Llora, pero solo una hora

Toda pérdida conlleva su luto.

Perder un trabajo, una aspiración, un sueño, una persona  querida. Todo trae sufrimiento.

Pero ese sufrimiento no puede ni debe ser eterno. Te puedes lesionar, pero un día hay que levantarse e ir a rehabilitación.

¿Has perdido un sueño? llora una hora. ¿Un trabajo? Llora un mes. ¿Un ser querido? Llora un año.

Pero acábalo con un ¿Y ahora qué voy a hacer?

Porque en tu mano está cambiar las cosas. Descubrir nuevos mundos, nuevas personas, nuevas aspiraciones.

Y ten en cuenta que las ganas vienen después. Lo que apetece es no moverse, autocomplaciéndonos en lo desgraciados que somos. Pero eso nos va empequeñeciendo y dejándonos solos. Lo que nos hace grande es levantarnos tras la caída. ¿Y ahora que voy a hacer?

Siempre la pregunta, que marca el nuevo rumbo. ¿Y ahora que toca hacer?. Porque no apetece, pero toca.

Siempre podemos quejarnos de las cartas que nos han tocado o plantearnos qué vamos a hacer. Lo primero nos convierte en inútiles. Nadie contará con nosotros, nadie disfrutará de nuestra compañía, y ni siquiera nosotros gozaremos de nuestro tiempo. Lo segundo nos transforma en soñadores. En líderes. En profetas. En seguidores de Cristo que cultivan la virtud de la esperanza sabiendo que nada es el final y que cualquier cosa puede servirnos de trampolín.

Porque Dios te ha dado una vida y un sentido.

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