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Cuando la cocacola se junta al vino, sale calimocho.

by Risager
Tienes Coca Cola. Tienes vino. Los juntas, y sale calimocho.
El vino no sabe tanto a vino, ha cambiado.
La Coca Cola, no sabe tanto a Coca Cola. También ha cambiado al mezclarse.
Eso mismo pasa en una relación. Las personas nos influenciamos para bien o para mal cada vez que interactuamos. Y no hay mayor interactuación que una relación amorosa.
Es lo que pasa al comenzar un noviazgo. Los ermitaños comienzan a salir de fiesta y los juerguistas se encierran a jugar al parchís con sus suegros. Los amigos para siempre desaparecen, y los amigos de tu novio cada vez te caen mejor.
La buena relación, es la que hace que cambies para bien, que te esfuerces en crecer, en mejorar, en aprender cosas nuevas, en abrirte a nuevas mentalidades, experiencias, etc. La mala hace todo lo contrario.
Un truco para saber cómo va tu relación, y si te conviene, es preguntar a todos los que te quieren si han notado que hayas mejorado o empeorado como persona. Escucha sus razones, y te ahorrarás muchos problemas en el futuro.
Cambio de estado.

by double m2
Cambiamos de estado. Como el agua que se transforma en hielo o vapor, nuestras vidas cambian de estado.
Hay momentos y decisiones en nuestra vida que simplemente cambiamos de estado. Nuestra sustancia es la misma, nuestra composición también, pero ya nada será como antes.
Es un error no tenerlo en cuenta, porque genera mucha infelicidad.
La pareja que mide su relación de casados con los criterios del noviazgo se equivoca radicalmente, porque hay un cambio de estado. Las personas que evalúan su felicidad antes y después de tener un hijo fallan estrepitosamente. Medir nuestra riqueza antes y después de conocer a Dios, es simplemente absurdo.
Porque al igual que el agua se mide en litros y el hielo en kilos, un adolescente medirá su felicidad en el tiempo que pasa fuera de casa con los amigos, mientras que un octogenario probablemente le de mucha más importancia a su grado de salud.
Hay gente que no se casa porque perderá las noches con sus amigotes, o no tiene un hijo porque quiere viajar. No son conscientes del cambio de estado. Miden la felicidad en la nueva situación con los criterios de la situación actual.
La experiencia vivida siempre es pobre en comparación con la que viene. Sólo por la novedad, la futura es mucho más rica. Condicionarnos por lo vivido es tan ridículo como tener miedo a la muerte porque ya no podremos dormir más la siesta.
Cambio de estado. Nuevas situaciones, nuevas fuentes de felicidad. Lo importante pasa a secundario, y otras cosas cobran más relevancia.
Ir pasando de estado en estado, acogiendo la nueva porción de vida que se abre ante nosotros y aceptando serenamente la pérdida de la anterior (con sus placeres y sus sufrimientos) supone crecer.
Y quien se resiste a crecer, está condenado a la infelicidad.
Las fases del cambio

by lasdrogas.info
Ya está bien. Sabemos que llevas demasiado tiempo con esa miseria que no te deja vivir en paz.
Quizás no la reconoces, o quizás has intentado atacarla muchas veces sin éxito.
Hoy, te propongo algo mejor que andar perdiendo fuerzas en intentar eliminarla.: ¡Cambia!
Si, cambia. Cámbiate a ti. Es más sencillo que eliminar una parte de ti.
Y para ayudarte, te voy a mostrar las fases del cambio. Así sabrás cual será la próxima etapa que vendrá y que tendrás que afrontar. Esto te valdrá para cualquier cambio que quieras hacer en tu vida (adicción, miseria, costumbre, empleo, etc).
FASE 1: PRECONTEMPLACIÓN
No tienes ni idea de que tengas un problema. Quizás lo intuyes porque algunos temas parecen extraños, alocados, problemáticos, pero ni idea de lo que puede estar pasando.
FASE 2: CONTEMPLACIÓN
Sabes que tienes un problema, pero no terminas de meterle mano. Está ahí, tu estás aquí, y bueno, vais por la vida juntos.
FASE 3: DETERMINACIÓN
¡Ya está bien!. Decides hacer algo porque esto no puede seguir así, aunque esta decisión no has sido capaz de concretarla. Pero lo importante es que sabes que tienes que hacer algo. No puedes quedarte quieto.
FASE 4: ACCIÓN
Ya has dado el paso. ¡Lo hiciste! Felicidades. Aunque sabes que el camino no ha hecho más que empezar ¿verdad?
FASE 5: MANTENIMIENTO
El camino parece más duro que nunca. Hay momentos en que sabes que no se trata tanto de avanzar, como de no caer. No cojas vuelo, sigue en tensión. Lo importante es vencer la tentación, no ser superman.
FASE 6: RECAÍDA
Esta no tiene por que darse, pero si caíste de nuevo no pasa nada. Simplemente levántate y como en el juego del parchís, te va a tocar hacer todo el recorrido de nuevo. ¡Ánimo! con un poco de esfuerzo estarás otra vez dónde te caíste y podrás llegar a superar tus marcas.
Por cierto, no olvides pedir ayuda al de arriba, que tanto tu como yo sabemos que tus fuerzas son limitadas, y toda ayuda es poca. Además, las penas con amor son menos.
¿Sabías?
¿Sabías todo lo que muestra este vídeo? ¿Qué respuesta cristiana estamos preparando para este mundo que ya está aquí?
Quizás los cantos con guitarritas a tres por hora, las reuniones de catequesis delante de un libro, los sermones magistrales, no sean suficientes para afrontar esta auténtica revolución histórica en la que estamos inmersos. Es obvio que nuestras estructuras, cargos, funciones tienen más que ver con el medievo que con la era de las redes sociales. ¿Qué sentido tiene controlar lo que se dice de Dios a través del nihil obstat o el secuestro de un libro polémico sobre teología en plena época del pdf, de los blogs y de los foros?
Dios es eterno y es el señor de la historia, lo cual tranquiliza, pero la clave es… ¿Cómo le vamos a ayudar a hacerse presente en esta nueva era? ¿Cómo nos estamos preparando para el pasado mañana?
PD. Dos días después, me escribe un amigo que no termina de entender este post. Mi intención era hacer pensar sobre las herramientas que estamos usando para evangelizar, y denunciar que, básicamente, y salvo honrosas excepciones seguimos con las mismas herramientas que hace 50 años (o incluso más) para afrontar una época que ya ha llegado, y que va a mil por hora.
Planificación vs gestión adaptativa (el futuro de los proyectos personales).

by aguirregabiria
Hace muchos años, una empresa podía pasar toda su vida haciendo lo mismo, de la misma forma.
Era el momento en el que para mejorar bastaba con hacer las cosas más y mejor. Si fabricaba coches, bastaba con que intentara que cada vez fueran más y mejores.
Después, se avanzó realizando proyecciones. A corto plazo, a medio plazo, a largo plazo. Era una gran ventaja saber a dónde queríamos ir, y cómo teníamos que ir cambiando para llegar al objetivo.
Si fabricaba coches, ya no se trataba de hacer más y mejores, sino de hacer aquellos que me vendrían bien para mis planes, y avanzar en aquellos aspectos claves para poder triunfar en el futuro (a lo mejor no en las ruedas, sino en el motor o en el tipo de carburante).
En esta segunda fase, asistimos a cómo el mundo se complica y dado que se pueden hacer miles de cosas, hay que seleccionar aquellas cosas que sean las más útiles para nuestros objetivos.
Y por último asistimos a la última moda en gestión empresarial… ¡La gestión adaptativa!.
En esta fase, ya no sólo tenemos que contar con planes, sino que tenemos que organizar la empresa de manera que cambie completamente (planes, procesos, incluso lo que fabricamos) según vaya cambiando el entorno. Si fabrico coches, a lo mejor dentro de un año estoy fabricando camiones.
Los dinosaurios se extinguieron no por ser flojos, sino por no poder adaptarse al medio. A algunas cosas de la vivencia de nuestra fe les está pasando como a los dinosaurios.
Con los proyectos personales, es decir, con el exámen a nuestra realidad cristiana y moral, y las propuestas de mejora, ocurre más o menos lo mismo.
Casi la totalidad no ha pasado de la primera fase. Hacer más y mejor. Con mi familia, con mis amigos, con mi oración. Más y mejor, más y mejor. El caso es que esto es frustrante, porque el tiempo es escaso, somos limitados y al final la vida da para lo que da. Llega un momento en que te encuentras desvistiendo un santo para vestir a otro, y encima sales suspenso en algunas asignaturas vitales.
Habría estado bien diseñar un proyecto personal atendiendo a objetivos. Primero fijar cómo quiero ser (en este caso cómo quiere Dios que sea), para luego pasar a recoger las cosas que tengo que cambiar. Quizás algunos aspectos no supongan un gran adelanto en ese proyecto de Dios y no merezcan comerle tiempo o esfuerzo a lo verdaderamente esencial de nuestra vocación.
Pero el caso es que ya estamos inmersos en un mundo que se encuentra en la tercera fase. Da igual lo que tengas planeado o cual es la vocación que Dios ha pensado para tí. El cambio será un ingrediente sustancial. El proyecto personal del cristiano del siglo XXI será un proyecto en el que más que recoger grandes objetivos, se centrará en cultivar las habilidades necesarias para adaptar su cristianismo a todo tipo de situaciones.
Por ello, ya no vale programar la oración con un horario, en un lugar, todos los días. Será mucho más útil programar estrategias para que, atendiendo al día como viene, con todas las sorpresas que puedan ocurrir, acabe por la noche con la oración hecha. Dando igual cómo, dando igual dónde, dando igual la forma. El caso es que, independientemente de las circunstancias que vinieron, logré mi objetivo.
No se trata de diseñar el plan de ataque, la hora y la forma. Se trata de diseñar cómo neutralizar los riesgos que puedan irse sucediendo a lo largo del día.
Lo mismo para mi familia, para mis amigos, para mis estudios, para mi trabajo, para mi moral, etc. Para todos los aspectos susceptibles de un examen de conciencia.
Y esta nueva filosofía da mucho más de sí, porque quizás comencemos a relativizar muchísimas formas y modos de hacer las cosas, para centrarnos de lleno en el objetivo principal y en las estrategias que nos llevarán a él, sorteando todos los problemas que (dalo por hecho) serán incontables.
Gestión del cambio

by williamhartz
El cambio es aquello gracias a lo que el futuro se hace presente.
Las organizaciones, al igual que las personas tienen miedo al cambio. Los motivos son variados, y me gustaría compartir unas reflexiones para que cada uno analice cómo está de preparado él y su entorno cristiano para afrontar el futuro. Simplemente porque en nuestra Iglesia muchas veces atribuimos a la espiritualidad asuntos que son puramente humanos y que encuentran plena explicación y cauce a través de teorías organizacionales:
1. Predisposición negativa del individuo para el cambio: esta predisposición es algo personal y profundamente arraigada. Es una consecuencia de la manera en que cada persona ha aprendido desde su infancia a manejar el cambio, que se ve reflejada en su vida adulta. ¿Cómo estamos educando en nuestros seminarios, en nuestras familias, en nuestras catequesis a los sacerdotes
2. Sorpresa y temor a lo desconocido: al introducirse cambios innovadores o radicalmente innovadores, aquellos que se ven afectados se llenan de temor ante las posibles repercusiones del cambio. ¿Cómo está afectando a nuestra vida de fe y a nuestras costumbres los cambios actuales? ¿De verdad no han notado cambios en los últimos años en su parroquia? Los jóvenes seguro que sí.
3. Clima de desconfianza: los que están al frente, que no tienen plena confianza en la base hacen que los procesos de cambio sean asuntos cerrados, poco sincero y nada participativo. Los de la base que no confían en los que están al frente, no se muestran nada dispuestos a realizar esfuerzos extraordinarios para ayudar al cambio. ¿Encuentran algún escalón entre los que están al frente de las distintas estructuras eclesiales y su base? ¿Notan desconfianza y ausencia de esfuerzos?
4. Temor al fracaso: algunos cambios pueden hacer que los que están involucrados en ellos, duden de sus propias capacidades. Esas dudas derrumban la autoconfianza y el desarrollo profesional. ¿Encuentran dificultades en reciclar a gente en sus puestos dentro de su entorno eclesial?
5. Pérdida del estatus y/o de seguridad: los cambios administrativos y tecnológicos que amenazan con alterar las bases del poder o con eliminar trabajos tradicionales suelen generar una fuerte resistencia. ¿Los cambios que estamos viviendo alteran las relaciones tradicionales dentro de la Iglesia? ¿Implican una reducción de determinados ámbitos de poder o generan inseguridad?
6. Presión de iguales: en ocasiones, trabajadores que no se ven afectados directamente por un cambio se oponen al él para proteger los intereses de sus amigos y compañeros de trabajo. ¿Por qué parroquias llenas de gente que usa las nuevas tecnologías para su vida personal y laboral apenas tienen reflejo en Internet?
7. Ruptura con las tradiciones culturales y/o relaciones del grupo: siempre que haya transferencias, promociones o reasignaciones de personas se desequilibra la dinámica cultural y grupal. ¿Por qué tenemos a grandísimos profesionales de las nuevas tecnologías, de la comunicación, de la informática, de la sociología, de la psicología, del derecho, y de otras ramas del saber en nuestras parroquias destinados a colaboraciones tan poco cualificadas con la comunidad parroquial?
8. Conflictos de personalidad: la personalidad de las personas encargadas de dirigir el cambio puede provocar resistencia en los empleados. ¿Somos los abanderados del cambio en la Iglesia tolerantes, comprensivos, amorosos, obedientes y caritativos con los que deben ser los artífices del mismo?
9. Falta de tacto o inoportunidad: si se introducen cambios de manera insensible o en un momento poco oportuno se puede producir resistencia. ¿Te sientes escuchado por tu entorno eclesial?
10. Sistemas de compensación que no refuerzan: los individuos se resisten cuando no prevén compensaciones positivas por el cambio. ¿Cuantas horas de más me va a suponer la Evangelización si la realizo conforme a la situación real de hoy en día y no como la vengo haciendo desde hace años?
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El año que más ruedas de carreta se vendieron

- by jota-punto
Mil ochocientos diecinueve.
¿Y esto a cuenta de qué?. Este post viene a cuenta de una muy buena conferencia del publicista Pablo Alzugaray.
Pues resulta que en mil ochocientos diecinueve parece ser que fue el año que más ruedas de carreta se vendieron en la historia. Los fabricantes de ruedas de carreta podían pensar que a la vista de los acontecimientos su imperio iba viento en popa. De hecho lo pensaron, y fue tal el despiste y la autocomplacencia que les produjo su éxito, que no les dejó ver que por esas mismas fechas estaba terminando de construirse el ferrocarril.
Mil ocicientos diecinueve. El año del mayor éxito para los vendedores de ruedas de carreta… ¡Y el último!.
El error que cometieron fue no darse cuenta de que su negocio no era construir ruedas de carreta, sino el transporte de viajeros y mercancías.
Este error lo cometen muchas organizaciones. Centrémonos en la parte cristiana, en concreto, en tu pequeña Iglesia, grupo, comunidad, misión, etc.
¿Cuál es tu negocio? ¿Crees que existen actualmente cambios sociales, tecnológicos, culturales que estén convirtiendo en desfasado aquello a lo que te llevas dedicando tanto tiempo? ¿Estás tan preocupado de fabricar ruedas de carreta que has descuidado el transporte?
Los misioneros, sean laicos o religiosos, deben tener un gran cuidado en no perderse demasiado en burocracias, tareas, reuniones, programaciones, organizaciones, cargos, grupos de trabajo, estamentos, etc. Esto no es su negocio.
¡En los tiempos que corren, les puede pasar un tren por encima!
El efecto “mar muerto”

by Roberto Carboni
¿Cuando va bien una organización? ¿Cómo sabemos si estamos en el máximo potencial que podemos sacar de la misma?
En la Iglesia (y en el 99,9% de las organizaciones) la cosa va bien cuando todos pensamos igual, hacemos igual o decimos igual. Si no es exáctamente así, por lo menos se asemeja mucho a que el sistema permanezca estable, inalterado, firme.
Pero como la realidad siempre es tozuda, ocurre el denominado efecto “mar muerto”, para demostrarnos que esto más que una virtud, es un defecto.
En mar muerto, el agua buena se evapora, y lo que queda es la sal. Con las organizaciones ocurre igual. Cuanto más estables están, cuanto más procedimientos indiscutibles tienen, más agotan a los que manejan mayor talento, que son los que primero detectan (y sufren) aquellos procedimientos que no están funcionando.
Se castiga a los que comienzan a no ver las cosas como el resto y propugnan cambios continuamente, y se premia a los que son fieles a lo ya aprendido, al sistema establecido. Esto hace que aquellos que detectaron lo que iba mal acaben abandonando la organización, mientras que los que se hicieron expertos en hacer siempre lo mismo eran encumbrados a cargos de responsabilidad. El efecto “mar muerto” ya se había apoderado de la organización, y acaloraba aún más el ambiente de manera que la evaporación del talento era cada vez más rápida.
Esto da que pensar ¿verdad?. ¿Quién nos ha enseñado a romper con lo que siempre se ha hecho, a innovar, a arriesgar, a buscar la verdad que encierran las propuestas disparatadas? ¿Quien nos ha premiado por ello? ¿Qué valoramos más en nuestros colaboradores, la capacidad o la obediencia? ¿Cuántos de los que nos rodean son inservibles fuera de la organización?. Obviamente cuando nos pidieron ser la sal de la tierra no se referían a esto.
Cuando estás navegando y cambia la dirección del viento, pueden darse las siguientes respuestas:
- la “sal” se quejará del viento (si es pesimista) o esperará a que cambie (si es optimista).
- el “agua” ajustará las velas.
En una organización instalada en este efecto, ajustar las velas es de una proeza increible, ya que llega un momento en que nadie se la plantea. Una forma muy buena de examinar a una organización sobre este cancer en épocas de cambio es evaluar las respuestas que escuchamos mayoritariamente. ¿Cuales escuchas tú?
Esperando el cambio…¡Sin cambiar!

by sick sad little world
Hoy lo hablaba con un compañero del trabajo. Da la sensación de que nos encontramos en una época en la que todos esperamos un cambio, pero seguimos haciendo lo mismo.
Las empresas quieren cambiar de modelo, las escuelas de negocio han desarrollado mil y una innovadoras formas de management, se tienen más conocimientos que nunca sobre motivación, liderazgo, inteligencia emocional, conciliación de la vida familiar y laboral. Pero en las empresas sigue rigiendo el modelo feudal, las bajas por depresión, las estrategias a corto plazo, el vertido de caudales de talento entre tanta burocracia e intereses personales.
La sociedad lleva años adivinando un futuro super, dónde el ciudadano, a través de miles de leyes y reglamentos que bailan al son del color del poder, alcanzará la felicidad plena y conseguirá resolver todos sus problemas, incluso los más íntimos. Las cotas de infelicidad ciudadana, de cuidado de la comunidad, de irresponsabilidad, de fracaso sentimental alcanzan sus niveles más altos en muchos años de historia.
La Iglesia lleva siglos acumulando conocimiento, espiritualidad. Nunca antes tuvo un elenco tan amplio de tesis teológicas para iluminar al que anda en tinieblas. Nunca antes se contaron con tantos medios para estar al lado del necesitado y propagar la verdad de Jesucristo. Pero sigue siendo, en muchos casos, una rancia y burocratizada administradora de sacramentos. Dentro de las puertas de la parroquia, del colegio o de cualquier otra institución eclesial, siempre está el cristiano de turno para impartir doctrina sobre cómo se ha de hacer esto o aquello, pero no hay tiempo para dedicar siquiera una hora a cualquier hermano. Parecemos taxistas (“si me hicieran caso, esto lo arreglaba yo en un plis”).
Y en esta situación de entretiempos que nos toca vivir, parece que nadie opta por la fórmula de cambiar. No se trata de cambiar por cambiar, sino de quitarnos el miedo a arriesgar, conservando lo cierto del pasado, pero sin que suponga un lastre para lanzarnos al futuro.
La solución a todos los problemas pasa por el cambio, pero del prójimo. Existe un consenso generalizado de que tiempos mejores vendrán, similares a los del pasado. ¿Nadie se ha dado cuenta del estado de aletargamiento que eso supone? ¿Es que no hay ningún guía que nos conduzca a tiempos nuevos, a nuevas formas, a nuevos riesgos?.
Es de una grave estupidez pensar que haciendo prácticamente lo mismo, se van a comenzar a conseguir resultados diferentes. Es gravemente estúpido pensar que no hacer es una estrategia que nos conducirá al éxito y resulta el colmo de la estupidez pensar que son los demás los que tienen que iniciar ese cambio.
¿Estás preparado?




