Comunidad

Conoce gente nueva

No se si te has dado cuenta, pero estás cambiando.

Estás cambiando desde el día en que naciste. Cada segundo que pasa en tu vida te cambia. Algunos más y otros menos, pero ya no eres la misma persona que hace un instante. Dios es creador contigo en cada momento.

Tu personalidad, va madurando a merced de los cambios de tu físico, de tu química, y de tus experiencias. De lo que aprendes, de lo que sufres y de lo que disfrutas.

Aunque esto sea cierto, al ser humano le resulta imposible darlo por válido, porque supondría volver a investigar en cada encuentro, con cada persona conocida, cuánto ha cambiado desde la última vez que la vimos. El ser humano necesita dar por sentado que conoce ya a todos los conocidos, y que estos no cambian. Los etiqueta o establece clichés. Así tenemos al gracioso del grupo, al simpático, a la que le gusta cocinar, al ligón. Aunque ya no sea tan gracioso, simpático, no le guste cocinar o no se haya comido una rosca.

No lo sabremos hasta que la diferencia de la realidad con el cliché sea tan abismal que provoque una crisis de expectativas. Entonces se nos derrumba el mundo con ese conocido. “Ya no eres el mismo”, “estás cambiando”, “lo nuestro ya no es lo que era”,,,

Además, el ser humano se acostumbra a todo. Así, las mayores exageraciones van disminuyendo a medida que avanza la convivencia. Lo raro es menos raro, lo bonito menos bonito, lo grotesco menos grotesco. En la multitud tendemos a uniformarnos, y todo lo diferente acaba pasando, con el tiempo, desapercibido.

Por eso es bueno conocer gente nueva. Porque ella tratará directamente con la versión más nueva de tí, y en el feedback de esa relación, podrás saber cómo eres actualmente, podrás volver a medir tu talento, tus rarezas, tus defectos desde un punto de vista más objetivo. fuera de la tribu.

Eso no quiere decir que abandones a la gente vieja. Esa gente, es la que más versiones de tu yo han aguantado, y eso quiere decir que son los que más te quieren y los que, con más probabilidad, aguantarán los nuevos cambios que vayan a venir.

 

El matrimonio es público

Vivimos en una sociedad que ha relegado al matrimonio, y por extensión a las relaciones de pareja, al ámbito de lo privado. Es algo entre dos personas en lo que nadie puede entrar, ni opinar.

Y esto, que es algo reciente en la historia, no debería ser así para los cristianos. No pensemos en la prototípica suegra metiendo las narices en el puchero o en la ropa de los nietos. Veámoslo en clave de Iglesia. No estamos sólos siguiendo a Cristo. Somos un pueblo, el pueblo elegido.

Un cristiano no hace las cosas en soledad. El cristiano nace, crece, se desarrolla y muere rodeado de una comunidad eclesial que le ayuda a santificarse. Por muy atractivo que resulte la idea de emprender un camino en soledad y autosuficiencia, una vida con amor es una vida llena de otros. Otros que integras en tu vida y que haces parte de la misma. Sólo con otros se crece, se sufre, se echan raices, se aprende, se pide perdón y se perdona. Sólo otros son capaces de hacernos ver aquellas cosas que no queremos ver. Si Dios nos elige como pueblo, lo cristiano será vivir como pueblo.

Y el matrimonio necesita ese pueblo tanto como la intimidad. Debe aprender el arte de armonizar y equilibrar lo privado y lo público dejando que ambas esferas crezcan alimentadas de la otra.

Si el cristiano tiene por objetivo en esta vida alcanzar la santidad, eso es imposible en soledad, porque en la perfección cristiana el otro es el protagonista de nuestras vidas.

Cuando una pareja se casa, no lo hace en soledad. Lo hace ante testigos, en la asamblea. En una boda cristiana no asistimos como voyeurs a un acto privado entre dos personas. Somos un pueblo celebrando el amor.

Cuando hay maltrato, incomprensión, conflicto, dolor, lo público debe entrar a sanar lo que se está desviando. Una corrección fraterna, una llamada de teléfono consoladora o simplemente un hombro para llorar las penas sólo pueden llegar a través de las puertas que el matrimonio haya dejado abiertas al exterior.

Cuando llegan las enfermedades, las tragedias personales o los problemas laborales que corroen la convivencia matrimonial, el oxígeno sólo viene de fuera. De ese hermano que te ayuda llevando a los niños al colegio, de alguien que te dice que lo que hiciste ayer en la cena estuvo muy feo, del religioso que te pregunta qué está ocurriendo con tu opción de tener o no hijos. En nuestro camino a la santidad como matrimonio (ya desde novios), los hermanos tienen algo que decir.

Y lo mismo ocurre al contrario. Cualquier opción de amar al hermano, cuando se hace desde la comunión íntima del matrimonio no se multiplica por dos, sino por mil. Un matrimonio que hace, hace mil veces más que lo que harían marido y mujer por separado. Cuestiona, da ejemplo, instruye, crea hogar en todo lo que emprende.

Los cristianos debemos hacer propio el matrimonio de nuestros hermanos, intervenir prudentemente cuando sea necesario y dejarlo entrar en nuestra vida. No es lo normal, pero la vida ya es bastante pesada como para llevarla sólo uno a cuestas. O dos.

Los 10 errores más frecuentes del lider

Cualquier persona que lidere un grupo o que ostente un cargo puede puede caer en una serie de errores que rompen o enrarecen la relación con el catecúmeno. Estas cuestiones son totalmente aplicables a sacerdotes y catequistas respecto a sus fieles o catecúmenos.

Cuanto más veteranos, más posibilidad de caer en estas tentaciones.

  1.      Cuida la forma de hablar de las cuestiones delicadas. No estás en un bar entre amigotes. Estás liderando y lo que digas afecta. No hables del equipo desde la superioridad. No hables mal de nadie, especialmente de alguien del equipo o de los líderes de otros equipos. No hables de nadie sin haber hablado antes con esa persona.
  2.      Cuida la relación. Equilibra la distancia y la cercanía. Apórtasela a todos los miembros del equipo en partes iguales. Que no parezca nunca que haya favoritos (aunque los haya).
  3.      Procura no “dar lecciones”, sino ofrecer ayuda, soluciones y colaboración. ¡escúchale!.   No le pidas que se comporte como si llevara los mismos años que tú en la faena.
  4.     Enséñale a ser ejemplo, empezando por serlo tú mismo pero también corrigiéndole y ayudándole a ver sus errores. Sobre todo no pretendas hacerle… a TU imagen y semejanza.
  5.      Evita “obviarle”. Que participe como cualquiera (es más: hay que exigirle que lo haga).
  6.      “Cualquier tiempo pasado fue mejor…” ¡Pues no! Procura no trasladar pesimismo, desesperanza o escepticismo.
  7.      Enséñale a ser líder. No a mandar, ni a dirigir, ni a tiranizar, ni a creerse especialito, ni a ser gracioso, ni a caer bien, ni a escaquearse, ni a “puentear” al jefe, ni a faltar a las actividade o reuniones (una pista: cada vez que tú lo haces, le enseñas a hacerlo)
  8.      No le disculpes cualquier cosa. Si algo se ha explicado claramente, ya no hay excusas.
  9.      Preocúpate de que le lleguen los correos, los mensajes, avisos… Integra al que tenga tendencia a quedarse fuera y resta protagonismo a los que de manera natural son el centro. Equilibra el equipo.
  10.      No encargues las tareas “que no quiere nadie” (hacer las listas, pasar las reuniones a ordenador, preparar informes, materiales…).

PD. Lo he adaptado de tu documento “tentaciones de los catequistas”. ¡Gracias, Andrés!

 

Trabajando en equipo

by michaelcardus

by michaelcardus

El formar parte de la Iglesia, nos obliga a saber trabajar en equipo.

Son muchas las ocasiones en las que no se logran los objetivos simplemente porque quien está al frente carece totalmente del conocimiento de técnicas de trabajo en equipo o sufre una ausencia total de empatía. No llegamos a un buen destino simplemente porque no sabemos conducir. Y esto vale lo mismo para una delegación como para un grupito de catequesis.

A veces atribuimos a Dios que no haya frutos, o buscamos maldades detrás de actos que simplemente implican un desconocimiento grande de la gestión de personas.

Un equipo, desde que se forma, pasa por distintas etapas. Reconocerlas es importante ya que  en cada una se debe hacer y esperar cosas diferentes.

Fase 1. Inicio.

En esta fase el equipo está recién formado. los miembros dependen mucho de lo que se les diga, están ilusionados pero al mismo tiempo tienen miedo. Desorientados, piensan que están pasando un examen continuamente. La labor del líder en este caso es la de dar unas instrucciones claras y bien definidas (lo que supone una cierta disponibilidad para aclarar dudas y malentendidos), aprovechar el entusiasmo como motor de avance y ir reduciendo los temores y recelos que pongan en peligro la marcha del proyecto. Pr0hibido despertar grandes expectativas (motivar si, pero nunca mentir o exagerar), esperar grandes resultados a corto plazo, pretender que todos los miembros estén unidos.

Fase 2. Crisis.

Si esta etapa no ocurre, probablemente el equipo no madure nunca. No se trabaja a pleno rendimiento y los miembros ven que sus expectativas no se están viendo satisfechas. Comienzan a aprender a hacer las cosas, y les molesta la autoridad. Se sienten frustrados con métodos, tareas, procedimientos. Empieza a parecer que el equipo se rompe, e incluso surgen discrepancias entre los miembros. La labor del líder en esta fase es la de cuidar los resultados para que sean positivos y generen una mayor seguridad en que el equipo tal y como está funciona. Debe fomentar que el propio equipo desarrolle normas para autoregularse, y apagar los fuegos de las posibles diferencias internas. Prohibido asustarse, mostrar ningún tipo de desesperanza, hacer excesivo caso a las reclamaciones particulares de cada uno y estar alejado o inaccesible para los miembros.

Fase 3. Crecimiento.

Aparecen normas y roles, cada uno empieza a ocupar un puesto y mejora la confianza y la estabilidad. Los miembros ya saben lo que se puede esperar y lo que no, con lo que ajustan sus expectativas. Se desarrolla la autoestima y los miembros comienzan a abrirse más a los demás. Se cumplen los primeros objetivos y eso redunda en el buen ambiente del grupo. En este momento, el líder debe seguir controlando el resultado (aunque intentando intervenir menos en el mismo), fomentar la afectividad y el buen ambiente dentro del equipo. También controlar las posibles interferencias externas que puedan recaer sobre la marcha del equpo. Cuidado con forzar sentimientos de unidad falsos, hay que conducirlos no fabricarlos. Que el grupo empiece a ir bien, no quiere decir que todos sus miembros deban de ir al mismo ritmo. Hay que respetar los ritmos de los miembros en lo que se refiere a la pertenencia y afinidad con el equipo.

Fase 4. Madurez.

El equipo ya funciona casi a la perfección, hay entusiasmo, colaboración y los miembros del equipo se sienten orgullosos de pertenecer al mismo.  El liderazgo se comparte y los propios miembros ejercen a veces de líderes. En esta fase el líder debe de ir desapareciendo paulatinamente, delegando sin dejar de supervisar los resultados. Ponerse a disposición de cada uno de los miembros del equipo para facilitar la tarea que de manera cada vez más autónoma van realizando. Prohibido apuntarse medallas, lucir equipo o resultados y llevar a cabo actitudes que quiten protagonismo a los miembros del equipo. Aquí el ego del lider debe de bajar unos cuantos puntos.

Fase 5. Equipo de alto rendimiento.

En esta fase, todo va rodado. El equipo trabaja sin necesidad de grandes órdenes o instrucciones. Apenas es necesario supervisarlo y son los propios miembros los que corrigen las desviaciones, resuelven los problemas y mantienen el ritmo. En este momento, es cuando el líder debe de comenzar a gestionar riesgos e ir haciendo un repositorio de soluciones para los problemas que probablemente surjan. También es el momento de ir buscando sustitutos para las posibles bajas en el equipo y cuidar la integración de nuevos componentes si los hubiera.

Arde la Palma

En estos momentos, en todos los telediarios resuena la noticia de que la Palma arde en llamas.

Siento especial preocupación por el municipio de Fuencaliente, ya que estuvimos hace unos días animando la pastoral y echando una manita en lo que pudimos (nos llevamos mucho más de lo que dimos).

En mi comunidad una vez se quemó una casa. Mi hermana quedó en la calle, sin nada. Hicimos lo propio facilitándole todo e intentando (cosa imposible) que sufriera lo menos posible el acontecimiento.

Pero varios días depués, escribió una carta a la Comunidad. En dicha daba las gracias por el apoyo, la ropa, la ayuda material e incluso el trabajo que logramos conseguirle. Pero lo más importante era el cariño.

Todos los párrafos daban gracias a Dios por la fe, por encontrarse tan bien, y por los compañeros de viaje que le había facilitado.

En los próximos días escucharemos en todos los medios a muchos políticos hablando de dinero, de ayudas, de préstamos… Eso está bien.

Pero mi hermana me enseñó aquel día que lo que realmente alivia la herida y da dignidad a los que sufren es EL CARIÑO.

Lo que vivimos en Fuencaliente nos da la seguridad de que no faltará.

Un abrazo a los palmeros, y aquí nos tienen para lo que sea.

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