La divina providencia y la riqueza

No son compatibles.

Sencillamente no se puede experimentar la providencia sin necesidades.

La providencia indica que Dios baja a socorrernos. Pero ¿cómo darte cuenta que Dios baja a ayudarte si no crees que necesites ayuda?.

Por eso la pobreza evangélica es bienaventurada. Porque los pobres de espíritu ven día a día cómo tienen un Dios que auxilia en sus éxitos y fracasos.

Los que tienen cubiertas sus necesidades no lo ven, porque todo lo que consiguen parece, engañosamente, alcanzado gracias a su esfuerzo o sus méritos.

Para los ricos, la providencia de Dios es el plan B.

 

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