amor

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Matrimonio Cristiano imagen de matrimonilegal.blogspot

Olvídense de todos los conceptos. Amigo con derecho, amigo especial, novio, prometido, pareja de hecho, matrimonio. Hoy en día todo está difuminado. Matrimonios que duran dos días, parejas que viven juntas durante años. Hoy en día, en la calle, son palabras vacías de significado.

Por eso son polémicas, porque son polisémicas. Cuando digo que el matrimonio es para toda la vida, aparece alguien que le duró un día, y cuando digo que es único, aparece alguien que ya va por el tercero. Y lógicamente no podemos entendernos.

Vamos a clasificar la relación en base a cuánto te amo. No son categorías cerradas, sin darnos cuenta podemos pasar de una a la otra. Es mucho más esclarecedor.

  1. No te amo. Me gusta tu cuerpo y quiero usarlo de vez en cuando ¿Me lo prestas?
  2. Me caes bien. Paso ratos agradables contigo y disfruto de las sensaciones de tu cuerpo. No pidas más.
  3. Siento algo especial por ti. Me estoy enamorando, pero no quiero compromisos por si me enamoro de otro/a. Salimos y nos enrollamos de vez en cuando
  4. Me gustaría salir contigo y formalizar una relación de cara a la gente. Pero la romperé o la compartiré con otra si me apetece.
  5. Somos pareja formal. Soy tu novio/a mientras me resultes agradable y me hagas la vida estupenda. No entres en ella
  6. Somos pareja formal. Estoy dispuesto a compartir contigo alguna de mis cosas e incluso hacer renuncias. Pero sólo hasta que duela.
  7. Somos novios. Hagamos un proyecto en común. Renunciamos a cosas y proyectamos futuro. Pero hasta que la cosa se tuerza.
  8. ¿Nos vamos a vivir juntos? Me gusta compartir la vida contigo. Mientras todo vaya bien.
  9. Nos casamos o hacemos una pareja de hecho. Estoy dispuesto a que económicamente esta aventura pueda afectar a mi patrimonio. Compartimos casi todo. E incluso estoy dispuesto a trabajar en serio si viene alguna crisis.
  10. Somos matrimonio o pareja a lo clásico. Hijos, trabajo, hipoteca. Quiero pasar el resto de mi vida contigo. No me pidas heroicidades.
  11. Somos matrimonio cristiano. Para toda la vida, sin excusas. Dando la vida por el otro y teniendo como meta la felicidad del cónyuge incluso antes que la propia. Somos uno ante Dios y ante nuestros conocidos. No tenemos cosas propias y todo lo compartimos. Si viene una enfermedad física, psiquiátrica o simplemente te vuelves idiota estaré ahí. Comprometerme a elevar al más alto misticismo los cafés de la mañana. A cargar con la cruz de limpiar la loza o recoger cuartos. Porque Dios me ha encargado que te cuide. Tus problemas y mis problemas sean de la gravedad que sean, serán nuestros problemas. Sé que no voy a ser capaz de conseguirlo, pero simplemente me fío que quien me llamó me dará la fuerza. Y en este abandono absoluto a lo que Dios venga a decirnos, dejamos que cada vez que nos unamos en una sola carne pueda hacer aparecer el milagro de la vida. No es fundamentalismo. Simplemente es el proyecto de otro en nuestras vidas.

Este último punto es lo a lo que nos referimos los cristianos con la palabra matrimonio. Llámenlo como lo quieran llamar, se debería explicar muy bien a las parejas que van al altar a realizar ese compromiso.

yo no lo sabía

Una de cal y otra de arena.

Si el otro día encontraba una canción estupenda para ponerle letra al desierto de Dios, es justo también poner otra que nos permita cantarle lo enamorados que estamos de Él y lo felices que nos hace

Que yo no lo sabia, quien me lo iba a decir
que solo con tu sonreír
inundarías todo mi ser de alegría
y yo no lo sabia que me podia encontrar
algo tan dulce como tú.

Eres lo más bonito que he visto en mi vida.
Y yo no lo sabia, y si me vuelvo loco es al sentir
que hay tantas cosas que vivir,
y yo sin ti no lo sabía.

Por la calle no hago más que sonreir.
Y es que todo el tiempo estoy pensando en ti,
Que le voy a hacer?
Es curioso como hay dias en los que,
Todo es magia todo es arte y ya lo ves,
no puedo callar ,ni dejar de ser
el loco que está rendido aquí a tus pies.

Y yo no lo sabía…
quien me lo iba a decir
que solo con tu sonreír
inundarías todo mi ser de alegría
y yo no lo sabia que me podia encontrar
algo tan dulce como tú.
Eres lo más bonito que he visto en mi vida.
Y yo no lo sabia, y si me vuelvo loco es al sentir
que hay tantas cosas que vivir,
y yo sin ti no lo sabía.

Aunque hable la gente solo oigo tu voz.
Completamente borracho por tu amor.
¡Que pesado estoy!
Pero es que tampoco me quiero callar.
Mas bien al contrario, yo quiero gritar
que soy muy feiz si estás junto a mi.
Te quiero a morir. Estoy loco por ti.

Y yo no lo sabía…

Y yo no lo sabía! Y yo no lo sabía!

Enriquecer siendo pobre

Cuando uno dice sí a Dios para echarle una mano construyendo el reino, siempre se imagina ayudando a todo el que nos rodea. Dando la vida por ayudar a los necesitados y salvarlos de su situación de dolor, pobreza o angustia.

Pero resulta que Dios es un bromista, y en no pocas ocasiones te quiere a tí como pobre. Y en esas ocasiones, para ayudarle a construir el reino es necesario que seas tu el pobre, el necesitado. Que seas tu mismo el que sufra la injusticia, la marginalidad. Que tu pobreza te duela, o te angustie.

Y esto lo hace porque ya tiene la experiencia. Y por eso mandó al nuestro salvador pobre, necesitado. Porque la gente sólo se deja salvar por un pobre. Sólo un pobre puede generar tanto amor a su alrededor. Sólo un necesitado de amor puede enseñar a amar.

Y esto es otra de las letras pequeñas del contrato que nadie nos explica cuando nos metemos en este lío. Afortunadamente, quien a Dios tiene nada le falta, así que esa pobreza la asumimos con un corazón multimillonario.

Atrapado en el tiempo

¿Y si revivimos uno de los guiones más utilizados en hollywood, el del día de la marmota?

Nos levantamos una mañana de un día cualquiera y, de repente, nos damos cuenta que es el día de ayer y que lo estamos viviendo de nuevo. Al día siguiente igual, y quedamos atrapados en el mismo día de manera permanente. ¿Qué haríamos?

La primera tentación es la de dar rienda suelta a nuestros instintos. Caeríamos en los tópicos cinematográficos de decirle las verdades a todo el mundo, romper cosas y disfrutar de una libertad absoluta sin consecuencias. Esto, que sería enormemente divertido, nos duraría unos días. Quizás unos meses.

Intentaríamos hacernos ricos rápidamente con loterías o juegos de azar, pero no valdría para nada porque, aunque al finalizar el día fuéramos inmensamente adinerados, al día siguiente comenzaríamos de nuevo con las mismas riquezas que el día anterior. La actitud de buscar la riqueza desaparecería en los primeros días ya que tenemos todas las necesidades cubiertas y no podemos hacer nada por mejorar nuestro bolsillo.

Tras varios meses haciendo el golfo día tras día, con plena consciencia de nuestra situación, nos aburriríamos. No tengo la menor duda que, en la consciencia de estar viviendo una vida totalmente vacía, buscaríamos desesperadamente un sentido. Encaminaríamos nuestros actos en búsqueda de una profundidad mayor, intentando alcanzar cierta trascendencia en ese bucle infinito de situaciones.

Y acabaríamos en el amor. Quizás en la oración. Porque el amor es lo único que no cansa. Una maldad repetida varias veces puede ser un infierno, una sonrisa el paraíso. Buscaríamos pasar “el día” con los que queremos. Haciéndolos felices y disfrutando de su compañía. Si yo tuviera que vivir una eternidad, es la forma en la que me gustaría hacerlo. Con mis seres queridos y con mi ser más querido, Jesús.

Es curioso que tantas personas a las que se les diagnostica la muerte inminente opten también por lo mismo, por el amor. Pareciera que cuando uno se abstrae de lo mundano, el alma sale en busca y captura de otras almas a las que servir. Cuán libres para amar nos volvemos cuando desaparece el “futuro” y nos quedamos atrapados en nuestro sencillo presente.

Usemos este ejercicio para que la persecución de nuestros posibles futuros no condicione la atención, el tiempo y el esfuerzo que dedicamos, en nuestro día a día, a las cosas y personas de las que nos rodearíamos si quedásemos atrapados en el tiempo.

Llamar blanco a lo que es blanco.

No hay nada como “cosificar” al hermano.

Nos permite volcar todos nuestros instintos más bajos y rastreros sin sentir el menor remordimiento.

El proceso es harto sencillo, y continuamente lo estamos haciendo cuando hablamos de fútbol, de política, de la prensa del corazón, de nuestros compañeros de trabajo, de grupo cristiano, de los vecinos, de la familia…

La personalidad de un ser humano es un universo infinito dónde confluyen cuestiones biológicas, hereditarias, culturales, de aprendizaje, de la experiencia… Un ser humano es inmensamente complejo en sus reacciones, amores, odios, tristezas, quereres, sueños, esperanzas, desilusiones.

Pues nosotros lo cosificamos, es decir, lo reducimos a la mínima expresión del ser humano. Apenas le llegamos a dar la categoría de caricatura. “es un vago”, “es una guarra”, “es un animal”,  “es un egoísta”,  “es un…”, “es una…”

Y a Juan Gonzalez de sustraemos de toda su historia, su vida y su herencia para reducirlo a “vago”. Y entonces ya no nos duele criticarlo o incluso ofenderlo, porque ya no ofendo a Juan González, ofendo a un “vago”.

Y así comienzan todos los pecados contra la fraternidad. Porque ya no veo a John, sino a un negro. Ya no veo a Wang Chi, sino a un chino. Ya no veo a Jaime Sosa, sino a un homosexual. Ya no veo a Santiago, sino a un político. ¿Sigo o ya se entiende?

Y lo peor es que, a medida que vamos cosificando a todas las personas de nuestro entorno, vamos empobreciendo nuestro mundo, que deja de estar poblado por seres humanos de carne y hueso con los que compartir sentimientos, alegrías, penas e ilusiones y lo llenamos de personajes. De todo tipo de adjetivos. Unos adjetivos secos, vacíos.  Unos adjetivos pobres en los que todos los políticos son iguales, todos los católicos son iguales, todos los ateos son iguales, todos los jefes son iguales…Unos adjetivos destinados a domesticar la realidad, no a descubrirla.

Jesús dijo que llamáramos blanco a lo que es blanco, negro a lo que es negro. “Lo que es” obviamente se refiere a cosas, a situaciones, a experiencias. “lo que es” obviamente no es “el que es”.

Respecto a las personas, Jesús no nos dejó instrucciones de llamarlas de ninguna manera, sino de amarlas.

 

No quieren lo que llevas dentro.

Estamos cansados de oír que tenemos que llevar el Evangelio a los demás.

Día tras día en nuestras reuniones la evangelización es un tema clave.

¿Cómo no vamos a querer dar a conocer a Jesús? ¿Cómo no vamos a presentar a todos esos que vemos a nuestro alrededor con vidas totalmente vacías o viviendo un eterno día de la marmota sin mayores aspiraciones que una casa, un coche y algún capricho?

¿Cómo no vamos a querer presentar a aquel que nos ha salvado la vida en tantas ocasiones?

Y es bien cierto que somos cobardes. Que ya lo hemos intentado mil veces y nunca cogimos el valor de hacer la presentación. Como cuando éramos pequeños, no presentamos a nuestro amigo porque nos pueden marginar por ello.

Porque detrás de este miedo hay una verdad inmutable. No quieren lo que llevas dentro. Lo desprecian.

No se permite que ningún gran científico, ni ningún gran hombre de negocios, ni ningún gran _________ (pon en la línea cualquier capacidad interesante) sea un fervoroso devoto que vaya por ahí hablando de Jesús, del Amor o del Espíritu.

Al propio Jesús le perseguían porque curaba. Cuando le conocieron a Él en su totalidad, con la cruz que conlleva, todos se marcharon.

¿Y qué hacemos entonces con un mundo que no quiere esto tan grandioso que llevamos dentro?

Lo primero no hacerle mucho caso en adelante. Mejor no seguir las directrices de una sociedad que ya te ha demostrado el poco gusto que tiene a la hora de elegir lo realmente bueno.

Lo segundo: Si no tienes éxito como hombre anuncio…

… convierte tu vida en un escaparate.

El amor platónico está sobrevalorado

Cuando se trabaja con adolescentes (y no tan adolescentes), una de las principales angustias en las que se orienta, es en el enamoramiento. En una sociedad adolescente como en la que nos movemos, el sufrimiento que conlleva desconocer y no poder controlar el mismo se ha convertido en epidemia.

Alguien de quién aprendí mucho, me dijo una vez que una de las mejores formas de perder el tiempo era dar consejos a enamorados. No se si consejos, pero hay miles de formas en las que podemos orientar a quien está pasando por un “flechazo”, y hacerle caer en la cuenta que el enamoramiento no es una suerte de enfermedad que te toca y se sufre. Que no tiene remedio y que no hay nada que se pueda hacer para llevarlo con dignidad.

Uno de los libros que suelo recomendar sobre este tema es “El amor no es ciego” de Alejandra Vallejo Nájera. Ya lleva la friolera de más de cincuenta mil unidades vendidas, y tiene su lógica, porque es bastante bueno.

En el libro, aparte de enseñarnos sobre coqueteos, miedo al rechazo y otros temas, nos orientan sobre el enamoramiento desmitificando algunas percepciones erróneas del mismo, entre ellas la perfección del amor platónico.

El amor perfecto NO es el amor platónico. Ese amor en el que la otra persona sabe querernos exactamente como necesitamos y necesita que le quieran tal y como sabemos querer nosotros.

El amor platónico es absurdo desde todo punto de vista lógico, ya que comenzar una relación supone adaptar las actitudes, necesidades, proyectos y rasgos de carácter a los de la otra persona. La vida en común siempre, siempre, siempre trae situaciones amargas, confrontaciones y discusiones a través de las cuales aprendemos nuevas vías de comunicación y superación de problemas.

Fuente:

Lo se

by Inti

by Inti

Lo se.

Se que él me quiere sólo por lo que le doy, y que yo soy capaz de aguantar sus gritos y sus patadas con tal de poder tenerlo cerca de mí.

Se que es un saco sin fondo. Que pide y pide y nunca le basta con lo que le doy. Pero en cada “Te quiero” que me dice, aunque no se si sabe bien su significado, mi cuerpo y mi alma se funden en la trascendencia.

Se que soy capaz de ir hasta el último rincón por darle una alegría. Que he recorrido cielo y tierra para despertarle una sonrisa y que cualquier mal que pueda sufrir preferiría vivirlo yo aunque fuese con el doble de intensidad.

Se que algún día se irá con otras. Que vendrá de madrugada de estar de fiesta con sus amigos y que yo estaré despierta, en la cama, esperando.

También se que esta relación tiene su final. Que un día cogerá la puerta para formar otra familia, y que el día a día le ocupará más en su cabeza que mi recuerdo.

Pero no puedo evitar dar la vida por él. Soy una madre. Su madre.

No puedes sanarlo si no lo amas

Lo saben los psicólogos. Lo saben los grandes maestros de la espiritualidad. Y ahora ya lo sabes tú.

No puedes sanar nada si no lo amas.

Debes abrazar tus heridas, tus fracasos, tus traumas. Perdonarlos, reconciliarte con ellos. Si quieres dar fruto, debes amar todo lo que eres tu.

Debes abrazar tus enemigos. El odio necesita ser amado, el enemigo comprendido, el diferente arropado. No se trata de vencer al enemigo, se trata de amarlo. Lo sabemos pero aún así competimos. El enemigo, una vez amado, no debe desaparecer.

Debes abrazar al mundo. Reconciliarte con todo lo que no funciona, porque sólo así se puede revivir.

No dejes que tu soberbia te frene a seguir el camino que ya te mostró el que abrazó al mundo abriendo sus brazos en la cruz.

 

 

 

¿Estás contaminado?

by james

by james

Ya podrías indignarte por las persecuciones que hacen a los cristianos. Por las veces que alguien es condenado a muerte por sus creencias o simplemente discriminado y apartado de la sociedad. Si no eres capaz de alegrarte por la existencia de tu hermano que te persigue, estás contaminado.

Ya podrías ofenderte por tantos y tantos Cristianos que aunque dicen que profesan la religión del amor, fomentan el odio, abusan y comenten inmoralidades sin pestañear. Si no eres capaz de sentirlos familia, estás contaminado.

Ya podrías preocuparte por la evasión que buscan muchos en las drogas, el alcohol, los juegos y demás. Si no puedes presentarles una vida que merezca la pena vivirse, estás contaminado.

Ya podrías avergonzarte de una sociedad que margina a sus mayores. A la que la vejez le resulta no productiva y por ello la arrincona dónde no le molesta. Si no tienes un buen amigo anciano, estás contaminado.

Ya podrías entristecerte por las guerras, por el hambre. Por tantas y tantas víctimas de la violencia. Por tantos y tantos muertos que llenan los bolsillos de asesinos a distancia. Si no erradicas el miedo de esta tierra, de tu tierra, de la que pisas a diario, estás contaminado.

Ya podrías asquearte de la prostitución, de la pedofília, del uso y abuso del sexo desalmado. Si escondes al amor para poder hablar de sexo, estás contaminado.

Ya podrías crear riqueza en la sociedad. Hacer el bien desde posiciones poderosas, y proteger lo de los más débiles. Si perder lo conseguido condiciona tu comportamiento, estás contaminado.

Ya podrías detestar a los hipócritas, a los mentirosos. Denunciar públicamente los engaños o avergonzar al estafador. Si te engañas a tí mismo, estás contaminado.

Ya podrías alegrar a los tristes, tranquilizar a los nerviosos, animar a los hundidos. Si no eres capaz de admirar todos los días la obra de Dios en tí, estás contaminado.

Ya podrías alegrarte por los éxitos ajenos. Por el triunfo del hermano, por la prosperidad del vecino. Si no agradeces lo que te está tocando en el reparto, estás contaminado.

Y es un virus muy peligroso porque siempre tiende a empeorar.

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