Feliz resurrección

Y resucitó. Por fin resucitó.

Porque ni el paro, ni la corrupción, ni los problemas familiares, ni las enfermedades, ni los países en crisis, ni los países eternamente en crisis, ni los políticos corruptos, ni los jefes y déspotas mundiales, ni los jefes y déspotas de andar por casa, ni el miedo, ni el futuro incierto, ni el tiempo perdido, ni las palabras hirientes, ni la falta de dinero, ni la abundancia de dinero, ni los errores, ni las tristezas, ni las agendas, ni los horarios, ni los objetivos, ni los fracasos, ni el éxito, ni la ignorancia, ni la hipocresía, ni el egoísmo, ni ningún sistema (esté o no en quiebra), ni ningún partido político, ni ninguna persona, ni ningún descreído, ni ninguna carga, ni ninguna teoría, ni ninguna ideología, ni ningún empresario, ni ningún presidente, ni ningún sindicato, ni ninguna autoridad religiosa, ni ninguna lágrima, ni ningún prejuicio, ni ningún juicio, ni ninguna condena, ni ninguna absolución…

Nada ni nadie tienen la última palabra.

Ni siquiera la muerte.

Porque el hijo de Dios ha resucitado. Todos los años lo hace, por si alguno te lo pierdes. Y hoy en concreto también, porque sabe que lo necesitas.

Porque aquí y ahora, participas de su resurrección. Y esa es una noticia que merece la pena contarla.

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