El que es fiel en lo pronto
¡Qué bueno tener un Dios para cada momento de nuestra vida!
Porque está con nosotros cuando somos niños, cuando somos adolescentes, cuando somos adultos y cuando llegamos a ancianos.
Pero claro, las relaciones deben ser acordes a nuestro tiempo. Con Dios tendremos una relación infantil cuando seamos niños, adolescente cuando seamos adolescentes, adulta en nuestra vida madura, y serena y pausada cuando seamos ancianos.
Existe el peligro de haberte perdido por el camino. Y entonces tenemos a personas adultas que quieren tratar con Dios como si fueran niños o adolescentes. Y claro, la cosa no funciona. Las relaciones íntimas de este tipo no se pueden aparcar hasta que tenga algo más de tiempo.
Conseguir cosas con Dios supone que poco a poco se nos vayan dando y vayamos siendo fieles. Si no somos fieles ahora, tampoco lo seremos en el futuro. Si no has vivido tu juventud al lado de Dios… ¿Cómo esperas dedicarle tiempo cuando estés trabajando, con hijos, con deudas, con problemas?.
La relación con Dios no es lineal. Es creciente. Y si aflojas en una etapa, la siguiente te cuesta el doble.


