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Feliz resurrección
Y resucitó. Por fin resucitó.
Porque ni el paro, ni la corrupción, ni los problemas familiares, ni las enfermedades, ni los países en crisis, ni los países eternamente en crisis, ni los políticos corruptos, ni los jefes y déspotas mundiales, ni los jefes y déspotas de andar por casa, ni el miedo, ni el futuro incierto, ni el tiempo perdido, ni las palabras hirientes, ni la falta de dinero, ni la abundancia de dinero, ni los errores, ni las tristezas, ni las agendas, ni los horarios, ni los objetivos, ni los fracasos, ni el éxito, ni la ignorancia, ni la hipocresía, ni el egoísmo, ni ningún sistema (esté o no en quiebra), ni ningún partido político, ni ninguna persona, ni ningún descreído, ni ninguna carga, ni ninguna teoría, ni ninguna ideología, ni ningún empresario, ni ningún presidente, ni ningún sindicato, ni ninguna autoridad religiosa, ni ninguna lágrima, ni ningún prejuicio, ni ningún juicio, ni ninguna condena, ni ninguna absolución…
Nada ni nadie tienen la última palabra.
Ni siquiera la muerte.
Porque el hijo de Dios ha resucitado. Todos los años lo hace, por si alguno te lo pierdes. Y hoy en concreto también, porque sabe que lo necesitas.
Porque aquí y ahora, participas de su resurrección. Y esa es una noticia que merece la pena contarla.
Sólo existe el presente
¿Ya sabes cómo vas a hacer lo que tienes que hacer los próximos 5 minutos?
¿Ya sabes cómo vas a hacer lo que tienes que hacer durante todo el día de mañana?
¿Ya sabes cómo vas a hacer lo que tienes que hacer el próximo año?
¿Ya sabes cómo vas a hacer lo que tienes que hacer el resto de tu vida.
No. Para hacer lo correcto no hace falta.
Si eres de estas personas que están agobiadas, estresadas, angustiadas, que sienten que deben afrontar una pesada carga y que no ven luz más allá del tunel te invito a que reflexiones en lo siguiente.
No sabes lo que pasará, sólo lo que pasa. No sabes lo que vendrá, sólo lo que hay. Para este mismo momento hay una respuesta apropiada. Mejor que el resto o simplemente menos mala. Puedes hacer lo correcto ahora y reconocer que no tienes ni idea del futuro.
Dios podría habernos dado un mapa de nuestra vida a nacer. Una lista de la compra de cosas por hacer hasta el día de nuestra muerte. Pero nos ama.
Dios sólo nos da el presente para no abrumarnos con el futuro.
Todo tiene un sentido
Si el problema no tiene solución, ¿por qué te preocupas?
Si la tiene ¿Por qué te preocupas?
Los místicos cristianos descubrieron hace tiempo una gran verdad… Todo está bien.
Es complicado en un mundo especialmente duro y cruel comprender esta verdad.
Si sintieras dolor un segundo en tu vida… ¿Pensarías que es injusta?. Probablemente durante ese segundo sí, pero luego le encontrarías un sentido (imagina una visita a un dentista, un parto, un análisis de sangre).
Pues la vida no deja de ser eso, un segundo en la eternidad.
Esta vida no es LA vida. Cuanto antes lo comprendas, antes comenzará todo a tener un sentido.
El alimento del alma

by jlastras
Tienes hambre. Párate a pensarlo aunque sea por un momento. Tu alma tiene hambre.
Te levantas por la mañana para tener que enfrentarte a un nuevo día, y muchas veces hay un ansia que no se calma con el desayuno. Sientes un vacío por encima del estómago, pero terminas de comer y ahí sigue.
Haces miles de cosas, pero sabes que no te sacian. Alguna vez hiciste algo que te dejó una sensación de plenitud increíble, y desde entonces, la echas de menos de vez en cuando. Y sabes que lo que hay ahora no termina de ser eso.
Pues esto, que no se arregla con pastillas, es sencillamente que tu alma tiene hambre. No te suenan las tripas, pero hay un hueco y tu alma quiere que la llenes.
¿Y como se hace para llenar el alma?.
La oración es como el pan, el alimento básico. Si tienes hambre de trascencencia, esto es lo que te da alivio inmediato. Hazla como quieras, hablando, con meditaciones, contemplando, con el rosario, etc. Al igual que el pan, hay de muchos tipos, y a cada uno le gusta el suyo.
Pero te invito a que seas un poco más gourmet.
Lee un buen libro. Disfruta de una puesta de sol. Contempla las estrellas. Escucha tu disco favorito a oscuras. Da un fuerte y duradero abrazo a alguien. Dile a alguien honradamente que lo admiras. Perdona. Da un regalo desinteresado. Ayuda al que nunca te va a poder devolver el favor. Visita un museo. Compón una canción, aunque nadie la vaya a escuchar. Pinta un cuadro. Sal con tu cámara a hacer fotos por las calles.
Deja a un lado el dinero, el vértigo, la velocidad y la utilidad. Haz algo gratuito, sosegado, sin prisa, que no te aporte nada más que una profunda satisfación.
Verás como desaparece el hambre… hasta que toque volver a comer, claro.
¿Qué echas de menos?
Un buen punto de partida para reorientar tu vida y tus actividades.
Piensa en bastante tiempo atrás. Más de cuatro o cinco años. Piensa en personas y momentos que por lo que sea ya no volverán.
¿Qué echas de menos?
Pocos echarán de menos el trabajo. Entre ellos, un gran grupo se dará cuenta de que perseguían un éxito que, en el mejor de los casos si lo alcanzó, no era ni la mitad de satisfactorio de lo que imaginaba, y que se disfruta en soledad. Es lo que pasa con los que viven la vida como una escalera, que nunca echan de menos los peldaños anteriores.
Pocos echarán de menos las cosas. Una vez conseguidas, pierden toda la gracia, y lo interesante es volver a ponerse otra meta para incrementar el patrimonio. El gustirrinín está en conseguirla, no en disfrutarla.
Me juego a que muchos, salvo situaciones especialmente críticas, no echarán de menos sus comodidades, sus seguridades, sus despreocupaciones. El ser humano tiene en este aspecto una memoria a muy corto plazo. Se adapta rápido a lo malo, y aún más rápido a lo bueno.
Pero muchos echarán de menos a la gente, a las personas, a las caricias. Añorarán momentos, conversaciones, puestas de sol. La vida no es lo mismo sin las risas, las cervezas, los abrazos, los consuelos. Los ratos de juego, las sonrisas, los desvelos. Los gestos, las palabras.
Muchos echarán de menos lo que no hicieron, mientras intentaban conseguir otras cosas.
Resulta paradójico que lo que ponemos en último lugar en nuestra agenda, sea lo que más echaremos de menos en el futuro.
Olvida la crisis. Dios te ama
Jesucristo predicó en poblados en cuyos habitantes vivían en una crisis continua.
Habló a campesinos que trabajaban de sol a sol para no dejar de pagar las deudas o los tributos, y evitar así, acabar encarcelados o como esclavos, lo que precipitaría al resto de la familia al abismo económico.
Jesús no se dirigía a gente extraordinariamente avara. Si habla tanto del dinero, es porque sus contemporáneos estaban preocupados por atesorar, pero es muy probable que una gran mayoría no lo hiciera con afán de ser ricos, sino de sobrevivir.
Así que para ti, que estás preocupado porque puedes quedarte en paro (o porque ya lo estás), que andas haciendo números para llegar a fin de mes, que no sabes de dónde vas a sacar para pagar la próxima letra, para ti y especialmente para ti, Jesús (alguien que vivió hasta el final lo que predicaba) dejó dicho lo siguiente:
Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
No tenemos tiempo para ser buenos.
¿Cuántas tareas tenía que hacer a lo largo del día un trabajador del siglo XIX?. El número de horas que empleaba en su trabajo quizás fuera mayor, pero al final, el número de “cosas” que había hecho era menor que el número de tareas que realiza un trabajador a estas alturas del siglo XXI.
Yo estoy escribiendo un texto, que leerán una serie de visitantes, y esto lo hago en aproximadamente 15 minutos. En el caso de que quisiera hacerlo hace unas décadas tendría que haber editado un libro, y haberlo vendido. O haberme molestado en escribir a mano en un papel por cada lector el mismo texto, y además, haberlo enviado por correspondencia para que llegara a buen destino. En resumen, ahora hago en 15 minutos lo que antes tardaría varios días.
Es lo que sucede con la industrialización, los nuevos modelos productivos y la innovación en procesos. Que con menos tiempo, puedes hacer más cosas.
Hasta ahí todo bien.
El problema es que estas velocidades ya se dan por supuestas, y el hombre moderno se levanta hoy en día con miles de tareas que le van a ocupar apenas algunos minutos, pero que hay que hacerlas.
El caso es que el ciudadano moderno, se encuentra sumergido en un corre-corre que les permite hacer muchas cosas, no sé si disfrutarlas.
Y el caso es que la sociedad les exige que hagan todas esas cosas. Pero son cosas de autoconsumo. Tenemos que trabajar, estudiar, cuidar a la familia, mantener los contactos con los amigos, y muchas más cosas. ¿Y el tiempo del altruismo? ¿De dónde saca el hombre moderno tiempo para ser bueno, para ayudar a los demás, para mejorar un poquito este mundo, para hacer presente el reino de Dios?
Todo parece indicar, que los buenos, es decir, los que dediquen tiempo a hacer cosas altruistas por los demás, serán una raza escasa en este siglo de superactividad personal.
No hay trucos, ni atajos. Ahora más que nunca, hacer algo por los demás siempre supondrá una renuncia a algo personal. Podemos inventar mil formas de ayudar flexibles, para hacer en nuestras horas libres, pero los verdaderos necesitados seguirán requiriendo nuestro tiempo más valioso y muchos problemas no se podrán tapar con retales.
Perder este tiempo en muchos casos supondrá perder oportunidades, opciones, dinero e incluso tranquilidad. ¿Estás preparado para convertirte en héroe?.
La sabiduría de Garfield

by patito7
Una tira cómica. Tres cuadros. En el primero Garfield viendo un gran amanecer. En el segundo, Garfield pensando “Un gran día para estar vivo”. En el tercero Garfield pensando “Me atrevería a decir: Un gran día para estar despierto”.
Fantástica sabiduría gatuna.
¿Tienes pulso, respiras? ok, estás vivo, pero… ¿y despierto?
La vida normalmente es lo bastante dura como para que en más de una ocasión se nos pase por la cabeza pensar si realmente mereció la pena nacer. Quizás tanto trabajo, tanto esfuerzo, tanto dolor no valgan la pena. De todas formas da igual, porque para nacer, que yo sepa, a mi nadie me preguntó nada. Vivir es un acto inconsciente. Quieras o no, naces.
Pero despertarse ya es otra cosa. Millones de zombies viven en unas rutinas programadas desde las siete de la mañana hasta bien entrada la tarde con el único fin de pagar la hipoteca, el coche, ascender en el trabajo o conseguir vivir aún más cómodamente que el día anterior. Prefieren participar del sueño colectivo a despertar y ver su vida desde otros ojos.
La vida duele, el sufrimiento es una realidad, y muchos prefieren mirar hacia otro lado y apartar de sus vidas a los pobres, los enfermos, los necesitados. Viven anestesiados.
Poca gente vive el presente. Pasan el día pensando en el futuro o recordando el pasado. Viven en momentos que no existen, igual que en un sueño.
Pero entre una aplastante mayoría, hay personas que deciden que vale la pena vivir la vida tal cual viene. Sin juicios, sin categorías. Simplemente abriendo los ojos y mirando para aprender. Con la obsesión de descubrir el secreto de la vida ante una multitud que prefiere aparentar que puede vivir perfectamente sin él. Aprendiendo en soledad verdades absolutas y abandonando los grupos de mentiras colectivas.
Todavía no he descubierto el por qué de muchas cosas. No entiendo y en muchas ocasiones me duele este mundo en el que vivo. Pero sólo tengo una vida, y la voy a vivir despierto.
¿y tú?
La falta de tiempo es pecado.

by Dave-F
Una de las mayores enfermedades que tenemos aquellos que desempeñamos alguna labor pastoral es la falta de tiempo para desempeñar la misma.
Una de las principales consecuencias de esta enfermedad, es que, paradójicamente, a base de intentar abarcar el máximo en nuestra labor pastoral, no cumplimos con las indicaciones recogidas en el Evangelio.
Si tenemos dos horas para alimentar un corral de gallinas, podremos permitirnos el lujo de observar si hay alguna enferma, si alguna no come, y atenderla de manera individualizada. Además, buscaremos las gallinas más flacas, y a la zona dónde se encuentren tiraremos mayor cantidad de pienso a fin de que, en la lucha colectiva por ingerir los granos, salgan mejor paradas.Si apenas tenemos cinco minutos, apenas vaciaremos el saco con la esperanza de que todas acaben comiendo algo de lo vertido.
Esto supone que muchas gallinas no comerán. Y por lo tanto, acabaremos teniendo bajas en el gallinero.
A nuestros grupos, parroquias, comunidades les dedicamos un tiempo concreto. Si le dedicamos poco tiempo, dado el nivel de estrés que tenemosu encima, acabaremos dejando fuera de nuestro ámbito a determinados sujetos. Normalmente los más alejados de nuestros propósitos, o los que menos comulgan con nuestra forma de hacer las cosas.
Al final, esto se traduce en que perdemos riqueza, perdemos personas y perdemos talento. Sólo nos quedamos con los anoréxicos que se conforman con un sitio en el que se les presta tan poca atención. Los que se valoran un poquito más, saben que en otros foros pueden encontrar mucha más atención de la que reciben aquí.
En vez de buscar la oveja perdida, los que hacemos pastoral acabamos peleándonos para atender a la oveja que nos queda en el redil, sencillamente porque ir en busca de la otra nos supone tanto tiempo que no podemos emprender esa empresa, y queda feo estar mano sobre mano. Además, cumplimos con el cupo de manera más cómoda. Si me quedo tengo una, pero ¿Cómo voy a presentarme ante el mundo sin oveja? ¿Cómo voy a arriesgarme a parecer un fracasado si en mi intento acabo quedándome con las manos vacías? Igual me despiden como pastor y tengo que acabar buscándome otro negocio. El riesgo del Evangelio provoca un vértigo difícilmente superable.
Finalmente sólo nos queda llegar a la siguiente pregunta: Entonces… ¿Cual era el objetivo de todas estas actividades que absorben nuestro tiempo de manera tan angustiosa?.
Hacer las cosas como Dios manda.

by scrape tv news
Hay muchas formas de hacer las cosas. Bien, mal, regular, etc.
Podemos ponerle nota a lo que hacemos. Imaginemos que la labor que queremos desarrollar tiene un diez sobre diez. Esto supone que no sólo hemos cumplido con lo que íbamos a hacer, sino que además lo hemos hecho con tal excelencia que nos facilitará luego volver a hacer una tarea similar con menos esfuerzo.
Podemos ponerle un cero, una forma simplemente nefasta de hacer las cosas, que supone que ya no podremos volver a realizar la tarea sin un esfuerzo mucho mayor que el que necesitábamos al principio. No sólo no hemos cumplido, sino que hemos destrozado el trabajo realizado hasta entonces. También se pueden hacer las cosas para “pasar el trago”, un cinco, con lo que cumplimos, pero no aportamos gran calidad al proyecto, que queda más o menos como al principio.
El resultado o la nota que merece lo que hacemos, básicamente depende de tres o cuatro elementos (tiempo, formación, motivación, etc).
Sólo podemos abarcar una serie de actividades. Aunque este número puede incrementarse con algo de formación, lo más habitual es que incrementemos el número de actividades a costa de la calidad de las mismas. Volviendo al ejemplo de las notas, si saco un diez en una actividad, podré sacar un 5 en dos, o un 2,5 en cuatro. Multiplico las actividades, pero el desempeño de las mismas se ve fuertemente afectado.
En la Iglesia, dónde normalmente no se imparten clases de gestión organizacional, casi siempre este punto pasa inadvertido. El diablo se pone las botas haciéndonos caer en la tentación de medir cuantitativamente nuestras obras. Cuanto más hago, más cerca estoy del éxito (o santidad). Esto, que es propio de los sistemas de producción del siglo diecinueve, lo hemos asimilado de una manera inhumana en nuestra organización eclesial.
Medimos el éxito de los proyectos en el número de personas, en el número de asistentes, en el número de reseñas en la prensa, en el número de autoridades asistentes, etc. Los sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos de hoy en día apenas tienen tiempo para reir, desempeñan treinta funciones, participan en sesenta comisiones. Son los yuppies del amor, los nuevos adictos al trabajo de esta organización.
Es una pena, porque muchos piensan que esto es lo único que se puede medir, y simplemente lo que sucede es que no tienen formación (o valor) suficiente para utilizar técnicas que nos permitan medir cualitativamente, y no cuantitativamente. Además, con los números siempre se queda mejor en la foto.
Además, como en cualquier otra organización, a ver quien es el guapo que invierte en calidad cuando lo que se premia es la cantidad. Hay que tener mucha fe y mucho valor, porque no es lo mismo trabajar en pastoral siendo valorado, que siendo un “paria”, y puede ocurrir que al final, como no das la cifra, te releguen de aquellas tareas que, paradójicamente puedes estar realizando con un gran nivel de calidad.
Cuando se descuida la calidad, el resultado siempre es el mismo: se pierde clientela.
Hasta hace poco, las organizaciones o empresas funcionaban a base de hacer mucho, cada vez más. Desde hace algunos años, como no son tontas, ya existe el concepto “calidad” para no sólo medir cuánto se hace, sino el cómo. Además, comienzan a dedicar importantes recursos (de personal y de dinero) en mejorar año a año la calidad en las tareas realizadas.
¿Te atreves a medir tus tareas una pastorales con los criterios del siglo XXI?



