La obediencia cristiana

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El profeta Jeremías - Michelangelo Buonaroti

Aunque parezca una paradoja, ser cristiano consiste primero en descubrirse totalmente libre para luego esclavizarse por los hermanos. La clave del mensaje no está en la sumisión, sino en descubrir la infinita libertad de Dios.

Por eso, para los que están atados al mundo, la cruz, el dolor, el sufrimiento por el prójimo supone una locura. Los que pertenecen al mundo apeneas han logrado acumular un vaso para calmar su sed de trascendencia, y el meterse en esos desiertos del dolor y de la muerte resulta suicida.

Sólo pueden agarrarse a la estupidez, a la vejez, al borreguismo, a mentes manipuladas, a una conspiración de ultrapoderosos clanes sacerdotales, al código davinci, a los intereses pedófilos, a la porquería que aparece de vez en cuando. No encuentran la lógica a seguir al Dios de los pobres, y a volcar tu vida y convertirte en pobre a los ojos del mundo.

Imaginen el escándalo si los del mundo descubrieran que en una fase avanzada en este camino espiritual, la obediencia cobra una gran importancia.

Y a ti que lo sabes, va dirigido este post.

Se cual es tu duda: Por un lado, debo obedecer. Por otro, debo renovar lo que hay. Obviamente la respuesta vendrá tras un serio discernimiento, pero me atrevo a darte algunas claves:

– ¿Te crees de verdad que Dios es todopoderoso? Si así lo es y quiere la renovación…¿Por qué un superior, un cura, un coordinador, un hermano son capaces de frenar su obra?¿Por qué no te ha colocado en el lugar y momento apropiado para que cambies las cosas?. Si la realidad es cómo es, lo mínimo que puedes hacer es cuestionarte con humildad si Dios tendrá otros planes diferentes a los tuyos o al menos no tan inmediatos.

– Dios es todo perdón y reconciliación. En tus planes de renovación… ¿Hay víctimas o humillados?

– Es obvio que la historia de la salvación está llena de profetas, y que debes de responder a esa llamada. Pero todos sufrían mucho cuando les caía el marrón de tener que hacer la voluntad de Dios. No querían, huían. ¿No te parece extraña esa satisfacción que te nace sólo de pensar que debes poner las cosas (o a las personas) en su sitio?.

– Por otro lado, Dios es el viento calmado, no la tormenta o la tempestad. Si la casualidad es la firma de Dios cuando quiere pasar inadvertido… ¿Dios no se podría valer de la casualidad para cambiar las cosas? ¿Por qué en esta cruzada ha de llevar megáfono?

No te amargues con la obediencia, profundiza en la libertad de Dios, y una vez gozada y descubierta en el hacerse esclavo por amor, y todas las cuestiones terrenales, en vez de enfrentarse, bailarán en armonía.

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