médicos sobre el aborto no es más o menos cierto por tener estudios. Lo que ordenen las empresas sobre cómo tratar a las personas no es más o menos cierto según el volumen de beneficios. Las circunstancias no obligan cuando los recortes se hacen a la dignidad del ser humano.

Es posible que en unos casos hacer lo moralmente correcto sea sencillo y en otros suponga convertirse en héroe. Pero la moral no cambia por las circunstancias. Claro que se puede fallar, pero la línea que separa lo bueno de lo malo no se mueve.

Y ahí es dónde nos la jugamos. Porque la moral se pone a prueba cuando todos te miran raro. Cuando la tensión en el ambiente se podría cortar con un cuchillo. Cuando levantar la cabeza supone que te la corten.

Si no había riesgo de caida, lo de antes era puro entrenamiento.

No hay organizaciones éticas

Son las personas que las forman.

Gran post el de Set Godin hablando de la ética en los negocios. Me ha hecho pensar mucho en nuestras organizaciones, comunidades, iglesias, e incluso nuestras ONGs cristianas. Paso a transcribir alguno de los puntos que ilumina en su post.

La teoría es sencilla: Si eres bueno, la gente que interactúa contigo, te verá como bueno, y cada vez tendrás más clientes o seguidores. A largo plazo, ser bueno es rentable. Esto está marcado en el subconsciente cristiano, y sencillamente no es cierto. Si fuera así… ¿Por qué tenemos tan mala prensa?. Quizás en la otra vida compense, pero en esta ser bueno te lleva a la cruz. Es lo que hay. Alcanzarás la santidad pero no esperes grandes triunfos a los ojos del mundo.

A medida que el mundo se va volviendo más y más complejo, cada vez necesitamos más y más resultados a corto plazo. Al largo plazo puede que no lleguemos con esta incertidumbre. Sin quererlo nos vemos metidos en una carrera en la que te puedes quedar fuera a la mínima, y cualquier cosa vale para sacar ventaja.

A lo largo del día tomamos miles de decisiones malvadas. Inconscientemente el corto plazo nos vence. Necesitamos resultados. Para comprar más barato, acudimos a lugares dónde los trabajadores están explotados. Si somos ricos pagamos más por un trato exclusivo fomentando la proliferación de servicios de lujo y la consiguiente desaparición de servicios para pobres que no resultan rentables.

En la Iglesia no nos quedamos atrás. Las ONGs cristianas que conozco no son precisamente las que mejor pagan o las que mejor concilian el trabajo y la familia de sus empleados. Conozco religiosos y religiosas mucho más incomprensivos e intolerantes con el personal contratado que los jefes del mundo “laico”. Algunos cristianos evaden sus impuestos como pueden. No nos libramos de “pelotas”, “trepas” y de jefes a los que se les sube el cargo a la cabeza.

Hay que reconocer que cuando por fuera critican a la Iglesia “organización” algo de razón llevan. Para lo bueno y lo malo, tenemos todas las miserias de una organización humana.

Sólo las personas son seres morales. Sólo las personas tienen ética. Las organizaciones no son más que un reflejo de aquellos que dirigen, y de aquellos que permiten a los que dirigen tomar las decisiones que toman. Porque la ética no deja de ser sacrificar el beneficio a corto plazo (para nosotros o nuestras organizaciones) por el beneficio para el resto de la humanidad. Ojo con lo que dicen de tu organización, porque las críticas que hagan a la misma en realidad son para sus miembros.

Y flaco favor le hacemos a nuestras organizaciones si nos limitamos a defenderlas sin corregirlas. Nuestra organización, parroquia, ONG, Iglesia, es precisamente eso: Nuestra. Por ello no podemos abandonar nuestra responsabilidad en lo que sucede y limitarnos a culpar de todo a un ente corporativo. Las organizaciones son santas cuando están llenas de santos, y tu tienes toda la responsabilidad sobre tu santidad.

Actuando al corto plazo, obedeciendo sin pensamiento crítico, nos volvemos como aquel que aprieta el botón del mal y cuando le cuestionan contesta…”yo simplemente trabajo aquí, no es mi responsabilidad”.

Dios se está debilitando

by julieveribe

by julieveribe

En estos tiempos de cambio y crisis, Dios se está debilitando.

Veo a mi alrededor vacío en las Iglesias, menos sacerdotes, ataques continuos a la jerarquía eclesiástica, persecución de las prácticas religiosas por la autoridad compentente. Los jóvenes, en su mayoría analfabetos espirituales, carecen de una base suficiente para siquiera entender y cuidar la dimensión religiosa de su personalidad. El fenómeno religioso comienza a verse como algo pernicioso, que atenta contra los valores “democráticos” según el pensamiento único impuesto por oscuros intereses. Se extiende la ideología de que aquello (y aquellos) que no comparto o entiendo me agreden, y por lo tanto hay que eliminarlos de la vida pública. Que la convivencia es sacar el mínimo común múltiplo de nuestras ideas o creencias (es decir, que nadie piense o crea para no salirse del marco común). La Iglesia, afronta estos tiempos dividida, convertida en reinos de taifas independientes según la congregación religiosa, diócesis, obispo, según la provincia, el movimiento o institución, según la parroquia, y si me apuras, según el hermano. Muy miserable, con los suficientes casos deshonrosos como para escandalizar al más débil, aunque sean menos que la media de cualquier otro colectivo. Los valores Cristianos que inspiraron la carta de Derechos Humanos sucumben ante los intereses de lobbies organizados que buscan el lucro incesante y creciente.

Unos tiempos en los que la racionalidad, el cientifismo y el progreso han derrumbado todas las fronteras que quedaban ante lo sobrenatural. Unos tiempos en que los “buenos” andan muy divididos y los “malos” muy organizados.

Y todo esto es una bendición de Dios.

¿Por qué?

Porque ya no queda nada que nos pueda dar Dios que no sea a él mismo. Ya no queda poder, ni riquezas, ni glorias terrenas. Ya no quedan colectivos, ni poderes fácticos, ni jerarquías institucionales. Ya no valen dogmas ni seguridades, ya no quedan itinerarios catequéticos industriales para la cristiandad. Ya no queda nada que lo muestre poderoso a los ojos del mundo.

¿Quién quiere que lo quieran por interés? Nadie.

Tampoco lo quiere Dios.

Ahora, el que lo acepte, lo ha de aceptar sólo por lo que es: Amor. Amor desinteresado y gratuito. Amor oblativo hasta la muerte. Amor del que nace la verdadera paz.

Un Dios que nace en un pesebre y que muere en la cruz debe estar orgulloso de ver que va desapareciendo de su Iglesia todo lo que no sea debilidad.

Que no se engañe tu ánimo al ver caer imperios. El Señor de la Historia y de los tiempos sigue al mando… Y por enésima vez, quiere hacerse débil.

Los ingredientes del amor

by Horia Varlan

Son tres en la pareja. Es como un juego de química. Sólo hay una fórmula que funciona.

Y esto es una teoría psicológica, no me lo invento.

Intimidad.

Los momentos que pasáis juntos, que habláis, e incluso los que compartís haciendo algo que os gusta a los dos.

Pasión.

El deseo, la sensibilidad, el sexo. Esos momentos de placer y de búsqueda del otro para disfrutar sensiblemente de su compañía.

Compromiso.

Nos hacemos novios, nos casamos, tenemos hijos, un hipoteca. Establecemos algo más serio juntos.

Estos ingredientes se han de mezclar por dosis iguales. No tiene sentido tener una hipoteca y un hijo con alguien con quien estoy empezando a mantener conversaciones.

Casos hay miles:

Se puede empezar por la intimidad, llegar la pasión, y luego el compromiso.

Son muchas las parejas que comienzan por la pasión, se trabajan la intimidad, y llegan al compromiso.

Cuando maduramos, muchas parejas caen en la tentación de apoyar su relación en el compromiso, y descuidan la intimidad y la pasión.

Cuando sólo hay pasión, no se llega a nada.

Cuando sólo hay intimidad, tampoco.

Cuando sólo hay compromiso, es un envoltorio vacío.

¿Y Dios no es un ingrediente?

Dios nos mira sonriendo para que disfrutemos con el juego de química que nos ha prestado.

Las crisis, con Dios son menos

Puede que no me hagas caso a mí. Quizás la ganadora de siete grammys y varios records musicales te haga entrar en razón para que te des cuenta de que tener a Dios contigo, en contra de ese diablo que se empeña en hundirte, es lo mejor que puedes hacer para tener paz en tu mente.

¡Qué bueno es el fracaso!

by Nic 5702

by Nic 5702

Cuando alguien va a buscar dinero para sacar adelante una empresa en EEUU, una de las preguntas que suelen aparecer es la siguiente ¿cuántas veces has fracasado?.

El fracaso, bien llevado, tiene un aprendizaje que no lo da ninguna escuela, y por ello, una persona que ha fracasado en los negocios, tiene ya lecciones aprendidas que otros no tienen.

En las empresas, como en todo lo que conlleva alguna dependencia de los impredecibles seres humanos, la mejor fórmula de aprendizaje es el ensayo-error. Fracasar, es el paso previo del éxito. Dicen que el 80% de las personas que fracasan en un negocio, suelen triunfar en el siguiente.

Sólo basta con ver la Biblia. Díganme si San Pedro no es un discípulo fracasado. ¡Nada menos que tres fracasos en una noche, justo antes de que el gallo cantara!. Luego este fracasado se convierte en la piedra angular de nuestra Iglesia, y uno de los mayores evangelizadores que haya podido contemplar la humanidad. San Pablo… ¡Otro fracasado!. La mitad de su vida dedicada a eliminar aquello que finalmente la salvó.

Dos posibles ideas para mejorar nuestro seguimiento:

La primera es que a Dios nunca le importó cuantas veces caíste o cuánto de profunda fue la caída. Lo importante siempre ha sido la capacidad de levantarse. Y si lo hiciste bien, ya tienes conocimientos únicos e inigualables para construir el reino.

La segunda es que para fracasar hay que arriesgar.  San Pedro y San Pablo fracasaron porque se jugaban la vida en lo que apostaron. Hay mucho cristianismo plastificado que no cae, pero no por virtud, sino porque tampoco arriesga su vida en el tema.

El Evangelizador Egocéntrico

Soy un egocéntrico. Lo se. Siempre lo he sido.

Esto es malo, pero me ha servido para algo: se reconocer a otros egocéntricos.

Y háganme caso, la Iglesia está llena de ellos. Afortunadamente menos que en mi oficina.

Millones de evangelizadores predican con la ilusión de deslumbrar. De hacer aún más grande su autoconcepto. Conozco algún padre “Yo y yo mismo” cuyas homilías sólo hablan de él. Parecen decir ¡Eh!¡Mirad que bueno soy!. A lo mejor hablan de Dios, inspiran, sirven al reino, pero por dentro están regocijándose en el éxito.

Pero quien vive la misión de esta forma acaba encontrándose con la misma angustia que la de los artistas. Cuando los vientos no son favorables ¿Cómo continuar con la misión sabiendo que, probablemente, tu mayor éxito pertenece al pasado? ¿De dónde sacar la motivación necesaria para tirar adelante cuando has disfrutado de la recogida de la cosecha tras la siembra?.

La clave está en darle a Dios la responsabilidad del éxito o del fracaso. Pero de verdad, no en bonitas dedicatorias. El dirige, tu simplemente dedícate a hacer lo que te toque. El éxito o el fracaso vendrán por añadidura.

A continuación muestro un vídeo sencillamente fantástico para reflexionar sobre este tema. Está dividido en dos partes y, aunque no habla explícitamente de la evangelización, cualquiera que haya pasado por lo que digo lo aplicará a su vida pastoral sin problemas.

No es lo mismo tener que disfrutar

by Lily Martin Spencer

by Lily Martin Spencer

¿Qué es lo que deseas? ¿Títulos, coches, casas, mujeres, dinero?

Una gran parte de la humanidad pasa la vida buscando tener cada vez más cosas. El ser humano es así: una vez se consigue algo, el cuerpo ya está pidiendo lo siguiente.

Hoy un compañero me hizo una reflexión: “Antes, si no eras feliz te quedaba consumir. Ahora, con la crisis, no nos va a quedar otra que intentar ser felices”. ¡Fantástica!.

Y el caso es que muchas veces nos olvidamos que no necesitamos nada para ser felices. Que la felicidad no radica en la cantidad de cosas que se tienen, sino en lo que se disfruta de ellas.

Estas palabras, aunque suenan bonitas, suponen un gran esfuerzo. Muchas renuncias y mucha soledad. A fin de cuentas, el mundo no te va a dar una palmada en la espalda si te sales de sus normas. Si te sales de la carrera, te quedas en la cuneta.

No es lo mismo tener un hijo que difrutar de él. No es lo mismo tener música que disfrutar de la música. No es lo mismo tener mujer que disfrutar de tu mujer. No es lo mismo tener marido que disfrutarlo. No es lo mismo tener una profesión que disfrutar de ella. No es lo mismo tener un trabajo que disfrutar de él. No es lo mismo tener amigos que disfrutar de ellos. No es lo mismo tener un hobbie que disfrutar de el. No es lo mismo tener una religión que disfrutar de ella.

¿Eres de los que tiene o de los que disfruta? Si quieres la clave para ser sincero/a contigo mismo, piensa en el tiempo.

Nada se disfruta si no se le dedica tiempo a fondo perdido. Sin más intención que conseguir nada más que estar haciendo lo que se está haciendo, ya que todo lo que hagas buscando una finalidad concreta, no lo disfrutas. Disfrutas con la imagende verte logrando el objetivo.

Analiza los aspectos más importantes de tu vida y mira cuánto tiempo pierdes en ellas. Quizás encuentres una de las razones de tu infelicidad… o de tu felicidad

Olvida la crisis. Dios te ama

Jesucristo predicó en poblados en cuyos habitantes vivían en una crisis continua.

Habló a campesinos que trabajaban de sol a sol para no dejar de pagar las deudas o los tributos, y evitar así, acabar encarcelados o como esclavos, lo que precipitaría al resto de la familia al abismo económico.

Jesús no se dirigía a gente extraordinariamente avara. Si habla tanto del dinero, es porque sus contemporáneos estaban preocupados por atesorar, pero es muy probable que una gran mayoría no lo hiciera con afán de ser ricos, sino de sobrevivir.

Así que para ti, que estás preocupado porque puedes quedarte en paro (o porque ya lo estás), que andas haciendo números para llegar a fin de mes, que no sabes de dónde vas a sacar para pagar la próxima letra, para ti y especialmente para ti, Jesús (alguien que vivió hasta el final lo que predicaba) dejó dicho lo siguiente:

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

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